Tu sabes que yo te amo



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TU SABES QUE YO TE AMO


Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Edición original en Italiano: CONFIDENZE DI GESÙ A UN SACERDOTE

Ediciones en Francés: Confidences de Jésus à ses prêtres et à ses fidèles

© Février 1990 – 3ª Ed. avril 1996 EDITIONS DU PARVIS - CH 1648 HAUTEVILLE /Suisse.


Ediciones en Castellano:

Ecuador y Colombia: 1ª Edición julio 1980

9ª Edición octubre 1992

España: 1ª Edición enero 1998

2ª Edición junio 2000
De acuerdo a los Decretos de Urbano VIII y de la Sagrada Congregación de Ritos, se declara que a cuanto se expone en la presente publicación no se da otra fe sino aquella que merece el atendible testimonio humano, y que no se pretende en modo alguno prevenir el juicio de la Santa Iglesia Católica y Apostólica.
El Decreto de la Congregación para la Propagación de la Fe (A.A.S. n.58/16 del 29 diciembre 1966) que abroga los cánones 1399 y 2318 fue aprobado por S.S. Pablo VI y publicado por su voluntad,. Por lo cual: No se prohibe divulgar sin licencia expresa de la Autoridad Eclesiástica (Imprimátur) escritos tocantes a nuevas apariciones, revelaciones, visiones, profecías y milagros, con tal que se observe la Moral Cristiana general.
Edición autorizada para España, M. Blanco - Grupo Luz de Dios - Sevilla

PRESENTACIÓN

No deja de extrañar en la urgencia del tiempo presente, el contraste entre la sorda lucha subversiva contra los valores morales y la ausencia en la predicación de un aldabonazo a la pronta conversión a la fe que los sustenta, no solamente en orden a preservar la cultura humana sino a la salvación de las almas.

La permanente lucha entre el bien y el mal, no encuentra en su clímax actual la contrapartida de una pastoral de combate espiritual semejante al primitivo cristianismo que brotaba pujante rodeado de la decadente cultura pagana.

Desciende en nuestra generación la manifestación abierta de la fe, aumentan las ausencias esporádicas y las sistemáticas al precepto divino de santificar las fiestas que lógicamente se acusa más entre los jóvenes, invade la familia un clima secularizado, que contribuye relegar las tan necesarias vocaciones al sacerdocio y religiosas a un descenso en número alarmante.

Por otro lado se hace presente la fuerza del Espíritu tanto en nuevas comunidades religiosas pujantes que contrastan con el decaimiento en muchas antiguas y en el seno del pueblo cristiano la actividad del mismo Espíritu hace surgir acá y allá movimientos y grupos de oración, que son un estímulo que contribuye a renovar la vivencia de la vida cristiana y aun la constatable asistencia y colaboración en las parroquias donde son aceptados por sus pastores locales. Pero es innegable que el mal permanece y trabaja en lo profundo de la sociedad en dirección tendente a la descristianización de Continentes enteros en otro tiempo ganados para el Evangelio.


Por ello es providencial en este contexto, la claridad de diagnóstico y remedios que ha manifestado el Señor a Mons. Ottavio Michelini. Había servido en la diócesis de Carpi, y ya jubilado atendía como capellán a una Asociación de discapacitados físicos en Modena dándose también de alta al recién surgido Movimiento Sacerdotal Mariano. Desde 1975, durante los cuatro últimos años de su vida, ha estado recibiendo las "confidencias" de Jesús, pues falleció el 15 de octubre de 1979. Casi un año antes expresaba el Señor el sentido de estos escritos:

"Por medio de este mensaje Yo he querido dar a los hombres de este tiempo la visión realista y verídica de los dos mundos que se enfrentan: el de la Luz y el de las tinieblas". (23.XI.1978)

En palabras apresuradas revela Jesús la situación actual del mundo y de la Iglesia, denuncia las carencias de la pastoral actual, opone como rectificación su propio método y enseñanza tanto a las multitudes como a los Apóstoles y sienta bases y directrices que de ser escuchadas y aplicadas, podrían evitar la catástrofe.


