Una necesidad sentida



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NACER A LA FE – LA INICIACIÓN CRISTIANA
UNA NECESIDAD SENTIDA:

REPENSAR LA INICIACIÓN CRISTIANA.
La pastoral de la iniciación cristiana despierta hoy en la Iglesia gran preocupación e interés. Catequistas de /la pie", educadores cristianos, agentes de pastoral, pastores… son muchos los que advierten la necesidad de recuperar hoy el sentido de la iniciación cristiana y conceder a la misma el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia. También los obispos de las Iglesias de España muestran su preocupación por un ambiente que dificulta grandemente la acción evangelizadora de la Iglesia y que incide, de manera particular, en la tarea de hacer nuevos cristianos hoy. La renovación de los itinerarios de iniciación ha sido propuesta repetidamente, con toda su complejidad, en los últimos años. Tal reflexión nace de una praxis pastoral que evidencia sus lagunas, sobre todo en el progresivo debilitamiento del tejido de comunicación fundamental de la fe que hasta hace algunos años constituía el telón de fondo de la sociedad española. Todo ello nos invita a impulsar y consolidar la renovación de la pastoral de la iniciación cristiana en todos sus aspectos (cf. IC 3-4).
Podemos apuntar algunas de las razones que están en el fondo de esta nueva reflexión:
a) Cambio de panorama familiar, social y eclesial.
Durante mucho tiempo hemos atribuido a la familia la función de iniciar a sus hijos en la fe. La Iglesia confió a padres y padrinos la formación de la fe y el aprendizaje de la vida cristiana, conforme a los compromisos bautismales adquiridos. Los padres explicaban y ayudaban a comprender a sus hijos la fe recibida en el bautismo y, puesto que la familia constituía un verdadero ámbito de fe, iniciaban en la vida cristiana.
A su vez, la propia sociedad civil, sociológica mente más unida a la Iglesia, desempeñaba, en cierto modo, la función de catecumenado social que integraba a todos en un mismo horizonte de comprensión y de sentido. Sin embargo, hoy no es posible pensar en una iniciación cristiana realizada de modo casi espontáneo, por influjo del ambiente. La nueva situación cultural y social presenta los perfiles de una fuerte secularización, que determina, en muchos casos, el debilitamiento y hasta el abandono de la fe. Como acertadamente dicen nuestros obispos, ante los nuevos interrogantes con los que se ha de confrontar la fe del creyente hoy: "…una minoría de edad cristiana y eclesial no puede soportar las embestidas de una sociedad crecientemente secularizada" (IC 3).
La Iglesia, por su parte, aunque «no puede renunciar a su misión de educar en la fe a sus miembros y ser lugar, en cierto modo insustituible, de catequización» (lC 34), recibe también este impacto y, de hecho, raramente constituye hoy un ámbito cristiano capaz de formar a sus hijos en la fe recibida. La problemática que actualmente se plantea sobre la iniciación cristiana es amplia y relativamente nueva. En esta situación tiene lugar la recepción del Bautismo, Confirmación y Eucaristía y consecuentemente la práctica de la catequesis de la iniciación cristiana. El contexto socio-cultural actual no facilita la evangelización, la personalización de la fe y, por tanto, la iniciación cristiana y es necesario tomar conciencia de ello (d. IC 63-64; 71-72).
b) Deficiencias en la catequesis y en la acción pastoral
Esta situación nos obliga a revisar cómo estamos iniciando en la vida cristiana, cómo estamos edificando la Iglesia del futuro. Vemos cómo un buen número de nuestros bautizados no están iniciados en la fe y en la vida cristiana, porque nunca tuvieron la oportunidad de una auténtica catequesis y acompañamiento espiritual por parte de la comunidad eclesial. Además, muchos que fueron iniciados siendo niños en la vida cristiana, hoy lo están de modo deficiente, incompleto o no adaptado a sus nuevas circunstancias de jóvenes o adultos. Ante este panorama, se puede presuponer que muchos tendrán serias dificultades para poder permanecer fieles a la gracia del bautismo recibido en su infancia.
La problemática nace en la propia práctica de la catequesis, en la medida en que ésta no ha sabido encontrar la respuesta oportuna, ni ha llevado a cabo los cambios, tanto en su orientación como en su ordenamiento, que la nueva situación parece venir exigiendo. A pesar de los muchos esfuerzos realizados y de los avances en su renovación, las dificultades de la transmisión de la fe permanecen: «Nunca, como en estos tiempos se han dedicado tantas personas, esfuerzos y recursos a la catequesis… Sin embargo, la ignorancia religiosa… la desconexión entre la práctica religiosa y la conducta moral, la debilidad de la presencia de los católicos en la sociedad… ponen de manifiesto las dificultades de nuestra acción evangelizadora" (lC 4). La catequesis, tantas veces instrumento casi único de iniciación, tal y como se está llevando, con una hora semanal en el mejor de los casos, con mentalidad y organización marcadamente escolar, y pensada para una época de cristiandad, resulta insuficiente. La iniciación cristiana que debería ser una de las acciones básicas que produjera una honda satisfacción a los responsables de una comunidad cristiana se convierte, en muchas ocasiones, en fuente de sufrimiento y decepción puesto que el proceso de iniciación se torna en demasiados casos en proceso de conclusión.
Todas estas realidades van suscitando en la Iglesia la necesidad de revisar en profundidad la pastoral de la iniciación y restablecer, en toda su originalidad, la iniciación cristiana, es decir, el "carácter materno" que caracterizó a las primeras comunidades. Hay algo que debemos asegurar: nadie va a quedar "huérfano", todos podrán gozar de la oferta de Dios.

