Una guerra que se libra, pero no se nombra



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4.- ¿Es entonces posible pacificar a un país que no está en Guerra?

4.1 El primer paso es quizá: Aceptar -al menos- que México no está en Paz
Nihil Violentum Durabile. “Ninguna violencia es eterna”. Dicen. ¿Es esto verdad? Ciertamente, hay zonas de la geografía mexicana que no creerían en esta aseveración, puesto que para ellos “la violencia es lo normal, lo cotidiano, lo ancestral”. Y más allá de listas, de definiciones de guerra y conflictos, el enorme peligro de México es que esas zonas y esa percepción aumenten. Que se instale aún más ese sentimiento de “plus ça change, plus c'est la même chose.
Es verdad que tanto a nivel individual como colectivo, las experiencias traumáticas tienen un efecto acumulativo, y esas experiencias traumáticas acumuladas generan miedo constante. Y quien teme constantemente vive a la defensiva. Quien vive a la defensiva, se vuelve agresivo y la agresividad mal entendida, genera violencia. La violencia repetida maquina la venganza y la venganza produce resentimiento. El resentimiento que persiste conspira a favor del odio y el odio reiterado se convierte en desesperanza… Y en medio de la desesperanza, la vida (la propia y la ajena) pierde todo valor. Y allí donde se mata y se muere con facilidad, se vive con miedo. Y vuelta a empezar, y así sucesivamente.
¿Cómo y dónde termina esta espiral?
En México, el gran problema de ese círculo vicioso interminable, repetido por generaciones, es que nos hemos acostumbrado a él. Es su ausencia (ocasional) lo que ya nos sorprende. Porque como dice Galtung “(…) lo permanente es difícil de ver, puesto que no existe el contraste (…) la violencia es más fácil de comprender y convenientemente, se confunde con el conflicto” 69
La histórica contradicción de la nación mexicana hace que hoy en día la solución a sus problemas de violencia directa y violencia estructural sea cuando menos, su-ma-men-te compleja. Y esa afirmación que suele hacer Vicenc Fisas de: “Nada está resuelto, hasta que todo quede resuelto” se antoja una tarea titánica para los mexicanos.
¿Es posible? ¿Podrá México resolverlo todo y salir algún día de sus círculos de violencia?

Enfrascarse en intentar determinar si la estructura y la cultura de la violencia han generado nuestra realidad, o si ha sido la realidad misma, la que nos ha sumido y condenado a estructuras y culturas violentas, resulta un galimatías reiterativo y poco útil. La historia, está escrita. Con buena o con mala letra. Y como en todas las vidas, sean personales o colectivas, lo que importa realmente son las páginas que aún nos quedan en blanco. El futuro.


Esto no significa que debemos nunca soslayar el pasado. Finalmente, es parte de nuestra identidad. Pero para que algo nuevo suceda con lo que nos ha ocurrido, es necesario darle un sentido actual a lo que hemos vivido. Y nada adquiere un significado sin pasar primero por el proceso del cuestionamiento, (que no de la acusación). Tenemos un pasado en común, eso es innegable. Pero aún nos falla como país, la identificación real de un futuro compartido.
Un primer paso es buscar la verdad. Sí. Pero la verdad por sí misma no cambia las cosas. Buscar la verdad, debe equivaler a saber soportarla. Ése es un primer paso que –me parece- México no ha querido dar hasta la fecha. Porque la paz, en definitiva, se hace entre enemigos. La temida pregunta es: ¿Y quién es ‘el enemigo’ en México?
Si nos enfrascamos en buscar culpables, nunca nos haremos co-responsables. Es como querer encontrar un camino y luego no querer caminarlo, sino que otros lo hagan por nosotros. Debemos “(…) conocer las consecuencias de nuestros actos y omisiones”. 70 Y dada la larga historia de conflictos y la multiplicidad de violencias en México, la tarea es ardua y sin duda, una vez comenzada, será dolorosa.
Si nos sentamos a intentar determinar “el principio de la violencia” no nos centraremos nunca en lo que más debería interesarnos: “el fin de la violencia”.