No deja de señalar en estas "confidencias" la importancia y el puesto relevante de María cuyo triunfo sobre las fuerzas del mal recuerda lo ya predicho en Fátima y la constante insistencia del pontífice Juan Pablo II que viene reclamando una Nueva Evangelización y augura una nueva primavera de la Iglesia en la Tertio Milenio Adveniente con el establecimiento del Reino de Jesús en los corazones.
M. Blanco

Obispado de León,

Gobierno Eclesiástico.
CARTA CIRCULAR
Muy estimado Padre

Antes de salir a Europa (Lourdes y Roma) por encargo del venerable Episcopado, me complace saludarlo deseándole todo bien en el Señor


Gracias a Dios pude conseguir algunos ejemplares del adjunto libro "TÚ SABES QUE YO TE AMO", que leí con sumo INTERÉS EN MIS ÚLTIMOS Ejercicios Espirituales. No se trata de un libro de derecho público - por eso no tiene "Imprimátur" - sino de una edición privada "pro manuscrito"
Muchos Obispos los han leído y lo han recomendado a sus Sacerdotes.
En lo personal, encuentro del análisis interno de su contenido, una perfecta coherencia con la Doctrina de Fe y Costumbres y una enseñanza muy acertada por lo que se refiere a la Espiritualidad Sacerdotal.

Describe, por otra parte, a nivel mundial, una realidad muy objetiva de la situación de la Iglesia y del mundo, para todos nosotros bien conocida.

Le recomiendo con fraternal afecto la lectura y reflexión de este -- libro. Y dado que no pude conseguir más que un número limitado de ejemplares, también sería mi deseo que lo preste a otros hermanos Sacerdotes, que no hayan podido alcanzar un ejemplar propio.

Por otra parte, me parece tan interesante, que basta leer las primeras páginas, para sentir el impulso de leerlo íntegramente.

Me encomiendo en sus oraciones y le ofrezco recordarlo con afecto - ante Nuestra Señora de Lourdes y en la Tumba de San Pedro.

Afectísimo Prelado que lo bendice de corazón.

Tlalpan, D.F., a 22 de Noviembre de 1980.

+ ANSELMO ZARZA BERNAL



Obispo de León


Obispo de Mazatlán

Apartado postal No. 1

Mazatlán Sin, Méx,

Mazatlán, Sin. Diciembre 19 de 1980


Apreciado Señor:

Recibí su carta con fecha 29 de septiembre pdo. que venía en el libro "TÚ SABES QUE YO TE AMO, que tuvo la bondad de obsequiarme.


Al respecto, con mucho gusto quiero manifestarle, como Usted me lo pide, que toda la doctrina contenida en dicho libro la encuentro cien por cien ortodoxa, más aún, en plena coincidencia con los escritos de la Señora Concepcí6n Cabrera de Armida "A MIS SACERDOTES" y con el libro del Padre Esteban Gobbi, libros de los que tenemos la aprobación eclesiástica.
Sí deseo me mande otros ejemplares; no sólo de este tomo, sino de los otros que han salido, aunque sean en italiano. Es favor que le agradeceré.
De Ud. afmo. en el Señor.

MIGUEL GARCÍA FRANCO, Obispo de Mazatlán


INTRODUCCIÓN



¿Por qué me ha escogido Dios?

¿Quién soy yo? Soy menos que un granito de polvo frente al universo, soy menos que una gotita invisible frente al océano, soy menos que un repugnante gusanillo que se arrastra en el fango de la tierra.

Soy un pobre sacerdote, entre tantos, el menos culto, el menos docto, el más desprovisto, un pobre sacerdote rico sólo en innumerables miserias de toda naturaleza.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para que se entienda que yo no soy más que un pobre instrumento en Sus Manos, para que se entienda por todos que no soy más que una miserable pluma despuntada, mi misma caligrafía es símbolo de mi inconmensurable pobreza y nulidad.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para confundir a los soberbios, hinchados de orgullo por su saber, que han llenado la Iglesia de errores y de herejías, envenenando a las almas. Sí, necedades, errores, herejías, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre la Santísima Virgen, sobre la Revelación. Dios es infinitamente sencillo y nos quiere sencillos y humildes.