c) Nueva conciencia ec1esial de la iniciación cristiana
La preocupación por la práctica de la iniciación cristiana no sólo obedece a los problemas y dificultades para lIevarla a cabo. El nuevo y vigoroso interés por la iniciación cristiana procede también de otros factores: el acercamiento a la obra de los Padres de la Iglesia, la renovación catequética y Iitúrgica posconciliar, los recientes trabajos de investigación histórica y teológica sobre la iniciación cristiana, la creciente conciencia misionera y maternal de la Iglesia en relación con la educación en la fe de los nuevos creyentes, y, en fin, el impulso dado por el Vaticano 11 y el magisterio posterior.
La iniciación cristiana remite al corazón mismo de la Iglesia, porque pone en juego las realidades más profundas de la fe como son la transmisión del mensaje revelado, la manifestación en la vida de la Iglesia de la presencia salvadora de Cristo, la llamada al hombre a la conversión, al abandono del pecado y a la adhesión a Dios, y, finalmente, la incorporación a la vida divina por el sacramento del bautismo. Todo confluye, para el bautizado, en una nueva realidad: la vida en Cristo, verdadero y nuevo nacimiento que exige una gestación real, es decir, un proceso de iniciación cristiana.
Por eso, en relación con la iniciación cristiana no es suficiente preguntarse sobre cómo administrar y celebrar los sacramentos de iniciación cristiana, o cómo prepararse catequéticamente a ellos. Hemos de preguntarnos, ante todo, cómo impulsar y llevar a buen fin hoy el proceso de incorporación a Cristo y a la Iglesia. La Iglesia actual no puede renunciar o minimizar el ejercicio de su responsabilidad propia: la maternidad espiritual, por la que engendra nuevos hijos, por el Espíritu Santo, en el misterio de Cristo.
Hablamos, por lo tanto, de una cuestión capital. En ella se juega el "ser o no ser" del cristiano. Se inicia en la fe a una persona, es decir, se le bautiza, confirma y se le invita a la Eucaristía; se le educa básicamente en la fe, vida y misión de la Iglesia, para hacerlo cristiano, esto es, para ser y vivir en Cristo. Se trata de algo verdaderamente serio y decisivo. La urgencia de la iniciación cristiana viene determinada por la obediencia al mandato misionero del Resucitado y la fidelidad a la condición maternal de la Iglesia».

¿QUÉ ES LA INICIACIÓN CRISTIANA?
"Id, pues, y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20).
El mandato del Señor encierra una misión. Esta misión se realiza en el anuncio universal del Evangelio y en la celebración de los sacramentos, particularmente en los de la iniciación cristiana.
La iniciación cristiana es la inserción de un candidato en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia por medio de la fe y de los sacramentos. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "La Iniciación cristiana, como participación de la naturaleza divina, se realiza mediante el conjunto de los tres sacramentos: el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva; la Confirmación, que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta al discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para ser trasformado por Él." (lC 19)
La Iniciación cristiana es puro don de Dios que recibe la persona por mediación de Cristo, único Mediador. Tiene su origen en la iniciativa divina y supone la decisión libre de la persona que se convierte al Dios vivo y verdadero, por la gracia del Espíritu, y pide ser introducida en la Iglesia. La iniciación a la fe cristiana es don y tarea, oferta y conquista, iniciativa divina y respuesta humana, gracia y libertad.
En la Iglesia el cristiano se incorpora a Cristo por la fe y los sacramentos, canales ordinarios de la gracia dado que son las mismas palabras y acciones salvíficas que Jesús realizó, celebradas y actualizadas en la vida de cada cristiano. Esta participación sacramental se da en primer lugar "mediante el conjunto de los tres Sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Esta inserción a Cristo va unida a un itinerario catequético que ayuda a crecer y a madurar la vida de fe. En efecto "la catequesis es elemento fundamental de la iniciación cristiana y está vinculada a los sacramentos de la iniciación. Completada la iniciación cristiana es necesaria también la educación permanente de la fe en el seno de la comunidad eclesial" (cf. DGC. n. 69).
Al abordar esta cuestión capital para la vida de la Iglesia es conveniente tener presentes algunas constantes en toda iniciación cristiana:
a) La novedad de vida, el alumbramiento de una nueva manera de ser.

