Universidad de Chile


A través de pampas y montañas



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A través de pampas y montañas


Por lo general el trayecto que siguieron estos autores comenzaba en la ciudad de Buenos Aires, para luego seguir en dirección hacia el poniente, atravesando el interior del continente, siguiendo antiguas rutas del comercio colonial que en ocasiones se empalmaban con el antiguo Camino del Inca, para luego proseguir con destino a la ciudad de Santiago y al puerto de Valparaíso. Entre este puerto y la capital de Chile, existía a su vez un camino de 17 leguas por el cual traficaban carretas con las mercaderías que provenían desde el puerto hacia el centro del país. Desde Santiago salía a su vez otro camino en dirección al oriente, por el cual transitaban recuas de mulas que cruzaban la cordillera de los Andes para surtir de mercaderías las ciudades de Mendoza y San Juan, entonces parte de la provincia de Cuyo. En la cordillera de los Andes esta ruta empalmaba con un antiguo tramo del camino del Inca por el cual circulaban el comercio y los correos del Tahuantinsuyo o el imperio Inca, desde sus puntos periféricos hacia su centro administrativo y religioso en Perú.317 Entre las ciudades de Mendoza, San Juan y Córdoba había un camino de carretas y recuas que se dirigía hacia Buenos Aires. Dicho camino tenía a su vez un desvío hacia las provincias del Alto Perú, que adquirió gran importancia principalmente como un foco de salida de la riqueza de Potosí, una ruta que fue un transitado recurso del contrabando, que extraía la plata con rumbo al océano Atlántico.318

En la generalidad de los casos estos viajeros describieron un itinerario que iba en dirección de este a oeste, es decir hacia el Océano Pacífico, aun cuando uno de ellos, Edward Hibbert, hizo el camino en la dirección inversa, es decir hacia Buenos Aires desde Lima o Santiago. Quienes partían desde Buenos Aires usualmente daban un rodeo hacia el norte, para luego retomar un trayecto en dirección hacia el poniente, que describía un semicírculo. Por lo general los viajeros se desplazaban a caballo y por momentos seguían la marcha en enormes y rústicos carretones de madera. El paso por la cordillera lo hacían a lomos de mulas o en el peor de los casos a pie. Viajaban “solos”, o en grupos, formados por sus familiares o compatriotas. Pero ya sea “solos” o en familia, siempre viajaba junto a ellos un grupo de peones locales, gauchos en las pampas, y huasos, en el campo chileno, que hacían las veces de guías o baquedanos y de porteadores que acarreaban el equipaje y los pertrechos.

A lo largo de su recorrido por la pampa los viajeros se detenían al final de cada jornada a descansar en lo que llamaron casas de postas, que no eran verdaderas posadas como podría haber ocurrido en los caminos ingleses, entonces bien provistos con un sistema de posadas que era la envidia de los demás países europeos319, sino que modestas casas o refugios campesinos, donde se les prestaba alojamiento y comida: carne que faenaban y asaban los mismos peones.

Imagen de Journal of a Voyage to Peru: A Passage Across the Cordillera of the Andes… de Charles Brand. El viaje ofrecía la posibilidad de cabalgar a toda velocidad por un océano de tierra.



La pampa les ofreció a estos viajeros un escenario novedoso. Pocas veces ellos habían estado ante una extensión de terreno tan vasta como ésta, que parecía no tener límites y en la cual podían galopar a sus anchas, a una velocidad impensable en los caminos ingleses. La mayoría de estos viajeros comparó esta pampa con un océano de tierra. Edward Hibbert señaló que desde un promontorio las planicies “parecían un vasto océano”320; Charles Brand, observó que las “…vastas pampas yacían extendiéndose ante nosotros como un suave mar, sin que nada obstruyera la vista…”321; Francis Head, por su parte, advirtió que “más allá de VillaVicencio había una vasta explanada de algo que, al comienzo, se asemeja mucho al océano, pero que uno pronto reconoce como la vastas planicies de Mendoza y las pampas”.322; Samuel Haigh, señaló, que el escenario de lo que llamó “el país de las pampas”, “parece (si la expresión pudiera usarse, y salvando a uno que otro toro) como un mar de tierra”323 y Joseph Andrews anotó que no sería impropio llamar a “esta inmensa llanura” como un “océano terrestre”. Andrews agregó más adelante que “el horizonte, ininterrumpido, y aparentemente infinito, es algo abrumadoramente vasto para la mente del espectador”324 Como lo sugieren estos fragmentos, las pampas se asociaban con la noción de vastedad que Edmund Burke asignaba a “la grandeza de dimensión”, que según añadió este autor era una poderosa causa de lo sublime…”325 No en vano para estos viajeros la experiencia de cruzar la pampa se caracterizó por lo general con términos de desazón; cierto malestar que se agrava al atravesar un escenario excesivamente monótono, que no ofrecía la menor variación ante la mirada. A ello se sumaba la impresión generalizada de atravesar un territorio tenido por salvaje, bajo la constante amenaza de la presencia casi fantasmal de bandas de indios o bandidos que, según decían, en cualquier momento podían volver a asolar los campos y a sus desvalidos habitantes. Para Robert Proctor la presencia de bandidos o “banditti” —usaban la expresión italiana heredada del “Grand Tour”— acentuaba el salvajismo de la pampa, que caracterizaba como “el campo desértico más salvaje imaginable”. Para este autor, las pampas eran “inmensas planicies que se extendían todo lo lejos que el ojo podía alcanzar, con apenas alguna diferencia en la superficie.”326 Se trataba, según decía, de un escenario “extremadamente aburrido, ya que no hay ningún arbusto en el cual pueda descansar el ojo, ni un refugio excepto las casas de posta, para informarle que está en un mundo habitable”.327 Luego, agregó que se trata de “el campo menos interesante que pueda encontrarse en el mundo; tan pocos objetos de curiosidad se presentan para romper todo el tedio de las perpetuas planicies e inhabitados desiertos. El ojo termina perfectamente extenuado de buscar algo nuevo”328

Esta recurrente imagen del mar de tierra, había sido acuñada previamente y es una fórmula que circula a través de todos estos libros. La imagen se encuentra con anterioridad en el libro “Spanish America or a descriptive, historical, and geographical account of the dominions of Spain in the Western Hemisphere continental and insular” publicado en 1818 por Sir Richard Henry Bonnycastle (1791-1848), un capitán del cuerpo de ingenieros reales que pasó buena parte de su vida en Canadá. En dicho libro, publicado por Longham, Hurst, Rees, Orme, and Brown, Bonnycastle señaló que en la pampa o planicie “el ojo vaga por sobre un espacio que se asemeja a un océano, no interrumpido, salvo por las manchas oscuras formadas aquí y allá por el ganado que pasta, o por los vagones viajando y sus escoltas”329. El trabajo de Bonnycastle, no era un libro de viaje o una memoria personal, sino un recuento antológico, basado en información de segunda mano; precisamente la clase de libro que necesitaba un viajero que se aprontaba a cruzar América en el Cono Sur.

Sin embargo, la pampa, no sólo despertó evocaciones asociadas a la vastedad, la monotonía o incluso la libertad de desplazamiento, sino también produjo en algunos de estos autores la impresión de estar viajando para atrás en el tiempo, hacia el pasado, ya que por momentos la pampa parecía ofrecer los remanentes del origen mismo de la tierra, un período que allí no parecía ser tan remoto. Alexander Caldcleugh, por ejemplo, observa que “los rugosos caminos de la sierra” estaban “salpicados con los escombros de rocas primitivas”330 y el capitán Head considera que a pesar de tener algunos habitantes, “el estado general del país” le pareció que se conservaba intacto “desde el primer año de la creación”. “Todo el país —continúo— tiene la noble marca de un Creador Omnipotente”331 Caldcleugh incluso observó como “en diferentes períodos se habían descubierto huesos de “megaterio” (megatherium) en la proximidad de Buenos Aires”332 y en su mapa hizo una observación del sitio del hallazgo.

Detalle del mapa del libro Travels in South America during the years 1819- 20-21 containing an account of the present state of Brazil, Buenos Ayres, and Chile, donde se aprecia el sitio donde se encontró un diente de mastodonte.





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