Tu amigo, el ángel nihil Obstat



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TU AMIGO, EL ÁNGEL

Nihil Obstat

P. Fortunato Pablo

Prior Provincial

y

P. José Miguel Lerena



Vic. Provincial O.A.R.

Imprimatur

Mons. Emiliano Cisneros

Obispo de Chota (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R.

LIMA – PERÚ

2.000

Muy gustosamente presento el libro del R.P. Ángel Peña, O.A.R., que ha escrito sobre los ángeles, y más concretamente acerca del ángel de la guarda, como decimos habitualmente.


Es un tema teológico y al mismo tiempo práctico en la vida del cristiano, ya que se vive cotidianamente como algo familiar. Por esta razón considero un acierto que el autor haya dedicado la primera parte de su escrito a fundamentar teológicamente esta realidad sobrenatural, con textos de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, y también algunos de los últimos Papas.
El lector podrá experimentar, además, que su lectura es interesante y amena por la gran cantidad de ejemplos y testimonios de santos y de fieles no sólo de épocas remotas sino que se han dado en nuestros días.
Por esta razón, no dudo que su lectura ayudará a muchos a progresar en su vida cristiana al constatar que Dios Nuestro Señor, en su amorosa Providencia, nos ha concedido este gran don de tener siempre un ángel que nos acompaña durante toda nuestra vida para defendernos, iluminarnos y fortalecernos.
Termino felicitando al P. Ángel, que ha hecho honor a su nombre y se nos manifiesta como un gran devoto de los ángeles, y tiene, además, una gran erudición fruto de la lectura de una extensa bibliografía sobre el tema. Que todo sea para gloria de Dios Padre de quien viene todo don perfecto.

Lima, 28 de abril de 2000



Mons. José Antonio Almandoz Garmendia

Consejero de la Nunciatura Apostólica


ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN


Los ángeles. Su jerarquía. Sus funciones.

El ángel custodio.

El ángel consolador.

El ángel defensor.

El ángel de Dios.

Los santos y los ángeles.

Otros testimonios. Testimonios recientes.

El arcángel San Rafael. Ángeles por la calle.

Ángeles de Dios. Ángeles en el más allá.

Experiencias en los umbrales de la muerte.

El ángel guardián. El ángel amigo.

Pacto de amor mutuo.

Letanía a los ángeles.

Canción al ángel de la guarda.


EPÍLOGO
Nota.- Cat se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica.
INTRODUCCIÓN
Vivimos tan inmersos y preocupados por las realidades temporales de este mundo que nos olvidamos fácilmente de las realidades espirituales. Muchos hombres actuales ya no creen en los ángeles como tampoco quieren creer en muchas verdades de nuestra fe católica; incluso, se atreven a no creer en la existencia de Dios. El problema no es que el sol de Dios se haya oscurecido, sino que ellos han cerrado sus ojos para no verlo. De la misma manera, el problema no es que los ángeles hayan desaparecido ante el avance de la ciencia, sino que la falta de fe de muchos de nuestros contemporáneos, no les permite verlos. Sin embargo, la existencia de los ángeles es una verdad de fe y, como tal, debemos aceptarla, porque nunca va cambiar. Además, los ángeles custodios son nuestros compañeros inseparables y debemos aprovechar su ayuda para el peligroso camino, lleno de tentaciones y dificultades, que debemos recorrer en nuestra vida.
En muchos países existe un servicio de asistencia espiritual, llamado "la voz amiga". Cuando una persona se siente sola y triste, puede llamar a ese teléfono para recibir consuelo. Pues bien, cuánto consuelo y paz podríamos recibir en cada momento, si pensáramos, seriamente convencidos, de que tenemos a nuestro lado este ángel, enviado por Dios, para nuestra custodia y protección.
Dedico este libro a todos aquellos que tienen aspiraciones de santidad y desean conocer y amar cada día más a este amigo inseparable, compañero fiel y guardián de nuestras vidas.

