Universidad de Chile


X ¿Duerme el león inglés?



Descargar 0.97 Mb.
Página34/40
Fecha de conversión01.07.2017
Tamaño0.97 Mb.
1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   ...   40

X ¿Duerme el león inglés?


Los intereses que tuvo el editor Rudolf Ackermann en Sudamérica no bastan para explicar la publicación de un libro falso como Letters from Buenos Ayres and Chile with an original history of the latter country, donde, entre otras cosas, se sostenía que Chile era el “reino más templado y adecuado para los europeos, más que cualquier otro en este vasto continente”658 y se hacía un urgente llamado para despertar al león inglés y que este diera un salto a estas regiones. La publicación de este libro, por lo demás, antecedió en varios años a las obras destinadas al público sudamericano que Ackermann publicó con la asistencia de José Joaquín de Mora. Un prospecto de esta casa editorial adjunto a estas Letters from Buenos Ayres and Chili…, anunciaba la publicación, entre otros títulos, de un viaje ilustrado por el Rhin, una disputa entre el arzobispo de Constanza y el Papa de Roma, una historia de la litografía y un libro ilustrado sobre residencias rurales. Libros que, además de las abundantes ilustraciones que prometían, tenían en apariencia muy poco que ver con este sospechoso título.

No está demás preguntarse si acaso Ackermann sabía o no que publicaba un trabajo falso, en cuyo caso los engañados por su autor seríamos todos. Pero, de no haberlo sabido ¿se hubiera dado tanta maña en evitar cualquier referencia directa a su presunto autor? No olvidemos que su nombre no aparece por ningún lado y que sólo se le identifica, remitiendo a otro libro publicado y firmado por un tal John Constante Davie. ¿Por qué razón, entonces, no mencionó a su autor de manera directa? ¿No era ésta una forma de eludir sus responsabilidades en la comisión de un engaño?

Haya o no actuado Rudolf Ackermann en la más completa ignorancia, como buen editor que era bien sabía que el libro se publicaba en la oportunidad indicada, ya que hacia 1819 llegaron a Europa las noticias de la victoria del Ejército de los Andes sobre las fuerzas realistas, en la Batalla de Chacabuco, lo que anunciaba a los europeos que los mercados del Cono Sur se encontraban abiertos para sus aventuras mercantiles. No en vano, a partir de entonces se desencadenó la llegada masiva de empresarios ingleses al Cono Sur, entre quienes se encontraba el joven Samuel Haigh, el primero de estos autores en llegar a América del Sur. Esto último permite establecer una constante en la publicación de estos libros, ya que tanto estas “cartas” falsas, como los demás títulos abordados en este trabajo, se publicaron a raíz de determinadas coyunturas, o de importantes acontecimientos que se verificaron en América y que resultaban relevantes en la incipiente relación que el mercado británico pretendía establecer con los mercados americanos. O bien se trata de libros que salieron a la luz a raíz de incidentes ocurridos en la metrópolis, que determinaron el destino de las inversiones inglesas en América. En ambos casos, se trató de coyunturas políticas o económicas que hicieron necesaria la publicación de información relevante respecto de esta región del continente. Por ello, es perfectamente probable que Ackermann haya publicado este libro confeccionado apurado por las circunstancias, y que en la necesidad, más o menos urgente de poner a la disposición del público un libro que entregara información sobre América del Sur y no teniendo ninguno verdadero que ofrecer, Ackermann haya decidido armarse uno. Las circunstancias, por lo demás, le auguraban el éxito. Con ello, se revivía una práctica que se había hecho habitual en el siglo anterior donde los falsos libros de viajes, como los que escribió Daniel Defoe, proliferaron de manera alarmante.659 El problema era que entonces era cada vez más probable e incluso fácil verificar de primera mano la veracidad de las afirmaciones contenidas en libros de viajeros sospechosos. Cuando las fronteras de esta región antes clausurada se habían abierto a las incursiones de ingleses y otros europeos interesados en recorrerla.

Los falsos libros de viajes, como estas Letters from Buenos Aires and Santiago…, son fuentes documentales históricas de poca, o tal vez ninguna validez, si lo que se busca es obtener información testimonial sobre una región determinada o de hechos o datos, cuantificables y objetivos, pero sin embargo, estos libros falaces pueden ser guías muy útiles para conocer las diversas actitudes o prejuicios, negativos o positivos, que existían en cierta época respecto a una determinada región del mundo. En ese sentido la publicación de estas Letters… resulta útil para medir la expectación que existía en Inglaterra, respecto de la situación del cono sur de América en las primeras décadas del siglo XIX, ya que este libro es un buen compendio de ideas recibidas y puede servir para cernir las nociones que circulaban en Inglaterra sobre América antes de la llegada de estos viajeros ingleses al Cono Sur. Permitiéndole al lector verificar qué aspectos provenían de la cultura libresca y cuáles de la experiencia directa de estos viajeros.



