Universidad de Chile



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Burbujas


Algunos meses más tarde de publicada la obra de Miers, la casa editorial de John Murray publicó Rough notes taken during some rapid journey across the pampas and among the Andes escrito por Francis B. Head y al año siguiente, en 1827, el libro Journey from Buenos Ayres: through the provinces of Cordova, Tucuman, and Salta, to Potosi, thence by the deserts of Caranja to Arica, and subsequently to Santiago de Chili and Coquimbo, undertaken on behalf of the Chilian and Peruvian mining association, in the years 1825–26 de Joseph Andrews. Para entonces la quiebra del mercado y la ruina de las compañías era un mal recuerdo, pero los libros de Head y Andrews ofrecieron una reflexión en torno a este descalabro financiero en el que tanto sus autores como su editor John Murray, habían estado involucrados. Ambos trabajos fueron también un descargo de las acusaciones que le hicieron a sus autores los respectivos directores de sus compañías y sirvieron como una rendición de cuentas de sus incursiones en América del Sur.

Head llevó sus reflexiones bastante más lejos que Joseph Andrews y en el segundo memorando incluido al final de su libro hizo una sumaria y singularísima interpretación personal de la historia del Imperio Español en América en la que, siguiendo una línea argumental similar a la expuesta por David Barry, acentuaba la ceguera de los españoles en su afán por buscar riquezas minerales. Según Head, los españoles tras el descubrimiento de los países sudamericanos dirigieron inmediatamente su atención a la adquisición de metales preciosos, “descuidando la belleza de estos interesantes países”. Por eso, concluyó que “la historia de las minas americanas ha sido siempre considerada como la historia del país”187. Según Head los españoles habrían explotados los recursos americanos sin preocuparse de desarrollar ninguna forma de industria, ya que contaban con una mano de obra enteramente a su disposición. A pesar de esto, según denunció Head, “la llegada de los metales preciosos a Europa fue saludada como el producto de la intrepidez, la industria y la ciencia”, en circunstancias de que el modo como obtuvieron estas riquezas “forma parte de una de las páginas más culpables de la historia moral del hombre y las crueldades que se ejercieron en las minas americanas son una mancha en la reputación de la naturaleza humana, que nunca podrá ocultarse ni borrarse…”188.

El minero americano, según prosigue Head su relato, a pesar de tanta crueldad e injusticia se acostumbró gradualmente a su trabajo: “el esclavo, señaló, sufriendo bajo su capa dejó de quejarse; el llanto de los sufrientes paulatinamente dejó de escucharse, y al poco tiempo ningún ruido surgió de la oscuridad de la mina, salvo la ocasional explosión de la pólvora, el sonoro estallido del martillo y el tenue resoplido de los esclavos, que de esta forma le informaban al guardia que había llegado la hora del descanso legal”. Estas eran las dos caras que mostraban las minas americanas. Por un lado estaban quienes se vanagloriaban del floreciente estado de las colonias y sus inagotables riquezas y por el otro estaba la multitud de indios cruelmente esclavizados. Sin embargo, según contó Head, este engaño se fue rompiendo de manera gradual y al final irrumpió la revolución “y como por encantamiento, el minero se encontró en la planicie rodeado por sus compatriotas, marchando hacia el frente para apoyar la libertad, y prestando su brazo para exterminar de la Patria a los opresores que ahora temblaban frente a él”189.

Mientras tanto, las minas fueron abandonadas hasta que se reestableció la libertad. Porque una de las primeras cosas que hizo el militar que no había muerto peleando o que no había desertado, fue volver a las minas abandonadas. Sin embargo, según Head, estas minas ya no pagaban lo suficiente y volvieron a ser abandonadas. La causa de esto, según este autor, fue la falta de inteligencia y capital y su consecuencia fue que los mineros “frustrados en su propósito, e incapaces de hacerle frente a las dificultades que le impedían el paso a la civilización en quien estaba lejos y aislado, y en la situación casi impracticable en la cual se encontraban, cayeron en los hábitos de indolencia en los que todavía persisten”190. Head observó que los mineros chilenos seguían trabajando “en la senda de sus días pasados”, es decir en condiciones de virtual esclavitud, pero con una disciplina algo más relajada. Se sorprendió del contraste que observó entre sus vidas oprimidas y el relajo e independencia en el cual le pareció que vivían los demás habitantes del país. Este contraste lo llevó a reflexionar sobre “la triste historia de las minas sudamericanas”; una historia que según “su humilde opinión”, daba cuenta de la imposibilidad de conseguir más mineros y de que el valor de las minas americanas había caído desde la independencia del país, porque el valor de la producción se había mantenido mientras que el precio de la mano de obra había aumentado. En consecuencia ya no sería posible obtener de las minas lo que daban en el pasado. Su sentencia definitiva era desoladora: “las minas pobres, así como la tierra pobre, podrán hacerse productivas mediante un sistema de crueldad y tiranía, mientras que bajo un gobierno libre deberán permanecer inactivas y abandonadas”191.

A la hora de examinar las causas de la ruina de las compañías Head insistió también en una variante del trinomio de ignorancia, quimeras y mala fe que había expuesto David Barry al publicar la obra de Antonio de Ulloa y Jorge Juan. Pero para Head, la mala fe estaba en Sudamérica, ya que el fracaso de la Compañía del Río de la Plata era también una prueba de la insuficiencia de los gobiernos locales, ya que a su llegada a la región Head se encontró con que la totalidad de las minas que le habían sido prometidas estaban en manos de las compañías rivales y que Rivadavia, el gobernador de Buenos Aires, así como los otros gobernadores de las Provincias “¡eran incapaces de cumplir con el decreto!”192, que se le había asegurado su pertenencia.

Sin embargo, para Head tanto la formación de las compañías como su posterior fracaso se debían principalmente a la “ignorancia del país que iba a ser el campo de especulación”. A su juicio, se trató efectivamente de un error, pero éste además fue “acompañado por todas las nobles características que distinguen a nuestro país”193. Head no detalló cuales eran estas nobles características inglesas, pero sugirió que esta ignorancia general exculpaba a los especuladores, ya que los ingleses, a su juicio, sólo eran culpables de su ignorancia respecto del verdadero estado de los países en los que estaban pretendían especular, pero que a pesar de este desconocimiento habían actuado con la propiedad que les caracterizaba como pueblo. “La construcción, señaló, se planeó noblemente, y fue innegablemente la obra y la invención de un país bullente de energía, empresa, liberalidad, confianza y capital”194.

Joseph Andrews fue bastante menos indulgente que Head en su indagación de las causas del fracaso de las compañías: “el público sin indagar en los hechos concibió que Sudamérica era el escenario donde llevar a cabo todos sus sueños dorados”. Hubo compañías “burbujas” y compañías genuinas, pero ambas reventaron por igual195, y según él lo que faltaba era determinar cuáles eran las genuinas y cuáles las burbujas, para concederle a las primeras una nueva oportunidad. Pero, ya a esa altura el mercado ingles no quería saber nada de las especulaciones americanas y Andrews apareció como abogado del diablo al sostener que estaba en desacuerdo con aquellos que se negaban a emplear el capital británico en la restauración del poder de la economía sudamericana, con el objeto de producir retornos de metales preciosos.

El libro de Andrews era en buenas cuentas una respuesta al trabajo de Head. Para Andrews la falla era consecuencia de la mala administración y ésta había sido excepcional precisamente por la forma poco inglesa —“un-English like way”— con la que se habían llevado a cabo las cosas. De acuerdo a Andrews, podrían llenarse volúmenes enteros con la enumeración de las compañías de capitales conjuntos que se formaron en aquellos días y a su juicio “el público tenía no poca culpa”, por la “precipitación y credulidad, de la cual, en muchas ocasiones, se aprovecharon bellacos con malas intenciones”. “Ningún hombre sensato, decía a continuación, que tenga alguna experiencia en Sudamérica, podrá soñar en obtener en pocos meses cargas de oro y plata en retribución del mero adelanto en la primera colocación de un millón de libras de capital”.

A su entender, lo que faltó fue cálculo para considerar las naturales dificultades, y sabiduría para tomar en cuenta la situación política americana. “La roca fatal —agregó— que hizo naufragar a las compañías extranjeras inglesas, fue el tamaño demasiado extravagante, con el que iniciaron sus empresas. Los más pródigos e inútiles equipos, las nociones más equivocadas, involucrando grandes costos, han sido su perdición. No parecen haber imaginado que la minería es una operación demorosa, y que más que ninguna otra requiere el suministro de recursos”196.

