Una normale donna eccezionale



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Mariella Devia

Teatro Real


SUMARIO





CONCIERTO LÍRICO


Página 2


Programa

Páginas 3 - 8


Francisco Villalba: “UNA NORMALE DONNA ECCEZIONALE”


Páginas 9 - 10


Biografías

Programa


·····
I Vincenzo Bellini (1801-1835)

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Norma: Obertura

I Capuleti e i Montecchi: "Eccomi in lieta vesta.... Oh! Quante volte"*
Gaetano Donizetti (1797-1848)

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Linda di Chamounix: “Ah! Tardai troppo... O luce di quest’anima”*
Vincenzo Bellini

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I Capuleti e i Montecchi: Obertura

I puritani: "O rendetemi la speme... Qui la voce... Vien, diletto”*

II Giuseppe Verdi (1813-1901)

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Luisa Miller: Obertura

Il corsaro: “Non son le tetre immagini”*

La Traviata: Preludio del acto III

“E’ strano! Ah, fors’è lui... Follie! Sempre libera”*



Mariella Devia, soprano*

Orquesta Sinfónica de Madrid

Daniele Callegari, director

UNA NORMALE DONNA ECCEZIONALE

Francisco Villalba


Así se ha descrito a sí misma la soprano que nos visita esta noche. Efectivamente se trata de una mujer normal. No encontramos en ella ninguna de las características de una diva de antaño, no es ni caprichosa, ni creída, ni amante de los falsos oropeles. Devia es la verdad, la honestidad y además una profesional de las que hacen época. Y en esto reside su excepcionalidad. Mucho ha llovido desde que tras vencer el concurso Toti Dal Monte, debutó como protagonista de Lucia di Lammermoor en Treviso. Su carrera no ha sido fácil, pero esta mujer de aspecto frágil es una luchadora nata y ha sabido elevarse a la cúspide de su profesión sin falsedades, ni ayudada por la publicidad, hoy tan en boga, y en muchas ocasiones totalmente injustificada. Recuerdo que la primera vez que la escuché fue en Roma en 1986; interpretaba la Norina de Don Pasquale de Donizetti, dirigida en lo musical por Spiros Agiris, en una bella producción escénica de Sandro Sequi, y me sorprendió la facilidad de su canto, la capacidad que tenía para hacer de los pasajes más espinosos de su partitura algo fácil, sencillo, natural, sin artificio alguno y con una musicalidad fuera de serie. Era el puro belcanto. Después la he escuchado su Lucia, su Elvira de I Puritani, de Bellini, su Amenaide de Tancredi, de Rossini, y del mismo compositor su Elcia del Mossè in Egitto, su Zelmira de la ópera del mismo nombre, su Fiorilla de Il Turco in Italia y su Costanze de El rapto en el Serrallo de Mozart, y en todos estos papeles me ha dejado un recuerdo imborrable, su perfecta línea de canto, su insuperable control de la respiración, su facilidad para el agudo, los portamentos, las coloraturas, y todo esto servido con un gusto exquisito, una musicalidad intachable.


