Una guerra que se libra, pero no se nombra



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Legalidad:

[Inciso c) de la definición de Estados Frágiles *-No puede mantener el orden legal interno]
Con respecto al segundo apartado que define a los Estados Frágiles, es decir, sobre la capacidad del Estado para mantener el orden legal interno, también hay datos ilustrativos que hacen cuando menos dudar de la “no-fragilidad” del Estado Mexicano.
Por supuesto, en sus declaraciones oficiales el gobierno de México reconoce que la (in) Seguridad Pública es un problema, pero se ha empeñado en disminuir la visión de ser un estado sin ley o superado por las facciones violentas. Sin embargo, las cifras (que con enorme frecuencia vienen de estudios privados) hablan por sí solas y nos retratan a un Estado casi Policial. A saber:
-En México existen 350 mil oficiales de policía divididos en unas 300 corporaciones distintas además de unos 330 mil oficiales de la llamada policía preventiva 18
-El presupuesto federal para Seguridad Pública aumentó 520 veces con respecto al presupuesto erogado con estos fines a mitad de la década de los 90 (25.3 millones de pesos en 1996 a 13,158.400 millones de pesos en 2002-2003) 19
-En 1994, tan sólo en el DF se calculaba que había 65 policías por cada 10 mil habitantes. Un número muy superior a otras ciudades del mundo: por ejemplo en Río de Janeiro hay 40 policías por cada 10 mil habitantes, en Londres 25 y en Washington 37 20
-El número de policías que se necesitan para atrapar a 100 delincuentes:

14 en Washington; 22 en Nueva York; 30 en Río de Janeiro, 35 en Madrid. En México DF son necesarios 1,295 policías. 21


-A partir del 2006 México cuenta con una Fiscalía Especial para investigar los casos de periodistas asesinados. Un caso único en el mundo.
–Las autoridades presumen del organismo, pero lo cierto es que fuentes periodísticas señalan que después de Irak, México es hoy en día el segundo país más peligroso para los trabajadores de la prensa
-Después de Colombia, México es el segundo país de Latinoamérica más peligroso para Defensores de Derechos Humanos con 9 defensores asesinados o víctimas de tentativas de asesinatos 22
En su análisis sobre el estudio “Armed Actors”, Mariano Aguirre afirma que “una situación de múltiples actores usando la violencia genera una ‘coexistencia inestable’ de diversos actores estatales y no estatales”. Y según afirman los propios autores de esta obra, “esto es una forma encubierta de fragilidad del Estado: en la superficie, están las instituciones y prácticas de la democracia política, la sociedad civil y el imperio de la ley; pero en el centro del sistema estas entidades son minadas por la violencia 23
Y el estudio prosigue con su descripción de Estados Frágiles en América Latina. Sus conclusiones presentan casi un retrato hablado de la situación actual mexicana, (a pesar de que en su deducción final hayan excluido a México de manera tácita)24:
“La violencia, no es sólo una dinámica entre gobiernos dictatoriales, sociedades y, en algunos casos, grupos armados de oposición. La denominada “nueva violencia” tiene diferentes caras: es estatal, paraestatal, no estatal; tiene conexiones económicas ilegales, se relaciona con la corrupción de las élites y con la supervivencia de los marginados; se recubre de identidades antiguas y nuevas”
Pero más aún, quizá junto con la creciente inseguridad pública que tiene secuestrada a la sociedad mexicana desde la década de los 90’s (por lo menos, y hablando sólo en términos de recrudecimiento de un fenómeno persistente) lo que mejor expone la fragilidad del Estado Mexicano son todos aquellos datos referentes a la llamada “violencia estructural”:
Bienestar Social:

