Unidad V: vida de la iglesia en el siglo segundo



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Pontificia Universidad Católica Argentina

"Santa María de los Buenos Aires"

Facultad de Teología

5º edición

Pbro. Lic. Ernesto R. SALVIA

Año 2009



UNIDAD V:

VIDA DE LA IGLESIA EN EL SIGLO SEGUNDO

1. La primitiva literatura post-apostólica.



  1. La organización eclesiástica: ministerios y carismas.

  2. La formación de las Iglesias particulares

  3. La literatura apologista y la defensa literaria contra el paganismo.

  4. Gnosis y fe cristiana

  5. Auge y declive del montanismo.



1.- LA PRIMITIVA LITERATURA POST-APOSTÓLICA



1.1. Introducción a los Padres de la Iglesia:

A través de las anteriores unidades nos hemos acercado a la primitiva Iglesia desde los distintos aspectos y acontecimientos que se fueron sucediendo. En ellas fuimos citando a los autores cristianos gracias a los cuales, -junto a las fuentes paganas-, nos dan noticia del desarrollo del Cristianismo. en estos primeros siglos de vida. Este conjunto de autores se los llama Padres de la Iglesia. Estos autores abarcan el período que interesa a nuestra materia y extienden su influencia, -según la mayoría de los autores, hasta el s. VI, En general se los clasifica de la siguiente manera1:

1. PP. Apostólicos

2. PP. Apologistas griegos

3. PP. Ante-nicenos

4. Grandes Padres de la Iglesia

4.1. PP. Griegos

4.2. PP. Latinos

Podemos determinar algunas características de éstos autores que nosotros citamos frecuentemente:

Santidad de vida

Ortodoxia en la doctrina

Aprobación eclesiástica

Antigüedad
1.2. Los Padres Apostólicos:

Son los escritores que pertenecen al s. I y principios del s. II, cuyas enseñanzas pueden considerarse directas de la predicación de los Apóstoles, a quienes conocieron personalmente o a través de las instrucciones de sus discípulos.

Es un grupo de obras que no tiene carácter homogéneo, pero que por su contenido y estilo están muy ligados al NT, en particular a las epístolas apostólicas. Conocen muy bien las tradiciones y herencias del AT y de las costumbres mosaicas.

Este grupo de autores escribe en lengua griega koiné, aunque no les preocupe las relaciones del cristianismo naciente con el mundo helenista que lo circunda.

Los autores pertenecen a diversas regiones del Imperio: Asia menor, Siria, Roma, etc. Ellos son:

1. Didajé o Doctrina de los Doce apóstoles

2. Hermas, el Pastor

3. Carta atribuida a Bernabé



  1. Las cartas de S. Ignacio de Antioquía:

    • a los Efesios

    • a los Magnesios

    • a los Trallanos

    • a los Romanos

    • a los filadelfos

    • a los esmirnenses

    • a Policarpo

  2. La carta de Policarpo de Esmirna a los Filipenses

7. La carta de Clemente de Roma a los Corintios

8. Papías de Hierápolis.

9. Carta a Diogneto2

Su importancia radica en que son los primeros en expresar tanto los contenidos de la fe, como la piedad y las costumbres de los primeros cristianos. Son ellos los que determinan la herencia recibida de Cristo a través de la “edad apostólica”. En su conjunto, forman parte del inicio de la tradición católica. Ejercen una indeleble autoridad en todos los autores cristianos que les siguen en la tradición y fueron desde muy temprano, frecuentemente citados, leídos y estudiados en toda la Iglesia. Unen de esta manera, el patrimonio cultural antiguo con la tradición cristiana, sino también, crearon las bases de la civilización espiritual de occidente.3

En definitiva, nos dan el testimonio de la vida de los cristianos de su tiempo y por ende son la fuente principal de nuestros estudios históricos para estos primeros años de la Iglesia.

En la Carta Apostólica Patres Ecclesiae, con motivo del XVI centenario de la muerte DE SAN BASILIO Magno en 1980 escribió Juan Pablo II:

“Padres de la Iglesia se llaman con toda razón aquellos santos que, con la fuerza de la fe, con la profundidad y riqueza de sus enseñanzas, la engendraron y formaron en el transcurso de los primeros siglos. Son de verdad "Padres" de la Iglesia, porque la Iglesia, a través del Evangelio, recibió de ellos la vida. Y son también sus constructores, ya que por ellos —sobre el único fundamento puesto por los Apóstoles, es decir, sobre Cristo— fue edificada la Iglesia de Dios en sus estructuras primordiales.

La Iglesia vive todavía hoy con la vida recibida de esos Padres; y hoy sigue edificándose todavía sobre las estructuras formadas por esos constructores, entre los goces y penas de su caminar y de su trabajo cotidiano.

Fueron, por tanto, sus Padres y lo siguen siendo siempre; porque ellos constituyen, en efecto, una estructura estable de la Iglesia y cumplen una función perenne en pro de la Iglesia, a lo largo de todos los siglos. De ahí que todo anuncio del Evangelio y magisterio sucesivo debe adecuarse a su anuncio y magisterio si quiere ser auténtico; todo carisma y todo ministerio debe fluir de la fuente vital de su paternidad; y, por último, toda piedra nueva, añadida al edificio santo que aumenta y se amplifica cada día, debe colocarse en las estructuras que ellos construyeron y enlazarse y soldarse con esas estructuras”.

El actual pontífice desde marzo de 2006 ha venido pronunciando sistemáticamente, en sus catequesis semanales de los miércoles, las enseñanzas de los padres. Para este primer grupo, los padres apostólicos, podemos leer sus alocuciones sobre Clemente de Roma (7 de marzo de 2009) e Ignacio de Antioquía (14 de marzo).4


1.3. Características de sus escritos:

Ante todo son de carácter pastoral, se los considera como el eslabón entre la Revelación y la tradición. En general todos los escritos son de un fuerte cariz escatológico, afirman como próxima, la segunda venida de Cristo. No presentan una exposición teológica sistemática, uniforme. En sus escritos, más que definiciones doctrinales contienen mas bien algunas afirmaciones de circunstancias muy vinculadas a la terminología bíblica.5.



2.- INICIOS DE LA ORGANIZACIÓN ECLESIÁSTICA: CARISMAS Y MINISTERIOS:
2.1. Los ministerios6:

La difusión del Evangelio trajo aparejadas algunas consecuencias que redundaron en la mayor organización de las comunidades al extenderse y sobre todo al crecer el número de sus miembros. Si bien no todas ellas tuvieron un desarrollo homogéneo, ni presentarán todavía una estructura jerárquica igual. Los condicionamientos geográficos y sobre todo culturales dejarán por lo general una huella característica. Las nuevas iglesias fundadas dependerán de alguna manera de la iglesia madre que le dio su origen, como el caso de las iglesias de Lyon y de Vienne en Galia, que guardan sin dudas una relación muy fuerte con la de Asia Menor.


2.1.1. El obispo:

En el período post-apostólico que estamos estudiando, tiene lugar de manera estable la organización de cada iglesia particular o diócesis. El gobierno de ellas, asumió la forma monárquica, es decir, al frente de cada comunidad se encuentra una sola persona, el obispo. Hay que reconocer que la evolución no es clara por ejemplo en la Didajé, o bien en el mismo Clemente de Roma. Escribiendo a los corintios Clemente, subraya vigorosamente el deber de obedecer a los jefes legítimos establecidos por Dios por medio de Jesucristo (Apóstoles, obispos, y sus sucesores). Pero no precisa si la autoridad episcopal está confiada a un sólo individuo o a varias personas en la misma comunidad7.

Entre el s.I y comienzos del siguiente, los jefes de la Iglesia tenían el título por ejemplo de obispos y diáconos. En algunos textos, los obispos y los presbíteros aparecen equiparados. Hay presbíteros-obispos, o mejor dicho presbíteros que ejercen el "episcopado" asistidos por diáconos.

Como lo vimos en el NT, la sucesión apostólica mantiene una estrecha vinculación con el colegio de los ancianos o el presbiterio.

En la obra epistolar de Ignacio de Antioquía, ya se ve claramente la forma unipersonal de gobierno en cada una de las Iglesias.

Para Ignacio, la unidad de la Iglesia se juega en la comunión con el obispo. A los fieles de Esmirna les escribe:

"Sigan todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de presbíteros, como a los Apóstoles. En cuanto a los diáconos reveréncienlos como a la ley de Dios. Que nadie, sin contar con el obispo, haga nada de cuanto atañe a la Iglesia...Donde quiera que se presente el obispo, allí también debe estar la comunidad, al igual que la presencia de Jesucristo nos asegura la presencia de la Iglesia Católica"8.
Se tiene conciencia para este tiempo, que la función ejercida por el obispo le viene de la potestad de los apóstoles. Ellos perpetúan la función de regir como los apóstoles, la Iglesia de Cristo. Dice para ello Ignacio:

"Desde el momento en que la caridad no me permite callarme ante vosotros, tomé la iniciativa de exhortaros a correr de acuerdo con el pensamiento de Dios. Pues Jesucristo, es el pensamiento del Padre, como a su vez, los obispos, establecidos hasta los confines de la tierra, están en el pensamiento de Jesucristo"9.

Desde los textos podemos determinar algunas características esenciales de su figura:

* Paternidad del obispo, Magn.3,1 ss; Ef. 6,1; a Policarpo, 1,2-3

* Es maestro de la fe: por enseñar la enseñanza de los apóstoles, por engendrar hijos a la fe y a la Iglesia.

* Preside la Eucaristía, Ef.8,1; 20,2.

Tema aparte de la evolución de la figura del epíscopo, en algunas comunidades cristianas, sea los mismos obispos o los escritores del lugar, se encargaron de confeccionar las listas episcopales de las sedes en línea directa con la sucesión apostólica. Así por ejemplo Ireneo de Lyon en 185 o bien Hipólito de Roma en sus diversas obras nos aportan las sucesiones episcopales de las sedes para afirmar su apostolicidad.

También Eusebio de Cesarea en su HE, recoge y nos transmite de otras fuentes que hoy no conocemos las de las sedes más importantes como Jerusalén, Roma, Alejandría y Antioquía:




LIBRO

PÁRRAFO

SEDE

III

2

Roma

III

11

Jerusalén

III

13

Alejandría

III

14-16

Roma

III

21

Alejandría

III

22

Antioquía

III

32

Jerusalén

III

34

Roma

III

35

Jerusalén

IV

1

Roma

IV

4

Roma y Alejandría

IV

5

Jerusalén

IV

10

Roma y Alejandría

IV

19

Roma y Alejandría

IV

20-24

Antioquía

V

Prólogo

Roma

V

6

Roma

V

12

Jerusalén

VI

10

Jerusalén

VI

29

Roma

VII

2

Roma

VII

14

Varias sedes



2.1.2. El presbítero:

En este siglo que estudiamos la figura del presbítero no guarda innovación con respecto de la etapa anterior, es decir, siguen cumpliendo misiones especiales, como vemos en Ignacio de Antioquía. las fuentes en general refieren a aquellos ancianos o dirigentes de comunidades que de manera colegial, están cerca del obispo en su ministerio de predicación y acompañamiento.


2.1.3. Los diáconos:

En general la función de la diakonía guardará las mismas características que las señaladas en la etapa anterior. Tienen un papel principal en las comunidades, en cuanto al servicio de la caridad, los asuntos de la administración del patrimonio de la comunidad. Por lo que nos informan las fuentes martiriales, serán numerosos los diáconos que oficiarán de secretarios de los obispos, y por lo tanto de gran influencia y ascendiente sobre ellos. Tengamos en cuenta el caso de San Lorenzo, durante el episcopado de San Sixto en Roma.
2.2. Los carismas:

No los podemos olvidar cuando hablamos de la organización interna de la iglesia primitiva. En las comunidades del NT, como ya dijimos en otra unidad, encontramos algunos fieles dotados de diversas capacidades sobrenaturales que Dios otorga en forma directa, sin mediar ley alguna: San Pablo clasifica a estos carismas varias veces, aunque de modo incompleto en 1 Co. 12,8-10.28-30; 14, 1-39; Ef. 4,11; Rom. 12, 6-8. El apóstol recalca que están destinados no al bien del individuo sino de la comunidad. Prevé posibles abusos y señala el modo evitarlos arrogándose una autoridad superior a la de los carismáticos 1 Co. 14, 37.

No contrapone de manera antagónica ministerios pastorales y carismas, sino que enseña su complementariedad y función de servicio.

Mientras que el apóstol señala 18, ya la Didajé a fines del s.I recuerda solo tres: apóstoles, maestros y profetas, cfr. Did, 11.

Con el decurso de la historia, veremos como paulatinamente éstas funciones irán recayendo en los responsables visibles de cada comunidad, es decir en los obispos. La atención ante los falsos profetas y falsos doctores, y las desviaciones “dogmáticas” alertaron a muchas comunidades a dejar en manos del obispo el oficio del discernir los carismas en aras a la unidad de la fe de sus miembros.

3.- lA FORMACIÓN De LAS Iglesias particulares:
La formación de las iglesias particulares, está directamente relacionada con la difusión del Evangelio y con la necesidad de la estabilidad que van adquiriendo las comunidades, después de la fase inicial de anuncio kerigmático.

Desde los centros más antiguos, de carácter apostólico se iba difundiendo de manera capilar el mensaje cristiano. Las variadas vías de comunicación, terrestres y sobre todo marítimas, hacían que las comunicaciones humanas y los “mensajes” llegaran rápidamente a los núcleos urbanos más importantes. De allí que como veremos más adelante, la evangelización en el IR, tuvo características mediterráneas.

Así, fruto de la misión irán apareciendo las iglesias particulares o diócesis. Cada una de ellas tuvieron desde el principio, la conciencia de ser por un lado herederas de las comunidades apostólicas desde donde fueron fundadas, y a la vez de tener una identidad propia, es decir de ser ellas mismas gracias su propia organización interna.
3.2. La “iglesia católica”:

Las comunidades que muy pronto tomaron conciencia de formar parte de la comunidad más universal, de la Iglesia católica. Conciencia de ser una iglesia en medio de una única Iglesia en medio del mundo.

Ya en la Didajé, está expresada esta catolicidad cuando se habla que es una sola Iglesia en la que entran todas las iglesias locales:

"Acuérdate Señor de tu Iglesia, para librarla de todo mal, y hacerla perfecta en tu amor. Aúnala desde los cuatro vientos, la santificada en tu Reino que para ella preparaste: porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos"10.


En la carta a Diogneto, también aparece el tema de la universalidad:

“Por tanto, los cristianos están en el mundo lo mismo que el alma en el cuerpo. Como el alma se difunde por todas las partes del cuerpo, así los cristianos se esparcen por las distintas ciudades de la tierra. El alma habita en el cuerpo, pero no es del cuerpo, los cristianos habitan en el mundo pero no son del mundo. Como el alma invisible es prisionera del cuerpo visible, así los cristianos son una realidad bien visible en el mundo, mientras es invisible el culto espiritual que rinden a Dios”11

A qué nos referimos cuando hablamos de la catolicidad de la Iglesia? Todas estas iglesias que estudiamos, fueron creciendo y a la vez, multiplicándose en gran número, ahora bien, todas estas comunidades suman una "gran iglesia".

Si tomamos etimológicamente la palabra "católica", veremos que ella entraña dos significados bien ilustrativos:


a.  . .......... uno

una y universal

b.  .......... totalidad

La cuestión en definitiva es que, si todas estas iglesias, pequeñas o grandes comunidades tenían conciencia de la catolicidad, es decir que había alguno o varios elementos que las unía a pesar de la inmensas distancias, de las culturas distintas y las dificultades del medio circundante como el hecho de las persecuciones.

Siguiendo las huellas de las comunidades paulinas, que se comunicaban entre sí, y que no vivían aisladas (cf. necesidades, problemas, etc). Son claras por tanto en el NT las alusiones a la unidad entre las comunidades. Es común que se siguiera la costumbre del intercambio de la comunión. Consejos, saludos, indicaciones, prescripciones, cartas de consuelo, noticias, etc. son el argumento que con solo repasar los textos nos damos cuenta la fortaleza de esta conciencia. Así lo encontramos en los escritos de los Padres Apostólicos y en los apologistas griegos.

Entre las expresiones que favorecieron justamente a incrementar la conciencia de la unidad y catolicidad encontramos las siguientes:

= el mismo depósito de fe: Creencia en Cristo muerto resucitado y Señor y Salvador del mundo.

= Un único Bautismo, con la fórmula trinitaria.

= Las "cartas apostólicas" escritas por los obispos. Sienten la necesidad de instruir, aleccionar, amonestar sobre los asuntos diversos que viven las diversas iglesias, que inclusive pueden no necesariamente ser sus mismas comunidades, cf. Clemente obispo de Roma escribe a la iglesia de Corinto, o Ignacio de Antioquía a las iglesias del Asia Menor, o de Roma, cuando se encaminaba a la urbe a sufrir su martirio12.

Tertuliano por ejemplo, nos aporta otro texto sugestivo que ilustra sobre el asunto y agrega otro dato más:

"En cada ciudad (los apóstoles) fundaron Iglesias y de estas las demás Iglesias obtuvieron el germen de la fe y la semilla de la doctrina, y la obtienen cada día para hacer nuevas Iglesias. Por esto mismo son consideradas como apostólicas en cuanto son retoños de Iglesias apostólicas. Toda cosa se caracteriza necesariamente por su origen. Por esta razón, por numerosas y grandes que sean estas Iglesias, no forman sino la única y primitiva Iglesia apostólica, de la que todas procedieron. Todas son primitivas, todas apostólicas, pues todas no son sino una sola. Atestiguan esta unidad el comunicarse la paz, el llamarse hermanos y utilizar los “carnets” de hospedaje (communicatio pacis et appellatio fraternitatis et contesseratio hospitalitatis); derechos todos estos no dispuestos por otra ley que la única tradición de un mismo misterio"13.


Estas cartas de comunión consistían en un documento sencillo confeccionado en pergamino o papiro. Era una “tarjeta” de presentación de un cristiano perteneciente a una comunidad que viajaba y necesitaba un testimonio escrito de su obispo para presentar a la comunidad donde se dirigiera. En definitiva era el “certificado de su fe” y de su bautismo, para poder así unirse a la Eucaristía de la comunidad que visitaba De esta forma cada iglesia particular se sentía integrada a la totalidad o catolicidad eclesial.
3.3. La Iglesia de Roma:

Por último, otra expresión de la catolicidad de la Iglesia, es el lugar de Roma en la cristiandad universal. Los testimonios literarios nos van dando la pauta que, si bien en los primeros tiempos no hay mayor conciencia de su primacía sobre las demás sedes, sin embargo irá tomando importancia. Citamos los siguientes textos:


3.3.1. Clemente Romano, en su Carta a los Corintios, 5, 1-4; 6, 1-2.

3.3.2. Ignacio de Antioquía en su Carta a los romanos, 4,3

En ella ruega a los cristianos de Roma que no le priven de sufrir el martirio intercediendo por él ante las autoridades romanas. Ignacio aclara su ruego con la frase respetuosa: "Yo no os mando como Pedro y Pablo". Luego estos tuvieron bastante que ve con la Iglesia del lugar y no como meros visitantes.
3.3.3. Polémica acerca de la fecha de la Pascua: Por la cuestión sobre cuando celebrar la Pascua, el obispo de Esmirna Policarpo, va a Roma hacia el 166 para tratar con el obispo Aniceto (155-166) sobre la cuestión pascual, para llegar a un acuerdo. La Iglesia de Roma celebraba la fiesta siempre en domingo, mientras que las iglesias del Asia Menor, siguiendo el uso antiguo, mantenían el 14 de Nisán del calendario judío, aunque cayera en otro día de la semana. Si bien no hubo consenso en unificar la fecha por el momento, nos hace ver como los obispos recurren a Roma para confrontar sus doctrinas y costumbres.

3.3.4. S. Ireneo de Lyon, escribe sobre la sede de Roma:

"Pero como sería muy largo, en este volumen, enumerar las sucesiones de todas las Iglesia, (nos basta) indicar la tradición de la Iglesia fundada y constituida por los dos gloriosos apóstoles Pedro y Pablo, -iglesia en verdad grande y muy antigua, conocida por todos; esta tradición que ella tiene de los Apóstoles y la fe anunciada a los hombres a través de la sucesión de sus obispos ha llegado hasta nosotros. De ésta manera hacemos callar a todos aquellos que, de diversos modo, por autocomplacencia, vanagloria, ceguera o error, constituyen grupos ilegítimos. Pues es preciso que todas las iglesias -o sea los fieles de todo el mundo-, convengan con ésta iglesia a causa de su "principalidad más importante" (= propter potenctiorem principalitatem); pues en ella los fieles de todo el mundo han podido conservar la tradición de los apóstoles"14.
3.3.5. La autoridad de la Iglesia de Roma según Tertuliano15:

En este se resalta la figura de Pedro como piedra de la Iglesia, como autoridad de la misma.

En otro texto, que también se centra en la polémica penitencial sentencia sobre la potestad del obispo de Roma:

"Oigo, que se ha promulgado un edicto, perentorio. El pontífice máximo, el obispo de los obispos ha dicho: "A los que hagan penitencia, yo les perdono el adulterio y la fornicación"16.


3.3.6. Cipriano de Cartago en el s.III:

"Quienquiera que considere y estudie estas cosas, no necesita largos discursos ni argumentos. La prueba de la fe es fácil, por ser compendiosa la verdad. El Señor habla a Pedro de esta manera: “Yo te digo que eres... (Mt. 16, 18-19). Y después de resucitado le dijo otra vez: "Apacienta mis ovejas" (Jn. 21,47). Edifica su Iglesia sobre uno solo, y le encomienda que apaciente sus ovejas. Y, aunque después de su resurrección confiara su poder a todos los apóstoles, con éstas palabras: "Como me envió el Padre, también yo los envío; recibid el Espíritu Santo; al que perdonareis los pecados, se le perdonarán, y al que se los retuviereis, se le retendrán" (Jn. 20, 21-23), sin embargo, para manifestar la unidad (estableció una cátedra) y decidió con su autoridad que el origen de la unidad proviniese de uno solo. Cierto que los demás apóstoles eran lo que era Pedro, estaban dotados como Pedro de la misma dignidad y poder, pero el principio nace de la unidad (y se otorga el primado a Pedro, para manifestar que es una la Iglesia y la cátedra de Jesucristo. También todos son pastores y a la vez, uno solo es el rebaño que debe ser apacentado por todos los apóstoles de común acuerdo, para mostrar que es única la Iglesia de Cristo),17.


Todos estos textos y los problemas doctrinales que más adelante afrontará la Iglesia, harán mirar a Roma, no tanto como sede de una autoridad máxima sobre las demás Iglesias, sino en principio como la sede episcopal en donde se encuentra la recta doctrina.

Si bien es en vano buscar en la antigüedad un ejercicio del Primado romano tal como lo vemos reconocido en el Vaticano II, sin embargo se observa como la conciencia que el sucesor de Pedro tiene su carisma, y que las Iglesias locales con diferente acento le reconocen o discuten, es muy antigua y ya explícita en la edad post-apostólica.


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