Universidad nacional de la plata facultad de bellas artes



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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

FACULTAD DE BELLAS ARTES

CÁTEDRA DE IDENTIDAD, ESTADO Y SOCIEDAD EN ARGENTINA Y LATINOAMÉRICA.

PROPUESTA PEDAGÓGICA Y PROGRAMA.

TITULAR: PROF. JUAN JOSE ESTEVES.
CONSIDERACIONES GENERALES: LA INCORPORACIÒN DE LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS SOCIALES EN LA FACULTAD DE BELLAS ARTES DE LA UNLP
“solo asumiendo nuestra decisión cultural siempre estaremos en el centro y nunca en la periferia. La elección de la autenticidad ya es el centro, y todo lo otro la periferia, incluso occidente.” (R. Kusch).

Actualmente, el dictado de la asignatura “Identidad, Estado y Sociedad en Argentina y Latinoamérica” se incluye en los planes de estudios correspondientes a las carreras de licenciatura y profesorado en artes plásticas en sus distintas orientaciones; en la carrera de música, también en sus diversas orientaciones, así como en las carreras de diseño en comunicación visual, diseño industrial, diseño en multimedia e historia del arte; todas ellas, dependientes de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. También, de acuerdo a lo aprobado en el consejo académico, comenzaría a dictarse en el plan de estudios de la licenciatura en comunicación audiovisual y en la carrera de música popular de reciente creación. Resulta un objetivo primordial que da sentido y articula la ubicación de esta cátedra al interior del Departamento de Estudios Histórico Sociales, el desarrollo de contenidos curriculares que permitan la adquisición de una perspectiva crítica que haga posible el cruce necesario entre las prácticas artísticas y los contenidos históricos – sociales desde los cuales cobra sentido, entre otros aspectos, la interpretación del fenómeno artístico. Así, la mirada propuesta desde esta asignatura complementa otras perspectivas existentes en otras cátedras del Departamento, que señalan entre sus propósitos, la formación de hábitos en los alumnos tendientes a conceptualizar el desarrollo de las prácticas disciplinares, entendiendo a estas como una praxis superadora de otros enfoques que han entendido a la reflexión teórica y a la práctica artística, como entidades disociadas entre sí. Así, una concurrente complementariedad de los enfoques articulados de las diferentes cátedras que conforman el Departamento de Estudios Históricos y Sociales, deberá dar por resultado un saber de las instancias que hacen a la producción artística como proceso intelectual, técnico, histórico y comunicacional. Estaremos de esta forma, contrarrestando procesos pedagógicos sustentados desde una formación enciclopedista, expresión de enfoques epistémicos de raigambre positivista, aún persistentes en universidades, academias y conservatorios, que no han hecho más que perpetuar el ideal de una permanente fragmentariedad y disociación de saberes, prácticas y procesos constitutivos del hacer cultural.

De la misma forma en que hemos resaltado el interés manifiesto en pos de entender la articulación dialéctica que reúne reflexión y práctica dando lugar a un nuevo elemento, la praxis social; en lo referente a la génesis de la creación artística, señalamos la necesidad de entender a la misma como un proceso, solo posible en el marco de un determinado horizonte cultural y por tanto, simbólico. Entendemos en tal sentido, que una cultura puede ser considerada como una estrategia de vida (Kusch, 2003) y como respuesta de un pueblo y una nación a los condicionamientos sociales, económicos y políticos, que dan por resultado la constitución de un “ethos” colectivo.

Así, consideramos que esta propuesta pedagógica en el campo disciplinar de la creación artística, deberá facilitar como objetivos de logro en la relación alumno – docente – institución académica, la comprensión de los diferentes componentes del proceso de creación artística, como momentos de una particular objetivación del hombre en su mundo. En este sentido entendemos al arte no solamente como un lenguaje posible portador de subjetividades, emociones o experiencias, sino también como un proceso que en si mismo abre a una dimensión ontológica y por tanto real. No solo la ciencia, la economía o la política determinan realidades, sino que en nuestro caso académico específico de la producción artística, la obra es formadora de mundos posibles, en tanto y en cuanto se trate de un proceso vivo de permanente interacción del mundo simbólico, cultural y político de una comunidad determinada que puede por el, modificar y transformar la cotidianeidad de sus sujetos.