[Inciso d) de la definición de Estados Frágiles *-No es capaz de suministrar servicios públicos a la población o crear las condiciones para tener acceso a ellos.
Según datos que ofrece el Banco Mundial recabados por analistas mexicanos, 25 la pobreza en México se mantiene en niveles inaceptablemente altos. Contribuyen a la pobreza la profunda desigualdad regional y étnica y las diferencias en cuanto al acceso a la salud, a la educación y a los servicios públicos de buena calidad.
-Más del 50% de los habitantes del país son pobres, debido en gran medida a la enorme desigualdad en los ingresos
-La décima parte más rica de la población gana más de 40% de los ingresos totales, mientras la décima parte más pobre sólo obtiene 1.1 %
-Aproximadamente un 53% de sus habitantes tienen un nivel de consumo por debajo de las necesidades mínimas de alimentación básicas y algunos otros bienes no alimentarios también básicos.
-Una de cada cinco familias no recibe ingreso suficiente para comprar los alimentos que requiere la nutrición de sus miembros
-Uno de cada dos mexicanos en el campo y uno de cada nueve en la ciudad viven en extrema pobreza
-El promedio la desnutrición infantil alcanza 42.8 por ciento en la categoría de primer grado. En los medios rurales, uno de cada seis niños padece desnutrición activa.
-En los últimos cinco años y medio, murieron 2 mil 183 ciudadanos mexicanos, en su intento por cruzar de forma ilegal la frontera de México con Estados Unidos 26
-Hasta enero del 2006, el Instituto Nacional de Migración (INM) recibió a 38,871 niños y menores migrantes de México, deportados por las Autoridades de los Estados Unidos de Norteamérica 27
-El 60.2% de las personas que viven con SIDA en México, no tienen acceso a los servicios de Seguridad Social. Solamente el 3.5% tiene la posibilidad de atenderse en instituciones privadas.28
Es cierto: diversos analistas de las guerras y la cultura de paz concluyen que no necesariamente hay una relación directa entre injusticia social y los actos violentos que se generan en las sociedades pobres.
Pero cuando ambos fenómenos (pobreza y violencia directa) están presentes, casi con seguridad podremos establecer algunos nexos entre ellos, puesto que tal como lo afirma Mariano Aguirre, con frecuencia la falta de Estado y de sistemas impositivos fiables para la distribución de la renta, provoca que grupos sociales compitan violentamente para poder acceder a esos escasos recursos y para la obtención de bienes básicos que le son estructuralmente negados29.
Y más aún si sumamos un tercer fenómeno, el de la cultura, que juega un papel no menos relevante: “(…) cuando se ven afectados los mecanismos culturales y sociales para la autorregulación de la violencia, entonces los conflictos pueden escalar hasta la guerra. El estado pierde el monopolio de la fuerza y diferentes actores piensan que la violencia puede ayudarles a conseguir determinados objetivos” (…) “se crea entonces una espiral de violencia que genera fragilidad estatal, subdesarrollo e inseguridad humana”.30
Los datos son contundentes y como bien afirma Johan Galtung. “una enfermedad no puede desligarse del paciente, de la misma forma que un delito no puede deslindarse del delincuente”. 31
Así pues, concluir que México es un Estado Frágil, no nos parece hasta aquí y con lo anteriormente expuesto, un argumento descabellado. Aún cuando las listas oficiales decidan hasta el momento no incluirlo en su repertorio.

Hay algunas sociedades caóticas cuya paz, es mucho



más insegura que algunas guerras”

James Lemoyne

Pero un Estado Frágil no es por definición un Estado en guerra de acuerdo a las tesis formalmente aceptadas para acotar a la “Guerra Clásica”. 32 Probablemente ni siquiera podríamos incluir a México entre los países donde actualmente se libra lo que suele llamarse un “Conflicto armado interno o interestatal”33.


