Universidad del valle de mexico



Descargar 398.03 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión02.05.2018
Tamaño398.03 Kb.
  1   2   3

UNIVERSIDAD DEL VALLE DE MEXICO

LEGISLACIÓN LABORAL

Derecho colectivo del trabajo
Origen
La colectivización del derecho del trabajo tiene su origen y fundamento en la tendencia natural del hombre hacia la sociabilidad. Esa tendencia es una manifestación del afán de integración grupal que lo ha caracterizado desde siempre, que lo ha hecho partícipe de la familia, del clan, del pueblo, del Estado, etc. Aquí abordaremos solamente la colectivización relacionada con el trabajo, del compañerismo que surge en donde los trabajadores coinciden y hacen comunes las aspiraciones que los llevan a la integración de asociaciones en defensa de sus derechos. Esta parte de la obra comprende el derecho sindical, la empresa, contratación colectiva, conflictos colectivos, la huelga, procedimiento arbitral en los conflictos colectivos, derecho procesal, seguro social y derecho administrativo del trabajo.
El derecho individual del trabajo abordado en la primera parte de la obra se prolongará al derecho colectivo del trabajo, que bien podría considerarse una superación del propio derecho individual. La unión hace la fuerza, reza un conocido apotegma, y con esta misma idea se integraron las primeras agrupaciones obreras a mediados del siglo xix. Tal integración de los trabajadores por medio del derecho sindical, los hizo más fuertes y trascendentes en la organización social. Todos somos testigos de que en la actualidad los diversos medios de comunicación se ocupan más que nunca de los problemas del trabajo, de proclamas y acciones de los trabajadores integrados en sindicatos que buscan una distribución justa de la riqueza generada por su trabajo. El derecho sindical, al proveer de un orden en ese reclamo masivo, aportó una fuerza de equilibrio entre factores de la producción y evitó la violencia que desde hace muchos años había sido el único sistema de manifestación de los hombres que trabajan.
Pero esa integración sindical no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio para conseguir un ajuste de equidad en los contratos, en las condiciones de trabajo. Consecuencia de esto, aparece más tarde como una continuación el ansiado derecho de la contratación colectiva, que evoluciona con rapidez y se convierte en una figura jurídica (posiblemente la más significativa del siglo xx) que evoluciona doctrinaria y técnicamente para ubicarse como otro eje central de todo el derecho del trabajo. En la actualidad, nadie negaría los logros obtenidos por la clase trabajadora a través de la contratación colectiva, conquistas que ya no se limitan a salarios suficientes, sino que han ido más allá hasta obtener otras prestaciones de carácter social. Todo esto significa que el derecho colectivo del trabajo logró superar los conceptos individualistas. Como dice Camacho Enríquez, es la razón por la cual esta rama jurídica se ha desarrollado en la mayor parte de los países. Según este autor colombiano, el trabajo se regula cada vez más a través de las contrataciones colectivas, y estas fuentes adquieren un papel muy semejante en varios aspectos al de la ley o a la norma estatal, lo que jamás logrará el contrato individual. La empresa, por su parte, ante la necesaria administración de los contratos colectivos ha afinado técnicas de negociación, revisión y administración propiamente dicha de estos contratos, lo cual denota la importancia que la institución contractual ha ganado en las últimas décadas.
Los conflictos colectivos del trabajo y sus métodos para solucionarlos son otra parte integral del derecho colectivo del trabajo, pues los conflictos son precisamente un reflejo del interés que despiertan las relaciones laborales en la actualidad. En una sociedad finisecular como la actual, la escasez de empleo es la característica y a pesar de los desarrollos de la modernidad, hay convulsiones por conflictos constantes, algunos de ellos económico-laborales, que requieren soluciones inmediatas
Para ello, el derecho colectivo del trabajo debe disponer normativamente de las vías necesarias para resolver con eficacia esos conflictos.