Sintetizando lo expuesto, la propuesta pedagógica deberá permitir como resultado, la equilibrada interacción de conceptos que recorran los distintos planos que puedan ser transversalmente integrados por una perspectiva histórico social latinoamericana, a saber: la del sujeto productor (artista, diseñador, gestor cultural); la del sujeto co- productor (publico, receptor, destinatario), la de la obra de arte en si misma y la del actor social colectivo que interviene históricamente a través de identidades políticas reconocibles. El carácter social y procesual de los objetos de estudios que forman parte de nuestra unidad académica, nos permite sostener la multidireccionalidad interdisciplinaria desde donde dar cuenta de su complejidad y esencia: desde la producción creadora que concibe, gesta y realiza comunicando sentido, y desde los constructores sociales de procesos históricos que son los pueblos, auténticos destinatarios y gestores de la identidad nacional. Desde esta mirada, entendemos que cobra sentido reinstaurar desde un enfoque hermenéutico sobre el pasado del hecho histórico y el pasado de la obra artística realizada, mediante el ejercicio de la permanente reinterpretación que las generaciones presentes hacen a los mismos. La obra artística y la historia misma transitan la posibilidad de su trascendencia a futuro, en el desafiante juicio de valor que cada cultura, cada pueblo y cada nación les consagre. Frente a la pretensión avasallante omnicomprensiva de un pensamiento único globalizado por “las bondades del mercado” o impuesto por la “abstracta inteligencia privilegiada” de la academia, proponemos la abierta situacionalidad de la obra artística que pueda promover el interés genuino del hombre que vive, siente y construye la posibilidad de un mundo mejor, aquí y ahora. Nuestra propuesta pedagógica deberá entonces promover el análisis crítico valorativo, reinsertando nuevas categorías acordes a los tiempos vigentes, que permitan entender el espacio geopolítico latinoamericano en el cual se inserta como un componente más, lo específico del lenguaje comunicacional de la obra artística o proyectual. Tal esfuerzo crítico tendrá como fin, no la generación de “usinas de especialistas” en el conocimiento social del arte, sino de artistas y profesionales capaces de llevar adelante los compromisos que el proceso de ampliación democrática reclama para la Nación latinoamericana.
LA POLÍTICA, EL ESTADO Y LA SOCIEDAD EN EL CAMPO ACADÉMICO:
El proceso militar del año 1976 en la Argentina interrumpió, entre otras cuestiones, el ciclo generacional de incorporación a la vida política de los jóvenes. Lo que era dable de esperar en una nación democrática en lo que a participación, debate y compromiso respecta, se vio frustrado para la intención de miles de argentinos. Entre ellos, el sector correspondiente a la juventud, impedido de participar en el acto de elección de autoridades por los canales que la constitución impone, resultó doblemente cercenado en su derecho a proponer su representación y a ser depositario de una experiencia que – más allá de las interrupciones facciosas – venía desarrollándose desde el año 1916 en el país. Las expectativas y proyectos del sector juvenil crecieron al amparo, en las últimas tres décadas, de un país que vio incrementar – tomando fuentes del INDEC para el período 1974 / 2004 - su índice de pobreza del 4,7% al 47,8%; su índice de indigencia del 2,1% al 20,5%, mientras que la desocupación lo hacía del 2,7% al 15%.

El avasallamiento de los canales institucionales del ejercicio democrático no se limitó solamente a la esfera de los derechos humanos, las garantías individuales y asociativas y la imposición coercitiva de un modelo económico devastador. El régimen de facto puso en circulación una maquinaria perversa de silencio, ocultación de la verdad y tergiversación de las más caras conquistas de la sociedad argentina; ello mediante un dispositivo propagandístico e ideológico que tuvo por finalidad cuestionar la necesaria interrelación entre política y democracia. Así, “ser joven”, “ser político” o “ser militante” en la argentina del proceso militar pasó a ser una condición a marginar, cuando no eliminar, del acervo de las nuevas generaciones. Igual suerte correrían todo lo que tuviera que ver con las vocaciones participativas, la posibilidad de debatir y pensar lo público desde escenarios colectivos y el compromiso social solidario con los sectores más vulnerables de nuestro país. Todos estos, valores fuertemente arraigados en la cultura política nacional de las mayorías populares vigentes durante los gobiernos Yrigoyenistas y Peronistas (1916 – 1930; 1945 – 1955). Estas interrupciones cíclicas de la vida democrática argentina, han tenido su resultado sobre el sector juvenil, llegando a erosionar la confianza de este sector hacia las prácticas inherentes a la vida política y social.