No cabe en ninguna de estas definiciones: Sin duda, México no libra formalmente ningún enfrentamiento armado internacional. Mientras que por otro lado, en lo que se refiere a “conflictos internos”, si bien es cierto que en el estado de Chiapas, al sureste del país, aún se encuentran las filas del mundialmente conocido “Ejército Zapatista de Liberación Nacional” (EZLN)34 es aún más verdad que hoy por hoy, se trata de un grupo que ha dejado las armas y cuyas acciones se enmarcan en la llamada resistencia social.
Asimismo, y a pesar de que en las notas de prensa actuales, aún pueden encontrarse referencias recientes de diversas guerrillas o grupos armados en algunas zonas de la geografía mexicana, tales como el Ejército Popular Revolucionario (EPR), 35 las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y aún otras organizaciones mucho menos conocidas como el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP) y la Triple Alianza Guerrillera Indígena Nacional (TAGIN), -con supuesta presencia en los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas-, lo cierto es que no, ninguna de estas “fuerzas insurgentes” de nombres rimbombantes tiene enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales.
Por lo tanto, y en este estricto sentido, podemos hacer hasta aquí una segunda afirmación: efectivamente, ‘México no está en guerra”. La anterior tesis sin embargo, requiere de su antítesis, con la siguiente pregunta: ¿México está en Paz?
Revisemos para ello algunas definiciones de Paz:
“(...) la paz es algo más que la ausencia de guerras, y tiene que ver con la superación, reducción o evitación de todo tipo de violencias”: Afirma Vicenc Fisas.36. “Paz es Desarrollo humano” nos dice Adam Curle. 37. Mientras que Ed García sostiene que “No hay ‘Justa-Paz’ sin Derechos Humanos” y 38 finalmente, Johan Galtung declara que “Paz es Reconciliación.” 39
Si requerimos de la superación de todo tipo de violencias; si no hay (o hay poco) desarrollo humano; si el respeto por los derechos humanos es escaso y si debido a una espiral de violencia continuada durante los últimos años, la reconciliación –y la reivindicación- siguen sin llevarse a cabo. Entonces: ¿Qué tipo de Paz vive México?
No se trata en ningún caso de Paz positiva. Pero aún caben más preguntas: ¿Se trata acaso de una falsa paz? ¿De una paz forzada? O quizá, y en relación con los datos anteriormente expuestos sobre seguridad pública, ¿estamos ante una paz armada?
Difícil enmarcar a este país en una sola definición de las anteriores, puesto que ya lo hemos dicho, México cabe a un tiempo en muchas y muy variadas descripciones. Podría tratarse quizá de lo que Peter Lock denomina “Violencias Difusas” 40 y que tiene las siguientes características:
-Fragmentación Social

-Se imponen los actos criminales

-Estado ausente o con poca capacidad reguladora

-Estados corruptos

-Surgen estructuras paralelas a la autoridad

-Cultura de la violencia (y violencia cultural)