Ahora bien, en cuanto a la ubicación del derecho colectivo dentro del derecho del trabajo, lo consideramos inobjetable, a pesar de que no faltan independentistas que perciben su autonomía. Pero como persigue las mismas finalidades que el derecho individual del trabajo (proteger al trabajador y brindarle posibilidades de una vida más digna), no vemos la razón por la que pueda ser una ciencia diferente; además, el objeto y causa del contrato colectivo y del contrato individual son los mismos: el trabajo prestado a cambio de un salario. Por lo anterior, no creemos que haya motivo de desintegración del derecho del trabajo. Académicamente, es común que se estudie en dos cursos diferentes la materia de derecho del trabajo, pero esto se hace en la mayor parte de las universidades, con clara finalidad didáctica, que facilita el aprendizaje de la materia con una programación que lo divide para su estudio en dos cursos.
Sujetos del derecho colectivo
Los sujetos del derecho colectivo del trabajo son en esencia los mismos trabajadores y patrones, si bien ahora aparecen integrados en sindicatos. No obstante, físicamente son las mismas personas que ordenan el trabajo y las que laboran para obtener un salario. Por parte de los trabajadores estos sujetos se manifiestan en forma de sindicato, ya que así lo exige la legislación, debido a que tal facultad es específica de los sindicatos, no de los trabajadores individualizados ni tampoco de la coalición. Por la parte patronal, puede ser una persona física, aunque por lo común es una empresa en su carácter de persona moral la que pacta el contrato colectivo.
Denominación
En cuanto a la denominación del derecho colectivo del trabajo, poca controversia ha causado; más bien podría hablarse de una rara aceptación casi absoluta del cuerpo de doctrinistas del derecho. Decimos "casi" en razón de que para Krotoschin el nombre apropiado es derecho sindical, porque según él todo el derecho es colectivo, y no sería correcto llamarlo así. Por nuestra parte, consideramos correcta la denominación derecho colectivo del trabajo, ya que así se distingue del derecho individual del trabajo. Además, como veremos más adelante, en él se contempla la actuación de organismos colectivos que propugnan al mismo fin de establecer unas relaciones laborales más justas.
Hay aspectos comunes con la doctrina sobre el contenido del derecho colectivo, y al existir aceptación general en ellos no se controvierten, como sería la inclusión del derecho sindical y el derecho a la contratación colectiva. Sin embargo, hay también temas de discusión sobre la pertenencia al derecho colectivo, como sería el caso de los conflictos colectivos de trabajo, así como a la nueva temática llamada derecho de la empresa.
En lo concerniente al derecho de los conflictos colectivos, el problema surge porque se dice que este aspecto ya está comprendido dentro del derecho procesal del trabajo y, efectivamente, consideramos que así sucede. Por tal motivo en esta obra sólo abordamos, en la parte correspondiente al derecho colectivo, el derecr; de huelga, debido a su natural condición de conflicto colectivo de naturaleza económica. Por último, respecto al novísimo derecho de la empresa, que por tradición ha permanecido al margen de esta rama del derecho, lo incluimos con la idea de que se trata de un estudio necesario y cada día más importante para entender en forma cabal el derecho del trabajo.
Contenido del derecho colectivo del trabajo
Las primeras manifestaciones constitucionalistas del derecho colectivo del trabajo se presentaron en la Constitución mexicana de 1917 y en la Constitución alemana de Weimar, de 1919, que fueron las creadoras del llamado constitucionalismo social. En ellas se reconocía por primera vez en la historia una jerarquía de norma constitucional para el derecho del trabajo. Pero es justo aclarar que las dos Constituciones le dieron sólo una integración parcial al derecho colectivo del trabajo.
La primera de ellas, la Constitución mexicana de 1917, hace alusión únicamente al derecho de huelga y la instalación de tribunales laborales para la resolución de conflictos colectivos; nada dice respecto a la contratación colectiva. Por su parte, la Constitución alemana de Weimar, de 1919, también se refiere sólo a dos de los tres elementos del derecho colectivo del trabajo: garantiza el derecho a la sindicalización y reconoce el derecho a los contratos colectivos laborales (art. 156), pero no hace referencia alguna al derecho de huelga, que aparece después, en las Constituciones de los estados germánicos federados (Bremen, Hesse y Renania).
En realidad, es en las legislaciones laborales ordinarias donde el derecho colectivo del trabajo adquiere plenitud y desarrollo. Así sucedió en México, en Alemania y en las demás naciones que posteriormente tomaron como modelo las legislaciones de estos dos países.
Derecho colectivo del trabajo
Origen El derecho colectivo se origina en la tendencia natural del hombre hacia la sociabilidad.
