Hoy, desde otro contexto diametralmente opuesto al reseñado – aunque no exento de las dificultades propias que la etapa histórica presenta -, consideramos indispensable generar dentro de la institución académica, el debate de ideas en torno a las dimensiones del Estado, la sociedad y la política como instrumento de transformación y mejoramiento de la calidad de vida de de la sociedad en su conjunto. Algunos elementos deberán ser premisas irrenunciables en nuestra propuesta: el debate de ideas deberá ser construido “con” todos los actores implicados, entendiendo en este sentido, que es función de la educación superior universalizar democráticamente la palabra de quienes sin acceder a ninguno de sus claustros, solventan diariamente con su trabajo la factibilidad de la instrucción pública. Solo así dejarán de ser consignas los ideales presentes desde la Reforma del 18 hasta nuestros días, de contar con una universidad al servicio de las mayorías nacionales.

El debate cotidiano en las aulas brinda un espacio fructífero en donde conformar la representación y el sentido de las nuevas generaciones de universitarios, que no debe quedar restringido a las redes mediáticas de la comunicación, la comunidad barrial o el agrupamiento político, más allá del aporte valorable que estas instituciones puedan hacer. La vigencia reciente de un discurso único desde las usinas neoliberales, han operativizado la falsa premisa según la cual, ni el estado ni la universidad son actores constructores de discursividades políticas. Se ha intentado así vaciar de sentido político a la representación de lo público, dejándola a merced de intereses corporativos del mercado. Frente a esto, sostenemos que la configuración de un espacio de debate de ideas políticas y sociales es una tarea indelegable de la institución pública educativa. No se trata de una cuestión de elección de modelos académicos, sino de una responsabilidad inherente al deber y el rol que la universidad debe cumplir. Como lo afirmara tiempo atrás con claridad Arturo Jaureche, refiriéndose a los debates historiográficos:


“No es pues un problema de historiografía, sino de política: lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que esta es solo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la nación.” (Jaureche, 1989)
Se trata así, de una responsabilidad a ser asumida desde el espacio académico, toda vez que sigamos entendiendo que, a mayor participación de la ciudadanía en los procesos políticos se corresponderán mayores niveles de institucionalización de la democracia.

Sociedades tan vitales y complejas a la vez como las nuestras, habitantes de este sur continental, dan lugar a una multiplicidad de discursos mediatizados; mensajes e imágenes capaces por si mismas de crear la ilusión de la presencia como sujetos plenos de derechos, desde una pasiva butaca del telelevoto, el raiting o el consumo acrítico de opiniones que se suceden con una fugacidad tal que impiden el necesario análisis. Se presenta así un espacio discursivo diseccionado desde una lógica del pasado, que no ha permitido creemos aún, ser ocupado plenamente por la multiplicidad de las voces que encarnan hoy el conjunto de actores sociales de la Nación.