Es evidente que un editor publica un libro, ya sea falso o verdadero, con la esperanza de venderlo ojalá lo más posible. Pero, no obstante esto, tratándose de un libro hechizo como estas Letters, la situación se vuelve todavía más interesante, ya que esto podría dejar en evidencia la existencia de una demanda que un editor estaría dispuesto a satisfacer a cualquier, o casi cualquier precio, llegando incluso a montar un libro falso. Esto reforzaría la idea de que hacia las primeras décadas del XIX existía en Inglaterra una urgencia bastante apremiante por obtener noticias americanas frescas, como las que podía traer un viajero.

Uno de los elementos más curiosos de estas Letters… es que, a pesar de su falsedad, tiene varios puntos de contacto con los demás libros de viajes estudiados en este trabajo, que podrían ser tomados con generosidad como sus sucesores viajeros de la “vida real”. En estas Letters hay muchas de las ideas o imágenes que caracterizan a los demás libros posteriores. Se observa una actitud similar hacia los españoles quienes aparecen caracterizados por su “avaricia, ambición y crueldad” y a quienes se desprecia, por vanagloriarse de haber conquistado “un país cuyos habitantes indefensos los recibieron en sus costas y les dieron la bienvenida, y con la mayor hospitalidad suplieron cada una de sus necesidades, considerándolos como los hijos del sol, cuyos rayos benéficos calientan y animan toda la naturaleza”.660 Un desprecio que se extendió hacia la Iglesia, particularmente en relación con las costumbres de los sacerdotes —el autor señala, por ejemplo, que la orden que lo acogió “…no practica(ba) ningún tipo de abstinencia”661— . Un desdén por España y su gente que también tuvo como correlato una actitud positiva respecto de los nativos, genéricamente llamados como indios “araucanos”, a quienes el autor encomia por su independencia y sus virtudes militares, advirtiendo que ellos “….no sólo serían buenos súbditos sino también valientes soldados, algo que los españoles han descubierto a su propio costo…”662 Una visión de los indígenas, que igualmente hizo surgir una renovada versión del mito del buen salvaje con singulares implicaciones helénicas, o más bien espartanas, ya que el autor observa de los araucanos “la inocencia con la que están hechos, y la pureza del estilo con el que están terminados, hablan a favor de una capacidad que podría, con poco esfuerzo, exhibir un espíritu tan fino como aquellos de Grecia y Roma, en cualquier cosa que respecte a la guerra”. 663 Respecto del paisaje de esta región de Sudamérica el autor se expresa en términos bastante similares a los de los demás libros de viaje estudiados aquí. Su descripción de la cadena montañosa de los Andes es, por ejemplo, bastante similar a la que un siglo antes había hecho Daniel Defoe y como las demás también remite la estética de lo sublime. En estas Letters… el cruce ficticio de la cordillera se describe en los siguientes términos: “comenzamos a subir, en un orden lento y solemne, uno por uno, parecía imposible avanzar de a dos salvo en los pequeños valles que parecían dispersarse aquí y allá, que servían de lugares de descanso para el viajero arriesgado, y de no ser por estos, en mi opinión, sería totalmente imposible efectuar un pasaje por sobre montañas apiladas sobre montañas.”664. Las mujeres de Argentina, Chile e incluso Perú —a pesar de que su “viaje” parece no haberlo llevado hasta esas tierras— también son aquí un aspecto del mayor interés y aparecen como criaturas venales y apasionadas. Un detalle bastante significativo de estas “Letters…” son las cinco láminas con ilustraciones de mujeres que acompañan al texto. Todas ellas, ilustraciones imaginarias, tan falsas como el texto que acompañan y que pretenden ilustrar. Esto hace preguntarse de qué valor documental pueden tener imágenes como éstas, provenientes de un texto imaginario.