Las pilas bautismales de los primeros siglos expresaban simbólicamente este morir a la vida vieja para resucitar a una vida nueva. Había que descender a la fuente y sumergirse en ella, representación evidente de que el cristiano debe morir con Cristo para vivir con Él. La iniciación es obra del amor de Dios por la Iglesia y en la Iglesia, pero requiere, igualmente, una respuesta personal de cada hombre y cada mujer, que debe ir interiorizando y haciendo operante esa fe recibida.


b) Toda iniciación tiene su itinerario.

De este modo lo expresa el Catecismo de la Iglesia Católica: «Desde los tiempos apostólicos para ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino se puede recorrer rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el bautismo, la efusión del Espíritu y el acceso a la comunión eucarística» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1229).


c) Una Iniciación apoyada en la catequesis yen la liturgia.

La fe es verdadera e íntegra cuando se celebra, se proclama V se confiesa. Catequesis V liturgia, liturgia V catequesis, han de ir unidas en toda la Iniciación.


d) Sabiendo que existe una unidad entre los sacramentos de iniciación.

Los tres sacramentos que prefiguran el misterio Pascual forman una unidad. Sin alguno de ellos, la iniciación cristiana no está terminada. Sin embargo, esto no significa, obviamente, que se administren estos sacramentos de cualquier modo V sin unos itinerarios adecuados. Esta vinculación tampoco implica que se tenga que dar necesariamente una unidad cronológica.


e) La iniciación cristiana tiene sus lugares o ámbitos de realización.

La Iglesia particular, respondiendo al mandato misionero del Señor, ejerce su función maternal realizando la iniciación en diferentes lugares V por medio de determinadas funciones. Estos lugares son: la parroquia como ámbito propio V principal, la familia como institución originaria V, de modo subsidiario V complementario, las asociaciones y movimientos laica les, la escuela católica y la enseñanza religiosa escolar. Un lugar propio V singular de preparación de los adultos para los sacramentos de la iniciación cristiana es el catecumenado bautismal institucionalizado, estrechamente unido a las parroquias (IC 32ss.).


f) Una única iniciación con dos procesos iniciatorios:

Se trata de una única iniciación cristiana con dos procesos: la catequesis post-bautismal, que afecta a aquellos que de niños fueron incorporados en los primeros meses de su vida en el misterio de Cristo V en la Iglesia por el Bautismo, V se recorre, con la recepción de los sacramentos de la confirmación V de la Eucaristía, a lo largo de la infancia, la adolescencia V la juventud; el catecumenado bautismal dirigido a la iniciación de personas no bautizadas (niños, jóvenes o adultos, que se lleva a cabo a través de la participación en un catecumenado V culmina con la celebración de los tres sacramentos de iniciación. Ante las exigencias actuales de la evangelización V dadas las diferentes situaciones con las que nos encontramos en los destinatarios, ambas formas son complementarias V necesarias, V ambos caminos deben ser ofrecidos por las iglesias locales (IC 22-23).



