Una mirada a “la loca” de Pedro Lemebel: de figura privilegiada a figura paradigmática



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Universidad de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades

Escuela de Postgrado

Una mirada a “la loca” de Pedro Lemebel: de figura privilegiada a figura paradigmática

Tesis para optar al Grado de Magíster en Literatura mención Literatura Chilena e Hispanoamericana

Autora:
Catalina Tocornal Orostegui

Profesora guía:


Dra. Kemy Oyarzún Vaccaro

Santiago, Chile
2007


A Graciela Montealegre, mi abuela materna, quien le dio sentido a mi interés por la memoria

Resumen


Esta tesis abordará la incidencia de la memoria dentro del proyecto literario de Pedro Lemebel, particularmente en su producción de crónicas, atendiendo al vínculo entre memoria y poder y cómo éste se refleja en la escritura del autor. Considerando esto, se problematizará la relación entre género sexual y género literario.

Para comenzar, se expondrá la definición social de memoria de Halbwachs. Luego, se presentará una breve historia memorialística de Chile, para observar su relevancia en el contexto del escenario nacional. A continuación, el cuerpo de la tesis presentará una estructura en tres partes. La primera trata del contexto histórico-social que Lemebel examina en sus crónicas, evidenciando los cambios sucedidos bajo esas condiciones. La segunda, inicia una reflexión general en torno al género crónica urbana, dando cuenta de las posibilidades que éste le otorga al escritor en su necesidad de denuncia. La tercera se focaliza en “la loca”, observando cómo es articulada por Lemebel.

El análisis se remitirá a una selección de crónicas de “Loco afán. Crónicas de sidario”, a partir de las cuales se iniciará el estudio de los aspectos considerados fundamentales, privilegiando las perspectivas de análisis crítico del discurso y las de género, observando el trabajo de memoria implicado en los discursos analizados.

Esta tesis concluirá, en términos generales, que la elección de la crónica urbana en Pedro Lemebel se hermana con su posición sexo-génerica que asume y problematiza en su proyecto literario, en tanto en ambos casos se trata de “géneros menores”. Lemebel reconstruye nuestra historia a partir de testimonios convenientemente olvidados, llevando a cabo así, un tratamiento político de la memoria: presenta una memoria intermitente y fragmentaria, cuestionando la noción lineal, cronológica, causal y finalmente normativa de la misma.

Lemebel articula a “la loca” como una parodia del homosexual erigido y finalmente aceptado por la masculinidad hegemónica, exacerbado. “La loca” simboliza la posibilidad de asumirse y pensarse desde la diferencia en el marco de un sistema que impone y obliga a identificarse con modelos convencionales y, en definitiva, hegemónicos. El autor incorpora con esta figura no solo la problemática del género, sino también la clase social, más aún, el autor parece decir que son simplemente inseparables en el contexto de la realidad latinoamericana. Si bien “la loca” es la figura privilegiada en Pedro Lemebel y mayoritariamente trabajada desde el género, se termina convirtiendo en figura paradigmática de los grupos minoritarios de nuestra sociedad.

La necesidad de memoria


En un primer acercamiento, la memoria aparece como un horizonte algo abstracto, sin embargo, cuando pensamos en memorias articuladoras de una historia común, esa misma memoria incierta y lejana, hecha testimonio, se vuelve próxima, familiar y, entonces, abordable. Lo cierto es que la memoria no solo puede volverse abordable, sino que también necesaria, al momento de reconstruir identidades.

La memoria cobra especial relevancia luego de períodos de profundas crisis, sucedió luego de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y también en nuestro país una vez terminada la dictadura de Augusto Pinochet. Desde ese momento, la memoria comenzó a ser requerida, más bien, múltiples memorias reclamaron ser escuchadas. Los testimonios que de esas memorias fueron naciendo, comenzaron a reconstruir parte importante de nuestra historia.

El escritor chileno Pedro Lemebel recupera esos testimonios, convirtiéndolos en crónicas, pues allí encuentra el lugar que le permite no solo reactivar ese pasado silenciado sino que proyectarlo al presente y hacerlo dialogar con él. Las narrativas así recuperadas reelaboran la historia que se había configurado como oficial, evidenciando la arbitraria selección que esa oficialidad había realizado.

Los testimonios desplegados por Lemebel no solo ponen de manifiesto su ya mencionada marginación, también descubren las cicatrices de la dictadura. Lemebel está lejos de querer presentar esos testimonios desde una mirada compasiva, por el contrario, construye una voz para producir esos discursos, coherente con el tono desde el cual hablará. “La loca” es la figura que el autor propone para desarrollar este proyecto.

De esta manera, esta tesis observará cómo la memoria es articulada a través de “la loca”, y al mismo tiempo, esta figura revelará otros cruces igualmente implicados si pensamos que su testimonio da cuenta de una crisis de sujeto. Para llevar esto a cabo, primero se presentará la noción de memoria colectiva propuesta por Maurice Halbwachs para luego revisar la relevancia que ésta adquiere en parte de la historia de nuestro país.

A continuación, se observará la incidencia de la memoria en el proyecto literario de Pedro Lemebel, atendiendo a las condiciones generales en que ésta acontece en dicho universo. Finalmente, se analizará su presencia en la antología de crónica Loco afán. Crónicas de sidario, pues allí la figura de “la loca” es presentada desde una posición doblemente significativa: a partir de su condición marginal dentro del mundo homosexual, pero también como víctima del SIDA.


Capítulo I: La dimensión social de la memoria


En esta tesis se abordará la memoria desde su dimensión colectiva, lo que implica una nueva formulación para la memoria, distinta a la anterior, restringida a su consideración como objeto1. Hablar de la dimensión social de la memoria, como se verá más adelante, significará en cierto sentido hablar de un proyecto de sociedad más inclusivo y participativo, donde los individuos que la constituyen adquieren el papel de portavoces de los procesos sociales por los que atraviesan.

Las narrativas de memoria que de este modo emergerán, darán cuenta de una historia siempre por escribir, y ya no de una de antemano escrita por unos pocos. Estas escrituras pondrán en marcha la posibilidad de ejercer memoria, capacidad ampliada para todos los individuos que constituyen una sociedad.

Maurice Halbwachs ha sido uno de los teóricos fundamentales de la memoria desde su dimensión social. Luego de la Primera Guerra Mundial uno de los temas que más interesó a este autor, fue la relación entre memoria y sociedad. En Le cadres sociaux de la mémoire, una de sus primeras obras, intentó responder a la teoría bergsoniana de la memoria2. Para Bergson, los seres humanos dan cuenta de dos realidades de orden muy diferente. Una de carácter heterogéneo y sensible: la realidad de la duración [dureé]. La duración es la forma que asumen nuestros estados de conciencia, dando la impresión de una sucesión. La otra, homogénea, es el espacio. Esta segunda realidad es concebida por la inteligencia humana y realiza distinciones estrictas.

De la comparación de estas dos realidades nace una representación simbólica de la duración inspirada en el espacio, y la duración toma así la forma ilusoria de un medio homogéneo que es lo que habitualmente se entiende por tiempo. El tiempo es para Bergson la proyección de la duración en el espacio: la sucesión toma la forma de una línea continua.

Desde ahí, Bergson sitúa dentro del ámbito de la memoria individual, una memoria pura y una memoria hábito. Luego, vincula la memoria pura individual y la duración y la memoria- hábito individual y el espacio-tiempo abstractos que remiten a lo social. Además, otorga cierta dinamicidad a la memoria-hábito frente a la memoria pura, pues será la primera la encargada de actualizar, desde la memoria pura, los recuerdos útiles para el presente.

A Halbwachs le parece inadmisible la existencia de una memoria pura individual, pues para él, lo que denominamos memoria tiene siempre un carácter social. No hay para él dos memorias sino una y resulta de una articulación social. Sin embargo, le parece muy interesante el dinamismo de la memoria-hábito. El autor encuentra en la operatividad de ésta una formalización muy útil para explicar la motivación en la reaparición de los acontecimientos del pasado. Así, acepta que la causa de la aparición de los recuerdos no se encuentra en ellos mismos, sino más bien en su relación con las ideas y las percepciones del tiempo presente.

De acuerdo a lo anterior, Halbwachs articulará su memoria individual, acentuando su dimensión colectiva, más aún, explicitará los ámbitos colectivos en los que se halla implicada. Estos ámbitos generan una memoria colectiva y los marcos colectivos de ésta son también los marcos de la memoria individual. Para Halbwachs, los ámbitos colectivos más relevantes son la familia, la religión y la clase social.

La investigación de los elementos que en los diversos ámbitos sociales permiten la construcción de la memoria, llevó a Halbwachs a establecer la existencia de marcos sociales de la memoria. Según el autor, éstos pueden ser específicos, como los ya explicitados, pero hay otros, de carácter más general, como el espacio, el tiempo y el lenguaje.

Cuando se recuerda, se hace por medio de claves específicas que corresponden a los grupos en los que o sobre los que se está recordando, pero también a través de la aceptación implícita de marcos más amplios que prescriben determinadas configuraciones básicas sobre el espacio, el tiempo y el lenguaje. Recordar implica, así también, asumir determinada representación de estos últimos.

Para Halbwachs, tanto los marcos sociales generales como específicos son constructos sociales que no son estrictamente ni conceptos ni imágenes. Se trata de nociones, es decir, combinaciones de conceptos o ideas e imágenes, o si se quiere, representaciones en las que interviene una parte sensible y otra más o menos abstracta.

Historia y Memoria Colectiva son, para este autor, dos registros del pasado que si se enfrentan se suelen oponer a veces radicalmente en función de su condición. Afirmar que pueda existir algo como una “memoria histórica” le parece una contradicción, ya que dicha expresión vincula dos términos antagónicos desde cualquier perspectiva.

En este sentido, para Halbwachs, habría que admitir, más bien, que la Historia, en tanto registro del pasado, comienza cuando termina la tradición, esto es, cuando se acaba la memoria social. Por esta razón, al autor le parece un desatino vincular ambos términos, como también pretender que la Historia sustituya a la Memoria Colectiva cuando aquella no es sino un factor más de ésta.

Historia y Memoria Colectiva se distinguen entonces para el autor en, al menos, dos aspectos. Primero, la Memoria Colectiva es un flujo de pensamiento continuo que toma del pasado aquello que está vivo o puede permanecer vivo en la conciencia del grupo que la mantiene; mientras que la Historia está fuera de los grupos y tiene que ver con una necesidad didáctica de esquematización. En la continuidad de la memoria colectiva no hay parcelas de tiempo como en la Historia, sino más bien límites indeterminados.

Segundo, la existencia de diferentes grupos en el seno de las sociedades da lugar a diversas Memorias Colectivas, mientras que la Historia pretende presentarse como la memoria universal del género humano, o, al menos, como la memoria de una parte del género humano, frecuentemente parcelado en estados.

¿Cuáles son los nuevos alcances de esta noción de memoria? Se trata de una noción dinámica, que presenta la posibilidad de una constante reescritura del pasado, cuyo valor reside en las condiciones circundantes siempre cambiantes, que inevitablemente se proyectarán indistintamente en los individuos, de acuerdo a las implicancias que éstas tengan sobre ellos. Irremediablemente propiciarán alianzas, identificaciones, sobre quienes produzcan efectos similares y, por el contrario, producirán desavenencias, discordias, entre quienes manifiesten visiones disímiles.

Se configurarán visiones heterogéneas conviviendo simultáneamente, según la situación individual vivida dentro de los diferentes contextos sociales posibles, lo cual desplegará la complejidad de las realidades coexistentes en el seno de una misma sociedad. Se verá cuestionada así, la tendencia homogeneizante a que tiende el orden simbólico al organizar o representar el panorama social, forma excluyente de visiones subalternas constituyentes de esas mismas estructuras sociales.

La propia Historia deberá admitir las implicancias que esta noción de memoria produce. Por ello habrá quienes desconozcan a la memoria dentro de la problemática de la Historia, desestimando la fidelidad de los acontecimientos relatados (alegando la excesiva subjetividad de éstos); mientras que otros las harán dialogar de manera de acceder a representaciones más profundas de la realidad.

Las valoraciones críticas que del pasado desarrollarán estas memorias, darán cuenta de políticas que permitirán a los sujetos formar parte activa en los procesos sociales. Los relatos de memorias serán entonces testimonios de esas circunstancias. Estas narrativas estarán constantemente rescribiéndose y posibilitando nuevas perspectivas y visiones otras de las realidades que conviven simultáneamente. Surgirán códigos, lenguajes, elegidos libremente, que serán coherentes con las identidades involucradas a través de las memorias activadas.


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