Universidad de Chile


Convulsiones geológicas, revoluciones y ruinas



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Convulsiones geológicas, revoluciones y ruinas.


La mayoría de estos viajeros hizo un paralelo entre la revolución política de la Independencia americana, dándole al término revolución la acepción ideológica que tenían las revoluciones francesa y americana, y no su sentido estricto, y las recientes convulsiones geológicas que habían modelado la geografía física de la región. Ambas conmociones, una de orden político y las otras de orden natural o físico, habían dejado en ruinas tanto al mundo natural como al orden social. Anton Zachariah Helms hizo su viaje por el Alto Perú a fines del siglo XVIII y las descripciones que consignó de las convulsiones geológicas andinas tienen un paralelo fácilmente observable con una situación de un carácter muy diverso, como fue el levantamiento indígena de Tupac Amaru, que conmocionó dramáticamente la población nativa de la región andina. Helms atribuyó a los enfrentamientos de esta revolución el estado de abandono de algunas de las minas de la región. Pero no se extendió mayormente sobre las causas y consecuencias de esta revolución, asunto que su editor inglés lamenta sensiblemente267.

Algunos años más tarde, el capitán inglés Basil Hall enviado a las costas del Pacífico Sur en una misión destinada a examinar las potencialidades de sus minas, presenció los efectos del terremoto que sacudió Chile en 1822. A raíz de este cataclismo observó que tal como había terremotos de índole natural, capaces de sacudir dramáticamente la tierra, también había terremotos humanos, tales como las revoluciones, que podían poner a la sociedad en ruinas. Las revoluciones a las que aludía Hall eran evidentemente las guerras de la independencia, las cuales a sus ojos habían desmantelado el orden colonial tradicional, sumiendo a estos países en una atmósfera de caos y desgobierno y que afectaba severamente a sus habitantes. Estos viajeros transmiten así, la impresión general de ir avanzando a través de un mundo que se encuentra en ruinas, que tienen un carácter tanto físico como simbólico.


IV Naturaleza Americana, lo sublime y lo pintoresco.

Cuadros de la naturaleza


Un aspecto notorio de los diez libros estudiados en este trabajo es el papel preponderante que en ellos tienen las representaciones del mundo natural. Esto podría responder a condiciones objetivas, ya que la mayor parte del itinerario de estos viajes transcurrió fuera de las ciudades, es decir, por el “campo” o en lugares que no eran explotados agrícolamente, como ocurría en las pampas y la cordillera, pero que también se explicaría por criterios subjetivos o culturales. Puesto que aun cuando estos autores hubieran recorrido un territorio explotado o aprovechado por los criollos, a su manera, este hubiera sido considerado genéricamente como un terreno incultivado, natural o “salvaje”. Por otra parte este territorio había adquirido una connotación especial, en la medida en que el continente americano era entendido y visualizado como pura naturaleza. América, según una fórmula acuñada por Jean Bodin, era “geografía” y no “historia”, es decir porvenir y no un pasado digno de reconstruirse. El continente entero, se veía así, eminentemente como un espacio a-histórico268.

La naturaleza americana entró a la sensibilidad europea de comienzos del siglo XIX en buena medida por vía de los viajes y los trabajos de Alexander Von Humboldt quien recorrió el norte y la región central de Sudamérica entre 1799 y 1804. Humboldt, señala Antonello Gerbi, “al regresar de los trópicos y los moribundos virreinatos americanos, fijó para muchas generaciones la imagen de una América rica en vigor físico y pródiga en espectáculos estupendos”.269 Se ha considerado que Humboldt actuó a conciencia como una suerte de nuevo descubridor o un nuevo Colón para un continente, que en sus propios términos todavía conservaba el carácter de un “Nuevo Mundo”270. De regreso de este viaje de “descubrimiento”, Humboldt llevó a Europa una imagen remodelada del continente, que en buena medida, para la mayoría de los europeos era todavía una incógnita inquietante. Tal como lo advierte Anthony Pagden, Humboldt esperaba regresar a casa con una América descubierta, descrita, medida, mapeada y segmentada en muestras.271 Mary Louise Pratt, señala que Humboldt “reinventó” América como naturaleza virgen de carácter extraordinario y espectacular272. En una de sus obras más populares, la serie de conferencias que reunió en el libro “Cuadros de la naturaleza” o “Views of Nature” en su versión inglesa, que fue publicado por primera vez en 1808, Humboldt aludió a este “espectáculo de la naturaleza”; comparando la impresión que este producía en los ojos del espectador, con la emoción que podía provocarle una pintura o un cuadro de escenas naturales. De acuerdo a Humboldt el mundo exterior físico se refleja “en el mundo interior moral del hombre”, “como en un espejo” y todo lo que formaba el carácter de un paisaje, “el contorno de sus formas, el tinte de su coloración”, hacía una conexión con la vida sentimental del espectador mediante “un antiguo lazo misterioso”.273 En el prólogo de esta misma obra, Humboldt manifestó que el propósito de su trabajo era restablecer en el lector la antigua comunión de la naturaleza con la vida espiritual del hombre, “hacer participar al lector del placer que un espíritu sensible y contemplativo experimenta en la presencia de la Creación”274.