Frente a este proceso de articulación viva de intereses que se expresan en lo cultural, lo estatal, lo societario y lo político, deberá la formación superior pública plantearse una estrategia de incidencia acorde a los tiempos vigentes. La educación superior debe permitir el fortalecimiento de aquellas herramientas analíticas necesarias para la formación de ciudadanos plenos de derechos y profundamente comprometidos con la vigencia de los valores democráticos en su real acepción.
LA PERSPECTIVA LATINOAMERICANA:
Partimos del reconocimiento de la heterogeneidad cultural que hace a la identidad de los sectores populares en América Latina (Argumedo, 2001), que se impone por su propia naturaleza y realidad a los modelos explicativos propios de las concepciones oficializadas por las ciencias sociales. Esta realidad compuesta por la concurrencia en un mismo espacio físico y cultural de diferentes etnias, comunidades y expresiones histórico políticas, han ahondado la crisis de los paradigmas teóricos vigentes durante décadas en las instituciones académicas. Fenómenos recientes como la emergencia de nuevos movimientos sociales que han puesto en cuestión las representaciones políticas tradicionales de los partidos; la creación de nuevas estrategias de supervivencia y lógicas solidarias de los sectores populares, conviven hoy con el reconocimiento de estructuras políticas tradicionales y sus modelos de reproducción del poder. La emergencia de lo social frente al orden restrictivo de los centros hegemónicos mundiales, ha dejado al descubierto nuevos campos epistémicos definibles desde otras categorías de análisis. Esta perspectiva latinoamericana confronta enriqueciendo la perspectiva clásica occidental de las ciencias sociales. No se trata de negar la tradición académica siempre vigente, sino de incorporar el punto de vista “sujeto” y no objeto de las experiencias populares en Latinoamérica. Una construcción epistémica que gravite sobre la “recuperación de los relatos de las alteridades excluidas por las corrientes eurocéntricas” (Argumedo, 2001); el reconocimiento del “otro” negado, cosificado o lisa y llanamente menospreciado por la tradición científica de occidente. En palabras de Rodolfo Kusch:
“Vivimos un divorcio ingenuo y prejuicioso entre sujeto cognoscente y sujeto conocido, respaldado por el afán de lograr una jerarquía huidiza sobre lo americano.”
Se trata entre otras cosas, de la consideración discursiva del relato de los vencidos, de los excluidos, de los subalternos. Un espacio de reflexión teórica que sume a la tradición académica vigente, otras lógicas, diferentes perspectivas que, para el caso latinoamericano, hallamos no necesariamente en las fuentes consagradas por la academia, sino en aquellas provenientes de la cultura popular, sus resistencias culturales y sus formas de integración; sus movimientos políticos populares, sus testimonios vivos. En suma, un campo conformado desde aquellos saberes que han “orillado” la ciencia tradicional, no por voluntad de autarquía teórica, sino por decisión de confrontar críticamente con lo establecido. En otras palabras, “hacer entrar en juego saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados” (Foucault, 1993) por la academia.

PROGRAMA DE LA ASIGNATURA.


OBJETIVOS GENERALES:

El programa de la asignatura propone el abordaje de los distintos procesos históricos y sociales que han conformado la identidad de los pueblos latinoamericanos, analizando los mismos a partir de las relaciones existentes entre la conformación del Estado, la sociedad y la construcción de identidades culturales y políticas que han correspondido a cada período. Se tomará como eje de análisis los procesos correspondientes al Estado Argentino en los siglos XIX y XX y su articulación con el ordenamiento económico mundial, considerando como hipótesis la existencia de una perspectiva histórica y destino común de los países del centro y cono sur del continente americano. En esta dirección, la asignatura presupone como marco epistemológico lo que se ha dado en llamar una “matriz autónoma de pensamiento” (Argumedo, 1994), permitiendo el recorrido de los procesos histórico locales desde una tensión específica, que no niega pero si confronta dialógicamente con los modelos de pensamiento hegemónicos provenientes de la ciencia social europea y norteamericana a partir de la consolidación de la modernidad en occidente.

El recorte temporal propuesto contempla el estudio de los procesos de modernización en la Argentina y el continente, conjuntamente con la evaluación de los mismos, tomando como indicador la centralidad del hombre como realidad fundante de los procesos sociales.

Finalmente, el desarrollo programático incluye la incorporación de la perspectiva histórica en el horizonte complejo del presente, de manera tal de favorecer a partir de los conocimientos adquiridos, la elaboración de un diagnóstico de situación desde el cual ejercerá su práctica profesional el futuro egresado de la Facultad de Bellas Artes.

CONTENIDOS MINIMOS:


  • El método hermenéutico en la investigación histórica. Saberes sujetos y genealogía del saber.

  • Concepto de ideología y matriz de pensamiento en las ciencias sociales.

  • El modelo agroexportador y el desarrollo exógeno dependiente.

  • Conformación de la identidad democrática en los movimientos sociales latinoamericanos.

  • Los nacionalismos. Conformación ideológica, influencias y proyección.

  • Movimientos populares, populismos y Estado Benefactor.

  • Radicalización y nuevas experiencias de lucha en Latinoamérica y Argentina. Influencia de los movimientos tercermundistas.

  • El modelo de acumulación desarrollista.

  • Doctrina de Seguridad Nacional, terrorismo de estado y modelo de acumulación aperturista.

  • Políticas de integración regional.

CONTENIDOS POR UNIDAD.

