Universidad Don Bosco Curso: Teología Fundamental Tema 2-Unidad I: La teología como ciencia de la fe Docente: Rafael Sánchez La teología como ciencia de la fe



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Universidad Don Bosco

Curso: Teología Fundamental

Tema 2-Unidad I: La teología como ciencia de la fe

Docente: Rafael Sánchez
La teología como ciencia de la fe


1. Introducción
La teología, conservando su cristocentrismo, ha dado gran importancia al elemento antropológico, es decir, se ha vuelto hacia el hombre para iluminar su sentido en el mundo y orientar su relación interpersonal. De igual manera la teología ha hecho ver cómo la relación que tiene el hombre con Dios no es una tarea separada de su quehacer humano, sino que está intrínsecamente unida a su realización humana.

Uno de los aspecto que caracterizan hoy la teología es que no se trata solamente de una comprensión de la fe, sino que es una verdadera interrogación a la misma fe, es decir, que al mismo tiempo que busca la inteligencia de la palabra de Dios para el hombre de hoy, la teología llega a las cuestiones más radicales del hombre moderno.

Esta nueva orientación de la teología ha llevado a un replanteamiento de la Teología Fundamental y a situarla en la base de todo estudio teológico. Por eso O. Ruiz Arena nos dice:

«La teología fundamental es la disciplina que tiene por objeto el hecho y el misterio de la palabra de Dios en el mundo, lo cual constituye la realidad primera y fundamental del cristianismo. Su objeto fundamental es el estudio de la revelación divina, o sea palabra, encuentro y automanifestación de Dios a la humanidad en Jesucristo, su realidad histórica, la transmisión de esa revelación y la respuesta que el hombre da a ella en la fe. Como lo hacía la antigua apologética, la teología fundamental aborda además el conjunto de signos que permiten al hombre afirmar de manera razonable la existencia de esos hechos, procurando con ellos mostrar cómo el acontecimiento de Jesucristo es una realidad creíble que viene a salvar al hombre y a dar sentido a la existencia humana»1.


La Teología Fundamental es una disciplina teológica distinta, específica y estructurada2. Porque es una materia principal y obligatoria en la teología, pero sobre todo porque tiene su propio objeto, su propio método y su propia estructura.
2. Una disciplina estructurada
Aunque la diversidad de obras sobre la Teología Fundamental habla de diversidad de temas, se puede descubrir un núcleo duro de reflexión: el estudio de la revelación de Dios en Jesucristo y de su credibilidad por medio de lo signos.
Después de esa secuencia universalmente reconocida, comienzan enseguida las divergencias. Por ejemplo:

  • El pensamiento alemán: sigue con fidelidad la división en tres partes de la apologética clásica (demostración religiosa, demostración cristiana, demostración católica).

  • El pensamiento latino: visiblemente influido por el Vaticano II, es bíblico, cristocéntrico, atento a la historia de la salvación, sensible a las cuestiones de hermenéutica y de sentido.

  • El pensamiento anglosajón: refleja la influencia alemana, pero con un acento en la experiencia y en el lenguaje (signo, símbolo).

En toda esta variedad de enfoques se necesita un principio de discernimiento que permita situar y jerarquizar los problemas, para llegar a una estructura motivada. El Vaticano II puede servir de inspiración. El concilio no comienza con unas declaraciones o unos decretos sobre la religión y las religiones, sobre el ecumenismo, sobre la cultura y las ciencias. El documento que sirve como fuente es la Dei Verbum. En este documento-fuente, el primer plano general es el de la revelación de Dios en Jesucristo, Verbo encarnado, mediador, plenitud y signo de la revelación, que es él en persona.



3. Objeto
La Teología Fundametal no es una especie de teodicea, ni una simple introducción a la teología, ni una simple función de la teología. Como disciplina específica, posee objeto material y formal propio:

- La automanifestación y la autoentrega de Dios en Jesucristo

- La autocredibilidad de esta manifestación que él constituye por su presencia en el mundo.
El objeto y el centro de unidad de la Teología Fundamental es la intervención inaudita de Dios en la historia, en la carne en el lenguaje de Jesucristo. Tal es el misterio primero, el acontecimiento primero, la realidad primera que cimienta todo discurso teológico.