Otro aspecto singular que comparten estas Letters… con los demás libros estudiados, es una peculiar vocación imperial, expresada como un compromiso nacional. Que aquí también tomó la forma de invocaciones dirigidas al pueblo inglés para que asuma el cumplimiento de una misión en América del Sur. “No puedo dejar de preguntarme”, señaló este viajero imaginario, “¿por qué duerme el león inglés —por qué mis compatriotas no se convierten en los abogados de los millones que sufren, y los verdugos del asesinato, la rapiña y el saqueo? Con qué alegría recibiré la noticia, de que una fuerte flota y una armada de ingleses ha desembarcado en estas costas, para librar al miserable de sus cadenas, y del amargo yugo de la esclavitud y opresión; para abrir las puertas de la libertad a millones”.665

Un llamado que lleva incorporada la justificación legitimadora de la intromisión inglesa en los asuntos de esta región; ya que se trataría de una misión, que a juicio de este autor consistiría en proteger y liberar a quienes sufren y en erradicar a quienes les inflingen tanto dolor y sufrimiento. ¿Quién habrá sido “este miserable encadenado”? Todo indica que se trataba de los indios, los pocos “de raza pura” que habían sobrevivido a los apremios y abusos causados por los españoles.

Este como los anteriores puntos de convergencia que se encuentran entre estas Letters y los demás títulos, corresponden a “lugares comunes” o a tópicos relativos a las tierras del Cono Sur y a la posición de los ingleses en estas tierras, que habrían circulado en Inglaterra durante las primeras dos décadas del siglo XIX propulsados precisamente por libros de viaje como estos, ya sean verdaderos o ficticios, y otros trabajos de carácter especulativo o antológico sobre América del Sur, como los libros de William Walton666 (1754-1857) o del ya mencionado, Richard Henry Bonnycastle, publicados en Londres en 1814 y 1818, respectivamente.

Cabe luego preguntarse, qué papel ocuparon estos tópicos o “esquemas” en relatos de viajes como los estudiados en este trabajo presumiblemente verdaderos. ¿Se interpusieron entre la experiencia directa de sus autores y el testimonio que dejaron de ella? ¿Pueden estos tópicos condicionar o determinar la veracidad del contenido de un libro de viajes? ¿Tiene, por último algún sentido buscar alguna verdad en libros de viajes como estos? Sería bueno tener alguna respuesta concluyente para estas preguntas. Pero, por el momento puedo aventurar algunas conjeturas y establecer ciertas premisas. Primero que resulta inevitable admitir la presencia de tópicos y lugares comunes en relatos de esta naturaleza, e incluso en cualquier texto de carácter literario. Luego, puede concluirse que tópicos o esquemas tales como las visiones o representaciones sobre los indígenas americanos, los españoles o la naturaleza americana, son una muestra de ideas o preconcepciones existentes en Inglaterra a comienzos del siglo XIX y que podrían considerarse como constitutivos de su horizonte o utillaje cultural.

Estas fórmulas convencionales actuaron como mecanismos capaces de reducir la extrañeza que les ocasionaba a estos viajeros el contacto con lo nuevo o lo desconocido, en la medida en que garantizaban la conformidad del relato con un conjunto de nociones respecto de América del Sur que circulaban en Inglaterra. Y al mismo tiempo estas fórmulas les ayudaron a estos autores a comunicar una experiencia radicalmente nueva.

Este conjunto de esquemas también aseguraron que estos relatos se adscribieran al género literario de la literatura de viaje, en la medida en que participaban de un conjunto de convenciones propias de este género literario, en particular de aquellos relatos de viajes referidos al extremo austral del planeta. Estos esquemas pudieron haber surgir al momento de armar el libro para su publicación, o bien mientras su autor tomaba sus notas o apuntes en plena travesía, cuando todavía la noción de publicar un libro era una alternativa remota. De tal manera que estas fórmulas no sólo le sirvieron al autor para comunicar a sus lectores lo que ellos habían visto y vivido en América, sino también para poder asimilarlo y comprender lo novedoso de su experiencia, solucionando un desafío que bien podría ser una variante de lo que Anthony Pagden llamó el “principio de vinculación”. Es decir, el intento de traducir una variedad de experiencias propias de un mundo ajeno a las prácticas del propio, asimilando y testimoniando una experiencia esencialmente novedosa a una audiencia metropolitana.667

Un viaje como el que hicieron estos autores era toda una experiencia, tomando en cuenta la cantidad de incidentes y la diversidad de impresiones que el viajero podía percibir. Asunto que se hace todavía más patente en el intento de recogerlas y asimilarlas en un relato. De esta manera, estas fórmulas o convenciones les sirvieron a estos autores para reducir lo que Simon Schama calificó como la engañosa brecha que separa el acontecimiento vivido de su narración posterior668, en un esfuerzo que puede enmarcarse en la tentativa realista predominante en las expresiones culturales del siglo XIX y que el pintor inglés John Constable sintetizó al expresar la imposibilidad consustancial de su intento de traspasar un paisaje de varios kilómetros en una tela de apenas un metro cuadrado669.