-Estructuras económicas irregulares

-Violencia estructural



-Machismo, mafias, amenazas, violencia directa
Al igual que en la descripción de Estados Frágiles, México entra también en esta otra categoría de las llamadas “Violencias Difusas”, tal como nos muestran otras tantas cifras sobre la realidad nacional; y preocupa que en casi la mayoría de los casos, estos indicadores surjan de estudios, encuestas y análisis de instituciones académicas o de organismos internacionales e incluso de otros gobiernos distintos al mexicano, que documenta poco o documenta mal sus carencias.
Tenemos entonces que:
-El 97 por ciento de los actos delictivos en el país resultan impunes 41
-Entre 1998 y 2002 ocurrieron casi 75 mil suicidios y homicidios con un promedio de 41 muertes violentas por día 42
-Investigadores mexicanos 43 aseguran que México ha superado a Colombia y Brasil y se ha convertido en el líder mundial en casos de secuestros denunciados, con índices especialmente preocupantes en la capital del país.
-El estudio realizado en las 31 entidades federativas y el DF, dio cuenta de 194 denuncias de secuestros en apenas 6 meses (entre enero y junio del 2005); cifra superior a los 172 casos similares registrados durante el mismo período por las autoridades colombianas y los 169 denunciados en Brasil
-El problema es aún peor, -afirma el documento- puesto que la gran mayoría de los secuestros en México no son denunciados, debido al temor por la corrupción y la incompetencia de las fuerzas policiales, e incluso por la posible participación de las autoridades en muchos de estos plagios.
- Los cárteles mexicanos de la droga obtienen 13 mil 800 millones de dólares por ventas de drogas a los consumidores. (Principalmente de Estados Unidos) 44
-'México produce la mayor parte de la heroína y de la marihuana del hemisferio occidental, además de ser la ruta primaria del tránsito de cocaína desde los países del sur. 45
-El gobierno mexicano estima que en el lapso de un año aproximadamente entre 120 mil y 130 mil mujeres sufren violaciones sexuales. Sin embargo, como en muchos otros delitos, existe la probabilidad de que esta cifra represente apenas una fracción del número real de violaciones sufridas por mujeres y niñas en México a lo largo de un año. 46
-Fuentes extraoficiales estiman un escalofriante promedio de una mujer violada sexualmente cada cuatro minutos 47
-México y Guatemala comparten un negro historial en casos de “feminicidios”. (De hecho el vocablo se ha acuñado en estos dos países latinoamericanos debido a la alarma que la muerte de mujeres ha provocado
-Tan sólo en el norteño estado de Ciudad Juárez, cerca de cuatrocientas mujeres han sido violadas y estranguladas en la última década, y cuatro mil más han desaparecido 48. Pero tan sólo un año de la creación de la Fiscalía Especial contra los feminicidios, las conclusiones del organismo echaron por tierra los pocos avances obtenidos. 49
-En un lapso de 15 meses, un total de 82 recién nacidos fueron abandonados en las calles de la capital mexicana, 27 de ellos sin vida. 50
Cada uno de los anteriores datos revisado de manera independiente, resulta por sí mismo, preocupante, ahora bien, el hecho de admitir que la sociedad mexicana está sometida a todas estas experiencias de manera cotidiana e ininterrumpida, entonces la situación, como fenómeno en su conjunto, resulta sin duda, angustiante.
Y si aún con todo, México no libra una “guerra abierta”, ni un “conflicto interno” por no adscribirse a las definiciones habituales, la “anormalidad” de los sucesos que acabamos de describir, al menos sí puede enmarcarse en la categorización que hacen John Burton y Edward Azar, cuando se refieren a los llamados “conflictos resistentes”, 51 a los que definen como aquellos “conflictos sociales prolongados, en los que se mezclan factores internos y externos.
Puesto que sin lugar a dudas, los diversos conflictos superpuestos mexicanos, tienen sus raíces profundas en un lugar alejado en el tiempo, y su constante ‘no-resolución’, es precisamente lo que los convierte en formas de violencia tan vigentes, actuales y persistentes.
Pero como bien dice Elena Sánchez Gómez en un ensayo sobre las sociedades meta-bélicas:

“(…) olvidémonos de las guerras nacionales, estatales, étnicas (…) porque hoy las guerras tienen sus propias dinámicas” 52. Cierto, porque más allá de definiciones, el verdadero drama es el sufrimiento de las víctimas, que no dejan de serlo por el simple hecho de no ser reconocidas oficialmente como “víctimas de un conflicto armado”


Es el fracaso en la transformación del conflicto



lo que lleva a la violencia”