En verdad, en verdad os digo que si no os volvéis sencillos como estos pequeños, no entraréis en el reino de los cielos”.



Basta transformar las cosas simples en las cosas más complicadas, basta acuñar nuevos vocablos, nuevas palabras, para ostentar su saber y atraer sobre sí, de este modo, la atención de los otros. Estimo útil esta breve introducción, si no necesaria, para que se establezca, entre mí, instrumento, y los lectores a los que está dirigido este libro, ambos envueltos en un designio de amor de la Providencia Divina, un contacto espiritual que facilite la acción de la divina voluntad.
d. O. M.


PLAN DE LA OBRA

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

PARTE 1ª TÚ SABES QUE YO TE AMO.
PARTE 2ª HIJITOS MÍOS, ¡ÁNIMO!
PARTE 3ª LÍBRANOS DEL MALIGNO.
PARTE 4ª NO SOY YO, HIJOS MÍOS, QUIEN HA QUERIDO
ESTA HORA.

PARTE 5ª LA MEDIDA ESTÁ COLMADA, EL VASO SE
DERRAMA.

PARTE 6ª LA HUMANIDAD EN EL UMBRAL DE SU
LIBERACIÓN.

Parte 1ª


5 de Mayo de 1975
LOS QUIERO VIVOS.
Hijo mío, no me conformo con la adhesión poco más que formal de muchos sacerdotes míos.

Hijo, quiero de mis sacerdotes una participación activa en mi Redención.

Quiero a mis sacerdotes conmigo sobre el Calvario; muchos se niegan a seguirme en mi dolorosa subida.

A mis sacerdotes los quiero orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía. Algunos no creen ni siquiera en mi presencia en los altares, otros me abandonan y se olvidan de Mí, otros, nuevos Judas, me traicionan.

¡Quiero a mis sacerdotes constructores de mi Reino en las almas, no devastadores de mi Reino!

Quiero de mis sacerdotes el amor, porque Yo los amo infinitamente desde la eternidad. Alma del amor es el sufrimiento: se ama en la medida en que se sufre. Pero hoy muchos huyen del sufrimiento, y por tanto, del amor.

Hijo, quiero a mis sacerdotes conscientes, responsables y conocedores de su papel en el Cuerpo Místico. Los quiero vivos, vibrantes de gracia, de fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

¡Cuánto tiempo perdido, cuánto bien no realizado, cuántos obstáculos e impedimentos en mi Cuerpo Místico! Que despilfarro de lo sobrenatural... porque muchos, muchos no tienen como soporte sino sólo una escasa fe, esperanza y amor.

¡Pobres sacerdotes míos que caminan a tientas en la oscuridad! Los amo, quiero su conversión, hijo.

Por lo tanto ¿Te extraña entonces si te pido sufrir un poco y rezar por ellos?


Los quiero conscientes
—Jesús, hazme entender qué cosa quieres de nosotros, sacerdotes.

Ya te lo he dicho: os quiero conscientes de vuestra vocación. Yo os he escogido con especial predilección y amor.

Quiero a mis sacerdotes conscientes de su participación en mi Sacrificio, no simbólico sino real. Esto lleva consigo unión y fusión de su sufrimiento y el mío. No es formulismo exterior, sino estupenda y tremenda realidad: ¡la Santa Misa!

El sacerdote debe unirse a Mí en el ofrecimiento de Mí mismo al Padre. ¿Qué Misa es la del sacerdote carente de esta conciencia y convicción?

Piensa, hijo mío, ¡qué dignidad, grandeza y potencia he dado a mis sacerdotes! El poder de transubstanciar el pan y el vino en Mí mismo: en mi Cuerpo, en mi Sangre, en todo Yo mismo. En sus manos se repite cada día el prodigio de la Encarnación.