LOS ÁNGELES
Cuando se habla de los ángeles, no faltan quienes se sonríen maliciosamente, como dando a entender que es un tema pasado de moda o simplemente que es un cuento muy bonito para hacer dormir a los niños. No faltan, incluso, quienes se atreven a confundirlos con los extraterrestres o niegan su existencia, porque "nadie" los ha visto. Sin embargo, la existencia de los ángeles es una de las verdades de nuestra fe católica. Dice la Iglesia: "La existencia de seres espirituales no corporales que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles es una verdad de fe" (Cat 328). Los ángeles "son servidores y mensajeros de Dios" (Cat 329). "Son criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales y superan en perfección a todas las criaturas visibles" (Cat 330).
San Gregorio Magno, llamado "el Doctor de las milicias celestiales", dice que "la existencia de los ángeles está atestiguada en casi todas las páginas de la Sagrada Escritura". Ciertamente, la Escritura está llena de intervenciones angélicas. Los ángeles cierran el paraíso terrenal (Gén 3,24), protegen a Lot (Gén 19), salvan a Agar y a su hijo en el desierto (Gén 21,17), detienen la mano de Abraham, alzada para matar a su hijo Isaac (Gén 22,11), asisten a Elías (1 Re 19,5), a Isaías (6,6), a Ezequiel (40,2) y a Daniel (7,16).
En el Nuevo Testamento, los ángeles se aparecen en sueños a José, anuncian el nacimiento de Jesús a los pastores, le sirven en el desierto y lo confortan en Getsemaní. Anuncian su Resurrección y se presentan en su Ascensión. Jesús mismo habla mucho de ellos en sus parábolas y enseñanzas. También un ángel libera a Pedro de la cárcel (Hech 12) y otro ángel ayuda al diácono Felipe para que convierta al etíope en el camino de Gaza (Hech 8). En el libro del Apocalipsis hay muchas intervenciones de los ángeles como ejecutores de las órdenes de Dios, incluso para castigo de los hombres.
Su número es de miríadas y millares de millares (Dan 7,10 y Ap 5,11). Ellos son espíritus servidores, enviados para el servicio de los hombres (Heb 1,14). "Dios los envía como el viento y hace de sus servidores llamas de fuego" (Heb 1,7). En la liturgia, la Iglesia celebra particularmente la memoria de San Miguel, San Gabriel y San Rafael el 29 de setiembre, y de los ángeles custodios el 2 de octubre. Algunos autores hablan de Lechitiel, Uriel, Rafiel, Etofiel, Salatiel, Emmanuel..., pero no hay seguridad y sus nombres no son importantes. En la Biblia sólo se nombran a los tres primeros: Miguel (Ap 12,7; Jud 9; Dan 10,21), Gabriel, que anuncia la Encarnación a María (Lc 1; Dan 8,16 y 9,21), y Rafael, que acompaña a Tobías durante su viaje, según el libro del mismo nombre.
A San Miguel se le suele dar el título de arcángel, como se dice en Jud 9, a pesar de ser el príncipe y jefe de todos los ejércitos celestiales. A Gabriel y Rafael la piedad cristiana les ha dado también el título de arcángeles. El culto a San Miguel es muy antiguo. Ya en el siglo IV había un santuario dedicado a él en Frigia. En el siglo V se erigió otro en el monte Gárgano, al sur de Italia; y el año 709 se construye otro gran santuario sobre el monte Saint Michel en Normandía (Francia).
Los ángeles "son estrellas de la aurora e hijos de Dios" (Job 38,7). Fray Luis de León, comentando este texto dice: "Se les llama estrellas de la aurora, porque su entendimiento es más claro que las estrellas y salieron a la luz en la aurora del mundo". San Gregorio Nacianceno afirma que "si Dios es un sol, los ángeles son sus primeros y más bellos rayos". San Agustín dice: "Ellos nos miran con ardiente amor y nos ayudan para que podamos llegar también nosotros a las puertas del cielo" (Com al Sal 62,6).
Oh espíritus celestes, amigos de los hombres y servidores de Dios, ayudadme en mi caminar por las sendas de la vida hacia la patria celestial. Amen.
¿Crees en los ángeles?

¿Eres amigo de los ángeles?