Nunca con Devia escucharemos la exhibición fácil, el efecto espectacular y gratuito, porque ella pertenece a una raza de cantantes que ha sido siempre muy escasa, la de los verdaderos músicos. Su carrera es un paradigma de seriedad y profesionalidad. Su repertorio es muy extenso; desde la Nina del Giovedi grasso de Donizetti hasta todos los grandes papeles del repertorio rossiniano, pasando por la Emma del Milton de Spontini, la Elena de Il capello di Paglia de Firenze de Nino Rota, La Lakmé de Delibes, la Leila de Los pescadores de perlas de Bizet y tantos otros. Pero en todos los casos dentro de una línea de coherencia total. No esperemos en Devia locuras, ni excesos, ni papeles no adaptados a sus condiciones vocales; su enorme seriedad no se lo permitiría. Últimamente se ha encarado con La Traviata y ha conseguido dotar al personaje de una dulzura, profunda tristeza y casi etérea melancolía que convierten la manida, pero siempre maravillosa cortesana de Verdi en algo nuevo y diferente; ésta es la gloria de los grandes intérpretes, hacer otra cosa con lo de siempre, individualizarlo con unas características que otros no han encontrado. Ahora se anuncia que en el Teatro Carlo Felice de Génova interpretará uno de los papeles del joven Verdi más comprometidos, Giovanna d´Arco, y estoy seguro de que también hará "encaje de bolillos" con tan peliaguda partitura vocal.
Devia ha fundado su imparable carrera internacional en la honestidad y en una escuela de canto hoy casi desaparecida; ella nos remite a lo que es auténtico, a lo que soñamos que debieron ser las grandes cantantes del siglo XIX, esas que sabían hacer música además de interpretarla. Muchos aficionados consideran el belcanto una pura exhibición vocal sin sentido, pero no es así cuando nos encontramos con cantantes como la que esta noche nos visita. Con el belcanto, cuando hay intérpretes adecuados, se pueden expresar los sentimientos, los estados de ánimo, las alegrías, las tristezas, pero siempre dentro de una contención poética y musical. Lo malo del belcanto, o lo bueno, según se mire, es que necesita de intérpretes excepcionales y esos son "rara avis". El belcanto nada tiene que ver con la realidad y esa, para mí, es su grandeza. El belcanto es ensoñación, misterio, y en transmitirnos todos estos matices Devia es una maestra. Con ella sentiremos y escucharemos la fragilidad de Lucia y de Elvira, el amor añorante de Giulietta, la firmeza de Costanze y la marrullería de la Fiorilla y de la Norina, pero todo ello dentro de una paleta de colores tenues, pastel, sin brusquedades, con placidez, pero enorme intensidad interior. Sí, Devia es una cantante para "connaisseurs", sus interpretaciones llegan al público primero por el cerebro, pero después, puedo asegurarlo, cuando se descubren los matices con que dota a los personajes que interpreta, la intencionalidad, la inteligencia y sensibilidad con la que esta soprano sirve a la música se da uno cuenta de que se está ante de una de las intérpretes más conmovedoras que se puedan escuchar.
El programa del concierto de hoy comienza con la obertura de Norma, una de las óperas señeras del repertorio. Decía la gigantesca Kirsten Flagstad que una soprano que no canta Norma es menos soprano, y esto a pesar de que la más grande soprano wagneriana de todos los tiempos no lo hacía. Bellini, nacido en Catania el 3 de noviembre de 1801, fue el primero de siete hijos del "maestro di capella" Rosario Bellini. Su padre le dio en los primeros años lecciones de piano y hay pruebas de que lo tocaba con fluidez a los cinco años; además poseía una excelente memoria y un aún mejor oído. A los seis años escribió su primera composición. Más tarde, en junio de 1819, se traslada a Nápoles, donde se matricula en el conservatorio, siendo su primer profesor Givanni Furno. En 1822 su profesor de solfeo y composición fue el famoso director Niccolò Zingarelli, que le hizo estudiar las composiciones de la escuela Napolitana de música y a Haydn y Mozart. Tras graduarse, tal como era costumbre en la época, con la composición de una ópera semiseria, Adelson e Salvini, que sería interpretada por sus compañeros de conservatorio, el Teatro San Carlo de la ciudad partenopea le encargó una ópera. Esta ópera, estrenada en 1926, sería Bianca e Fernando, más tarde rebautizada Bianca e Gernando, ya que entonces el Rey de Nápoles se llamaba Fernando y no parecía respetuoso que una ópera ostentase el nombre del soberano en su título. Después de algunas decepciones profesionales y amorosas, cuando ya se encuentra hastiado de la ciudad en la que ha estudiado, recibe una carta del empresario Barbaia encargándole una ópera para el Teatro alla Scala de Milán. La ópera que le lanzó a la fama desde este teatro fue Il Pirata, estrenada el 27 de octubre de 1827, y con la que comenzó su colaboración con el libretista Felice Romani, colaboración que se mantuvo hasta el fallecimiento del compositor a excepción de I Puritani, en la que el libreto fue obra del Conde Pepoli. Tras Il Pirata vendrían La straniera, Zaira, I Capuleti e i Montecchi, La sonnambula, Norma, Beatrice di Tenda e I Puritani, única ópera del compositor no estrenada en Italia, sino en el Teatro de los Italianos de París el 24 de enero de 1935. Ocho meses después el compositor moriría también en Francia, en Puteaux, un arrabal de París, el 23 de septiembre de 1835, a los 34 años.