Los he constituido depositarios y dispensadores de los frutos divinos del Misterio de la Redención. Les he conferido el poder divino de perdonar o de retener los pecados de los hombres. Como a mi Padre putativo, los he constituido custodios míos sobre la tierra. Pero, para muchos, ¡qué diferencia entre el amor con el que me custodiaba San José y su descuido de Mí en el Sagrario!

Hijo, a mis sacerdotes he confiado la tarea de anunciar mi palabra. Pero ¿en qué modo se lleva a efecto esta importante tarea del ministerio sacerdotal? Lo dice la esterilidad en general que acompaña a la predicación.

A mis sacerdotes les está confiada la tarea de combatir contra las oscuras fuerzas del Infierno, pero ¿quién se cuida de hacerlo, de echar a los demonios? Para hacer esto se necesita tender a la santidad; así también para curar a los enfermos se necesitan oraciones mortificación.

Hijo mío, a mis sacerdotes los quiero santos porque deben santificar. No deben poner confianza, para su ministerio, en medios humanos como muchos lo hacen. No deben confiar en las criaturas sino en mi Corazón Misericordioso y en el Corazón Inmaculado de Mi Madre.

Los sacerdotes son verdaderos ministros míos pero, hecha excepción de pocos, no tienen conciencia de esta su posición.

Son mis embajadores, acreditados por Mí entre los hombres, las familias y los pueblos.
Van con el mundo
Los sacerdotes son realmente partícipes de mi eterno Sacerdocio. El sacerdote es protagonista, en el Cuerpo Místico, de grandes hechos y acontecimientos sobrenaturales.

Los sacerdotes deben ser hostias para darse e inmolarse por la salvación de los hermanos.

Es pecado gravísimo pensar en salvar las almas con los propios recursos humanos de inteligencia y de actividad. Toda actividad exterior del sacerdote que carece de fe, amor, sufrimiento y oración, es nula, es vana.

El sacerdocio es un servicio. El que sirve se diferencia del servido, no se identifica con las personas servidas. El sacerdote debe diferenciarse de las almas a él confiadas, como el pastor se diferencia de su grey.

Si los sacerdotes vieran la grandeza de su dignidad, la sublime potencia sobrenatural de la que están revestidos (como veía estas cosas San Francisco de Asís) tendrían para sí mismos y para sus hermanos sacerdotes un grande y devoto respeto.

Hijo, desgraciadamente algunos se buscan a sí mismos olvidándose de Mí. Otros muchos van con el mundo, aún sabiendo que el mundo no es de Dios sino de Satanás.

Algunos me traicionan, otros están demoliendo mi Reino en las almas, al sembrar errores y herejías. Otros están áridos por carencia de la savia vital del alma: el amor, cuya verdadera alma es el sufrimiento.

Debes por tanto, rezar y ofrecerte, con una correspondencia sensible a mis invitaciones, a la reparación, a la penitencia, a la oración para que todos mis sacerdotes se conviertan. Sí, se conviertan y cada uno tome su puesto en el Cuerpo Místico: ad majorem Dei gloriam1 y por la salvación de las almas.


Renovación real
-A mi pregunta de que qué quería dar a entender precisamente al decir: "Quiero a mis sacerdotes orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía", la respuesta ha sido ésta:

"¿Qué cosa he hecho y hago Yo en el sacrificio de la Cruz y de la Santa Misa? ¿Cómo he rezado al Padre? “Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

No olvides (como muchos olvidan) que el sacrificio de la Santa Misa es la real renovación del sacrificio de la Cruz.

En el sacrificio de la Cruz está mi oración al Padre unida al anonadamiento de mi voluntad, aniquilamiento total. Está el ofrecimiento total de Mí mismo con un acto de infinito amor y de infinito sufrimiento; está la inmolación de Mí mismo por las almas.

El sacerdote que se une, y que Yo quiero unido a Mí en este sufrimiento, participa más que nunca en mi Sacerdocio. Nunca es tan sacerdote como cuando hace esto Conmigo.

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