SU JERARQUÍA
La palabra ángel viene del griego angelos y significa mensajero. Entre ellos hay distintos grados o jerarquías, que se llaman coros. El Seudo Dioniso Areopagita, escritor cristiano del siglo IV, fue el primero, que, en su libro "Teología mística y jerarquía celeste", ha definido con claridad las funciones y jerarquías de los nueve coros de los ángeles. Muchos santos Padres como San Gregorio Magno, San Juan Damasceno, Santo Tomás de Aquino y otros muchos lo han seguido en esto. Los nueve coros u órdenes de ángeles son:
Ángeles (Ap 5,11; Dan 7,10), arcángeles (1 Tes 4,16); tronos, dominaciones, principados, potestades (Ef 1,21; Col 1,16); virtudes (Ef 1,21; 1 Pe 3,22); querubines (Ez 10,1-20; Gén 3,24); serafines (Is 6,2-6). Suelen colocarse en este orden: ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
Su jerarquía no se debe a que sean distintos en su naturaleza (al igual que todos los hombres, son iguales por su naturaleza). Su diferencia, según algunos, se debe a las diferentes misiones encomendadas o, según Santo Tomás, al grado de amor y santidad de cada uno, así como entre los hombres también hay distintos grados de santidad. Y en esto, según Santo Tomás, los hombres pueden igualar o superar a los ángeles. La Virgen María es superior a todos los ángeles, no por su naturaleza humana inferior, sino por su grado mayor de santidad. Los sacerdotes tienen una jerarquía superior a los ángeles en cuanto a su dignidad.
¿Estás unido a los coros de los ángeles?

¿Los amas?