En sus cuadros o vistas de la naturaleza, Humboldt fusionó sus indagaciones científicas por la búsqueda de las fuerzas invisibles o secretas de la naturaleza con una busqueda de carácter estético, como él mismo señaló, intentando reunir “grandes esbozos en un cuadro de la naturaleza”275. Su propósito era fusionar la especificidad del discurso científico con una dimensión estética que se estremecía y maravillaba ante la grandeza y el poder de los espectáculos naturales.

La aproximación y la apreciación que estos viajeros tuvieron acerca del mundo natural, también se da a partir de una dimensión estética. Pero aquel “antiguo lazo misterioso”, que de acuerdo a Humboldt podía conectar al paisaje con la vida sentimental del espectador, en estos viajeros tomó la forma de una estética asociativa, materializada en la retórica de lo sublime y lo pintoresco, que ha sido considerada como característica del viaje romántico inglés de esta época276.

Se ha considerado que Humboldt, tanto en su empresa descubridora, como en su abundante labor de difusión literaria, fue un paradigma para los viajeros que siguieron sus pasos por América en las primeras décadas del siglo XIX277. Sin embargo, esto parece pasar por alto el detalle de que muchos de ellos apenas mencionan a este autor en su obra, y si lo hacen, lo hacen de manera esporádica, con el objeto de invocarlo como una autoridad en relación con determinados aspectos técnicos. Como es el caso por ejemplo de Alexander Caldcleugh, quien lo cita para señalar que sus estimaciones de la altitud de la línea de las nieves eternas fueron hechas de acuerdo con su colección de temperaturas e investigaciones científicas278.

Tampoco parece tomarse en cuenta el factor decisivo de que tanto las ambiciones científicas, estéticas y literarias, así como las mismas capacidades intelectuales de Humboldt, estaban muy por encima de los proyectos y las capacidades o la formación intelectual de estos viajeros. Del mismo modo, la propia imagen que estos viajeros tenían de sus excursiones y sus trabajos escritos es de una escala significativamente más modesta comparada con la monumental obra de Humboldt. Ninguno de estos libros puede ponerse a la altura de la obra del viajero alemán. Ninguno de estos autores comparte también su conciencia planetaria, su impulso de describir la naturaleza con el propósito de indagar en ella la existencia de fuerzas invisibles. Ninguno comparte sus intenciones explícitas de conferirle a su discurso un alcance estético tan acentuado. Humboldt, como observa Mary Louise Pratt, estuvo muy cerca de asumir en su relato una postura prácticamente omnisciente o divina respecto del planeta, como un observador privilegiado que poseía un lente que le permitía observar grandes encuadres de alcance planetario que alternaba con la observación de los detalles más ínfimos, casi microscópicos, lo que le permitía hacer comparaciones entre diversos rincones del mundo.279

En sus “Cuadros de la Naturaleza”, Humboldt tipificó o caracterizó la naturaleza americana en una tríada conformada por montañas, planicies y selvas, que identificó con los volcanes mexicanos, los Andes Peruanos, las sabanas de Venezuela y las selvas del Orinoco.280 El Cono Sur de América no formó parte de su imaginario americano. No alcanzo a llegar hasta allí, y a partir de la advertencia que Humboldt le hizo al pintor bávaro Johan Moritz Rugendas, puede inferirse que tampoco tuvo las intenciones de hacerlo. Le dijo al pintor que evitara el Cono Sur del continente por estimar que carecía de todo atractivo estético: “Debe dirigirse a las zonas que reúnen palmeras, helechos arbustivos, cactáceas, nevados y volcanes, es decir el cordón andino entre 10 grados de latitud norte y 15 de latitud sur… ¡Guárdese de visitar las zonas templadas, Buenos Aires y Chile…! Un gran artista como usted sólo debe ver lo grande. ¡Guárdese de todo lo que lo desvíe de este camino!” 281

En estos diez viajeros ingleses pudo haber sido bastante más determinante, que el influjo de Humboldt y su obra, la influencia que tuvo en ellos la relación que Inglaterra tenía desde hacia siglos con el Cono Sur del continente americano, ya sea por sus tentativas expansionistas hacia dicha región y por la larga tradición de especulación que se había tejido alrededor de esta. Así también parece ser determinante la influencia que tuvo en estas experiencias y en estos textos, la cultura inglesa de aquel período de inflexión entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, particularmente en relación con su apreciación del mundo natural y respecto del género literario del libro de viaje.

