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Mapas y topografía


El teniente de navío José de Espinosa y Tello y el alférez Felipe de Bauza, fueron dos miembros de la célebre expedición de Alejandro de Malaspina que a fines del siglo XVIII practicó un exhaustivo reconocimiento de los dominios del Imperio Español mediante una circunnavegación por el mundo que se prolongó por más de cinco años. Según cuenta Barros Arana, Espinosa y Bauzá se enfermaron en Lima a consecuencia del exceso de trabajo y de las fatigas del largo viaje. Malaspina, consideró arriesgado que estos dos maltrechos oficiales cruzaran en barco el Cabo de Hornos y los dejó en Valparaíso para que siguieran por tierra el viaje hacia Buenos Aires, donde se reintegrarían a la flotilla de la expedición. A Bauzá y Espinoza se les unió más tarde el botánico Luis Nee, quien debía de hacer el mismo viaje por tierra a través de los Andes, herborizando o recolectando muestras botánicas y todas aquellas especies naturales que considerara dignas de interés con el propósito de llevarlas a España para enriquecer los fondos de las colecciones locales.

A lo largo de su trayecto desde Valparaíso a Santiago, ciudad donde Espinoza y Bauzá residieron bastante tiempo, y luego a través de la cordillera y la pampa, los dos miembros de la expedición de Malaspina reunieron una serie de observaciones geográficas que les permitieron levantar una “carta esférica de la parte interior de la América Meridional para manifestar el camino que conduce de Valparaíso a Buenos Aires”. Dicha carta, que Barros Arana consideró como el primer levantamiento cartográfico científico levantado sobre este territorio, fue grabada en Londres en 1810, bajo la supervisión del propio Espinosa. La carta incluía además un detalle del paso cordillerano de Uspallata.481

Fue una triste ironía del destino que esta carta levantada con tanto esmero por destacados oficiales del imperio español haya sido útil para los exploradores del imperio, rival, el imperio británico, ya que esta carta permaneció en Inglaterra y sirvió de base para todas las elaboraciones topográficas que practicaron los ingleses por el interior del continente, particularmente de la ruta que atravesaba el cono sur desde Buenos Aires a Valparaíso.

Sin embargo, la carta española no parecía ser suficiente. Así al menos se desprende de la actitud del siempre descontentadizo John Miers, quien mientras cruzaba la pampa muchas veces lamentó que no hubiera un mapa exacto del territorio por donde viajaba. En ocasiones esto incluso llegó a exasperarlo, como la vez en la que anotó en su diario, que “Nuevamente sentí seriamente la falta de un mapa correcto del país”.482

Uno de los aspectos fundamentales del proyecto compartido por estos viajeros de reconocer y describir el interior del sur del continente americano, aquella “oscuridad” a la que aludió el capitán Head, fue su propósito de construir un mapa de la región, que les permitiera establecer una ruta de comunicación por tierra al interior del continente. Pero, un mapa de esta zona, además de servir de guía a comerciantes, agentes y viajeros en general, era también un instrumento que permitía la colonización de un espacio salvaje. Un mapa es capaz de reducir un territorio a una forma material de carácter regular contenida en un objeto plegable y portátil que podía abarcarse de un solo vistazo.

Head, manifestó esta asociación entre penetración territorial, civilización y labor cartográfica, cuando anotó que había pequeños pueblos y establecimientos dispersos en el vasto territorio de la pampa, que trazaban lo que llamó “el esqueleto de un mapa de civilización”.483 Lo que faltaba, entonces era darle un cuerpo a ese esqueleto.

En eso consistió este empeño de construir un mapa y en proporcionar información que diera cuenta del estado de los caminos, posadas, casas de postas, puentes, ríos, pasos cordilleranos y accidentes del relieve en general. Un propósito coincidente con el esfuerzo que mostraron estos viajeros por entregar medidas precisas de las distancias que había entre estos hitos, así como datos relativos a la altura de las montañas, la temperatura, y velocidad de los vientos y descripciones de la naturaleza geológica del suelo. Operaciones que generalmente podían practicarse mediante los llamados “instrumentos filósoficos”, tales como barómetros, telescopios, termómetros y teodolitos y que certificaban su seriedad y confiabilidad como viajeros y autores.