SUS FUNCIONES
Sabemos que hay ángeles protectores de las naciones como lo enseñan muchos santos Padres desde el siglo IV como el Seudo Dionisio, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, etc. Dice San Clemente de Alejandría que "un decreto divino ha distribuido a los ángeles entre las naciones" (Stromata VII,8). En Dan 10,13-21 se nos habla de los ángeles protectores de los griegos y de los persas. San Pablo habla del ángel protector de Macedonia (Hech 16,9). A San Miguel siempre se le ha considerado como protector del pueblo de Israel (Dan 10,21).
En las apariciones de Fátima aparece claramente tres veces en 1916 el ángel de Portugal, que dice a los tres niños: "Yo soy el ángel de la paz, el ángel de Portugal". La devoción al santo ángel custodio del Reino de España fue difundida en todas partes de la península por el famoso sacerdote español Manuel Domingo y Sol. Imprimió cientos de miles de estampas con su imagen y oración, difundió su novena y estableció en distintas diócesis la Asociación nacional del Santo Ángel de España. Y esto es válido también para todas las naciones del orbe.
El Papa Juan Pablo II el 30 de julio de 1986 decía: "Se puede afirmar que las funciones de los ángeles, como embajadores de Dios vivo, se extienden no sólo a cada uno de los hombres y a aquellos que tienen funciones especiales, sino también a naciones enteras".
También hay ángeles protectores de las Iglesias. En el Apocalipsis se nos habla de los ángeles de las siete Iglesias de Asia (Ap 1,20). Muchos santos nos hablan, por propia experiencia, de esta hermosa realidad, indicando que los ángeles guardianes de las Iglesias desaparecen de allí, cuando son destruidas. Orígenes dice que cada diócesis está guardada por dos obispos, uno visible y otro invisible, un hombre y un ángel. San Juan Crisóstomo, antes de ir al destierro, fue a la Iglesia para despedirse del ángel de su Iglesia. San Francisco de Sales escribía en su libro "Filotea": "Háganse familiares de los ángeles y amen y veneren al ángel de la diócesis en que se encuentren". Mons Ratti, futuro Papa Pío XI, cuando en 1921 fue nombrado arzobispo de Milán, al llegar, se arrodilló, besó la tierra y se encomendó al ángel guardián de la diócesis. El Padre Pedro Fabro, jesuita, compañero de San Ignacio de Loyola, afirma: "Volviendo de Alemania, al atravesar muchos pueblos de herejes, he recibido no pequeños consuelos por haber saludado a los ángeles custodios de las parroquias por donde he pasado". En la vida de San Juan Bautista Vianney se cuenta que, cuando le enviaron de párroco a Ars, al divisar de lejos la Iglesia, se puso de rodillas y se encomendó al ángel de su nueva parroquia.
Igualmente, hay ángeles destinados a la custodia de las provincias, regiones, ciudades y comunidades. El famoso Padre Lamy, francés, habla mucho del ángel protector de cada país, de cada provincia, de cada ciudad y de cada familia. Hay santos que hablan de que cada familia y cada comunidad religiosa tiene su ángel especial.
¿Alguna vez has pensado en el ángel de tu familia para invocarlo?, ¿y en el de tu comunidad religiosa?, ¿y en el de tu parroquia, ciudad o país? Por otra parte, no olvides que, en cada sagrario, donde está Jesús sacramentado, hay millones de ángeles, adorando a su Dios. San Juan Crisóstomo vio muchas veces la Iglesia llena de ángeles, sobre todo, cuando se celebraba la santa misa. Al llegar el momento de la consagración, escuadrones inmensos se acercan a hacer guardia a Jesús presente en el altar y, al momento de comulgar, rodean al sacerdote o ministros que distribuyen la comunión. Un antiguo escritor armeno, Juan Mandakuni, escribía en uno de sus sermones: "¿No sabes que en el momento de la consagración se abre el cielo y baja Cristo, y los ejércitos celestiales rodean el altar donde se celebra la misa y todos son llenos del Espíritu Santo?". La Beata Ángela de Foligno escribió: "El Hijo de Dios está en el altar rodeado de una multitud de ángeles".
Por eso, decía San Francisco de Asís: "El mundo debería vibrar, el cielo entero debería conmoverse profundamente, cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote... Entonces, deberíamos imitar la actitud de los ángeles que, cuando se celebra la misa, se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración". "Los ángeles llenan la Iglesia en ese momento, rodean el altar y contemplan extasiados la sublimidad y grandeza del Señor" (San Juan Crisóstomo). "Y lo rodean como haciéndole una guardia de honor" (San Bernardo). El mismo fundador del Opus Dei, Beato Escribá de Balaguer, dice en su libro "es Cristo que pasa": "Cuando celebro la misa me sé rodeado de ángeles que están adorando a la Trinidad". De la misma manera, hablaba Eduvigis Carboni (1952), que decía a su director espiritual: "Cuando celebra la misa, mire hacia lo alto y verá a los ángeles asistir al santo sacrificio". El gran San Agustín dice también que "los ángeles rodean y ayudan al sacerdote, cuando está celebrando la misa". Por eso, debemos unirnos a ellos en la adoración y cantar con ellos el Gloria y el Santo. Así lo hacía un venerable sacerdote, que decía: "Desde que he empezado a pensar en los ángeles durante la misa, he sentido una nueva alegría y una nueva devoción al celebrar la misa".
San Cirilo de Alejandría llama a los ángeles "maestros de adoración". Son muchos los millones de ángeles que adoran a Dios en el Santísimo Sacramento, aunque esté en una hostia en la más humilde capillita del último rincón de la tierra. Los ángeles adoran a su Dios, pero hay ángeles especialmente dedicados a adorarlo ante su trono celestial. Así nos lo dice el Apocalipsis: "Los ángeles estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes y cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo: Bendición, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén" (Ap 7,11-12). Estos ángeles parecen ser los serafines, que son los más cercanos por su santidad al trono de Dios. Así nos lo dice Isaías: "Vi al Señor sentado en su trono... Había ante Él serafines con seis alas cada uno... y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos. Llena está la tierra de su gloria" (Is 6,1-3).
¿Adoras a tu Dios en unión con los ángeles y serafines?

¿Lo amas con ellos delante de Jesús sacramentado?