UNIDAD NRO. 1: EL PROYECTO DE MODERNIDAD DE OCCIDENTE Y CONFORMACIÓN DE LAS CIENCIAS SOCIALES.

El proyecto de la modernidad y las ciencias sociales. Las matrices del pensamiento social decimonónico: El tratamiento positivo de los fenómenos sociales. Comprensión, racionalidad y significación de la realidad histórico social. El materialismo científico. El enfoque hermenéutico en la historia. La genealogía del saber y los saberes sujetos.


UNIDAD NRO. 2: LA PERSPECTIVA LATINOAMERICANA.

El concepto de “matriz autónoma de pensamiento”. El siglo 19 en Argentina y Latinoamérica. El proyecto iluminista. Civilización y barbarie en el ideario de la elite gobernante. El hombre americano: contraposición entre el ser y el estar. El proyecto emancipatorio de la “Patria grande”. Centro y periferia en la territorialización del poder.


UNIDAD NRO. 3: IDENTIDAD OLIGARQUICA. Y ESTADO AGROEXPORTADOR.

El modelo agroexportador de la Generación del 80. El nuevo ordenamiento económico mundial y la división internacional del trabajo. Liberalismo económico y positivismo ideológico en el proyecto modernizador latinoamericano. La consolidación de la oligarquía argentina: Identidad del sector. La anexión territorial y supresión de los pueblos originarios. Resistencia cultural y defensa identitaria.


UNIDAD NRO. 4: NACIONALISMOS E IDENTIDAD.

Modernidad y tradición. La recuperación positiva de la “barbarie”. La “metamorfosis del gaucho” en la cultura argentina. El triángulo nacionalista: Ricardo Rojas, Manuel Gálvez y Leopoldo Lugones. El pueblo como sujeto de la historia. FORJA y el nacionalismo antiimperialista. Otras influencias y nuevas síntesis en el pensamiento nacionalista: Hernandez Arregui y la formación de la conciencia nacional.

UNIDAD NRO. 5: MOVIMIENTO OBRERO, IDENTIDAD POPULAR Y ESTADO SOCIAL.

Inmigración y orígenes del movimiento obrero en Argentina. Socialistas, Anarquistas y sindicalistas. El modelo de acumulación justicialista. Carácter movimientista y liderazgo político en Perón. Ascenso y sindicalización de los trabajadores. Nuevas retóricas y escenarios en el arte de la política. Eva Perón y la construcción del sujeto revolucionario. Los balances críticos de la experiencia: “Populismo, reformismo y totalitarismo”. El proyecto de integración latinoamericano.


UNIDAD NRO. 6: CRISIS DEL MODELO DEPENDIENTE Y NUEVAS IDENTIDADES POLÍTICAS EN LATINOAMÉRICA.

El nuevo orden mundial de posguerra. Bipolaridad; guerra fría y emergencia del tercer mundo. El modelo de acumulación desarrollista. Nuevas formas de resistencia popular. Redistribución del ingreso y transnacionalización de la economía. La nueva izquierda latinoamericana y la radicalización del sector estudiantil. Las luchas obreras contra la proscripción: resistencia e integración sindical.


UNIDAD NRO. 7: ESTADO TERRORISTA Y SUPRESIÓN DE IDENTIDAD.

La Escuela de las Américas y la doctrina de la seguridad nacional. El Estado Terrorista Argentino. Objetivos políticos y programa económico. El modelo de acumulación aperturista. La teoría del paralelismo global represivo. Medios de comunicación, cultura y dictadura. Los organismos de derechos humanos. La lucha por la justicia, verdad e identidad. Modalidades represivas del cono sur latinoamericano.


UNIDAD NRO. 8: POBREZA, EXCLUSIÓN Y CONFORMACIÓN DE LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES.

Neoliberalismo y pensamiento único. Las tesis del fin de las ideologías y el fin de la historia. Globalización y cultura posmoderna. La pobreza como condición del modelo. Fragmentación social y emergencia del tercer sector. Los nuevos movimientos sociales y la reconstrucción identitaria del sujeto político. El estado Inclusivo y la integración regional latinoamericana.