Muchos de estos viajeros confeccionaron mapas del área y elaboraron tablas y listas donde se exponían estas mediciones. En algunos casos se trata de mapas topográficos, que presentaban la dirección de los ríos, la ubicación de las montañas y las cadenas montañosas y otros rasgos notorios como la ubicación de volcanes y cumbres más elevadas y la distribución de determinadas concentraciones de rocas y minerales, designadas mediante determinados colores, que auguraban más riquezas en el interior de la tierra.484

A diferencia de los mapas nacionales, estos mapas no tenían un alcance geopolítico, ya que en ellos lo relevante no era demarcar figurativamente el territorio de un determinado Estado Nación, sino que abarcar una región al margen de las fronteras nacionales. Su tema era un área de interés comercial y estaban destinados a ser utilizados por propósitos supranacionales, en este caso, al servicio de otra potencia.

Este lenguaje metafórico de posesión puede leerse tanto en los mapas como en la representación pictórica del paisaje. Mirando un mapa, señala Malcolm Andrews, “podemos disfrutar de una visión dominadora del territorio, sea esta una parroquia o un continente, identificando sus límites, distinguiendo sus ondulaciones físicas; podemos captar la relación que hay entre cada uno de sus hitos más llamativos. Entre más miramos un mapa más información obtenemos. De manera similar las “perspectivas” de paisajes pueden dar al espectador la sensación placentera de ser el monarca de aquello que su mirada alcanza a visualizar, tal como la vista captada desde la cumbre de una colina ofrece un amplio panorama a través de un campo parchado con diversos colores”.485

A medio camino entre el mapa y el paisaje, entendido como una representación pictórica de la naturaleza, se encuentra la topografía, que de acuerdo a lo señalado por Bernard Smith, históricamente fue determinante en la valoración o apreciación de la pintura del paisaje como una de las bellas artes. La topografía tuvo en Inglaterra una dimensión eminentemente utilitaria al servicio del ejército y la marina. Los pintores topográficos fueron de gran utilidad cuando se necesitó reproducir paisajes con el objeto de proporcionar información fidedigna para propósitos estratégicos. En la cultura visual inglesa el caso de Thomas y Paul Sandby resultó ser paradigmático. Una vez que se suprimió la revolución Jacobita en Escocia, a mediados del siglo XVIII, estos dos hermanos —Paul Sandby tenía apenas 16 años— fueron enviados como dibujantes militares bajo las órdenes del coronel David Watson ya que las autoridades inglesas comprendieron que la mejor manera de someter las tierras escocesas era mediante un amplio programa de construcción de caminos y puentes, lo que implicaba un recuento exhaustivo de dicho territorio mediante registros visuales. Esta fue la primera vez que se puso en marcha un plan de esta naturaleza dentro de las Islas Británicas, materializándose una alianza entre el dibujo y la dominación territorial a través de la visión topográfica. El recuento oficial de David Watson debía proporcionar información que respaldara la continuación de un programa de construcción de un sistema de fuertes estratégicos, caminos y puentes; planes que luego se extendieron hacia el sur de Inglaterra, y que se continuaron implementando durante las guerras napoleónicas, en la guerra con España y más tarde, en la empresa inglesa de expansión colonial a lo largo del siglo XIX. A partir del trabajo de representación topográfica, un paisaje extraño se civilizaba y volvía cada vez menos bárbaro y salvaje, haciéndose a su vez más inglés y más civilizado mediante un ejercicio de ocupación metafórica.486

En las academias marítimas inglesas se enseñaba a los futuros oficiales las destrezas del dibujo con el propósito de que pudieran registrar información, hacer mapas y tomar vistas de la costa para propósitos de navegación. “La defensa del reino, como señaló Bernard Smith, impulsó técnicas de dibujo que permitieron más tarde abarcar una apropiación emocional del paisaje en términos de lo bello, lo pintoresco y lo sublime. No sólo del paisaje inglés sino también de otros paisajes de ultramar”487



Mapa de la región de la pampa de John Miers, incluido en el primer volumen de su obra. En el segundo volumen de sus viajes Miers incluyó otro que detallaba la sección de la cordillera de los Andes por la cual hizo sus recorridos.



Mapa de la misma zona de Alexander Caldcleugh



Mapa del camino de Buenos Aires a Valparaíso de Samuel Haigh.



Mapa del camino de Buenos Aires a Valparaíso de Edward Hibbert.





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