EL ÁNGEL CUSTODIO
Es el mejor amigo del hombre. Lo acompaña sin descanso día y noche desde el nacimiento hasta más allá de la muerte, hasta que llegue a gozar de la plena felicidad de Dios. Durante el tiempo de purgatorio, está a su lado para consolarlo y ayudarlo en esos difíciles momentos. Sin embargo, para algunos la existencia del ángel guardián es sólo una costumbre piadosa para el que la quiera aceptar. No saben que está claramente expresada en la Escritura y en la doctrina de la Iglesia y todos los santos nos hablan de él por propia experiencia. Algunos, incluso, lo han visto y tenido una relación personal muy estrecha con él, como veremos.
Ahora bien ¿cuántos ángeles tenemos? Por lo menos, uno, que es suficiente. Pero algunas personas, por su oficio como el Papa o por su grado de santidad, pueden tener más. Conozco una religiosa, a quien Jesús le reveló que tenía tres y me dijo sus nombres. A Santa Margarita María de Alacoque, cuando estaba avanzada en su camino de santidad, le dio un nuevo ángel, que le dijo: "Yo soy uno de los siete espíritus, que están más próximos al trono de Dios, y que más participan en los ardores del Sagrado Corazón de Jesucristo y mi designio es comunicároslos en cuanto seáis capaz de recibirlos" (Memoria a la M. Saumaise).
Dice la Palabra de Dios: "Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas... Si escuchas su voz y haces cuanto yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios" (Ex 23,20-22). "Para el hombre hay un ángel, un protector entre mil que le haga ver al hombre su deber" (Job 33,23). "Mi ángel está con vosotros y os pedirá cuentas" (Baruc 6,6). "El ángel del Señor está en torno a los que le temen y los salva" (Sal 33,8). Su misión es "guardarte en todos tus caminos" (Sal 90,11). Y dice Jesús que "los ángeles de los niños ven continuamente el rostro de mi Padre celestial" (Mt 18,10). El ángel guardián te cuidará como a Azarías y sus compañeros en el horno. "El ángel había descendido al horno con Azarías y sus compañeros y apartaba del horno las llamas de fuego y hacía que el interior del horno estuviera, como si soplara un viento fresco, y el fuego no los tocaba absolutamente ni les causaba ninguna molestia" (Dan 3,46-50). El ángel te salvará como a Pedro. "Un ángel se presentó en la cárcel que quedó iluminada y, golpeando a Pedro en el costado, lo despertó diciendo: Cíñete y cálzate tus sandalias... Envuélvete el manto y sígueme... La puerta se les abrió por sí misma y salieron y avanzaron por una calle, desapareciendo luego el ángel. Entonces, Pedro, vuelto en sí, dijo: Ahora sé que el Señor ha enviado a su ángel" (Hech 12,7-11).
En la primitiva Iglesia se creía normalmente en el ángel custodio y, por eso, cuando Pedro es liberado de la cárcel y va a casa de Marcos, la sirvienta Rode, al darse cuenta de que era Pedro, llena de alegría, va corriendo a anunciar la noticia sin haberle abierto la puerta. Pero los que la escucharon creyeron que estaba equivocada y dijeron: "Será su ángel" (Hech 12,15). La doctrina de la Iglesia es clara en esto: "Desde la infancia hasta la muerte la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. Cada fiel tiene a su lado un ángel protector y pastor para conducirlo a la vida" (Cat 336).
También José y María tenían su ángel. Es probable que el ángel que avisó a José para que tomara a María como esposa (Mt 1,20) o que huyera a Egipto (Mt 2,13) o que regresara a Israel (Mt 2,20) fuera su propio ángel. Lo cierto es que desde el siglo I ya aparece claramente en los escritos de los Santos Padres la figura del ángel custodio. De él se habla en el famoso libro del siglo I "El Pastor de Hermas". San Eusebio de Cesarea los llama "tutores" de los hombres; San Hilario, "mediadores"; San Basilio, "compañeros de camino"; San Gregorio Nacianceno, "escudos protectores". Orígenes afirma que "cerca de cada hombre hay siempre un ángel del Señor que lo ilumina y lo guarda y lo protege de todo mal".
Del siglo III hay una antigua oración al ángel de la guarda en la que se le pide que ilumine, proteja y guarde a su protegido. San Agustín nos habla también con frecuencia de la intervención angélica en nuestra vida. Santo Tomás de Aquino le dedica un artículo de su Suma Teológica (Sum Theolo I, q.113) y escribía: "La custodia angélica es como una extensión de la divina providencia, ahora bien, como ésta no falta a ninguna criatura, todas deben encontrarse bajo la custodia de los ángeles".
La fiesta de los ángeles custodios en España y Francia se remonta ya al siglo V. Quizás desde entonces se comenzara a rezar la oración que aprendimos desde niños: "Angel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". El Papa Juan Pablo II decía el 6 de agosto de 1986: "Es muy significativo el hecho de que Dios confíe a los ángeles a sus pequeños hijos, siempre necesitados de cuidado y protección".
Pío XI invocaba a su ángel al principio y al fin de cada jornada y, a menudo, durante el día, sobre todo, cuando las cosas se complicaban. Recomendaba la devoción a los ángeles custodios y decía al despedirse: "Que el Señor te bendiga y su ángel te acompañe". Y le dijo a Juan XXIII, cuando era delegado apostólico en Turquía y Grecia: "Cuando tengo que tratar con alguien una conversación difícil, tengo la costumbre de pedir a mi ángel que hable al ángel custodio de la persona con que debo tratar para que ayude a solucionar el problema".
Pío XII les decía el 3-10-1958 a unos peregrinos norteamericanos sobre los ángeles custodios: "Ellos estaban en las ciudades que habéis visitado y eran vuestros compañeros de viaje". Otro día en un radiomensaje dijo: "Tened mucha familiaridad con los ángeles... Si Dios quiere, vosotros pasaréis toda una eternidad de alegría con los ángeles, aprended a conocerlos desde ahora. La familiaridad con ellos nos da un sentimiento de seguridad personal".
Juan XXIII, en una confidencia a un obispo canadiense, atribuyó la idea de la convocación del Vaticano II a su ángel custodio. Y recomendaba a los padres que inculcaran a sus hijos la devoción al ángel de la guarda. "El ángel custodio es un buen consejero, intercede cerca de Dios a favor nuestro; nos ayuda en nuestras necesidades, nos defiende de los peligros y de los accidentes. Me gustaría que los fieles sintieran toda la grandeza de esta asistencia de los ángeles" (24-10-1962). A los sacerdotes les dijo: "Pidamos a nuestro ángel custodio que nos asista en el rezo diario del oficio divino para que lo recitemos con dignidad, atención y devoción, sea agradable a Dios, útil para nosotros y para nuestros hermanos" (6-1-1962). En la liturgia del día de su fiesta (2 de octubre) se dice que son "celestiales compañeros para que no perezcamos ante las insidiosas acometidas de los enemigos". Invoquémosles con frecuencia y no olvidemos que, aun en los lugares más ocultos y solitarios, hay alguien que nos acompaña. Por eso, San Bernardo nos aconseja: "Anda siempre con prudencia como quien tiene presente a su ángel en todos los caminos".