BIBLIOGRAFÍA AMPLIADA.
Tratándose de una asignatura de régimen anual, y teniendo en cuenta que la aprobación de la misma requiere de un trabajo de investigación monográfico sobre alguno de los puntos del programa, se ofrece una bibliografía ampliada sobre el mismo. Con el desarrollo de cada punto del programa se irá precisando los capítulos y textos principales. Asimismo, el alumno encontrará un insumo básico de textos de consulta para incentivar su trabajo de investigación. Todos los textos resultan de un trabajo de relevamiento bibliográfico realizado por los integrantes de la cátedra como parte de los seminarios internos de investigación. Se hallan a disposición de los alumnos la reproducción total de los mismos, reseña y ficha técnica.
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INSTRUMENTACIÓN PEDAGÓGICA DE LA PROPUESTA:
Fundamentaremos los aspectos metodológicos tomando en cuenta el desarrollo de cuatro años de dictado de la signatura, desde su aprobación por parte del Consejo Académico, como cátedra paralela en Febrero del año 2005. En este sentido, la propuesta deviene de la propia experiencia del equipo de trabajo que conforma la cátedra.

En primer término, señalaremos que las cátedras paralelas significaron un espacio de opción desde donde el alumno ha tenido la oportunidad de elegir ante diferentes enfoques teóricos, selección de temas y bibliografía, que creemos, ha enriquecido la propuesta académica vigente. Tratándose de enfoques distintos, tanto en la oferta temática, bibliográfica y pedagógica, deberá contar el alumno para la correcta elección de acuerdo a sus preferencias, de la información necesaria a través de la difusión del programa de la asignatura, y la asistencia opcional a las clases de presentación anual de la cátedra.



La propuesta pedagógica de la cátedra se articula mediante tres instancias complementarias, las clases teóricas, las clases de trabajos prácticos y las actividades extensivas.

Respecto de las clases teóricas, las mismas se desarrollan con una frecuencia de un encuentro por semana, en dos bandas horarias de forma tal de dividir equitativamente la matrícula en los dos auditorios con que cuenta la Facultad de Bellas Artes (Plaza Rocha y Anexo). En esta instancia, a cargo del profesor titular y adjunto de la cátedra, se procede a la presentación de los temas del programa, el desarrollo de la bibliografía sugerida para cada unidad y la evacuación general de dudas y dificultades que presenten para los alumnos las cuestiones abordadas. El mejoramiento de la calidad pedagógica contempla la incorporación de recursos y tecnologías que incidan en el proceso de enseñanza, tal el caso del uso de la reproducción de material visual y sonoro en el caso de entrevistas, documentales, películas, conjuntamente con la utilización de filminas, diapositivas y guías de lectura. También se contempla., y así lo henos hecho en el transcurso de los distintos años lectivos de existencia de la cátedra , la apertura de la exposición en las clases teóricas de conferencista y expositores externos, los que son invitados en virtud de su especialización en los temas tratados, o el carácter testimonial insustituible de algunos de ellos. Así, bajo un concepto de “cátedra abierta”, han expuesto representantes de organismos de derechos humanos; autores y artistas miembros de comunidades originarias en nuestro país; legisladores nacionales especializados en la cuestión educativa; militantes populares con protagonismo en distintos períodos de la vida nacional y representantes de centros de ex combatientes de las Islas Malvinas. El concepto que ha fundamentado la apertura de la cátedra a representantes sociales se inscribe en la idea de concebir a la cátedra no como “claustros cerrados” ni mucho menos, “posesiones” de uno u otro profesor, sino como espacios de articulación y construcción de saberes que pertenecen, al menos en una asignatura como la nuestra, tanto al mundo académico como al mundo de las fuerzas vivas que llevan adelante su labor cotidiana por “fuera de los claustros académicos”. Creemos que una sólida concepción de universidad democrática, no debe quedar circunscripta solamente a una dimensión extensionista de la misma, la cual algunas veces confundió el pilar irrenunciable de la función social de la educación pública con el mero “ir a la comunidad”. Esta forma reducida de concebir la extensión en la educación superior puede tener los vicios que reproducen un modelo liberal de “derramar opulencia de saberes hacia los pobres” cuando estos conocimientos sobrepasan los objetivos curriculares y nos exceden. Creemos que una universidad democrática, con contenido nacional y popular, es aquella que es capaz de disolver los muros arbitrarios, las distancias que separan a los “enclaustrados” de los ciudadanos; es aquella que no solamente extiende su “superávit académico”, sino que es capaz de asimilar e incorporar el desafío de resolver los problemas que hacen a la vida social política y tecnológica de una nación en su conjunto y no de resolver los problemas sectoriales de aquellos que han tenido el privilegio de acceder a una educación superior. Para ello, es necesario planificar estrategias participativas entre el Estado y las organizaciones sociales, económicas y políticas, pero a sabiendas de aquello que por obvio resulta algunas veces soslayado: que la universidad es parte del Estado. Finalmente, el trazado que une la articulación universidad – sociedad – aula, como un espacio de porosidad permeable, deberá tener el presupuesto histórico de saber que no puede haber “universidad dorada” en un país que no se realiza material y culturalmente.