Esta realidad que la teología dogmática detalla en misterios particulares y que los estudia uno a uno, la TF los estudia en su globalidad y en su inseparable unidad.

Al hablar de continuidad entre automanifestación y autocredibilidad de esta manifestación, se quiere subrayar que el signo, en Jesucristo, es inseparable de la persona. Al encarnarse, Dios se manifiesta como revelador y revelado, y da testimonio de sí mismo como tal. Jesucristo es a la vez mediador, plenitud y signo de la revelación3.

La Teología Fundamental hace de la revelación cristiana, entendida como automanifestación y autocredibilidad de esta manifestación, el objeto esencial de su estudio. No separa a Cristo de los signos particulares que lo identifican, ya que es a la vez signo de Dios y centro de irradiación de todos lo signos que emanan de su persona. Epifanía de Dios, se identifica por toda su presencia y por toda la manifestación de sí mismo. El signo y el significado, lo creíble y lo creído son indisociables.



4. Método4
La especificidad del objeto determina también la especificidad del su método, que puede ser calificado como método de integración dinámica. No arbitrariamente ni para singularizarse, sino porque la realidad estudiada impone ella misma esta integración de dos métodos.
a) El método integración:

Evoca la preocupación de realizar y mantener la unidad de los elementos o de los aspectos que se distinguen, pero que están y deben estar vitalmente reunidos bajo pena de disolver la existencia y la consistencia de la realidad que autoriza la identificación de los elementos que pertenecen a su integridad.

Por lo tanto, la revelación es inseparablemente misterio e irrupción de este misterio en la historia humana con todas la características que afectan a la historicidad. Resulta, por consiguiente, que el tratamiento metódico de esta realidad misterio-acontecimiento deberá ajustarse a su singularidad.

Se trata de integrar el método dogmático y el apologético. Normalmente la exposición dogmática precede a la exposición apologética, no porque menosprecie un método en beneficio del otro, sino simplemente porque la revelación es ante todo misterio, y conviene describir correctamente la realidad sobre la cual dirigirá a continuación su mirada crítica la teología en su desarrollo histórico, en Jesús.

Este método integrativo es el único que hace justicia a una realidad que, por ser a la vez misterio y acontecimiento histórico, exige dos caminos de aproximación diferentes, pero complementarios. El método está al servicio de la realidad; si tiene que adaptarse, es porque la realidad lo exige. La Teología Fundamental, como toda teología, es siempre la fe en busca de inteligencia de una misma y única realidad que aquí es misterio-acontecimiento.

b) La integración es dinámica:

Porque los elementos del binomio revelación-misterio y revelación-acontecimiento se dinamizan mutuamente.

La plenitud del misterio que en Jesús penetra la historia y la conduce a una cumbre inalcanzable suscita la inquietud del historiador. A partir del mensaje de Jesús, de sus obras y de sus actitudes, el historiador intenta penetrar en el sentido profundo de esta existencia. Al final de esta búsqueda, conducido por los métodos de esta disciplina, descubre una existencia significante, pero con una «significatividad» muy singular que lo engancha en el movimiento de retorno al misterio, el cual logra satisfacer plenamente su curiosidad y conocer siempre algo más la identidad real de este ser y de su proyecto de vida. Al final de esta segunda búsqueda el misterio lo fascina siempre más y lo interpela de nuevo. Se produce así un perpetuo vaivén con su correspondiente profundización entre el misterio propuesto y su afloración histórica. Pero lo que aliente este dinamismo es siempre la realidad total. De este modo afirmamos que este tipo de integración dinámica especifica igualmente la Teología Fundamental a nivel de método.