CONFIGURAR LA PASTORAL

SEGÚN EL MODELO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
Es natural que, frente a los resultados cada vez más escasos, no obstante el precioso empeño puesto en todos los niveles, se eleve, por parte de los agentes pastorales de la comunidad cristiana, una pregunta que expresa semejante perplejidad: ¿qué podemos hacer? Es el interrogante que nace del vivir esta común desazón, por no lograr que se convierta en significativo y duradero el acercamiento a la vida de fe. Un interrogante que podríamos resumir así: ¿cómo ayudar, a quienes hoy se acercan a la fe, a ser cristianos?
Todos estos elementos muestran la necesidad en la Iglesia de repensar y de revisar en profundidad la Pastoral de Iniciación y establecer, en toda su originalidad, la praxis de la Iniciación Cristiana. Una praxis que responda a una doble fidelidad: por un lado que respete y asuma los datos de la situación histórica presente y, por el otro, que atienda y responda a las propuestas de la Revelación cristiana.
Sin embargo, sería una ocasión perdida, si toda reflexión quedara casi reducida a preguntarse sobre cómo y a qué edad administrar y celebrar los sacramentos de iniciación, cómo prepararnos catequéticamente para ellos, cuáles son las normas a seguir, etc. Hemos de reflexionar, orar, discernir, preguntarnos, sobre todo, cómo impulsar y llevar a buen puerto hoy los procesos de incorporación a Cristo y a la Iglesia; qué es y cuándo está hoy una persona iniciada en la fe; qué rostro debemos presentar como Iglesia diocesana y como comunidad parroquial, aquí y ahora, con lo que hacemos, decimos y pensamos para hacernos más aptos a la hora de evangelizar; qué posibles y diversos caminos de iniciación debemos emprender.
En definitiva, hemos de cuestionarnos con valentía y verdad si nuestras comunidades son o no fecundas, si la dimensión materna de la Iglesia sigue suficientemente viva y operante en nuestros grupos, comunidades, catequesis, movimientos, parroquias, etc ... La opción por la pastoral de la iniciación cristiana supone una profunda renovación y revitalización interna de la propia Iglesia.
Desarrollamos, a continuación, algunas condiciones para mejorar el ejercicio de esta pastoral de la iniciación:
1) PRIMACÍA DE LA ACCIÓN MISIONERA.
Ante los desafíos planteados por la realidad socio-cultural y la situación de fe de nuestros bautizados, la pastoral de la iniciación cristiana está pidiendo, en primer lugar, una acción decidida y vigorosa de tipo misionero. Una acción misionera articulada en torno a los prolegómenos de la fe y al primer anuncio del evangelio, y que supone, en consecuencia, el acercamiento y la atención al hombre en sus necesidades e interrogantes, el acompañamiento a lo largo del camino de búsqueda que ha emprendido o que es necesario suscitar en él, la acogida de sus demandas de verdad, libertad, felicidad y justicia, y la profundización del sentido cabal de las mismas, el apoyo en el discernimiento necesario y, finalmente, el testimonio y el anuncio explícito del evangelio de Jesucristo en nombre de la Iglesia.
He aquí el empeño primero de la comunidad eclesial que, en consecuencia, ha de superar la tendencia, tan frecuente, a centrarse sobre sí misma en una pastoral de mantenimiento y atención a los ya presentes o en cuestiones de organización y de métodos, para abrirse creativamente a los increyentes y agnósticos, a los alejados e indiferentes, a los inseguros y vacilantes. La comunidad eclesial debe hoy, como hizo en otros tiempos, superar las rutinas e inercias que envuelven con frecuencia su vida y acción pastoral, profundizar su vocación y responsabilidad misionera y constituirse en centro impulsor del anuncio, la conversión y el testimonio de la fe y de la vida cristiana.
En concreto, la comunidad eclesial, y cada cristiano en particular, ha de alcanzar a comprender que se trata, ante todo, de ser y mostrarse hoy abiertamente testigos de la gloria de Dios, realizada por Jesucristo, nuestro Salvador, presente y vivo entre nosotros. Testigos que invitan a ver y vivir «lo que nosotros hemos visto y oído, hemos contemplado y han tocado nuestras manos» (1 Jn 1,1-3).
Por eso, la determinación, por parte de la comunidad eclesial, de otorgar la primacía a la acción misionera y de dar el primado al anuncio de Jesucristo, obligará a profundos cambios en las personas, en primer lugar, pero también en la organización y en las estructuras, y, con seguridad, abrirá el horizonte a la renovación interna de la vida eclesial. Creer es, en el fondo, admitir que en mi existencia ocurre un acontecimiento, porque mi vida es incorporada a Cristo, vivida en él y desde él. Creer es pasar al Evangelio. "Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. (BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n.l). De lo contrario, nos arriesgamos a dejar en vacío el adagio de Tertuliano según el que "el cristiano no nace, se hace", hoy el peligro es más bién el de "nacer cristiano" y no llegar a vivir como tal nunca, en lo que humanamente es posible.


2) LA SOLICITUD DE LA IGLESIA: MADRE Y CASA DE LA INICIACIÓN
El proceso formativo de la iniciación cristiana se realiza por medio de la Iglesia, que engendra a los nuevos hijos y, bajo su cuidado, los alimenta con la Palabra, los acompaña con su presencia, los alienta con su testimonio y los sostiene con la oración y la participación en las celebraciones litúrgicas. La educación en la fe y el acompañamiento espiritual es, como venimos subrayando, tarea propia de la comunidad eclesial.
La Iglesia se torna, pudiéramos decir, catecumenal, es decir, que se configura catecumenalmente, y en cuanto tal vive la vida cristiana como camino pedagógico de crecimiento que Dios abre para la persona y que ella continúa. La comunidad eclesial, al igual que hiciera Jesús con los discípulos de Emaús (cf Lc 24,13), debe ponerse hoy también en camino y acompañar a los fieles, a los desanimados y a los alejados hacia el conocimiento del evangelio, la profundización de la fe, la práctica de la caridad, el ejercicio de la oración y el testimonio de la gloria de Dios, para poder decir como san Pablo: «Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza. La gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí, juntamente con la fe y la caridad en Cristo Jesús" (1 Tim 1, 14).
3) ¡AY DE MÍ SI NO EVANGELlZARA! (1 Cor 9,16): REDESCUBRIR El SENTIDO Y LA NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN DE LA FE
La Iglesia existe para evangelizar y está llamada a ser canal de gracia para el mundo. Por eso, no otorgar una atención prioritaria a esta exigencia o posponerla a causa de otras urgencias de tipo administrativo, o sencillamente ejercerla con desgana, no sería un síntoma de buena salud eclesial. Por eso, cuando percibimos que una determinada comunidad eclesial no acierta a iniciar en la fe a nuevos creyentes deberíamos sentirnos cuestionados.
En definitiva, la Iglesia debe perseverar a lo largo de los tiempos en la transmisión de lo que ha recibido: el acontecimiento del proyecto de amor del Dios revelado en Cristo. En la pastoral general de la Iglesia y, específicamente, en la iniciación cristiana, la transmisión de la fe ha de obtener el lugar preeminente que le corresponde.
En resumen, la transmisión de la fe y la iniciación cristiana son realidades íntimamente vinculadas y correlativas: la misión de transmitir la fe se realiza de modo eminente en la iniciación cristiana. Por la transmisión de la fe, nuevos hijos conocen y son incorporados al evangelio de Jesucristo. Por la iniciación cristiana, el bautizado es introducido en la corriente viva de la tradición de la Iglesia. En la iniciación cristiana se manifiesta la fecundidad de la Iglesia, al engendrar en una misma fe, la fe apostólica, a nuevos hijos, antes dispersos. En la transmisión de la fe la Iglesia hace entrega al creyente de todo lo que ella cree y es. Así pues, transmisión de la fe e iniciación cristiana se reclaman mutuamente y recíprocamente se perfeccionan.
A continuación reseñamos algunos retos y consecuencias para la pastoral de iniciación, que se derivan de esta urgencia misionera del tiempo presente:
3.1 En relación a los lugares:
La iglesia particular, cumpliendo el mandato misionero del Señor, ejerce su función maternal realizando la iniciación cristiana en diferentes 'lugares' y, por determinadas acciones. Anteriormente ya hemos hecho referencia a cada uno de estos lugares. Soñamos con una comunidad capaz de iniciar a la vida cristiana, laboratorio permanente de la fe y la esperanza. Un espacio de encuentro con Dios, donde se descubren y comprenden las preguntas vitales, y donde éstas se proyectan más allá de las pequeñas y cómodas respuestas. Una comunidad que se descubre a sí misma como lugar de radicalidad profética y evangélica, donde se vive lo cristiano que es "conjura" para el bien, una comunidad casa y escuela de comunión.
Sin embargo, habrá que estar atentos a otros lugares donde hoy pueda estar surgiendo la "pregunta" sobre Dios. Lugares que, en ocasiones, no son explícitamente religiosos, pero donde Dios "anda" o al menos la pregunta por lo religioso. Descubrir nuevos espacios y "ágora s" donde se percibe la "nostalgia de Dios" y desde los cuales atisbas las "noticias de Dios". La formación cristiana va exigir la creación de lugares eclesiales capaces de acoger personas venidas de todas partes y situaciones.
3.2 En relación a los destinatarios
Se torna necesario tomar conciencia del momento en que vivimos. Quizá el cambio sea que la catequesis hoy no está ya tan asociada a una determinada edad. Toda edad es susceptible de ser catequizada. Si hay que privilegiar alguien: los adultos. Conviene explorar posibilidades de catequesis familiar y de catequesis intergeneracional en la que la edad ya no es lo más determinante, sino el proceso de fe. No es que estemos hablando de una "catequesis a medida", pero sí que es necesario aterrizar al proceso personal de cada sujeto y responder de manera concreta a su ritmo de fe. En consecuencia tiene que ser superada la praxis de proponer a los posibles catecúmenos -sean niños, adolescentes, jóvenes o adultos un único camino basado en el ritmo y esquema del ámbito escolar: situaciones diferentes reclaman respuestas e itinerarios diversificados. El discernir las "disposiciones religiosas" con que acuden los posibles catecúmenos debe ser tomado con la seriedad necesaria a fin de configurar con mayor claridad el itinerario más conveniente de la IC para cada catecúmeno o grupo de catecú menos.
La maduración de la implicación de la familia, la necesidad del trabajo pastoral con las familias y de su presencia y tarea en la catequesis continúa siendo un reto permanente, teniendo en cuenta las distintas etapas y siendo realistas ante los distintos modelos de familia existentes. Ante la pluralidad de situaciones y condicionantes, debemos apostar por dar prioridad a una forma adulta de catequesis. Esta opción invita a realizar un paso: salir de la delegación del proceso de iniciación en un grupo de catequistas para que sea la comunidad eclesial la que se hace cargo del proceso, ella es el seno de la fe para las nuevas generaciones.
Por otra parte, la iniciación debe alcanzar todas las esferas de la persona (entendimiento, afecto, voluntad) y respetar las dimensiones de la catequesis que es una "iniciación cristiana integral", puesto que la fe necesita ser conocida, celebrada, vivida y hecha oración (DGC n. 84).
3.3 En relación al proceso de catequesis
Iniciar significa "entrar dentro", sugiere la idea de camino, de proceso. El término iniciación se aplica al proceso por el que una persona es admitida en un determinado grupo religioso o social. El proceso consta de fases con las que el iniciado se va identificando con el grupo: aprende sus formas de vida, creencias, convicciones, símbolos, actitudes, lenguaje, hasta operarse una sintonía o simbiosis. La iniciación implica el alumbramiento de una nueva manera de ser.
Seguir la lógica de la encarnación que supone: comprender la realidad, aceptarla y transformarla desde dentro. No podemos ya dar por descontado nada en relación a la fe, iniciar supondrá comenzar por el "abc" de la vida cristiana, tratando de "ir al corazón de la fe", a lo nuclear de la experiencia cristiana. El destinatario "está donde está" y "es el que es", el camino de toda educación comienza con la valoración positiva del patrimonio que lleva dentro. Aceptar una manera dinámica y procesual de iniciar a la fe. Necesidad de la educación permanente de la fe.
Es claro, por tanto, que hay que desarrollar un proceso catecumenal, apto para desplegarse en el tiempo, pero es también necesario dar pruebas de flexibilidad y adaptación para tener en cuenta los diversos caminos posibles. Por lo demás, no podremos acoger a estas personas y proponer itinerarios diferenciados si no disponemos de un marco de referencia sólido dentro del cual podamos movemos con libertad y seguridad. El proceso catecumenal nos parece que puede proporcionar este marco de referencia. En este campo, apremia una valiente renovación de la formación catequética de los catequistas, una presencia más vigorosa de los sacerdotes en esta tarea y lograr procesos orgánicos más acordes con la maduración de la fe de las personas y de las comunidades.

