Universidad de Chile



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VII Proyectos


El territorio que se desplegaba ante la mirada de estos autores fue percibido como algo que se encontraba disponible para que estos viajeros materializaran los planes que traían entre manos. Ante el escenario de la pampa argentina Robert Proctor observó que “aún cuando el país tenga un aspecto seco y poco interesante para el observador superficial, todavía hay material suficiente para la especulación. El suelo es el más fértil que pueda imaginarse, consistiendo en una fina marga oscura de varios pies de profundidad, y el clima es tan favorable, que los productos de otros países podrían cultivarse aquí con gran perfección”. “Todo lo que hace falta, concluyó este autor, es una población activa para cultivar el suelo, y lo suficientemente numerosa para resistir las incursiones de los indios.”493 El terreno fértil y desaprovechado no sólo necesitaba, sino que incluso esperaba la llegada de una “población activa” y el arribo de sus productos o manufacturas. Así lo observó Francis Bond Head, cuando señaló que “el campo estaba esperando la llegada de millones de hombres y plantaran ciudades y araran la tierra”.494 Es poco probable que esos millones de hombres a los cuales se esperaba con tanta avidez fueran más gauchos o gente de la pampa. Necesariamente debía tratarse de hombres y mujeres de Europa, particularmente europeos del norte.

El paisaje americano era visto como un campo de posibilidades, en el cual podía y debía desplegarse y propagarse la misión civilizadora europea495, de preferencia inglesa. Pero, el problema era que este terreno no se encontraba vacante, sino que estaba habitado por pueblos enteros, que trataban de darle forma a sus nacientes repúblicas por sobre los cimientos arruinados de la administración colonial. Este proceso necesariamente convulsionado, por el cual pasaban los criollos que intentaban organizarse políticamente, en circunstancias que todavía no se había disipado completamente el humo y la polvareda de las batallas de la independencia y cuando persistía latente la amenaza de una nueva embestida española, fue visto por estos ingleses como un obstáculo para sus planes. Por esa razón los diagnósticos que hicieron de la situación política de estas repúblicas, además de ser llamados perentorios al orden, iban aparejados en la mayoría de los casos, con una serie de proposiciones y proyectos que pretendían llevarse a cabo en estos territorios.

En ocasiones, se trató de los planes que estos propios viajeros intentaron concretar y en otros se trató de proposiciones que ellos mismos formularon como llamados o invocaciones genéricas, tal como si hubiesen sido reflexiones en voz alta destinadas a despertar la inquietud e iniciativa de sus lectores en la metrópolis.

Estos diez libros de viaje son manifestaciones de un momento en el proceso de avance Británico hacia Sudamérica, que tuvo el doble propósito de aprovechar las ventajas comerciales y los recursos naturales ofrecidos por estos países y extender la misión civilizadora británica por el mundo. Un doble alcance que convergía en la medida en que el proceso civilizador tenía como propósito último capacitar a los ciudadanos sudamericanos para hacer de ellos eventuales consumidores de mercaderías o manufacturas inglesas. En ese sentido, civilizar equivalía también a integrar al sudamericano en una red de intercambios comerciales. Así por ejemplo, Alexander Caldcleugh observó que en Buenos Aires las pocas manufacturas que se encontraban en manos de los indios, quienes “traen unos pocos artículos insignificantes, hechos de cueros y plumas de avestruz; y unos pocos bienes manufacturados como ponchos y toscas ropas de lana”. “No es raro, añade luego este autor, que en unos pocos años, una industria manufacturera inglesa supere el uso del poncho; aun cuando, hasta este momento no hayamos sido capaces de fabricar algo que se le iguale”.496 Reemplazar el tradicional uso del poncho por una indumentaria moderna, de confección industrial, era una de las tareas de la educación europea, generando con ello una nueva demanda para adquirir productos de procedencia inglesa. No bastaba, entonces, con ofrecer trajes ingleses, sino que también había que crear la necesidad de adquirirlos.

Joseph Andrews, imaginó a las provincias de la Plata convertidas en un mercado por donde circularían los productos ingleses. En su plan imaginario, superponía por sobre el territorio del interior del continente una red de rutas terrestres y marítimas interconectadas, que vincularían los mercados del Atlántico, el Pacífico y el Alto Perú, permitiendo el flujo expedito de bienes provenientes de Inglaterra. De acuerdo con su plan, una reducción en los derechos de aduana permitiría la recuperación de los arruinados mercados del Alto Perú que sería aprovechada por Buenos Aires y permitiría también el reembolso de los elevados gastos del traslado de mercaderías por tierra o por mar, a través del Cabo de Hornos hacia los puertos del Pacífico.497

Los proyectos ideados por estos autores deben situarse junto a otras empresas inglesas de distinta naturaleza efectuadas o planeadas en la misma época en Sudamérica. Tal es el caso de la misión Hidrográfica comandada por el Capitán Philip Parker King que recorrió el litoral del extremo austral de América desde Montevideo a Chiloé haciendo prospecciones de sus costas y de la profundidad de sus aguas entre 1826 y 1830, con el propósito de hacer más segura la navegación inglesa por aquella zona. Esta empresa y otras excursiones inglesas que abordaron el continente americano, ya sea por mar o por tierra, tendieron una red imaginaria que abarcaba al continente, bordeándolo por su litoral y atravesándolo en lugares estratégicos, de tal manera que se facilitara el avance de la empresa global británica. También podrían relacionarse estos proyectos con otros planes de alcance diferente como fueron el proyecto educacional implementado por James Thomson, quien con el beneplácito de los gobiernos de turno hizo esfuerzos por implementar un método británico de educación conocido como la enseñanza Lancasteriana498, que de alguna manera permitían el desarrollo este doble propósito de asegurar los mercados sudamericanos y de civilizar a sus habitantes.





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