El desarrollo del trabajo en clase presupone por parte del alumno:




  1. La incorporación de hábitos de estudio y disciplina de trabajo intelectual para el abordaje de las lecturas obligatorias y las tareas propuestas en las guías de lecturas, de forma tal de facilitar la incorporación gradual de los contenidos curriculares. Es necesario insistir en este lugar recurrente del logro de actitudes y frecuencias periódicas de estudio por parte de los alumnos, habidas cuentas de la planificación semanal de los temas.

  2. Tratándose de temas que no están necesariamente contemplados en la formación troncal propia de las carreras de estudio, una dedicación intensa para incorporar el trabajo de interpretación de las lecturas propuestas, presupone iniciativas por parte del alumno tendientes a la búsqueda de lecturas complementarias, información periodística, diccionarios técnicos y material fílmico

  3. Criterios de autoevaluación por parte del alumno que le permitan objetivar su proceso de aprendizaje.

  4. Discernimiento analítico para determinar los aspectos no comprendidos en la exposición de las clase o el trabajo con los textos de forma tal de permitir una correcta interacción entre el docente y el alumno.

Por parte del docente se requiere entre otros aspectos:




  1. Introducir de manera clara los elementos conceptuales necesarios para que el alumno pueda iniciar su recorrido de aprendizaje autónomo con los textos

  2. Organizar la intervención en las clases en función del diagnóstico de dificultades presentadas por los alumnos.

  3. Promover el intercambio de experiencias entre los alumnos habida cuenta del la distinta procedencia de carrera y recorrido disciplinar de los mismos.

  4. Efectuar evaluaciones parciales en distintas instancias y solicitud de informes, para que con las respectivas correcciones y devoluciones exista una correcta dimensión por parte del alumno de las dificultades en el proceso de asimilación conceptual de la asignatura.

En relación al perfil que define mayoritariamente al estudiante de la Facultad de Bellas Artes, con toda la laxitud que esta caracterización pueda presentar, podemos afirmar que la modalidad pedagógica de clases teóricas y trabajo en comisiones de prácticos resulta adecuada a la dinámica y disponibilidad horaria de los alumnos. Así mismo, el dictado anual de la materia permite el crecimiento cualitativo a lo largo del año por parte de los mismos, en la medida en que se van incorporando y relacionando conceptos y autores que guardan una concatenación necesaria en el programa de estudios. En tal sentido, reafirmamos la necesidad de que los contenidos de una asignatura como la nuestra, que en mucho de los casos representan temas de estudio no frecuentados por los alumnos, sean dictados en un período anual. Esta disponibilidad de la materia en un año lectivo permite entre otras cosas: 1) Incorporar las categorías conceptuales epistemológicas necesarias que hacen al enfoque propio de la cátedra. 2) Desarrollar las unidades imprescindibles para el correcto recorrido de los contenidos mínimos señalados en el plan de estudio. 3) Incorporar técnicas metodológicas básicas de investigación propias de las ciencias sociales. 4) Facilita la posibilidad de, promediando la segunda mitad del año, dar un tratamiento pormenorizado de algunos de los temas del programa que resulta de especial interés para el alumno o la cátedra 5) Evaluaciones progresivas que permitan un seguimiento lo más particularizado posible del proceso de enseñanza aprendizaje requerido por la asignatura.