Sin embargo todavía resta responderse si estas convenciones o tópicos se integraron conformando un discurso propiamente tal, en el sentido que le han dado a esta noción autores como Foucault y más tarde Edward Said, es decir si estos lugares comunes formaron un “repertorio del cono sur” o un conjunto de nociones autónomas de la realidad, que se retroalimentaba en pos de preservar una superioridad cultural hegemónica y dominante de carácter imperial sobre una región periférica.670

Al respecto, es importante no perder de vista que de estos libros se esperaba que satisficieran una necesidad bastante concreta, que en un primer nivel equivalía a proveer información útil a su audiencia que tenía intereses en la región. Afanes especulativos de índole comercial y también literaria o imaginativa, como podían ser la información sobre el mercado americano y las visiones de una naturaleza espectacular. Esto era algo que sus editores conocían perfectamente bien, ya que muchos de ellos estaban familiarizados con la publicación de libros de viaje y tenían vínculos “contantes y sonantes” con los asuntos sudamericanos. En ese sentido, una de las tesis de este trabajo ha sido sostener que estos libros relativos a “las cosas de América” fueron producidos como medios a través de los cuales se pretendía difundir información útil sobre el Cono Sur de América, en respuesta a una situación política y económica que vivían Europa y América: la convergencia de una gran demanda de información sobre una región con una abundante oferta de la misma.

Sin embargo, admitir la presencia de fórmulas o esquemas en estos libros, no debería convertirlos necesariamente en meros testimonios del horizonte cultural de sus autores, invalidando su valor documental respecto de las realidades que presenciaron e intentaron describir o transmitir. Es decir estos libros no sólo hablan de quienes los escribieron, sino que también tienen mucho que decir respecto de aquellos países y pueblos que visitaron. En ese sentido es conveniente seguir los resguardos planteados por Linda Colley, quien respecto de los relatos de cautiverio de ingleses en los siglos XVII y XVIII, señaló que estos testimonios no eran necesariamente “textos seguros”, en la medida en que sólo corroboraban puntos de vistas europeos preexistentes acerca de otras sociedades671, sino que también se arriesgaban a indagar sobre lo nuevo o lo desconocido. De esto último se desprende que estos libros de viajes, tal como ocurre con los testimonios de cautiverio estudiados por Linda Colley, no sostuvieron una perspectiva unívoca, reconociblemente inglesa o necesariamente imperialista respecto del mundo no europeo. Tomando en cuenta que sus impresiones y representaciones, a pesar de la serie de lugares comunes que aglutinaron, no confluyeron necesariamente en una misma dirección, si no que admitieron variantes y matices.

Todo esto contribuye a derribar cualquier idea que sostenga que, al menos entre estos viajeros ingleses existió una visión uniforme o monolítica respecto de América, forjada exclusivamente a partir de prejuicios, en su mayoría negativos. Ello no obstante a que estos libros en muchas ocasiones se construyeran menos a partir de la observación directa de la realidad que de una herencia literaria que al final resultó ser decisiva. Modelando una imagen del hemisferio Sur, y particularmente del Cono sur, proveniente del pasado, de antiguos testimonios que existían sobre la región e incluso de trabajos surgidos de la imaginación literaria, los cuales conformaron un imaginario “especulativo” que libros de viajes como los estudiados en este trabajo recogieron, articularon y pusieron en marcha. Así en estos libros convivieron ideas o imágenes literarias o ficticias que prolongaron una huella literaria proveniente del pasado con testimonios directos o de primera mano recogidos por sus autores en su condición de testigos de la situación de estos países. De tal manera que sus autores prolongaron una verdadera cadena literaria que transmitía de eslabón en eslabón determinadas imágenes del extremo sur de América, relativas al mundo natural y a la situación de sus habitantes. Sin embargo, a comienzos del siglo XIX, este imaginario “especulativo” literario propulsó y le dio sentido a una verdadera asonada de especulaciones de carácter mercantil o financiero, que como se ha visto resultaron frustradas en un fracaso rotundo que también echó por tierra todas las especulaciones de carácter literario.





Compartir con tus amigos:
1   ...   30   31   32   33   34   35   36   37   ...   40


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal