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Cabelleras de viento


Hacia finales de la década de 1820 apareció la primera edición de Sketches of Buenos Ayres, Chile and Perú de Samuel Haigh publicado por la casa de Effingham Wilson, Royal Exchange. A diferencia de los demás títulos que se publicaron con notoria celeridad, apenas sus autores regresaron a Inglaterra, el libro de Haigh se publicó con retraso. Lo que en el caso de Samuel Haigh es todavía más notable ya que él fue uno de los pioneros ingleses, y el primero de estos 10 autores, en llegar a Sudamérica, si se excluye al presunto John Constance Davie.

La falta de urgencia se explicaría en parte ya que el frenesí de las compañías mineras se había disipado y ya había pasado bastante agua bajo el puente. A diferencia de buena parte del resto de los libros estudiados, este libro se basaba en tres experiencias distintas en el Cono Sur de América. El primero de los viajes de Haigh se prolongó por un año y medio, que transcurrió principalmente en Chile. Al cabo de los cuales Haigh, regresó por tierra a Buenos Aires; de modo que el primero de junio de 1819 —mala época para estar en la cordillera— lo volvemos a encontrar en la cumbre de los Andes. El 3 de diciembre de 1819, Haigh volvió a Inglaterra, donde permaneció por alrededor de seis meses, hasta que el 10 de agosto del año siguiente zarpó de regresó a bordo del bergantín “Enterprize”212.

La primera edición de su obra se publicó en 1829 y a los dos años apareció la segunda que es la que he seguido en este trabajo. Esta incluye además de las dos primeras “residencias” de Haigh en Chile, un viaje al Perú, país que de acuerdo al prólogo de su libro “estaba lleno de interés para muchos en Gran Bretaña, ya sean comerciantes, tenedores de bonos, o mineros”213.

Haigh presentó su libro como Sketches, o “Escenas”, porque, de acuerdo a él se trataba de “descripciones del aspecto del país, las costumbres de sus habitantes, y cualquier cosa que se pensó digna de noticia en aquel rincón del mundo”. Sin embargo estas descripciones se intercalaban en una narración que figuraba como un sólo viaje troncal, que en realidad reunía las experiencias de otros dos más. Esta fórmula de las “Escenas” dio pie a que el autor considerará a su obra como meras “observaciones de paso”, precisando que su libro “no se pensó como una estadística histórica, o descripción política de los países que he visto, sino que es meramente el resultado de observaciones apuntadas en el momento en mi libro de notas, y puede, estrictamente hablando, llamarse una narración personal, ya que contiene detalles de las distintas impresiones que quedaron en mi mente en mi primera visita al nuevo mundo”214.

Haigh puso énfasis en describirse como un observador pasivo de los asuntos de las repúblicas que visitó. Más adelante, agregó que su libro “…está destinado sólo a describir lo que yo he realmente visto”215 y advierte que su condición de observador no lo habilitaba para cuestionar aquellos aspectos que contrarían sus propias creencias. “No es mi deseo, señala, cuestionar cualquier creencia distinta de aquellas en las cuales yo fui educado, pero yo recojo mis propias impresiones surgidas en el momento, como un observador pasivo, ante estas cosas”216 . Sin embargo, si bien Haigh se presentó como un autor que sólo anota lo que observa, en Chile no se limitó a ocupar un papel meramente pasivo ya que, de acuerdo a su propio testimonio, tomó partido en la situación política interviniendo activamente en los acontecimientos políticos y fue más que un testigo de la batalla de Maipú217.

Todas estas características convierten a este libro en una excepción entre los demás libros de viaje aquí analizados. Incluso en muchas ocasiones estas Sketches of Buenos Ayres, Chile and Perú, son una constante excepción que confirma la regla formada por la generalidad de estos relatos de viaje. El mismo Samuel Haigh demostró haber estado en buena medida, al margen de las preocupaciones que animaron a sus compatriotas. No compartió los afanes de sus compatriotas ligados a las compañías mineras y él mismo señaló: “Fui un testigo involuntario, de la desesperación de muchos de mis compatriotas, y del sacrificio de tantos bienes ingleses, enviados por estas compañías”218.

Ese mismo año, salió a la venta la edición española de otro libro escrito por uno de los pioneros británicos en las nuevas Repúblicas americanas. Se trata de las “Memorias del General Miller, al servicio de la República del Perú escritas en inglés por Mr John Miller, y traducidas al castellano por el general Torrijos, amigo de ambos. Londres publicadas por los Sres. Longman, Rees, Orme, Brown y Green, Paternóster Row. En la imprenta de los Sres. Carlos Wood e hijo, Poppin’s Court, Fleet Street. 1829”. Miller había llegado al Cono Sur en 1818 cuando era casi un niño, y desempeñó una carrera militar brillante y heroica en las batallas de la Independencia del Cono Sur, participando en batallas memorables como la de Maipú, Valdivia y el Callao. La curiosidad de sus Memorias, publicadas en inglés el año 1828, estaba en que se trataba de unas memorias postizas, porque habían sido escritas por el hermano del general William Miller, John Miller y también bastante prematuras, ya que el general Miller regresó a Perú en 1831 donde se vio envuelto en guerras civiles a causa de las cuales debió exiliarse, fue cónsul británico por varios años en la costa Pacífico y murió en 1861.

En estas memorias, Miller, o su hermano, dejaron un testimonio del derrumbe de estas compañías mineras, que vale la pena recogerse porque complementa los análisis presentados por los libros comentados en este trabajo. En su opinión, las causas del fracaso de las compañías mineras se encontraban en “el mal manejo de los directores de las compañías o en la concupiscencia del público, que no supo bien hacia dónde se inclinaba la balanza” y en “la muchedumbre, crédula y codiciosa, que suministró solicita los medios para los gastos más extravagantes”. “Extraviados por las ilusiones de la avaricia, concluyó Miller, gentes que se habían guardado cautelosamente de entrar en tales especulaciones, mientras los precios eran bajos, creyendo arriesgado mezclarse en ellas, no pudieron ver sin envidia que sus vecinos principiasen a recibir cuantiosas sumas por el crecido aumento del valor de las acciones de las minas y se precipitaron al mercado y compraron cuanto se les presentó a la vista, y cuanto más subían los precios más se aumentaba su frenesí y el deseo de ser poseedores de ellas, sin que en ello mirasen siquiera al resultado final de la empresa misma, sino únicamente ganar dinero en el momento”.219

El mismo año de la publicación de las Memorias… del General Miller, en 1828, Henry Colburn llevó a las prensas de su editorial el libro de Charles Brand, Journal of a Voyage to Peru: A Passage Across the Cordillera of the Andes, in the Winter of 1827. Performed on Foot in the Snow, and a Journey Across the Pampas”. Como los demás viajeros de este trabajo, Brand no aspiraba a alcanzar la posición de un autor sino que justificaba su trabajo a partir de sus credenciales de viajero experimentado. Como muchos otros también, señaló que publicaba su libro a instancias de de terceros que querían verlo impreso para recrearse leyéndolo, y para quienes buscaran información útil al aprestarse a seguir sus pasos en el futuro. “He sido persuadido”, señala, “de presentarlo a la noticia del público, en la humilde esperanza de que pueda hallarse que este contiene alguna información útil para aquellos, cuyo negocio o placer pueda conducirles a seguir los senderos que yo he recorrido recientemente”. A lo que cabría agregar que Brand, tal como lo advirtió Head, tomó apuntes en su viaje solitario para recrearse.220 Su libro es propiamente un diario de viaje, aunque intercalado con reiteradas digresiones. Brand también se encargó de aclarar que no pretende hacer política con su libro.221

Este libro fue publicado por Henry Colburn, quien hacia 1821 había comprado la New Monthly Magazine revista que dejó en manos del poeta escocés Thomas Campbell,222 cuya obra se caracterizó por su utilización de la estética de lo sublime y su efusión patriótica. En 1799 había publicado un exitoso libro de poemas titulado “The Pleasures of Hope” (se reeditó cuatro veces en doce meses) cuyos versos 58-60, estaban dedicados a la Cordillera de Los Andes223: “¡Donde los Andes, gigantes de la estrella del oeste,

Con sus desplegadas cabelleras de viento,

Desde su trono de nubes contemplan medio mundo!” Exclamó el poeta, en los únicos versos de este extenso poema consagrados a la naturaleza americana, y que adquirieron cierta fama. Al menos fueron citados en sus libros de viajes, por dos de los autores estudiados aquí: Joseph Andrews224 y Robert Proctor225 para acentuar la impresión sublime de la cordillera de los Andes.

A pesar de esta cita literaria, Charles Brand, no era muy proclive a consignar impresiones poéticas en su libro, del que se desprende un marcado énfasis por la precisión que se manifiesta en numerosas tablas de medidas, que incluso permiten inferir que el objetivo de su viaje era entregar una medición lo más precisa posible de su trayecto y de un viaje que hizo con la mayor rapidez que pudo.226 Esta relación entre lo sublime y la información objetiva y útil sobre la naturaleza, es uno de los rasgos más acusados en estos libros, y será el tema del capítulo siguiente.




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