Entendemos que los contenidos propuestos en una asignatura que toma como eje temas referidos a la construcción de identidad política y a la relación Estado – sociedad, sugiere una serie de revisiones por parte del alumno en lo concerniente a su rol social como gestor o productor de sentido a través de la obra artística y proyectual. La discusión en torno al proceso de institucionalización de las ciencias sociales, así como del artista, en contextos de producción intelectual como el que asistimos, permiten al menos, discutir supuestos y estereotipos construidos muchas veces, desde representaciones mediáticas o de opinión, y que terminan operando sobre la propia práctica de alumnos y docentes. Referido a esto, es observable la imposición de paradigmas que asocian a la figura del artista como una “genialidad” por “encima”, al “costado”, pero en definitiva, siempre “por fuera” de las necesidades del conjunto de las personas que comparten una identidad de comunidad. Esta visión del artista como un “iluminado” o “excéntrico” – también trasladable a la figura del intelectual como “vanguardia” – termina generando la posibilidad de desvinculación y falta de compromiso con la necesidad de adecuación a un proyecto de país equitativo y solidario. Sumado a lo anterior, anacronismos tales como los de las “Bellas Artes” (denominación de nuestra unidad académica), agregan un componente de discriminación entre supuestas “artes mayores” y “artes menores”, o más crítico aún, entre “arte culto” y “arte popular”. Falsas contradicciones ampliamente discutidas ya, que reflejan una división social del trabajo, mucho más ligada a la génesis de la cultura de occidente que a la realidad de nuestras sociedades latinoamericanas.

Al retomar la discusión de la producción intelectual y artística desde el marco de nuestra cotidianeidad como continente emergente de un proceso de retraimiento social, no podemos dejar de señalar la tensión vigente y operante que los centros de poder mundial generan, globalización mediante; la imposición de cánones y modelos desde los cuales “legitimar o desacreditar” las producciones artísticas, culturales o científicas. En el trasfondo de la cuestión, sabemos ya que lo que se halla realmente en disputa no son precisamente programas, resultados, obras artísticas o teorías, sino la posibilidad de interferir desde los núcleos hegemónicos sobre los procesos de formación de identidades nacionales y organización social, en los cuales el artista tiene un rol como gestor y articulador de procesos de construcción de sentido.

Frente al diagnóstico sugerido y mas allá de las especificidades propias de los contenidos curriculares de nuestra asignatura, el desafío de logros a obtener como resultado del trabajo en la cátedra, no escapa a los que en líneas generales presentan otras materias de carácter teórico de la Facultad, que integran el Departamento de Estudios Históricos y Sociales. En este sentido, señalamos algunas expectativas de logro frente a los alumnos, las cuales consideramos generales y transversales a otras asignaturas:


    1. Inducir en el alumno el reconocimiento y fortalecimiento de los recursos propios adquiridos en instancias anteriores del sistema educativo, que resultan necesarios para el proceso de aprendizaje de los temas nuevos propuestos, la conceptualización y la exposición argumentativa.

    2. Generar actitudes críticas y reflexivas en torno a las discusiones teóricas que acompañan el campo de estudios históricos, sociales y filosóficos contemporáneos.

    3. Fomentar instancias grupales y transdisciplinares en la construcción de los saberes.

    4. Promover espacios de trabajo práctico e intelectual de manera tal que permitan una constante vinculación entre las problemáticas contemporáneas que acompañan la constitución del campo de las ciencias sociales y las específicas del campo artístico.

    5. Facilitar instancias áulicas abiertas a distintos referentes, organizaciones sociales y culturales que aporten experiencias de trabajo novedosas o poco incursionadas en los espacios académicos.

En relación a estos objetivos propuestos, es importante el trabajo sistemático en el desarrollo de capacidades y técnicas específicas de la investigación académica, tal el caso de:




  1. El reconocimiento y análisis de argumentaciones en autores, docentes y las propias de los alumnos.

  2. La producción de informes escritos que reflejen la conceptualización sobre las diferentes unidades del programa.

  3. El estímulo de hábitos de trabajo en equipo, fomentando la puesta en común de las dificultades que presentan los temas tratados, el reconocimiento y valoración de las diferentes argumentaciones sobre el mismo, y la búsqueda de acuerdos y consensos como estrategia posible para el logro del conocimiento.

  4. Desarrollar las prácticas necesarias para el enriquecimiento del vocabulario técnico a partir de la sistematización de las categorías de análisis centrales de las disciplinas sociales.

  5. Introducir técnicas y metodologías pertinentes al proceso de investigación .








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