Tal como lo señala John Brewer en su libro “The Pleasures of the imagination”, hacia fines del siglo XVIII toda persona educada debía conocer las figuras retóricas que se habían puesto en boga para referirse al campo y al paisaje. Los ingleses llevaban ya mucho tiempo dedicándose a convertir a la naturaleza en cultura, convirtiéndola en un objeto de apreciación estética, desarrollando un gusto y una forma de abordar el mundo natural como si se tratase de un artefacto cultural. Sin embargo hacia fines de dicho siglo, el mundo natural se volvió como nunca antes lo había sido un objeto de apreciación estética y un tema de conversación entre personas cultas y educadas.282 Esta relación compleja entre naturaleza y cultura, o entre naturaleza y arte se consolidó, según Brewer en el establecimiento de la noción de “paisaje”: una expresión que originalmente se había utilizado para designar una representación pictórica del campo, pero que luego pasó a describir una parte misma de la naturaleza o un pedazo de ella. De tal forma que la tierra, el campo, la naturaleza o el medio ambiente, comenzaron verse como si fueran una pintura. El punto en común que tenían estas dos nociones tan distintas como lo podía ser un paisaje pintado y un paisaje “natural”, era que compartían el mismo punto de vista de un observador ubicado en una posición determinada.283

Según señala este mismo autor, a lo largo del siglo XVIII en la vida cultural, social y económica de Inglaterra se experimentaron una serie de transformaciones que afectaron enormemente la percepción de la naturaleza. Entre estas transformaciones destacan un acelerado proceso de urbanización, la declinación del mundo campesino, el desarrollo de una visión científica del mundo, el progreso en las técnicas agrícolas, el crecimiento de un turismo doméstico por Inglaterra y la gradual incorporación de regiones distantes de la isla en una nueva conformación del territorio de la Nación. El rasgo más famoso y controvertido de estos cambios económicos y agrícolas, fue la consolidación del proceso del cierre o “vallamiento” de las tierras comunales, que transformó en predios privados clausurados mediante setos, muros o rejas, aquellos territorios que hasta entonces eran de uso colectivo. Entre 1750 y 1830 alrededor de 4 mil actas emitidas por el Parlamento permitieron el vallado de un 21% de la tierra agrícola inglesa, en lo que se ha considerado como la señal más visible del proceso de mejoramiento agrícola que se desarrolló en Inglaterra en el siglo XVIII, que tuvo como objetivo la maximización del rendimiento y aprovechamiento económico de las tierras agrícolas.284

Paralelamente, a fines del siglo XVIII, en Inglaterra se desarrolló de manera creciente un nuevo tipo de “turismo” —una expresión que se acuñó en esa misma época— por el interior del país, particularmente por el célebre distrito de “los lagos” que hicieran famoso poetas románticos como Coleridge y Wordsworth. A partir de este proceso de reconocimiento y apreciación del campo inglés, se constituyó un peculiar fenómeno a partir del cual los ingleses comenzaron a formar una idea de “lo inglés” que se asociaba con cierto paisaje rural, en circunstancias de que por ese entonces era uno de los países más urbanizados e industrializados de Europa. De esta forma a partir del siglo XVIII se consolidó en Inglaterra cierto culto por la naturaleza, que tenía notorios elementos de regionalismo e incluso nacionalismo.285 Sin embargo, Inglaterra era también una sociedad que se caracterizaba por la movilidad y el desplazamiento de sus ciudadanos. Una nación conformada en su mayoría por comerciantes, marinos, militares y también por colonos, que tenía incorporado en su propio destino un horizonte de expansión que los llevaba a desplazarse por el mundo.

A lo largo del siglo XVIII la experiencia de viaje dominante para las elites inglesas fue el “Grand Tour” por las tierras de Italia. Un viaje que en un comienzo se consideró como una parte importante del programa educativo de las elites masculinas, una educación en un sentido bien amplio y no siempre edificante, pero que con el correr del siglo se volvió cada vez más una práctica extensiva a otros sectores de la sociedad, siempre dentro del círculo de las clases privilegiadas. Si bien el Grand Tour fue un privilegio de pocos, de alguna manera sintetizó de manera general el carácter que tendrían los viajes del período, oscilando siempre, entre propósitos tanto educativos como recreativos. Estos viajes italianos se vieron drásticamente interrumpidos por las guerras europeas ocasionadas por la Revolución Francesa286. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo los ingleses ya habían iniciado una carrera de exploración hacia otros lugares del planeta, todavía inexplorados, como el Océano Pacífico o el Mar del Sur, donde todavía había espacio para la fantasía y la expansión territorial. Se trató de importantes circunnavegaciones animadas por un impulso en el que convivían estrechamente los afanes científicos con los propósitos expansionistas de carácter imperial. Hacia fines del siglo estos largos viajes en barco que circulaban por el mundo comenzaron a dar el paso a nuevas expediciones que se propusieron la penetración del interior de África y la India, con el propósito de reconocer, describir y medir territorios hacia los cuales tendía sus redes el imperio británico.

En Inglaterra, hacia fines del siglo XVIII, la literatura de viajes ya era un género literario consolidado, que fue influenciado de manera significativa por la estética dominante en la cultura inglesa. Lo que se demuestra en como hacia 1770 comenzó a surgir en la literatura de viajes inglesa, todo un lenguaje de apreciación de la naturaleza o un conjunto de ideas estéticas. De tal modo que los escenarios, a estas alturas verdaderas atracciones turísticas, comenzaron a ser caracterizados de manera forma creciente como “románticos”, “sublimes” y “pintorescos”. Expresiones que terminaron consolidándose como un lenguaje establecido del gusto, casi como un idioma que determinaba la manera cómo debía ser vista, apreciada y descrita la naturaleza.287




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