De todas las composiciones de Bellini es quizá Norma la que ha logrado una mayor popularidad, primero, como ya he adelantado al principio de este comentario, por la dificultad enorme del papel protagonista, pero no menos por su intrínseca belleza, por la maestría con la que el compositor y el poeta Romani supieron aunar texto y música. Mario Luzzi, el primer poeta de Italia hoy en día, asegura que nadie ha sido capaz como Bellini de poner música a unos textos en la lengua de Dante con más acierto, inspiración y maestría, ni siquiera Mozart y Verdi.


Norma, con libreto de Felice Romani inspirado en la tragedia del mismo nombre de Alexandre Soumet, fue estrenada en La Scala de Milán el 26 de diciembre de 1831. Su estreno fue un fracaso, pero inmediatamente alcanzó la fama, representándose en todos los teatros de Italia y en los principales coliseos operísticos europeos. En nuestros días mantiene su imperecedera belleza, aunque se encuentra con el problema que siempre ha tenido, la dificultad de encontrar una soprano capaz de interpretar el arduo papel de la sacerdotisa druida creado para Giuditta Pasta. La obertura de Norma con que hoy se inicia el programa está basada en dos temas de la ópera, el dúo de Norma y Pollione del acto II y parte del coro "Guerra, guerra!" del III.

Tras la deslumbrante obertura de Norma, otra composición del maestro de Catania, I Capuleti e i Motecchi, también con libreto de Felice Romani, estrenada en Venecia en el Teatro La Fenice el 11 de marzo de 1830. De esta obra escucharemos la romanza de Giulietta "Eccomi in lieta Veste...Oh! quante volte", adaptación de una romanza de otra ópera del compositor, Adelson e Salvini, típico ejemplo de esa línea melódica de canto que ha hecho de Bellini un músico irrepetible en la descripción de la melancolía y la ensoñación de sus personajes sin caer en excesos de patetismo ni edulcoramientos gratuitos.


A continuación Devia nos brindará una composición del otro maestro del belcanto Gaetano Donizetti, nacido en Bergamo el 29 de noviembre de 1797 y fallecido en la misma ciudad el 8 de abril de 1848. Desde 1835, año de la muerte de Bellini, hasta el estreno del Nabucco de Verdi en 1842, fue el compositor más famoso de ópera italiana de su tiempo. Compuso más de sesenta óperas en cerca de 27 años, lo cual supone un verdadero récord. Sin embargo no todas ellas han gozado de la misma suerte. Así como Lucia, La Favorita, y sus comedias Don Pasquale y L´elisir d´amore se han mantenido contra viento y marea en el repertorio, el resto de su producción, hasta la llegada de Callas, Sutherland, Gencer, Caballé, y últimamente Devia y Gruberova, ha sido ignorada. De una de esta óperas semiolvidadas, Linda di Chamounix, escucharemos esta tarde "Ah! Tardai troppo...O luce di quest´anima". Esta ópera con libreto de Gaetano Rossi, basada en el melodrama semiserio en tres actos de Adolphe- Philippe d´Ennery y Gustave Lemoines La grâce de Dieu (París, 1841) estrenada en Viena en el Kärntnertor Theater el 19 de mayo de 1842, es una muestra del exquisito gusto de Donizetti, y su partitura, vocalmente tan agradecida y unitaria, merecería ser más reconocida de lo que lo ha sido hasta el presente, en que comienza a gozar de cierta popularidad. El aria que esta noche interpreta la Sra. Devia es una composición en dos movimientos en forma de cabaletta que no estaba en la versión original cuando fue cantada por E. Tadolini en Viena, pero que Donizetti añadió, escribiendo él mismo el texto, para Fanny Tacchinardi-Persiani cuando la ópera se estrenó en París.
Tras esta página vocal, una orquestal, la obertura con que se inicia I Capuleti e i Montecchi, que no es sino una anticipación de la romanza de la soprano "Eccomi in lieta Veste...Oh! quante volte", antes interpretada.
Y para cerrar la primera parte del concierto, otra joya del repertorio belliniano, de I Puritani, el recitativo y aria de I Puritani "O rendetemi la speme...Qui la voce...Vien, diletto" del segundo acto, en la que la protagonista Elvira, en un estado de semilocura, se lamenta del dolor que le produce el sentirse abandonada por su amado, para terminar su intervención con el “Vien, diletto”, en el que una extraña confianza en su regreso se apodera de ella creyendo que Arturo está con ella y que su boda se va a celebrar. Se trata de una página conmovedora con la que, según dijo el mismo Bellini, trataba de crear una impresión en el público similar a la que Paisiello había logrado con su ópera sentimental Nina, o sia La pazza per amore (Caserta, Teatro Reale Sito di Belvedere, 25 de junio de 1789). En esta escena la soprano, además de ejecutar toda serie de escalas virtuosistas, tendrá que interpretarla con una expresión poética evanescente y un fraseo impecable. Un verdadero reto para cualquier cantante.
La segunda parte del concierto comienza con la obertura de Luisa Miller de Verdi, ópera con libreto de Cammarano, basada en Kabale und Liebe de Schiller (1784) y estrenada en el Teatro San Carlo de Nápoles el 8 de diciembre de 1849. Esta ópera supone quizá la conclusión de los denominados "años de galera" del compositor, que se habían dilatado desde 1842, año en que estrenó con rotundo éxito Nabucco, hasta el estreno de la ópera que precedió a esta, La Battaglia di Legnano (Roma.Teatro Argentina, 27 de enero de 1849). Con Luisa Miller el lenguaje verdiano cambia casi de forma radical. Parece que el encendido patriotismo, la belicosidad del compositor, pasan a segundo término, para concentrarse de una forma más definida en el drama íntimo de los personajes, que dejan de ser arquetipos para transformase en seres humanos. Italia se encuentra en una situación más consolidada, políticamente hablando, tras el "Risorgimento"; ya no es necesaria la voz aguerrida del Verdi proclamando la necesidad de aplastar al "fiero invasor" y lograr la "libertad". Verdi quizá ya esta cansado de escribir maravillosas, apasionadas proclamas y además, ya se puede permitir, dada su más que desahogada posición económica, dedicar el tiempo que considere oportuno a componer, sin verse aprisionado por contratos que le obligaban hasta entonces a escribir óperas en cortos periodos de tiempo. La obertura de Luisa Miller es una descripción de los personajes, de los lugares en que se encuentran. Budden habla de un color weberiano en la orquestación y resalta su ingenio contrapuntístico. El mismo autor afirma que es lo mejor que ha escrito Verdi en este campo. Bellísimo el solo de clarinete que Verdi compuso para el prestigioso solista de este instrumento de la Orquesta del Teatro San Carlo de Nápoles, apellidado Sebastiani.
Y tras la obertura de Luisa Miller, escucharemos más Verdi, Il Corsaro, ópera con libreto de Piave, basada en El Pirata de Lord Byron, estrenada en Trieste el 25 de octubre de 1848, y de ésta, "Non son le tetre immagini", el aria de entrada de Medora, la otra protagonista de la ópera junto con la tremenda Gulnara. Una romanza suave y delicada que caracteriza a la perfección la fragilidad del personaje. Il Corsaro ha sido considerada por muchos la obra menos inspirada de Verdi junto con Alzira, sin embargo la romanza de Medora que hoy escucharemos, es quizá su pieza más inspirada. Es increíble, comenta Mila, que esta romanza retrate al personaje, que sólo aparece al principio de la ópera y al final de la misma, con más sutileza que al resto de los protagonistas de la obra. Se trata de una romanza en la que la melancolía y la delicadeza sustituyen a los "pezzi di bravura" con que habitualmente en aquellos años presentaba Verdi a las, casi siempre, belicosas heroínas de sus óperas.
Y para terminar, La Traviata, una de las cimas indiscutibles del teatro verdiano y de la ópera de todos los tiempos. Ópera con Libreto de Piave, inspirado en La dame aux camélias de Dumas, fue estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. Tras su fracaso inicial, debido en parte a lo escabroso del tema para la mentalidad de la época, es una de esas óperas cuya popularidad ha alcanzado niveles inauditos, siendo el papel de la protagonista uno de los más queridos y temidos de todas las divas que en el mundo han sido.
De esta obra escucharemos en primer lugar el preludio del acto III, pieza de una tristeza concentrada, íntima, en la que sentimos la premonición de la muerte de la protagonista; su lirismo es íntimo y su desolación enorme. Verdi controla la desesperación profunda del momento con una maestría digna de quien es, el Shakespeare de la ópera.
Y a continuación, del acto I, el recitativo y aria, seguido de caballeta, "È strano!... Ah fors´é lui... Follie! Sempre libera", en el que la protagonista de la ópera, Violetta, se pregunta si aquel hombre que acaba de conocer, Alfredo, será su verdadero amor, para después, con esa genialidad para los contrastes de estados de ánimo que ya Verdi domina entonces a la perfección, lanzarse al "Sempre libera" en el que Violetta desea olvidar aquello que le parece un espejismo y volver al mundo de locura sin esperanza que ha sido su vida hasta entonces. Nunca con anterioridad Verdi ha escrito una cabaletta más justificada, aquí no es un mero ejercicio de virtuosismo vocal para lucimiento de la cantante de turno, es la descripción certera del pensamiento de una cortesana que con aquel canto de aspecto superficial, pero de trasfondo tan trágico, trata de ahogar su propia angustia ante la imposibilidad de un amor auténtico.
Francisco Villalba es crítico musical.