ALGUNOS APUNTES PARA LA PEDAGOGÍA

DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

(TNF, pp. 45-60)


La catequesis es fundamentalmente una pedagogía, una pedagogía para la educación de la fe. "Dios mismo, a lo largo de la historia sagrada y principalmente en el evangelio, se sirvió de una pedagogía que debe seguir siendo el modelo de la pedagogía de la fe" (CT 58). La catequesis se inspira radicalmente en la pedagogía de Dios, tal como se realiza en Cristo y en la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo; de modo que favorece una verdadera experiencia de fe y un encuentro filial con Dios (cf DGC nn. 139-147). Presentamos a continuación algunos elementos que fundamentan y sostienen la pedagogía de la iniciación cristiana, hoy. (Cf. Conferencia Episcopal francesa, Texto nacional para la orientación de la catequesis en Francia y principio de organización, 2008)
a) La pedagogía de iniciación requiere la libertad de las personas. Esta es una primera condición para comenzar el camino de iniciación cristiana. Se entra en un camino de catequesis decidiendo por sí mismo emprender el itinerario o aceptando la invitación a entrar en él. La respuesta «yo creo» a la triple pregunta de profesión de fe del bautismo y de la vigilia pascual, sólo tiene sentido si uno está bien formado y es libre. Esta libertad es una primera condición para poner por obra la pedagogía de iniciación en catequesis. Una libertad que se atreve a acoger las preguntas de nuestros contemporáneos acerca de la fe. Es necesario presentar una oferta diversificada adaptada a la situación de las personas. Una catequesis de la propuesta
b) La pedagogía de iniciación requiere un itinerario. Se entra en la experiencia cristiana recorriendo todo un itinerario, la pedagogía de la iniciación ha de organizar itinerarios que ayuden a caminar con la satisfacción de avanzar siempre más allá. Entre las condiciones que hacen posible un itinerario, hay que subrayar la importancia del acompañamiento. Cuanto más rigurosa y suficientemente clara es la propuesta de itinerario, tanto más respetada es la libertad de las personas.
c) La pedagogía de la iniciación tiene como fuente a la Escritura. La catequesis "transmite los hechos y las palabras de la Revelación: debe proclamarlos y narrarlos" (DGC 39). Dios habla a los hombres "como amigos"; les habla para establecer una relación de intimidad con ellos; les busca, viene a ellos, suscita su libre palabra de fe (cf. Dei Verbum 2). En la pedagogía de la iniciación, la mediación de un texto bíblico alimenta la experiencia del diálogo que Dios incesantemente quiere establecer con los hombres por el Espíritu Santo. Este diálogo es el fundamento de la oración cristiana que es "una relación de alianza entre Dios y el hombre en Cristo" (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 2564).
d) La pedagogía de la iniciación reclama la mediación de una Tradición viva. Tiene necesidad del tesoro de las Escrituras y del tesoro que el lenguaje de la Iglesia llama "la Tradición". El catequista debe transmitir lo que él mismo ha recibido de la Iglesia en fidelidad al Magisterio. "La catequesis no es otra cosa que el proceso de transmisión del Evangelio tal como la comunidad cristiana lo ha recibido, lo comprende, lo celebra, lo vive y lo comunica en sus múltiples formas" (DGC 105). Una pedagogía de la iniciación introduce a las personas en la experiencia de una fe que siempre les precede.
e) La pedagogía de iniciación demanda itinerarios de inspiración catecumenal. La experiencia cristiana descansa sobre el descubrimiento transformador de ser esperado, deseado, llamado, amado gratuitamente. Es Dios, el primero que viene a buscamos. Según el Ritual de la iniciación cristiana de los adultos, una pedagogía de la iniciación debe prever itinerarios que se apoyen y hagan vivir ya de la gracia de los sacramentos que están preparando. Lo esencial de la preparación se apoyará sobre el don al que cada palabra, actitud, texto o acción quiere conducir. Así, la celebración misma llegará a ser una experiencia estructurante para las personas.

Cuando la identidad cristiana se construye a partir del misterio pascual, la vida cristiana se convierte en respuesta de gratitud, por el don recibido de la Pascua de Cristo. Esto supone entrar en una dinámica de elección que lleva a vivir la tensión entre un don ya plenamente recibido y el deseo de la felicitad que Dios promete.


f) La pedagogía de iniciación en permanente diálogo y apertura a la diversidad cultural. Su objetivo es acompañar el renacer la identidad singular e incomparable de la persona humana. Este renacer gracias al seguimiento de Cristo se manifiesta socialmente por una apertura a la amistad y por una capacidad de diálogo permanente. La catequesis favorecerá la expresión personal y la relación social. El arte es un lenguaje privilegiado, punto de encuentro cultural con la tradición viva que nos une hoy al Evangelio.


CONCLUSIÓN

La iniciación no puede reducirse a un mero hecho instructivo o a un itinerario didáctico, ni a un mero rito de pertenencia, sino que expresa el misterio que introduce a la persona en la vida nueva: transformándola en su ser; comprometiéndola personalmente a una opción de fe para vivir como hijo de Dios; integrándola en una comunidad que la acoge como miembro (bautismo), la inspira en el obrar (confirmación) y la alimenta con el pan de la Palabra. La primera línea del presente Plan pastoral nos invita serenamente a cuidar los procesos de iniciación y asumir con coraje una pastoral de la iniciación cristiana que exprese nuestra firme decisión de navegar mar adentro para echar las redes. Será inevitable la fatiga y múltiples las dificultades a la hora de construir el diseño y las opciones que exija esta pastoral, pero creemos que es la ocasión para renovar nuestra fidelidad al Señor y dar un nuevo vigor a nuestras comunidades cristianas. No podemos inhibirnos ni cruzarnos de brazos ante un reto tan vital para la supervivencia misma de nuestras comunidades y que tan profundamente atañe al presente y al futuro de la misión. Dios es capaz de abrir futuro donde no existe futuro.



PARA EL TRABAJO EN GRUPO.
Cuestionario desde la realidad de nuestras parroquias.
Al revisar la iniciación cristiana en el seno de nuestras comunidades cristianas no podemos dejar de reconocer ante todo, con profunda gratitud, que muchos agentes de pastoral en nuestras comunidades se entregan, generosa Y gratuitamente, a la tarea de transmitir el Evangelio. Muchos sacerdotes, catequistas, profesores ... se consagran, sin desfallecer, a su tarea de educadores en la fe de las comunidades a las que se les ha enviado. Somos conscientes de la gran tarea que Dios nos ha confiado al enriquecemos con el don de la fe.
La pastoral de la iniciación cristiana despierta hoy en la Iglesia gran preocupación e interés. Tanto pastores y teólogos, como catequistas y educadores cristianos, advierten la necesidad de recuperar hoy el sentido de la iniciación cristiana y conceder a la misma el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia:


  • ¿Cómo se está transmitiendo la fe en el seno de nuestras familias cristianas y de nuestras comunidades parroquia les? ¿Cómo sientes que se está iniciando en la vida cristiana a nuestros catequizandos?

  • ¿Cómo se están abordando las dificultades inherentes al ambiente social que nos rodea?