Johan Galtung
3.2.- Las listas en las que México sí está (pero no está)
Y sin embargo hay un gran número de ‘otras listas’ donde el nombre de México sí aparece, y aparece en los primeros sitios. El nombre, pero no necesariamente avalado por acciones ulteriores. Una cuestión (nuevamente contradictoria) que como veremos a continuación, incide directa o indirectamente a la no-consecución de una paz justa en este país latinoamericano, y en contrapartida, sí influye negativamente para reafirmar diversos tipos de violencias, tanto visibles como invisibles; directas y estructurales.
Por ejemplo, México ha firmado todos los tratados y convenios internacionales referentes a la no-proliferación de armas de todos los tipos, desde armas ligeras hasta armas de destrucción masiva. La posición mexicana en el exterior ha sido contundente; y los representantes mexicanos ante las Naciones Unidas y organismos internacionales han hecho declaraciones y discursos tan enérgicos como conmovedores. 53 La realidad nacional sin embargo, es mucho más aplastante que estos discursos:
-En 2003, las estadísticas oficiales señalaban la existencia de 4,49 millones de armas ligeras en México, es decir que 17,68% de los hogares mexicanos contaban con una.
-Las estadísticas no oficiales54 señalan que la cifra superaría los 15 millones de acuerdo a un reporte de la organización OXFAM-Internacional 55
- México está catalogado entre los fabricantes pequeños de armas, con una producción equivalente a un millón de dólares al año 56
- La proliferación de armas ligeras ha crecido en los años recientes y ha contribuido a la comisión de delitos como asaltos y secuestros
- La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) reportó que en 2001 sólo gastó cinco millones de dólares en adquisición de armamento y en 2002 poco más de 10 mil dólares)
-El Instituto Internacional de Investigación por la Paz de Estocolmo, desmintió al gobierno mexicano en las cifras tanto del 2001 como del 2002, al revelar que:
-Europa envió a México el equivalente de 33.5 millones de dólares; y en 2002 fueron 130 millones.
-Lo anterior sin contemplar las compras a Estados Unidos, las cuales, de acuerdo con el mismo Instituto, ascendieron a 223 millones en 2001 y 93 millones en 2002. El total de importaciones suma 478 millones, y no los 6 millones reportados por los militares mexicanos.
- “Modernos lanzacohetes, poderosas granadas de fragmentación, metralletas militares tipo Barret, capaces de disparar 600 tiros en un minuto, y fusiles de salto AR-15, AK-47 y HK91 son sólo algunas de las armas que los cárteles de las drogas utilizan para enfrentar a las fuerzas del orden”. 57 Armamento que la mayoría de las veces supera con mucho al utilizado por la policía y los militares mexicanos.
Y sin embargo, en la página de la Secretaría de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano pueden encontrarse por lo menos 23 referencias a tratados vigentes que exponen la postura oficial respecto a la no-proliferación armamentística. 58
Sí, México es la constante incongruencia entre lo que muestra y dice hacia fuera y lo que aplica y ejerce dentro de sus fronteras. Así ha sido históricamente y esto ha terminado por crear un círculo vicioso de desconfianzas y mentiras, no sólo ya por parte de los gobernantes, sino de los ciudadanos que se han vuelto insensibles a generaciones de engaños y traiciones. Pues México ha ido acumulando dolores y postergando reconciliaciones.
Y si como dice Carlos Martín Beristain “(…) la vida de la víctima nunca vuelve a ser igual después de la violencia”, entonces no es difícil reconocer que estamos ante un tremendo problema social que sigue sin atenderse. México suma miles de víctimas violentas cada año. Y sin ser un territorio de trincheras, lo cierto es que aquí, muchas guerras se siguen librando.

El antes y el después, se suceden recíprocamente”



Lao-Tsé

Hemos dicho ya que al término de la Revolución Mexicana, las reivindicaciones de justicia social y política quedaron prácticamente intactas y aún quizá en peores condiciones. Muchas heridas –personales y colectivas- quedaron abiertas y sin cicatrizar, o en el mejor de los casos, quedaron con infecciones que supuran aún hoy en día. Johan Galtung dice que “la violencia directa tiene una pre-historia, una historia paralela y una post-historia en áreas e intervalos que se suceden sin límites.” 59


Sin embargo, y aunque el tiempo no se detiene, es verdad que a veces la historia parece repetirse, o por lo menos, suele darnos ‘momentos similares de situaciones parecidas’. En nosotros (una sociedad, la mexicana en este caso) está el dejarlas pasar de largo, repetir una y otra vez los mismos fallos o bien, saber aprovecharlas y dar un paso evolutivo.

Entre 1965 y 1990 las transiciones en todo el mundo fueron evidentes. 1968 fue sin duda el año en que los movimientos estudiantiles impulsaron cambios significativos. No es nuestra tarea aquí detallar el contexto internacional de aquella época. Pero en México esos años merecen una importante mención si intentamos encontrar las claves de la cruenta situación actual.