Sujetos del

a) Trabajadores (integrados en sindicatos)




derecho

b) Patrones:

Personas físicas




colectivo



Personas morales







Contenido del

a) Derecho sindical




derecho

b) Derecho a la contratación colectiva




colectivo

c) Derecho de empresa














21. El sindicalismo

Derecho sindical
El derecho sindical es el que estudia lo referente a las asociaciones profesionales en todos sus aspectos: orígenes, divisiones, reglamentaciones, actividades, finalidades. Para desglosar esta breve definición, diremos que se refiere al estudio de las asociaciones profesionales porque, efectivamente, lo que constituye objeto de estudio de este derecho son las asociaciones que, con motivos únicamente laborales, se han integrado en todo el mundo y se convirtieron en un factor determinante para la dignificación del trabajo, con lo que dieron una configuración diferente a la sociedad y se establecieron nuevas bases de convivencia entre los dos factores de la producción: capital y trabajo.
También estudia las asociaciones profesionales en todos sus aspectos, desde sus orígenes hasta sus actuales relaciones, y así es porque brinda atención a estas agrupaciones laborales desde su proceso histórico formativo hasta los aspectos actuales filosóficos, jurídicos, sociales, políticos, etc. Lo primero, para conocer el origen y trascendencia que este fenómeno organizativo ha tenido, así como sus diferentes efectos a través del tiempo; lo segundo, para establecer los aspectos formales con que los ha reconocido en la actualidad el derecho del trabajo.
Se examinará en dos fases distintas, que en conjunto dejarán una idea muy completa del derecho sindical: el sindicalismo como doctrina y el sindicato propiamente dicho.
Antecedentes
La explotación de los obreros, originada por los métodos empleados al inicio de la industrialización, aunada al afán de lucro excesivo de los patrones, fueron las raíces del movimiento asociacionista de los trabajadores, que buscaron homologar fuerzas respecto de los patrones por medio de la aglutinación de individualidades laborales, para reclamar condiciones salariales más justas, jornadas laborales más cortas y, en general, llegar a establecer un estado social más equitativo para la clase trabajadora.
Así surgió en un principio el sindicalismo, fruto de un sentimiento natural de solidaridad. Años más tarde hubo una fase a jurídica, pues el derecho de corte individualista que imperaba en la época no lo reconocía, lo que propiciaba los excesos con que el sindicalismo se manifestó, ya que las nacientes agrupaciones no tenían cauce legal para manifestarse y negociar con la empresa. Por ello recurrían a la violencia física y atacaban las instalaciones fabriles; por su parte, el Estado (liberal como los patrones) trató de reprimir a los sindicatos prohibiéndolos.
Etapa de prohibición
La transformación industrial, que operó primero en los países europeos, prohibió terminantemente el derecho de asociación de los trabajadores, pues el régimen individualista no veía justificación para que los trabajadores se asociaran en defensa de sus intereses laborales. Y no sólo ignoró ese derecho de asociación en las incipientes normas laborales de la época, sino que lo tipificó como delito en los códigos penales.
En Francia, los obstáculos legislativos a la sindicalización fueron el Edicto de Turgot, en 1776, y la Ley Le Chapelier, en 1791, los que cumpliendo con exactitud la filosofía individualista no querían ver cuerpos intermedios entre el Estado y el individuo. Estos obstáculos continuaron con una serie de políticas antiasociacionistas, que se prolongaron durante casi todo un siglo, además de no pocas disposiciones legislativas prohibitivas de las asociaciones como la Constitution Acts, de 1800, o el Código Penal de Napoleón, de 1810, que de plano se caracterizaron como enemigos del derecho de asociación y fueron en suma lo que señaló nominativamente como la etapa de la prohibición en esta época.
Etapa de tolerancia
Con el tiempo, los esfuerzos del Estado para prohibir el derecho de asociación fueron infructuosos, porque los sindicatos seguían existiendo. Por ello en los diversos países se inició una etapa llamada de tolerancia sindical, en la cual, sin otorgar reconocimiento alguno al derecho sindical, se admitía de hecho, sin establecer nada al respecto en las leyes dictadas por el Estado.
Esta etapa de tolerancia se observó en la legislación anglosajona. Por ejemplo, en Inglaterra, a fin de hacer permisible la integración sindical se dictó una sentencia de Chief Justice Show en el caso Commonwealth contra Hunt, de 1842. En la parte fundamental de su texto decía:
La intención de la asociación es la de inducir a que se encuadren en ella quienes se dediquen a la misma profesión. Tal intención no es ilícita. No tiene nada delictivo el que los hombres concerten, en el ejercicio de sus propios y reconocidos derechos, en la forma que más convenga a sus intereses.