A pesar de los muchos esfuerzos realizados y de los avances indudables en su renovación, las dificultades de la transmisión de la fe permanecen y suscitan en la Iglesia la necesidad de revisar en profundidad la pastoral de la iniciación:


  • ¿Qué elementos son irrenunciables en la Iniciación cristiana?

  • ¿Qué elementos necesitarían renovarse dada la situación actual de crisis en la transmisión de la fe?


La preocupación por la práctica de la iniciación cristiana no sólo obedece a problemas y dificultades en lIevarla a cabo. El nuevo interés por la iniciación cristiana procede también de otros factores. En efecto, la iniciación cristiana remite al corazón mismo de la Iglesia,' a su maternidad espiritual, por la que engendra nuevos hijos, por el Espíritu Santo, en el misterio de Cristo,' en suma, a su razón de ser: la evangelización.


  • ¿Cómo deberíamos impulsar y llevar a buen fin hoy el proceso de incorporación a Cristo y a la Iglesia? En "pocas palabras": ¿Cómo se "hace" hoy un cristiano?




  • ¿Cómo debería ser la iniciación cristiana en nuestra comunidad? A continuación, intentáis "trazar puentes" entre ambas realidades: la situación que tenemos, la situación que soñamos. En el fondo se trata de responder ante este panorama a la cuestión "¿Qué podemos hacer?", con la ayuda de una lluvia de ideas espontánea e i1usionante.


BIBLIOGRAFÍA V ABREVIATURAS
Documentos eclesiales
Catecismo de la Iglesia Católica, Madrid, Asociación de Editores del Catecismo, 1992.
CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis, Citta del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 1997. (DGC)
CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones, LXX Asamblea Plenaria de la CEE, Madrid, Edice, 1998. (IC)
CONFERENCIA EPISCOPAL DE LOS OBISPOS DE FRANCIA, Texto nacional para la orientación de la catequesis en Francia y principios de organización, Madrid, CCS, 2008. (TNF)

Otras publicaciones

COMISIÓN REGIONAL DE CATEQUESIS DE ARAGÓN, Nacer a la fe. La iniciación cristiana I (Formación Básica para catequistas), Delegaciones y Secretariados de Catequesis de Aragón, Monzón, 2007. Editado para nuestra diócesis en 2008


COMISIÓN REGIONAL DE CATEQUESIS DE ARAGÓN, Nacer a la fe. La iniciación cristiana II (Formación Básica para catequistas), Delegaciones y Secretariados de Catequesis de Aragón, Monzón, 2008. Editado para nuestra diócesis en curso 2009/10.
D. MARTINEZ - P. GÓNZÁLEZ - J. L. SABORIDO (Compiladores), Proponer la fe hoy. De lo heredado a lo propuesto, Santander, Sal Terrae, 2005. Este libro recoge, presenta y comenta algunos documentos importantes para el tema de la transmisión de la fe y de la iniciación cristiana.

“La fatiga de la noche y el peso de nuestras deficiencias pueden ser grandes. No obstante, siempre es posible abrir caminos nuevos para el evangelio. Ninguna nostalgia, ningún llanto, ninguna evasión de las urgencias del momento presente: dejémonos, en cambio, animar por una ardiente esperanza, de una profunda pasión por el reino que nos haga capaces de desarrollar en el presente de la humanidad, la belleza de la promesa de Dios para el futuro. Alentados por el soplo del espíritu, es tiempo de recomenzar, de reemprender la marcha. Nuestra andadura ha de hacerse más rápida al inicio del nuevo milenio, nuestra vista conviene que se agudice, nuestra contemplación debiera ser más frecuente, nuestra escucha de la Palabra cotidiana y nuestro ardor apostólico y misionero, irrefrenable, pues nos empuja el que no defrauda, el Señor del Cosmos y de la Historia. Todo pasa; el amor permanece. Es siempre la hora de la esperanza. La virgen del sábado santo sabrá hacernos compañía en la certeza de que no seremos defraudados, en esta tarde del tiempo y en la aurora de los días que vendrán. La gran aventura de la evangelización continúa. En su palabra echaremos las redes”.


(MARTINI C., SULLA TUA PAROLA, Lettera Pastorale per l’anno 2001/2)
El fin de la cristiandad no hay que vivirlo como una desgracia, o con añoranza, pensando que el tiempo pasado fue mejor: dicen los obispos franceses: "Rechazamos toda nostalgia de épocas pasadas… no soñamos con una imposible vuelta a lo que se denomina cristiandad… pensamos que los tiempos actuales no son más desfavorables para el anuncio del evangelio que los tiempos de nuestra historia pasada…" ¿Me lo creo?; ¿Te lo crees? ¿Lo vivimos y lo transmiten nuestros modos, maneras, actitudes y hechos? …Esa es la cuestión.



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