Para la región latinoamericana los años 70’s son los años de las dictaduras. México no está necesariamente entre aquellos países que vivían la represión de un cruel dictador “X”, puesto que como ya explicamos, en términos de la “real politik”, los mexicanos no sufrieron nunca (en 70 años de poder único) una autocracia entendida como tal. Particularidades a la mexicana.
En 1968, México fue la sede de los XIX Juegos Olímpicos. Es el mismo año también de una de las peores páginas en la historia nacional e internacional, puesto que el gobierno mexicano de la época cometió crímenes de lesa humanidad con la llamada “Masacre de Tlatelolco” ocurrida el 2 de octubre de ese mismo año. 60
El aparato represor mexicano funcionó igual de eficazmente que en otros países latinoamericanos, México no podía ser la excepción de la regla, puesto que las revueltas estudiantiles y los movimientos guerrilleros que caracterizaron al continente en aquellos años, también tuvieron su versión nacional.
Pero oficialmente México no incurrió jamás en los delitos de Genocidio ni de Lesa Humanidad. Ni en los hechos del 2 de Octubre ni en las acciones contra estudiantes que el llamado grupo de los Halcones perpetró el 10 de Junio de 1971. 61
De igual forma, ningún gobernante mexicano ha podido ser juzgado tampoco por lo que se conoce como la llamada “Guerra Sucia”. Una persecución en contra de la guerrilla del sureste que tomó tintes de exterminio, que liquidó a comunidades enteras y que fue llevada a cabo desde finales de la década de los 60 y se prolongó hasta principios de los 80. 62
¿Por qué México no ha juzgado a ningún ex gobernante? Es una de las tantas paradojas incomprensibles del “modus operandi” mexicano. Puesto que a pesar de que México ratificó la Convención sobre Genocidio el 22 de julio de 1952 y se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 11 de octubre de ese mismo año, lo cierto es que como muchos otros tratados internacionales firmados, se trata de una suerte de “papel mojado” y que sin embargo, ‘se supone’ que de esa fecha hasta ahora, nos rige a todos los mexicanos, “de conformidad con el artículo 133 constitucional, como norma obligatoria”
Más aún. La primera Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado no pudo crearse –evidentemente- sino hasta la llegada del primer presidente mexicano ajeno al Partido Revolucionario Institucional63. Sin embargo sus actuaciones han estado plagadas de fallos y contrasentidos. 64
Y lo que no se resuelve, se repite. Vicenc Fisas tiene razón al aseverar que “(…) no es lo mismo actuar sobre las causas de un conflicto, que limitarse a tratar sus consecuencias; (…) no es lo mismo actuar preventivamente que de forma reactiva; ni hacer las cosas por decisión propia que por presión externa” 65
Oficialmente ningún gobierno Mexicano ha cometido actos genocidas ni de lesa humanidad. Ni en 1968 ni en 1971. Ni en ningún otro año. Oficialmente, México es un país entregado al progreso, comprometido con los derechos humanos. Está en paz y reconciliado.
De cuando en cuando sin embargo, vuelve a asaltarnos a algunos el recuerdo de una nota de prensa que a muchos mexicanos nos arrancó las lágrimas y que aún a la fecha nos sigue conmoviendo:
La mañana del 22 de diciembre, a plena luz del día, un escuadrón compuesto por unos 60 uniformados atacó a alrededor de 350 indígenas tzotziles refugiados mientras éstos se encontraban rezando por la paz en el poblado de Acteal en Chenalhó, Chiapas.
Durante seis horas o más, los asesinos llevaron a cabo la matanza, ejecutando a los campesinos indefensos con tiros en la cabeza y mutilando sus cadáveres con machetes. La mayor parte de las víctimas fueron mujeres (21) y niños (15); ninguno de los refugiados estaba armado.
Un joven de 13 años que logró sobrevivir relató que alcanzó a ver desde su escondite a los asesinos disparar a su padre en el piso y degollar a su madre embarazada para después extraer al feto de su vientre con un cuchillo.
Esto se hizo también a otras mujeres. Más tarde, se encontraron 45 cadáveres y cinco personas se han reportado como desaparecidas, mientras que decenas más fueron horriblemente heridas. Testigos que lograron escapar dijeron que muchos de los asesinos se reían mientras realizaban este crimen”

Sucedía en Chiapas en 1997. El gobierno, los militares –y los paramilitares- perseguían entonces a la guerrilla zapatista. Y sobre ese hecho, la nada, seguida de silencio.