BIOGRAFÍAS

MARIELLA DEVIA

SOPRANO

La brillante carrera de Mariella Devia se desarrolla en los más prestigiosos escenarios operísticos y salas de concierto como una de las mayores representantes actuales del belcanto y del repertorio mozartiano y verdiano. Visitante asidua de La Scala de Milán, el Covent Garden de Londres, el Metropolitan de Nueva York, Teatro Comunal y Maggio Musicale de Florencia, Ópera Bastilla de París, Teatros La Fenice de Venecia, Carlo Felice de Génova, Regio de Turín, Comunal de Bolonia, San Carlo de Nápoles o Massimo de Palermo, Festival Rossini de Pésaro, Carnegie Hall de Nueva York, Concertgebouw de Amsterdam, Academia Santa Cecilia y Ópera de Roma, algunos de sus mayores triunfos lo han sido con Tancredi, I Puritani y Rigoletto dirigidos por Chailly, Die Entführung aus dem Serail con Sawallisch, I Capuleti e i Montecchi y Lodoïska con Muti, Die Zauberflöte con Mehta, La Sonnambula, Idomeneo, Benvenuto Cellini, La Parisina d’Este, Lakmé, Il matrimonio segreto, Falstaff, Le Comte Ory, etc., con especial mención para Lucia di Lammermoor. En la temporada 1995-96 obtuvo un resonante triunfo con La Traviata en Génova y en la siguiente cantó por primera vez Le nozze di Figaro (la Condesa) en Palermo. En 1997-98 encarnó a Doña Ana de Don Giovanni en Bolonia, a Desdemona en Otello de Rossini en Pésaro y a Fiorilla de Il turco in Italia en Parma. En 1998-99 interpretó, entre otras óperas, Zelmira en París y Lyon, Don Giovanni en Ravenna con Muti y en la Ópera de París, Adelia (Donizetti) en el Carnegie Hall, Otello en el Covent Garden, La Traviata en Florencia con Mehta, Lucia en Cagliari, etc. Recientemente ha cantado La Sonnambula en Florencia, a donde volverá para La clemenza di Tito. Algunas de sus inmediatas actuaciones son con Lucia en Nápoles, Lucrezia Borgia en La Scala y en Bolonia, I Puritani y Giovanna d’Arco en Génova, Manon y La Sonámbula en Catania, La donna del lago en el Festival Rossini, Marin Faliero en Parma, I Capuleti en Tokio, La Traviata en Niza, Les Contes d’Hoffmann en Palermo o Don Giovanni en la Ópera de Roma, así como conciertos en la capital italiana, en Estambul, Parma, Avignon, Orange o Trieste. Mariella Devia ha grabado la Cantata para Pío IX y Muerte de Dido de Rossini, Linda de Chamounix, Adelia y Lucia di Lammermoor de Donizetti, La Traviata de Verdi y La Sonnambula de Bellini, así como dos recitales de arias.



DANIELE CALLEGARI


DIRECTOR

Comenzó su carrera musical como miembro de la Orquesta de La Scala de Milán, ciudad en la que debutó como director de ópera con Mahagonny de Weill. Dirigió a las Orquestas de los Pomeriggi Musicali y de la RAI de Milán, resultando galardonado en los concursos de Murcia (Festival Internacional) y Bruselas (Ars Musica) en 1989 y 1990, respectivamente. A partir de 1991 dirigió en el Mozarteum de Salzburgo, en Osaka, etc., títulos como Orfeo ed Euridice de Gluck, La voix humaine de Poulenc, Lucia di Lammermoor de Donizetti y La Gioconda de Ponchielli. Siguieron La Sonnambula, Carmina Burana y La Traviata en Génova, I quattro rusteghi de Wolf-Ferrari, L’Arlesiana de Cilea y L’italiana in Algeri en Parma, Tosca en Turín, Maria Stuarda en Roma, Les Martyrs de Donizetti, Saffo de Pacini y la Misa de Gloria de Mascagni en Reggio Emilia, Il Corsaro en Trieste y Alice de Testoni en Palermo. Pronto comenzó a dirigir asiduamente fuera de Italia: I Capuleti e i Montecchi en las Óperas de Marsella y Colonia, Carmen en St. Gallen, Norma en el Liceo de Barcelona, I cavalieri di Ekebù de Zandonai y Siberia de Giordano en el Festival de Wexford, etc. Siguieron Attila en Bolonia con dirección escénica de P. L. Pizzi, Oberto y Aida en Macerata, Il Trovatore en Parma, La Favorita en Bilbao, el Stabat Mater de Pergolesi en Cagliari... Entre sus próximas actuaciones pueden señalarse Lucrezia Borgia en Bolonia, Jérusalem en Dresde, La Bohème en la Ópera Estatal de Baviera, Turandot en Bilbao, La Favorita en Oviedo, Ernani en Parma, Francesca da Rimini en Niza o Rigoletto en Lecce. Ha grabado I quattro rusteghi, Alice, La Traviata, La Gioconda, la Misa de Gloria de Mascagni, Stabat Mater de Pergolesi, arias de Mozart con Mariella Devia, L’Arlesiana, Oberto e Il Corsaro.



ORQUESTA SINFÓNICA DE MADRID


Fue fundada en 1903 por la mayoría de los componentes de la Orquesta de la Sociedad de Conciertos, la primera orquesta estable de España creada por Barbieri. A partir de 1905 se hace cargo de la OSM Enrique Fernández Arbós con quién se abre una colaboración de más de treinta años. Arbós compartió el podio con figuras como Strauss o Stravinsky y a su muerte fue sucedido por directores como Conrado del Campo, José María Franco y Enrique Jordá, además de ofrecer la presentación en España de Igor Markevich y Pierino Gamba. De 1958 a 1977 la titularidad del conjunto la ostentó Vicente Spiteri.

En 1981 la OSM firma un acuerdo con el Ministerio de Cultura para atender las funciones del Teatro Lírico Nacional la Zarzuela. La OSM firma, además, un acuerdo con la Comunidad de Madrid para realizar un ciclo de conciertos.

La OSM ha sido dirigida por las más prestigiosas batutas españolas y extranjeras, entre las que destacan Rafael Frühbeck de Burgos, Antoni Ros-Marbà, Miguel A. Gómez Martínez, García Navarro, José Ramón Encinar, Cristóbal Halffter, Peter Magg, Carlos Kalmar, Pinchas Steinberg, Kurt Sanderling y Yuri Arhonovich.

En 1997, la OSM llega a un acuerdo con la Fundación del Teatro Lírico para atender las necesidades musicales de los espectáculos del Teatro Real.












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