Esta misma actitud se vio reflejada en otras legislaciones de la época en países como Alemania, Italia y Francia. Esta apertura se daba porque empezaba a sentirse en el ambiente que el individualismo liberal, al menos en el medio laboral, no era la fórmula apropiada para el desarrollo con paz social.


La constante integración sindical que existía a pesar de la prohibición, provocó a la larga que se tornara necesario que el Estado reconociera estas agrupaciones laborales.
Etapa de reconocimiento sindical
A la época de la tolerancia siguió una de reconocimiento absoluto del derecho sindical. Esto sucedió a finales del siglo xix, ante las acciones de los sindicatos lograron que el Estado variara su criterio al respecto y dictara leyes que reconocían a los trabajadores, de manera abierta, el derecho a integrarse en sindicatos.
Inglaterra fue el país que dio el primer paso en este aspecto, con el reconocimiento del derecho de coalición en 1824, que otorgaba legalidad a un intenso movimiento asociacionista que existía en la clandestinidad. La personalidad de Robert Owen fue determinante en el movimiento en favor de las Trade Unions, ya que para 1834 los trabajadores ingleses fundaron la Grand National Consolidated Trade Union, que reunía a más de 500 mil trabajadores de diferentes industrias. Tal era el ánimo de estas agrupaciones que en mayo de ese año anunciaron una huelga general, a fin de reclamar una reducción de la jornada laboral a ocho horas. La huelga, anunciada para el mes de junio, nunca se llevó a cabo, a causa de que los patrones hicieron varios paros e indispusieron a la clase media dominante en contra del sector sindicalista, que perdió fuerza. Así, el entusiasmo obrero por la lucha social fue claudicando. El sindicalismo inglés desapareció ahí en parte, y únicamente subsistieron los miembros de cada empresa, que abandonaron la tendencia a la lucha social en general.
En Francia, 1884 fue un año significativo para la integración sindical, porque la afiliación laboral nuevamente cobró fuerza, inspirada en el Manifiesto de los iguales y la Historia de la conspiración, obras de Blanqui y Babeuf. Ya no sólo los trabajadores estaban en esa lucha de superación social contra la rigidez del capitalismo, sino que filósofos, artistas, etc., veían con simpatía la acción de los trabajadores y pusieron a su disposición su intelecto.
Es justo aclarar que el sindicalismo en Francia era revolucionario, es decir, le importaban menos las conquistas laborales que su posición general de lucha contra el capitalismo. Esto a diferencia del sindicalismo inglés, que era gremial pero de individualidades sindicales; por ejemplo, los del gremio de la construcción no tenían por qué unirse ni ayudar a los del gremio de la fundición. En cambio, con la idea de solidaridad sindical se integraron en Francia las llamadas bolsas de trabajo, que no eran otra cosa que las federaciones sindicales de hoy. Se integraba una en cada provincia y luego, en 1893, se aglutinaban éstas en una gran Bolsa de Trabajo Nacional. Además, en 1895, los trabajadores franceses integraron en Limoges la Confédération General du Travail.
Comentario aparte dentro del proceso histórico del sindicalismo es el de la organización de las llamadas Internacionales, por la trascendencia que tuvieron en esta época de la integración sindical y la gran influencia que ejercieron en la inter-nacionalización del sindicalismo.
La Primera Internacional