5. Destinatarios de la Teología Fundamental
Ruiz Arena nos explica los destinatarios con la siguientes palabras:

«Al mismo tiempo que ha habido un enriquecimiento en cuanto a la temática, la teología fundamental ha visto la necesidad de considerarse como una teología en diálogo, no solamente con los creyentes, sino con todas las diversas formas de religión y de creencia. Sus interlocutores son las grandes religiones de salvación, las diversas formas de incredulidad contemporáneas, la indiferencia religiosa producida por el mundo secularizado de la técnica y el progreso, la experiencia de pobreza, de injusticia y de opresión, las distintas culturas, pero también los creyentes»5.


Si la teología no tuviese un destinatario, se reduciría a una especulación reducida, puramente teórica, del teólogo, que no serviría para nada. El destinatario no puede ser tampoco alguien escogido por puro capricho: se impone de alguna manera en la aparición misma de la reflexión teológica, debido a las diversas condiciones histórico-culturales en que ésta se realiza.
También la Teología Fundamental tiene su propio destinatario. En cuanto disciplina teológica que se construye sobre el «porqué» de la fe (Dt 6,20), está llamada a dar una respuesta, siempre y responsablemente, sobre el acontecimiento de la fe en la revelación. Esto sobre todo en sintonía con 1Pe 3,15, en donde el Apóstol invita a no dejar nunca de responder a las provocaciones que se hacen y sobre todo a estar en disposición de ofrecer siempre razones al otro que interroga.
En algunos momentos se siente la tentación de determinar la identidad del destinatario a partir del análisis socio-cultural en donde está situada la disciplina. Ciertamente, este planteamiento es fundamental; pero no puede olvidarse ni por un instante que, si se trata primariamente de una disciplina teológica, el primer análisis que hay que realizar está ya dentro de la inteligencia de la fe.
En este horizonte se descubre que, si la revelación tiene un destinatario universal, la fe, por el contrario, crea una forma de discernimiento. En efecto, de dentro de la fe el teólogo descubre al que cree y al que no cree, pero a quien hay que darles las razones para creer.
La experiencia de Pablo que atraviesa las calles de Atenas y su discurso en el Areópago (Hch 17, 16-23) son la condición normal para la Teología Fundamental de hoy. También ella, como sujeto creyente, pasando por las calles de la ciudad se encuentra con el altar dedicado al «Dios desconocido». Es un hombre concreto el que es objeto de la reflexión creyente; esto lleva a la pretensión de la fe de salir a su encuentro para revelarle que su existencia no es completa todavía mientras no se encuentre con Cristo.
Así pues, dentro de las razones de la fe y de la responsabilidad para con ella, la Teología Fundamental está llamada a salir al encuentro del «otro» para dar una respuesta definitiva a su pregunta de sentido.
Recuperando de este modo el horizonte mismo de la revelación, que invita a cada uno a creer y a adherirse a Cristo, se puede ya identificar de manera genérica, como destinatario de la Teología Fundamental, al hombre contemporáneo nuestro.
Pero hay que hacer algunas distinciones:

En la historia de la Teología Fundamental es fácil descubrir diversos destinatarios, determinados por los diversos sujetos de épocas históricas. Ejemplo: los apologetas se dirigían a los paganos, Tomás de Aquino escribió el Contra Gentes a los seguidores del Islam, en el período del humanismo (s. XV) se dirigía a los creyentes escépticos, en el siglo XVI contra los protestantes en general, entre los siglos XVI-XVIII los destinatario serán los deístas, los ilustrados y los racionalistas, en el siglo XIX los destinatarios serán los ateos.


En este recorrido histórico vale la pena destacar las siguientes características:


  • La primera impresión está determinada por el hecho de que siempre se está frente a unos «enemigos». La necesidad de dar razón de la fe (1Pe 3,15), se va sustituyendo por una polémica, hasta llegar a tener como destinatarios, no ya unas personas a las que presentar positivamente la riqueza de la fe, sino a unos enemigos y herejes contra los que defender la doctrina.