Según Vicenc Fisas, los conflictos, para resolverse, requieren de varios pasos: 71


*Interpretación de ese conflicto

*Identificar los tipos y niveles de Atención Necesaria

*Identificar los tipos y niveles de Acción e implicación que se requieren

*Identificar los tipos y niveles de Responsabilización

Culpables y responsables no es lo mismo. Culpables serán algunos. Responsables probablemente seremos todas las generaciones implicadas en este “Conflicto Resistente” mexicano y en consecuencia, es muy posible que la consecución de la paz también nos tome algunas generaciones.
Aunque parezca increíble, México ostenta uno de los procesos electorales más caros del mundo,72 pero su elevado precio no se corresponde necesariamente con la eficacia de sus resultados. En México, al igual que muchas otras naciones de la región latinoamericana, estamos muy lejos de consolidar verdaderas democracias participativas. Esa es otra de las grandes tareas pendientes.
Pero más allá de analizar a dónde van a parar los millonarios fondos de campañas electorales que en los hechos no cambian nada para las desigualdades mexicanas, lo cierto es que una sociedad madura entiende que ningún gobierno debería acaparar la solución de todos los problemas de un país, so pena de que (como ha ocurrido en México) esos gobiernos hagan y deshagan a su antojo.
En ese sentido, la sociedad mexicana todavía es inmadura. Todavía esperamos que “el gobierno” lo haga todo, al mismo tiempo que señalamos al gobierno como el culpable de todo”… Fuente de todo bien y de todo mal. Casi como un dios, que a capricho nos bendice o nos maldice. En consecuencia, no uno, sino varios gobiernos y grupos se han alimentado de la pasividad, esta inercia social.

Y este repetido cuento de nunca acabar, podría darnos la primera clave para entender por qué, una y otra vez, los mexicanos hemos ido cimentando nuestra historia sobre la base de una ‘paz-conflictiva’. Y aunque pueda resultar evidente que “paz conflictiva” no es vivir en paz, para muchos mexicanos, la evidencia no lo es tanto.


En México la idea de paz es la ausencia de una “Revolución general” –tal como la entendemos de acuerdo a nuestro bagaje histórico- Muy pocos asumen que la paz, la paz justa y la justa paz, es mucho más que eso.
Pero como dice Vicenc Fisas 73 “la paz no llega sólo porque se desea”. Como siempre, como en todo: el primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Porque el paso del tiempo, por sí mismo, no cura las heridas ni detiene las violencias.

Si quieres ir rápido: ve solo. Si quieres llegar lejos: vayamos juntos.



Jean Paul Lederach
4.2.- En un conflicto, el que calla, otorga:
La ausencia de la sociedad civil mexicana
En la conformación de la identidad mexicana, nadie puede negar los efectos nocivos de 70 años de un gobierno que se permitió todo lujo de traiciones, atropellos e impunidades. Esas largas siete décadas han dejado un pesado lastre social, en donde se tolera que muchos de estos fenómenos se prolonguen hasta la fecha. Las muchas violencias resultantes de ese particular régimen mexicano, han terminado por erosionar el tejido social a niveles insospechados. Es una hipótesis, pero quizá debido a esta erosión, hace mucho tiempo que México dejó de pensarse a sí mismo como una nación, entendida ésta como un conjunto de individuos con metas y valores afines.
La violencia (continuada) vuelve pesimista a la gente (…) se tiende a ver a los otros como perversos y a la violencia como algo intrínsecamente inevitable, y si es inevitable, entonces es admisible” 74
Pero ya hemos dicho que los caminos de la paz son siempre de dos vías. Y a pesar de que podríamos afirmar que la violencia en México es generalizada, (aunque no sea sistemática) y que sus raíces se encuentran en la acción o la ineptitud del Estado, lo cierto es que en contrapartida, hace mucho tiempo que no existe un movimiento mexicano fuerte y generalizado, que se enfrente como conjunto organizado a los fallos del Estado, sean éstos directos o estructurales, actuales o ancestrales.
Todas las teorías de los procesos de resolución, nos dicen que ‘eludir un conflicto no hará que la dinámica de su proceso se desintegre por sí mismo’. Muy al contrario. Eludir el conflicto, al intentar vivir con la pretensión de que: ‘estamos bien’, bajo la engañosa ecuación de que ‘podríamos estar peor’; es tanto como dejar que la violencia siga su curso, la omisión puede resultar contraproducente, pues es probable que esta actitud sólo agrave el problema y puede incluso llegar a acelerar o acentuar la progresión de una crisis.
Resulta triste ver a un país que libra una guerra contra sí mismo. A ciudadanos que ejercen la violencia “los unos contra los otros” y dejan escapar así una fuerza que podría ser –quizá- su pasaje hacia el tránsito y los cambios deseados, si las motivaciones no estuvieran tan individualizadas.
De acuerdo al estudio de Miriam Cohen 75 con referencia a la Organización de la Sociedad Civil Mexicana (OSCM), la investigadora afirma que: “(…) de 1994 hasta la fecha (2004), las tendencias actuales de la Sociedad Civil en México son la distensión de la solidaridad y la imposibilidad de crear lazos de confianza mutua. (…) Los resultados son movilizaciones con una gran carga de rencor social, duras y distanciadas unas de otras. Movimientos que a su vez atemorizan a los sectores acomodados y escandalizan o sirven de espectáculo a los medios de comunicación. Explosiones sociales tan constantes como dispares y la mayoría sin más