Para peor, Andrews agregó que todo se había medido de acuerdo a parámetros ingleses197, y una vez más habrían sido los británicos quienes, según él, habrían fracasado en su “habitual habilidad, experiencia y espíritu”198. Esto condujo a Andrews a reflexionar en torno a la naturaleza del carácter inglés señalando que: “No hay nada más agradablemente sorprendente para un inglés, que la repentina transición a una sociedad de bárbaros… en la que nada se adapta a sus comodidades y modales”199. Andrews aprovechó también la oportunidad para juzgar a los directores de su compañía, quienes se habrían contagiado por los “espíritus de los tiempos” al precipitarse al embarcar un caro establecimiento de mineros y equipamientos hacia Sudamérica, sin esperar que él regresara con la información necesaria, en circunstancias de que él consideraba que, a la luz de la situación de la minería en Chile, no era prudente embarcar establecimientos de mineros ingleses ni equipamientos, lo que significaba un enorme desembolso, sino que proporcionar capital200. Sólo entonces pronosticó, lentamente podría comenzar el proceso del progreso y la civilización, la tecnología, el conocimiento etc.

Los trabajos de Andrews y Head coincidieron, sin embargo, en señalar que la ignorancia había sido la principal causa del derrumbe financiero. Head por su lado, señaló que a pesar de todas las lamentaciones, la causa que había ocasionado la ruina general seguía en pie, mientras “nosotros todavía continuamos en la ignorancia de los países en los cuales nuestro dinero se encuentra enterrado”201. Su libro y el de Andrews fueron un recordatorio en un momento en que las compañías mineras eran ya una mala resaca de la fiebre de los años anteriores. Head se presentó como alguien que podría contribuir a proporcionar la información que faltaba y a pesar de que su balance final era indulgente con los ingleses, a quienes redimió por su peculiar temperamento y manera de hacer las cosas, consideró que ellos tenían la responsabilidad de subsanar esta falla. Él contribuía a esto con su libro en su condición de informante, como alguien “que había estado a cargo de las diferentes compañías”, que “tuvo innegables oportunidades de hacer importantes observaciones” y de quien “probablemente se obtendrá información valiosa”202. Es importante tomar en cuenta que el libro de Head fue un éxito editorial y entre todos los comentados en este artículo fue el único en reeditarse varias veces. Ya en 1826, había alcanzado dos ediciones y se reimprimió nuevamente en 1828, 1846, 1851 y 1861203.

Joseph Andrews por su parte, consideró que las minas americanas habían recibido una “mirada apresurada y superficial” por los viajeros que le habían precedido. Andrews insistió en que el problema se basaba en la ignorancia y falta de información, pero a diferencia de Head recalcó que el fracaso se debió a las “expectativas salvajes de provecho instantáneo”204, que surgieron de un momento a otro. Andrews lamentó también que las cosas también se hubieran precipitado más tarde y en ese sentido lamentó que el libro de John Miers hubiera sido publicado en medio de la debacle, señalando que éste habría contribuido a crear un clima de pánico que generó la caída del mercado. “La denuncia de una autoridad tan respetable en talento y posición fue calculada para prevenir de parte del público una investigación imparcial en los hechos relativos a la minería americana, que era muy deseable que ocurriera. Con tal evidencia, la gente no se molesta en pensar y razonar por sí misma, sino que adopta opiniones registradas”205.

Andrews comenzó su libro, que definió como una mezcla entre narración y diario, o ambos a la vez206, con una altisonante dedicatoria al ministro Canning el “Right Honourable George Canning” de quien celebró su “talento político en prever el reconocimiento de la independencia de las Naciones de Sudamérica, y así abrir a Gran Bretaña la totalidad de las ventajas comerciales de su comercio”. Se refería sin duda al reconocimiento que había tenido este primer ministro en reconocer en 1824 la independencia de Buenos Aires y esperaba con ello conseguir apoyo institucional. Esta invocación tan grandilocuente contrasta con la modestia, de quien se presentó a sí mismo como un mero “compilador”207 de los hechos reunidos en su obra, que según señala fueron recopilados principalmente de memoria, con la ayuda de anotaciones tomadas con lápiz sin el menor propósito de su publicación posterior.208 “La manera apresurada en la cual apunté las pocas cosas que el apuro de mi visita a Sudamérica me permitió registrar, y cualquier falta de orden en su disposición, espero yo sean perdonadas, cuando se tome en cuenta que yo no aspiro al carácter de un autor viajero”209. “Sólo afirmo mis propias sensaciones como un extranjero, y exhibo detalles de las maneras nacionales con las cuales llegué a contactarme, así como sus efectos en la sensación individual.”210. Si bien Andrews no aspiraba al carácter de “autor” de una obra literaria, manifestó que su propósito declarado era “contribuir…a la acumulación general de información respecto de Sudamérica…”211.




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