  • La segunda característica está determinada por la actividad preponderante de «descubrimiento de errores». Mientras que en los primeros siglos se intentaba encontrar formas comunes entre los creyentes y los no creyentes para una base sólida de discusión, luego nos encontramos con una fuerte caracterización de apropiamiento de la verdad definitiva, que se transforma en crítica y en juicio contra toda forma distinta de comprensión de la realidad.

  • El tercer elemento que se advierte y que parece paradójico es la desaparición progresiva del propio destinatario. Ya no hay un coloquiante concreto, con sus referencias históricas, políticas, culturales y religiosas, sino la doctrina, las tesis o las ideologías.

La Teología Fundamental contemporánea no puede ni olvidarse de la historia pasada ni soslayar los cambios que hoy se han operado6. Quiera o no quiera, está comprometida con la historia del pasado; y tiene que enfrentarse con la del presente en nombre de la responsabilidad de la fe que la hace existir.


En toda esta distinción de los destinatarios se deben destacar aspectos positivos y negativos:


Positivos


Negativos

+ Sentido ecuménico renovado, que ha permitido abrirse a los hermanos en el mismo bautismo.

+ Tomar seriamente en consideración la historicidad de nuestro teologar y de las condiciones típicas en que llegan a encontrarse el destinatario y el teólogo.

+ La conciencia histórica permite recuperar una base común inicial: se puede presentar más fácilmente a la persona de Jesús de Nazaret como un sujeto inserto en la historia de su pueblo; el destinatario es también protagonista de esta historia de salvación.


- Falta de unida de un referente filosófico, la individualización del destinatario está sujeta a diversas referencias filosóficas de ideológicas.
-La tentación de seguir el camino más fácil de una renovada neo-abstracción en la individuación del destinatario.
- La perspectiva del «otro», como hipotético interlocutor, sería una simplificación demasiado fácil, que sería conveniente evitar: las formas del ateísmo se presentan hoy totalmente diversificadas (ateísmo metodológico, filosófico, psicológico, lingüístico y pragmático), de modo que no existe la posibilidad de reducirla a un solo factor.
- Una profunda crisis de racionalidad. Una injustificada sobrevaloración es debida a la emotividad, de modo que ya no se percibe con claridad la importancia constitutiva de una conciencia crítica para el contenido de la fe.

Por tanto,

¿Quién será el destinatario contemporáneo de la Teología Fundamental?


  • El creyente, ya que él es siempre el primer destinatario de la reflexión teológica;

  • En segundo lugar el otro de nuestra fe, ya que es éste el que caracteriza peculiarmente a la Teología Fundamental dentro de la ciencia teológica.


Asignación:

- Leer R. Fisichella, Introducción a la Teología Fundamental, Pamplina: EVD, 1992, p. 61-76.


- Elaborar, en parejas, un mapa conceptual, en el que se exprese la comprensión de la identidad científica de la Teología Fundamental.
- Luego dedicaremos un tiempo prudencial para compartir las reflexiones de cada grupo. Haremos una discusión dirigida.



1 O. Ruiz Arena, Jesús, Epifanía del amor del Padre. Teología de la Revelación, Bogotá: CELAM, 1989, p. 36.

2 R. Latourelle, «Teología Fundamental», en en R. Latourelle – R. Fisichella, Diccionario de Teología Fundamental, Madrid: San Pablo, 1992, pp. 1443-1446.

3 Cfr. DV 4: «Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna. La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13)».

4 Cfr. R. Latourelle, «Teología Fundamental», en en R. Latourelle – R. Fisichella, Diccionario de Teología Fundamental, Madrid: San Pablo, 1992, pp. 1444-1445.


5 O. Ruiz Arena, Jesús, Epifanía del amor del Padre. Teología de la Revelación, Bogotá: CELAM, 1989, p. 50.

6 Se piensa sobre todo el la evolución que se ha tenido desde Pascal, con sus Pensamientos, remachando con fuerza la primacía del sujeto concreto; lo mismo propuso luego Newman con su Gramática del Asentimiento; y Blondel, con La Acción, hace la síntesis de las exigencias.


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