perspectiva que una resolución inmediata; manifestaciones cuya actitud violenta, desacredita sus reivindicaciones de cara a una sociedad cansada de golpes.” 76


El camino hacia la paz no debe ser nunca combatir la violencia con más violencia. Por eso, cuando la Sociedad Civil, ese ente encargado de hacer un contrapeso para equilibrar la fuerza del Estado, cree más en la violencia que en el diálogo, podemos aventurar una lectura muy poco alentadora para la pacificación y el fin de la violencia. Carlos Martín Beristain afirma que “cuando la polarización llega a los estratos sociales más bajos, es un indicativo de la gravedad de los hechos” 77
La investigadora Miriam Alfie Cohen afirma que hoy en día, la Sociedad Civil mexicana sólo ha logrado edificar un pobre capital social “endeble, gelatinoso y resbaladizo”, 78 Y mientras persista la idea de que México sólo tiene ‘muchos y muy variados problemas’, pero no un gran conflicto con muchas caras, cada grupo seguirá saliendo a la calle para reivindicar sus propias exigencias, la mayoría de las cuales quedará sin resolver ahí en las raíces profundas que lo originaron.
Así, quienes exigen mayor seguridad en el DF no consideran que la delincuencia en la capital tenga relación con los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, ni con la marginación de las zonas cuyo índice de emigración ha dejado a su paso pueblos fantasmas. De un día para otro los mineros de un estado conforman un movimiento con su propia urgencia, al tiempo que los campesinos de otra región intentan apresurar la solución de sus peticiones. Divide y vencerás, dice el dicho. Pero la paz no se consigue con divisiones.
Y si bien es cierto que la delincuencia en México (la común, la organizada, la corrupción, los sobornos, los fraudes, los secuestros y hasta el narcotráfico) son actividades que los mexicanos realizan para conseguir más dinero y con ello una supuesta mejor calidad de vida, también es verdad que con otros mecanismos distintos, muchos ex integrantes de organizaciones civiles también han caído en la trampa de cambiar representatividad por presupuesto: efectivamente, muchos movimientos civiles terminaron por “politizarse oficialmente” a cambio de recibir más dinero del erario público:
Al día de hoy, se tienen contabilizadas al menos “75 Asociaciones Políticas registradas ante el órgano electoral mexicano, cuyo origen son antiguas organizaciones pertenecientes a la sociedad civil. En el 2004 esas organizaciones contaban con un presupuesto federal de 14 millones 541 pesos.” 79 El número de afiliados de esas 75 asociaciones, en marzo de ese mismo año, ascendía a 65 millones 688 mil personas.
Este dato resulta cuando menos devastador, tan sólo de pensar en lo que esa cantidad de ciudadanos podrían hacer si estuvieran conformadas si no en un solo movimiento, al menos sí con propuestas y estrategias unificadas para la consecución de una meta común: el fin (o al menos la disminución) de las muchas violencias en México.
Las conclusiones de este ensayo de Miriam Alfie, denominado sin eufemismos “La desilusión” de la Sociedad Civil mexicana, es un ejemplo más de cómo los círculos viciosos de las muchas violencias se suceden interminablemente. La investigadora afirma que: “Ante situaciones de constante riesgo y contingencia, la sociedad Civil en México se encuentra adormecida, derrotada y poco flexible; y esto hace aún más vulnerable a la sociedad en su conjunto, (que se queda cada vez más sin defensas) frente a la movilidad y la agresividad de las grandes empresas, el gobierno o la propia realidad nacional e internacional”

Los hombres, aunque deban morir,



no nacieron para morir, sino para comenzar”

Sam Keen


5.- Para terminar, el final que me gustaría fuera un principio.
El presente trabajo no alcanza a convertirse en un análisis, lo sé. No representa de hecho, ni siquiera un recuento exhaustivo de todas las violencias que hoy por hoy, golpean a México.
Quedan muchos rubros en el tintero, cuyos contenidos juegan diversos e importantes papeles en el entramado conflictivo mexicano: el papel de los medios de comunicación, la educación formal, el acceso a esa educación, el gasto en investigación y desarrollo, los altos niveles de desintegración familiar (con sus muy variadas génesis encostradas a su vez en otras tantas carencias sociales), las causas de una posible violencia intrínseca en la formación de identidad del ciudadano, un análisis del lenguaje formal, del político y del cotidiano, y análisis de contenidos en la música y el humor con los que convivimos a diario y así, y largo etcétera.
A sabiendas de que el tema “Violencia en México” era sin lugar a dudas un universo titánico y multifacético, no he querido sin embargo, centrarme en uno solo de los problemas que aquí he presentado en breves y apresuradas nomenclaturas.
Y me he negado desde un principio a analizar a cabalidad al menos uno de esos problemas, precisamente, porque parto de la base de que ese tipo de estudios, al enfocarse demasiado, pierden la perspectiva de conjunto. Y a mí personalmente, es esa panorámica lo que me asusta, sobre todo si se piensa en que, el lugar donde todas esas violencias confluyen hoy en día, es ni más ni menos, que en el diario acontecer de los ciudadanos.
Una visión general como la que me hubiera gustado obtener (de haber alcanzado en primer lugar la distancia emocional necesaria ante los hechos) requiere de mucho más espacio y tiempo. Tal como lo imagino, éste debería ser un estudio multidisciplinario, que se llevara a cabo de manera simultánea y coordinando esfuerzos; entonces y sólo entonces, quizá podrían hacerse propuestas de re-solución, re-conciliación, pacificación y educación para la paz, a niveles más serios y sobre todo, realistas.
Después de leer y releer informes, notas de prensa, historia, teorías, disertaciones y definiciones en torno a “la violencia en México”, lo único que me queda claro es que hemos de dar un giro urgente de timón. Cuanto antes. De otro modo, seguiremos repitiendo los mismos patrones que al día de hoy, no están poco enquistados en nuestro devenir cotidiano. Patrones que nos están matando, real y metafóricamente hablando.
He escuchado con frecuencia frases como “Bueno, el territorio de México es muy grande” o “esas cifras, comparadas con la población total de México, las hacen muy relativas”. O también “Eso ya ocurrió hace muchos años, es tiempo de superarlo”.
Me niego a pensar de esta forma. En primer lugar porque me gustaría creer que somos capaces –como especie, no sólo como nación- de erradicar las violencias, de darle un nuevo sentido al conflicto y encauzar nuestras agresividades.
Y también porque parece que hay un dato que se escapa a muchos ojos no familiarizados con la violencia mexicana (mientras que a los ojos familiarizados ya no les sorprende): No se trata ya simplemente de determinar cuántas muertes ocurren en X o Y periodo de tiempo, sino de las formas y las condiciones especialmente crueles y sanguinarias en que muchas de estas muertes ocurren. La “calidad de la violencia”, la “sofisticación de la crueldad”, es un indicativo que por sí solo, merece un estudio a fondo.
Nadie hasta ahora ha podido documentar un fenómeno que hace algunos años yo intenté -sin éxito- delimitar, hablando con varios presos mexicanos y esto es solamente, por poner un ejemplo: el fenómeno de la profesionalización de la tortura en los centros penitenciarios, en las corporaciones policíacas y militares. Formas de tortura pensadas para que “no dejen huellas físicas evidentes” pero que sigan sirviendo a la hora de arrancar confesiones.
Igualmente, si leemos a conciencia las noticias y los partes en los que se detalla la forma en que las víctimas de sicarios y narcotraficantes suelen perecer, los relatos se antojan espeluznantes: Secuestradores que cortan orejas y dedos, mafias que entierran vivos a sus enemigos, asaltantes que matan ante la rabia de no llevarse nada, cuerpos decapitados, turbas que linchan a policías, torturas tan crueles y variadas que suelen relacionarse incluso a oscuros rituales satánicos y hasta ese (de nuevo) peculiar término acuñado en México como ritos “narco-satánicos”.

Y todo esto, -quiero creer- debe tener una explicación. Y lo que puede explicarse puede erradicarse. Todo esto debe comenzar a -al menos- intentar comprenderse, puesto que solamente conociendo los mecanismos que operan en esta relojería del mal, seremos capaces de desmantelar su funcionamiento.


Saber a ciencia cierta dónde, cómo y cuándo nacieron todas las violencias que hoy aquejan a México, es una cuestión que pasa por remontarse a muchos años en el tiempo. Es también una cuestión de valentía, una tarea que –me parece a mí- hasta ahora los mexicanos hemos eludido, o por lo menos completado a medias y sin ningún orden.
Los mexicanos tenemos que aprender a vernos en tres dimensiones: a la distancia, en la actualidad y hacia futuro y para ello harían falta cambios radicales no solamente desde el gobierno y la sociedad misma, sino también desde la comunidad internacional, que tendría que comenzar también a “escandalizarse” por lo que ocurre en el México profundo y no solamente en Chiapas y la frontera estadounidense.
Haría falta comenzar a documentar las víctimas (las de la violencia directa y las de la violencia estructural) del pasado, y sumar a ese número las víctimas actuales … quizá entonces y sólo entonces, los números nos parecerán lo que son: realmente alarmantes y sobre todo: inadmisibles, precisamente porque no son números. Somos nosotros, nuestros abuelos, nuestros padres, nuestra familia, nuestros amigos.
Quizá entonces, la capacidad de indignarnos por lo que nos sucede y nos ha sucedido como colectivo, tendría por fin que despertarse de su letargo.

Cristina Ávila-Zesatti

xtina.avila@gmail.com

Barcelona, España. 30 Abril 2006.




Cronología en imágenes de un país “que no libra ninguna guerra”

O2 de Octubre 1968

Masacre de Tlatelolco

México, DF





24 Mayo 1993



Asesinato del Cardenal

Juan Jesús Posadas Ocampo

Guadalajara, Jalisco






01 Enero 1994

Levantamiento Zapatista

Estado de Chiapas

28 de Junio 1995


23 Marzo 1994

Asesinato de Luis Donaldo Colosio

Candidato Presidencial por el Partido Revolucinario

Institucional (PRI)



28 Junio 1995

Masacre de Aguas Blancas

Estado de Guerrero



Mayo 1996

Nace el Ejército Popular Revolucionario

(EPR) Estado de Guerrero




22 Diciembre 1997



Masacre de Acteal

Estado de Chiapas



1994? – 1995?- 1996? (Hasta la fecha)




Asesinatos de Mujeres en Ciudad Juárez



Estado de Chihuahua

Agosto 2002



Manifestaciones Campesinas
San Salvador Atenco,

Estado de México





23 Noviembre 2004

Linchamiento de 2 policías
Periferia Estado de México y DF




Entre Febrero – Abril 2006



Ataques con granadas de
Fragmentación
Hasta el día de hoy (30 Abr 2006) han estallado 4 granadas en el Estado de Guerrero y una en el Estado de Tamaulipa


1 Vicenc Fisas. Procesos de Paz y Negociación


2 Deutsche Welle-World. Enero 2006

3


 SEDESOL y Comité Técnico para la Medición de la Pobreza en México. Junio 2005
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