Pero apenas un año y medio antes, el 28 de junio de 1995, otros 17 campesinos eran masacrados en el estado de Guerrero, en lo que se conoce como “La masacre de Aguas Blancas”. La mayoría de las víctimas fueron ejecutadas con tiro de gracia, de acuerdo a testigos y videos. La matanza se realizó por órdenes del entonces gobernador del estado Rubén Figueroa Alcocer, y del General Mario Arturo Acosta Chaparro.

Para quien no conoce los nombres de estos personajes, este suceso podría tratarse simplemente –con toda su gravedad- de un hecho evidente de represión y brutalidad gubernamental y policíaca; un hecho cruel, pero tristemente similar a los muchos actos de esta naturaleza en otras partes del mundo. Pero la “particular incongruencia mexicana”, parece a veces no tener límites. Aunque la historia suele dejar pistas …


El ex gobernador de Guerrero, es hijo de otro ex gobernador de Guerrero. Figueroa padre fue secuestrado en 1975 por la guerrilla de Lucio Cabañas, la misma cuya presencia en la sierra motivó la llamada “Guerra Sucia”. La persecución y represión de este grupo combatiente, provocó cientos de muertes en el sureste mexicano desde finales de los años 60 y que se prolongó hasta bien entrados los años 80. Muertes que según se sabe hoy en día, tienen tintes de un “exterminio sistematizado”.
Rubén Figueroa hijo no sólo sigue libre y activo en la política, (aunque recibió una recomendación por los sucesos de 1995) sino que hasta hace poco (apenas en febrero del 2006) aún guardaba esperanzas de postular a su hijo para la candidatura priísta por el gobierno de Guerrero.
Pero “(…) hay que lamentarse no sólo de los agentes violentos, sino también (y sobre todo) de las estructuras y las culturas violentas”. “La violencia letal por su visibilidad es la que produce las reacciones. Sin embargo, la violencia no-letal también tiene elementos de irreversibilidad. Pocas veces se curan las heridas; y las heridas internas, nunca, según nos dice el psicoanálisis”. 66
Estas son palabras de Johan Galtung, en referencia a los procesos de reconciliación social dentro de un país ‘después de la violencia’, un país que ‘ha terminado la guerra’. ¿Cuál es entonces el camino –y el destino- de un país cuyos constantes conflictos no han terminado nunca? ¿Esta continuidad de la violencia, significa que nunca sanaremos?
El general Acosta Chaparro, cómplice de Figueroa en la masacre de Aguas Blancas, es uno de los muchos (muchos) ejemplos de un ‘terror con racionalidad e intencionalidad’ 67. Y además un terror que se perpetúa en el tiempo. Donde la presencia y la persistencia de una violencia genera otra violencia, y muchas violencias más.
Militar de carrera, Acosta Chaparro orquestó muchas de las operaciones de la llamada “Guerra Sucia” en México. Lo hizo acompañado de uno de los artífices de la Masacre de Tlatelolco (2 de Octubre del 68). 68 Varias veces ascendido y con diferentes cargos militares y policiales, fue después uno de los autores intelectuales de la “Masacre de Aguas Blancas” ocurrida en 1995.
Y no fue sino hasta el año 2000 –32 años después de iniciada su carrera del terror- cuando ambos militares fueron detenidos por la justicia militar. Fuentes estadounidenses –y no mexicanas- documentaron la participación de ambos en operaciones ilícitas, esta vez de narcotráfico. Pero aún, notas de prensa del año 2005 y 2006 hablan ya de la posibilidad de que sea exonerado tanto de las acusaciones que lo vinculan con el periodo de la Guerra Sucia, como de sus nexos con el narcotráfico y la protección de jefes de los cárteles mexicanos.

Cuando los muertos lloran, es señal de que empiezan



a recuperarse- dijo el cuervo con solemnidad.

Lamento contradecirlo amigo,–dijo el búho-

pero yo creo que cuando los muertos lloran

es porque no quieren morir.”

Carlo Collodi
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