¿Eres consciente de que tu ángel observa lo que haces?



¿Lo amas?
EL ÁNGEL CONSOLADOR
Los ángeles custodios están siempre a nuestro lado y nos escuchan en todas nuestras aflicciones. Cuando se aparecen, pueden tomar diferentes formas: Niño, hombre o mujer, joven, adulto, anciano, con alas o sin alas, vestidos como una persona cualquiera o con una túnica luminosa, con corona de flores o sin ella. No hay forma que no puedan tomar para ayudarnos. A veces, se pueden presentar bajo la forma de un animal amigable, como en el caso del perro Gris de San Juan Bosco, del pajarito que le llevaba las cartas al correo a Santa Gema Galgani o como el cuervo que le llevaba pan y carne al profeta Elías al torrente Querit (Reg 17,6 y 19,5-8).
Pueden presentarse también como personas comunes y corrientes, como el arcángel San Rafael, cuando acompañó a Tobías en su viaje; o con formas majestuosas y resplandecientes, como guerreros en las batallas. En el libro de los Macabeos se nos dice que "cerca de Jerusalén se les apareció en cabeza un jinete vestido de blanco, armado con armadura de oro y una lanza. Todos a una bendijeron a Dios misericordioso y se enardecieron, sintiéndose prontos, no sólo a atacar a los hombres y a los elefantes, sino a penetrar por muros de hierro" (2 Mac 11,8-9). "En lo más duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando dos de ellos en medio al Macabeo, le protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra los enemigos, que heridos de ceguera y espanto caían" (2 Mac 10,29-30).
En la vida de Teresa Neumann (1898-1962), gran mística alemana, se cuenta que su ángel tomaba frecuentemente su propia figura para aparecerse en distintos lugares a otras personas, como si fuera por bilocación.
Algo parecido a esto, cuenta Lucía en sus "Memorias", con relación a Jacinta, ambas videntes de Fátima. En cierta oportunidad, un primo suyo se había escapado de casa con dinero robado a sus padres. Cuando se le acabó el dinero, como un hijo pródigo, estuvo de vagabundo hasta que lo metieron en la cárcel. Pero consiguió escaparse y una noche oscura y tempestuosa, perdido entre los montes sin saber a dónde dirigirse, se puso de rodillas a rezar. En ese momento, se le aparece Jacinta (entonces niña de 9 años) y lo conduce de la mano hasta la carretera para que pueda ir a casa de sus padres. Y dice Lucía: "Yo le pregunté a Jacinta si era verdad lo que él decía, y ella me respondió que no, que no sabía dónde estaban esos pinares y montes donde él se había perdido. Ella me dijo: Yo sólo recé y pedí mucho por él por compasión con la tía Victoria".
Un caso muy interesante es el del mariscal Tilly. Durante la guerra de 1663, estaba un día asistiendo a misa, cuando el Barón Lindela le manifestó que el Duque de Brunswick estaba comenzando el ataque. Tilly, que era un hombre de fe, ordenó disponer todo para la defensa, diciendo que él asumiría el control, una vez terminada la misa. Al terminar la misa y hacerse presente en el puesto de mando, las fuerzas enemigas ya habían sido rechazadas. Al preguntar quién había dirigido la defensa, el Barón se quedó extrañado, pues le dijo que él mismo había sido. El mariscal respondió: “Yo he estado en la Iglesia, asistiendo a la misa y acabo de llegar. No he tomado parte en la batalla”. Entonces, le dijo el Barón: “Habrá sido su ángel quien ha tomado su puesto y su figura”. Todos los oficiales y soldados habían visto al propio mariscal en persona, dirigiendo la batalla.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo fue eso? ¿Sería su ángel como en el caso de Teresa Neumann y otros santos? Hay un caso extraordinario en la vida de la hermana María Antonia, Cecilia Cony (1900-1939), religiosa franciscana brasileña, que veía todos los días a su ángel. Cuenta en su autobiografía que en 1918 su padre, que era militar, fue trasladado a Río de Janeiro. Todo iba normal y escribía con regularidad hasta que un día dejó de escribir. Sólo envió un telegrama, diciendo que estaba enfermo, pero nada grave. La realidad era que estaba muy enfermo con la terrible peste, llamada "española". Su esposa le enviaba telegramas y eran contestados por el mozo del hotel llamado Miguel. Durante este tiempo, María Antonia rezaba todos los días, antes de acostarse, un rosario de rodillas por su padre y le enviaba a su ángel para que fuera a cuidarlo. Cuando el ángel regresaba, al terminar su rosario, le ponía la mano sobre el hombro y entonces podía descansar tranquila.
Durante el tiempo que su padre estuvo gravemente enfermo, el mozo Miguel lo atendió con una dedicación especial, le traía al médico, le daba las medicinas, lo aseaba... Cuando estuvo recuperado, lo sacaba a pasear y tenía todas las atenciones de un verdadero hijo. Cuando, al fin, se recuperó del todo, regresó a su casa y hablaba maravillas de aquel joven Miguel "de exterior humilde, pero que ocultaba un alma grande con un corazón ideal que infundía respeto y admiración". Miguel siempre se mostró muy reservado y discreto. No pudo saber de él más que el nombre, pero nada de su familia ni de su condición social y ni siquiera quiso aceptar ninguna recompensa por sus incontables servicios. Para él fue su mejor amigo, del que siempre hablaba con gran admiración y agradecimiento. María Antonia estaba convencida de que ese joven era su ángel, a quien enviaba a cuidar a su papá, pues su ángel también se llamaba Miguel.
¿Envías a tu ángel a consolar y ayudar a tus familiares lejanos?
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