En 1862 se celebró en Londres la Exposición Internacional, y con tal motivo los sindicalistas ingleses convocaron a sus compañeros de otros países, sobre todo franceses y alemanes, y lograron reunir a más de 300 líderes obreros en la llamada Fiesta de la Fraternidad, que se llevó a cabo en la taberna de los francmasones de Londres. Allí se pactó la solidaridad entre los sindicalistas de estas naciones para buscar una unificación formal que les permitiera adquirir una gran fuerza. También se concertaron nuevos encuentros, como el del 28 de septiembre de 1864 en St. Martin Hall, en el que se convinieron las bases para la integración de un organismo internacional que, con sede en Londres, se extendiera a los trabajadores de todo el mundo. A esta reunión asistió Carlos Marx, a quien se le invitó redactar las bases y el discurso inaugural del congreso de fundación.
Hacia 1867, la Internacional demostró su fuerza cuando los sindicalistas ingleses sostuvieron económicamente las huelgas de los trabajadores franceses. La influencia que tuvo Carlos Marx en el ideario de la Primera Internacional fue determinante. En el pacto inicial de la asociación se leía: "La emancipación económica del trabajador debe ser el objetivo de toda política. No es éste un problema local ni nacional, se trata de un problema social."
La Primera Internacional desapareció con la guerra de 1870.
La Segunda Internacional
Después de algunos años, en 1889 surgió la Segunda Internacional, con un panorama político y social diferente del de la primera. Durante esta etapa, se organizaron varios congresos internacionales, algunos con más trascendencia que otros, como el del propio año de su fundación (1889) o el celebrado en Amsterdam en 1904. Uno de los aspectos determinantes de su acción fue que desde un principio pidieron asesoría política a los líderes del partido socialista, y esta asesoría fue tan importante que dominó más la fase política del socialismo que los intereses gremiales de los afiliados, incluso los congresos a que convocan se llaman Congresos Socialistas Internacionales. Esta organización llegó a tener hasta 12 millones de afiliados en todo el mundo, y su influencia en la solución de muchos conflictos laborales fue determinante. Sin embargo, en su seno había divergencia en cuanto al método por seguir, ya que allí estaba el grupo socialista comandado por Kausky, austríaco de nacimiento quien redactó en 1891 el Programa de Erfurt para el partido Social Democrático Alemán, que trataba de imponer al mundo socialista la línea ortodoxa que seguía en su programa. Por otro lado, estaba el grupo que se hacía llamar la Internacional Negra, comandado por Kropotkin, Elíseo, Reclus y Malatesta, partidarios de la resistencia armada. En fin, existía una crisis interna dentro de esta Segunda Internacional. Terminaron por discutir no sólo el método de actuar, sino que a partir de las ideas de Bernstein empezaron a cuestionar las teorías de Marx y su interpretación, y se dividieron en grupos notorios: Jaurés contra Guesde, en Francia; Ferri contra Turati, en Italia; Kausky contra Bernstein, en Alemania; Lenin contra Plejanov, en Rusia. Con ese clima de divisiones transcurrió la Segunda Internacional durante la primera década del siglo xx. El gran acontecimiento que fue el estallido de la Primera Guerra Mundial sometió a dura prueba a la organización obrera, porque a pesar de sus principios unionistas se dividieron con sentimiento nacionalista y se dispusieron a apoyar a sus respectivos países en la contienda. Prueba de ello es que los diputados del Partido Socialista Alemán, miembros del Reichstag, apoyaron la guerra; por su parte, los socialistas de Bélgica dieron su apoyo al rey Alberto en defensa de la soberanía de su país; en Inglaterra, los trabajadores miembros del partido laborista otorgaron su apoyo incondicional al gobierno inglés, y en Francia el partido socialista, al igual que todos los partidos franceses, formó parte de la Unión Sacrée. Todo ello provocó la desintegración de la Segunda Internacional.
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal