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Universidad de Chile

Facultad de Filosofía y Humanidades

Centro de Estudios Latinoamericanos

Como un mapa ante mis pies

“Viajeros ingleses en el cono sur 1819-1829”

Tesis para optar al grado de Magíster en Estudios Latinoamericanos

Estudiante:


Marcelo Somarriva

Profesor/a Guía:


Eduardo Cavieres

Santiago, agosto 2007

Introducción


Antes de la Independencia de las colonias sudamericanas existían pocos testimonios disponibles en Inglaterra acerca de la situación de los países que conforman lo que se denomina el Cono Sur de América, es decir el territorio que hoy comprenden las repúblicas de Argentina, Perú, Bolivia y Chile. Una vez iniciados los enfrentamientos que produjeron la separación de las colonias del dominio español, se abrió en Inglaterra la promisoria perspectiva de la apertura de nuevos mercados para la empresa comercial transatlántica. Esto motivó la aparición de muchos libros relativos a los asuntos de esta región de América. Se tradujeron al inglés libros ya publicados en otros idiomas y se publicaron otros nuevos escritos especialmente por autores ingleses. Estos últimos en su mayoría eran compilaciones en las que se reunía la información disponible en Europa sobre la región y testimonios de ingleses que habían viajado a América del Sur. Un número significativo de estos últimos lo conforman diez libros de viajes que siguieron prácticamente la misma ruta a través del continente durante un período de diez años entre 1819 y 18291. Se trata de viajes a través del continente desde su costa Atlántica hasta el Océano Pacífico, es decir desde Buenos Aires al puerto de Valparaíso, siguiendo en ocasiones hasta la ciudad virreinal de Lima, atravesando las Pampas y la Cordillera de los Andes.

En orden cronológico, de acuerdo a la fecha de sus viajes, los autores de estos libros fueron John Constance Davie, Samuel Haigh, John Miers, Peter Schmidtmeyer, Alexander Caldcleugh, Edward Hibbert, Robert Proctor, Francis Bond Head, Joseph Andrews y Charles Brand. Ordenados según la fecha de su publicación, sus libros son los siguientes: “Letters from Buenos Ayres and Chili. With An Original History Of The Later Country Illustrated With Engravings. By The Author of Letters From Paraguay”, publicado en 1819, para Rudolf Ackerman; “Narrative of a journey from Santiago de Chile to Buenos Ayres In July and August 1821”, de Edward Hibbert, publicado por John Murray en 1824; “Travels into Chile, over the Andes in the years 1820 and 1821, with some sketches of the productions and agriculture, mines and metallurgy; inhabitants, history and other features of America; particularly of Chile and Arauco”, de Peter Schmidtmeyer, publicado por Longman, Hurst, Rees, Orme, Brown y Green en 1824; “Narrative of a Journey Across the Cordillera of the Andes and of a Residence in Lima and other Parts of Peru in the years 1823 and 1824”, de Robert Proctor, impreso por Archibald Constable y Hurst, Robinson and Co. en 1825; “Travels in South America during the years 1819-20-21 containing an account of the present state of Brazil, Buenos Ayres, and Chile” de Alexander Caldcleugh publicado por John Murray en 1825; “Travels in Chile and La Plata Including Accounts Respecting the Geography, Geological Statistics, Government, Financial, Agriculture, Manners and Customs and the Mining Operations in Chile Collected During a Residence of Several Years in these countries” de John Miers impreso por Baldwin, Cradock And Joy en 1826; “Rough notes taken during some rapid journey across the pampas and among the Andes” de Francis B. Head publicado por John Murray en 1826; “Journey from Buenos Ayres: through the provinces of Cordova, Tucuman, and Salta, to Potosi, thence by the deserts of Caranja to Arica, and subsequently to Santiago de Chili and Coquimbo, undertaken on behalf of the Chilian and Peruvian Mining Association, in the years 1825–26” de Joseph Andrews publicado por John Murray en 1827; “Journal of a Voyage to Peru: A Passage Across the Cordillera of the Andes, in the Winter of 1827. Performed on Foot in the Snow, and a Journey Across the Pampas” de Charles Brand, publicado en 1828 y “Sketches of Buenos Ayres, Chile and Perú” de Samuel Haigh publicado por Effingham Wilson Royal Exchange en 1829.2

En términos generales, estos libros pueden considerarse como una manifestación del primer período de excursiones inglesas por el interior del continente sudamericano y sus relatos se ensamblan de tal modo que permiten reconstruir en parte la historia de las incursiones de esta etapa, a través del testimonio directo de algunos de sus protagonistas. Sin embargo, la lectura conjunta de estos diez libros, no sólo permite reconstruir una empresa, si no que también permite apreciar las actitudes e ideas, es decir las expectativas, los prejuicios y las distintas opiniones que tuvieron sus respectivos autores respecto de esta región de América.

En general, el propósito de este trabajo se orienta a combinar el relato de esta fase de la empresa inglesa en América del Sur con la exposición de las actitudes culturales manifestadas por estos autores en sus diversos libros. De este modo lo que he intentado hacer es una lectura conjunta de estos libros con el objeto de conseguir que ellos se iluminen recíprocamente, no sólo para ensamblar las piezas que conforman el entramado de sus excursiones por esta región, sino para observar la forma cómo convergen y divergen las actitudes que sus autores recogen y manifiestan en sus obras. Para lograr esto he procurado además situar a estos diez libros en sus contextos tanto culturales como políticos, y ver de qué forma estos les proporcionaron algún sentido que permita hacer una lectura provechosa de ellos. Para lograr esto, he procurado estudiar estos libros mediante un modelo de análisis que los desmonta en tres instancias.



a) La primera de ellas, comprende al viajero y su experiencia y procura reconstruir su biografía junto a las circunstancias y motivaciones que impulsaron su viaje.

b) La segunda instancia, abarca al libro propiamente tal, es decir en cuanto texto producido por un autor, a partir de su experiencia personal. Texto y experiencia son dos realidades que no debieran confundirse, ya que se encuentran separadas por la brecha insalvable que se interpone entre la experiencia vivida o “real” y la narración posterior o el texto escrito a partir de esta, que antes que nada, es una “construcción” literaria, en la cual el autor intenta transmitir sus experiencias mediante palabras y fórmulas. Al hacer esto el autor construye una nueva realidad mediante un relato o una narración, construyendo en ocasiones también su propia identidad. Se hace necesario hacer, al menos mentalmente, una distinción entre el viaje y el texto que conforma el libro o entre el sujeto que viaja, y quien narra o protagoniza el relato.

Al respecto también he considerado a estos textos como una verdadera sucesión de “representaciones”, tanto de su propio autor, como del mundo natural y social que encontró en el curso de su trayecto. Asumiendo, como lo hace Roger Chartier, que “no hay práctica ni estructura que no sea producida por las representaciones, contradictorias y enfrentadas, por las cuales los individuos y los grupos le dan sentido a lo que les es propio”.3 Es necesario, entonces, reconstruir la historia de las representaciones contenidas en estos libros y ver de qué manera dialogan entre ellas mismas, y con su medio y de qué manera se proyectaron entre sus lectores. Chartier plantea la necesidad de descifrar las sociedades penetrando en “la madeja de las relaciones y de las tensiones que las constituyen a partir de un punto de entrada particular”, como lo podría ser “una red de prácticas específicas”. Este trabajo tiene una ambición bastante más modesta que descifrar una sociedad, y se propone abordar algunos de los fenómenos interconectados que convergen en torno a estas distintas excursiones por el interior de América y del sur y los diez libros de viajes que dieron cuenta literariamente de ellas. Esto, sin embargo, siguiendo a Chartier, “define un tipo de investigación que, necesariamente, asocia las técnicas de análisis de disciplinas poco habituadas a encontrarse en tal proximidad: la crítica textual, la historia del libro, en todas sus dimensiones, la historia sociocultural. Más que un trabajo interdisciplinario (que siempre supone una identidad estable y diferente de las disciplinas que firman la alianza) lo que se propone es un trinchado inédito del objeto”.4 A través de esta imagen, Chartier propone asediar el objeto de estudio, mediante un análisis en el cual converjan disciplinas que habitualmente no conviven en el mismo espacio imaginario, con el objeto de lograr una lectura productiva que de cuenta de la riqueza de significaciones del tema estudiado. En el caso de estos de diez libros, se trata de una serie de representaciones que se entrecruzan y superponen a lo largo de un mismo espacio físico, a través de un itinerario compartido y que también se superponen y entrecruzan en un territorio imaginario conformado por sus textos, donde las experiencias vividas se entremezclan y sustituyen con las diversas aspiraciones y prejuicios que rodearon las experiencias de viajar y de escribir.



c) Por último, la tercera instancia que conforma este método de análisis, comprende en general a aquellos que reciben el texto del autor-viajero, ya sea para publicarlo o para consumirlo como lectores. Para esto es necesario tener en mente quiénes fueron las personas que se interesaron en llevar estos libros a la imprenta y que luego los pusieron a la venta, es decir a sus editores y quienes luego pagaron por ellos, es decir sus lectores o la audiencia que los leyó y les dio un sentido de acuerdo a sus necesidades, aspiraciones y su respectivo horizonte cultural.

Es tal vez en esta instancia cuando corresponda vincular o establecer la filiación de estos trabajos con un género, o un subgénero literario determinado: la literatura de viajes. Lo que equivale a decir un conjunto de convenciones, normas de estilo, influencias y préstamos culturales. Al respecto, Peter Burke, al estudiar algunos casos de literatura de viaje, ha propuesto subrayar “el aspecto retórico” de las descripciones de estos; en particular destacando la importancia que en ellos tienen los “lugares comunes” y los “esquemas”. Es decir, la forma como se adecuan a formas de expresión preestablecida, ya que como añade Burke, estos libros, “no son descripciones espontáneas y objetivas de nuevas experiencias, de la misma manera que las autobiografías no son testimonios espontáneas y objetivos de una vida”, sino que responden a un diálogo interno con una determinada tradición cultural.5

La lectura conjunta de estos diez libros permite detectar la existencia de una cadena de referencias, en la cual resultan cruciales las expresiones, juicios y observaciones vertidas por el viajero anterior, y también la sujeción a ciertas “recetas” predeterminadas que surgen al tratar de hacer confluir las operaciones de viajar y escribir. En este trabajo, he intentando esbozar lo que Burke denomina “la iconografía de las visiones”6, esto es, como ciertas impresiones o descripciones se expresan en base a una identificación con marcos culturales previamente establecidos, ya sea en términos visuales como narrativos.

Por otro lado, resulta necesario tomar en cuenta que se trata de libros de viaje que fueron escritos para ser publicados y con el propósito manifiesto de satisfacer una demanda cultural europea, de acuerdo a gustos, modas y necesidades de índole político. Es por ello, que es importante determinar el horizonte cultural en el que se sitúan estos libros, sus autores y sus pretendidos destinatarios o lectores. Es decir, el conjunto de expectativas, inquietudes, concepciones e ideas de una cultura determinada, en la que todos los actores participan.

Las tres instancias en las cuales he desmontado la noción de libro de viaje no son compartimientos estancos cerrados, sino que se encuentran recubiertas por superficies porosas, que admiten trasvasijes de una instancia a otra. Así, por ejemplo, un editor es en definitiva un lector más, que sin embargo tiene la facultad de imponer modificaciones o exigencias al texto. Asimismo, este esquema de análisis en tres partes es un programa tentativo que he procurado seguir en la medida de mis capacidades y que necesariamente admite mayor profundización y desarrollo, que el alcance de este trabajo tampoco permite.

En definitiva, el propósito final de este esquema es principalmente derribar la noción que asume a los libros de viaje como estos, como si se tratase de testimonios transparentes, a través de los cuales puede verse directamente la realidad que describen, en este caso el pasado de estas nacientes repúblicas. Esta ha sido la tendencia prevaleciente en la historiografía nacional, que utiliza a estos libros como testimonios documentales en los cuales las realidades del viajero, autor, viaje y texto se funden en un solo espejo irrecusable, capaz de reflejar verazmente un período histórico particularmente complejo y convulsionado de la historia de América del Sur. En este sentido, este trabajo ofrece una lectura de estos libros de viajes que da cuenta de sus complejidades, procurando dilucidar sus estrategias, sus tácticas, la forma como ponen en escena una determinada realidad y la manera como fueron ellos fueron recibidos y cuál fue su eficacia o influencia.

Para conseguir estos objetivos he tenido que comentar y dialogar con algunos autores que han abordado previamente este tema, particularmente con la obra de Mary Louise Pratt, “Ojos Imperiales”, un clásico de la crítica postcolonial. De alguna forma, este trabajo pretende ofrecer una perspectiva de análisis tendiente a complementar los innegables aportes de Pratt a la comprensión de la literatura de viajes y al proyecto científico europeo en las regiones de África y América, criticando también algunas de sus conclusiones.

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