Universidad salesiana



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CONCLUSIÓN Y SÍNTESIS
Sobre este período y como conclusión se puede manifestar lo siguiente en base al Dr. en historia Jesús García del Portal.
Lo que se venía preparando desde el siglo XIV se afianzó en el XVI, la burguesía adquiere poder sobre la clase que empieza a desplazar: La nobleza y con ello el capitalismo empieza a emerger sobre el decadente feudalismo. Los burgueses, comerciantes poderosos, empezaron a reunir a los trabajadores hasta entonces aislados para hacerles cooperar en su proyecto de conquista económica e ideológica. Mediante una gradual socialización de los trabajadores y de los instrumentos, se fue pasando desde la cooperación simple, a la manufactura y desde la manufactura a la gran industria, que caracterizará el siglo XVIII.
Fueron cuatro, desde lo político ideológico, las corrientes pedagógicas que van desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII:

 

1.       La que expresa los intereses de la nobleza cortesana.



2.       La que sirve a la Iglesia feudal.

3.       La que refleja los anhelos de la burguesía protestante.

4.       La que traduce las tímidas afirmaciones de la burguesía irreligiosa.

 

Los estudios superiores durante el Renacimiento fueron extraordinariamente caros y los estudios inferiores de carácter popular no existían, por ello Pierre de la Ramée comentaba: “Es cosa bien indigna que el camino que conduce a la filosofía esté cerrado y prohibido a la pobreza”.



 

Si bien, el protestantismo se preocupó por la educación “popular” (1524), en el sentido de difundir las primeras letras que las escuelas monásticas del catolicismo ni siquiera tuvieron en cuenta, lo hizo en cuanto la difusión de la lectura permitía el tratamiento directo de la Biblia y orientaba en el sentido de la Iglesia reformada (la enseñanza en dichas escuelas no pasó de la religión, el latín y el canto de la iglesia).

 

Lutero comprendió, además, la estrecha relación existente entre la difusión de las escuelas y la prosperidad de los negocios. “La prosperidad una ciudad –decía- no consiste solamente en poseer grandes tesoros, fuertes murallas, bellos edificios, grandes provisiones de mosquetes y armaduras. . . . El tesoro mejor y más rico de una ciudad es tener muchos ciudadanos puros, inteligentes, honrados, bien educados, porque éstos pueden recoger, preservar y usar propiamente todo lo que es bueno”. Pero si Lutero fue de los primeros en expresar que la instrucción era para la burguesía una fuente de riqueza y de poder, estuvo muy lejos de extender esos beneficios a las masas. Las muchedumbres miserables le inspiraban por igual el desprecio y el temor. Usaba para designarlas una expresión pintoresca: Herr Omnes, es decir, “el señor todo el mundo”. “No hay que bromear mucho con el señor todo el mundo –escribía-. Por eso es que Dios ha constituido autoridades porque quiere que haya orden aquí abajo” (LUTERO: Memorias).



 

Educar a las clases acomodadas y no “abandonar” a las clases desposeídas, esa fue la intención del protestantismo.

 

Por su lado, la Iglesia Católica ante la amenaza poderosa del protestantismo y para afianzar el poder del Papa y fortificarse, salió a luchar con las nuevas órdenes religiosas fundadas en su Contrarreforma como la milicia jesuítica. Sobre el terrero estrictamente pedagógico, los jesuitas se esmeraron en dar a sus colegios el más brillante barniz posible de cultura. Sus maestros eran, sin disputa, los más escrupulosamente preparados; su enseñanza, la más estrictamente dirigida.


En una carta de Languet fechada en Agosto de 1571, puede leerse que “Los jesuitas eclipsan en reputación a todos los profesores y poco a poco hacen caer a la Sorbona de París en el desprecio”.

 

La educación jesuita no usaba los recursos de la enseñanza sino como un instrumento de dominio. Especializados sobre todo en la enseñanza media, lograron de tal manera sus propósitos, que desde fines del siglo XVI hasta comienzos del XVIII nadie se atrevió a disputarle a la Compañía de Jesús la hegemonía pedagógica que la Iglesia había reconquistado.



 

Hicieron coro, como grandes representantes del pensamiento, en el mismo siglo Bacon (1561-1626), Descartes (1596-1650), Pascal (1623-1662); afirmando el primero que la verdad va cambiando con los tiempos (y sobre todo: El poder aumenta con los conocimientos); aconsejando el segundo no rendirse nada más que a la evidencia; invitando el tercero a introducir el experimento como criterio seguro de las ciencias. El Novum Organum, de Bacon es de 1620; El Discurso del Método, de Descartes, de 1637; el Fragmento de un tratado sobre el vacío, de Pascal, de 1651.


Con todo, un pastor de la iglesia portestante de Moravia –pastor para que se destacara mejor el carácter todavía indeciso de la burguesía que iba siendo cada vez más revolucionaria sin saberlo-, John Amos Comenius (1592-1671) se propuso dar en el terreno de la educación el cuarto gran libro que faltaba: veinte años después del Discurso del Método, la Didáctica Magna apareció (1657).

 

Si con Comenius la necesidad de una “nueva educación” resonaba como un llamado desde la Moravia, con Locke (1632-1704) el mismo reclamo se levantaba desde Bristol. Asqueado de la Universidad de Oxford –como a Bacon le había ocurrido con la Universidad de Cambridge- Locke se preguntaba de qué podía servir el latín a hombres que van a parar en un oficio. “Nadie podría creer –dice- a menos de estarlo viendo, que se obligue a un niño a aprender los rudimentos de un idioma que no usará nunca y a olvidar por el contrario a hacer cuentas que tan útiles son no sólo en los oficios, sino en todas las condiciones de la vida”.



 

Es de 1693 la obra fundamental de Locke en pedagogía, Pensamientos acerca de la educación, y aunque en ella sólo se preocupa, como queda dicho, de los cuidados a tener con un joven gentleman, no deja por eso de aconsejarle el estudio de la teneduría de libros como “absolutamente necesario”.

 
Unidad VI
LA EDUCACIÓN EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA
Se reconoce a este período al comprendido desde el siglo XIX hasta nuestros días
LA EDUCACIÓN EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX
Heredera de la gran tradición pedagógica de los siglos anteriores, el XIX la continúa, aunque con diferencias significativas. En primer lugar prosigue la pedagogía idealiza iniciada en la época precedente y representada por filósofos de la altura de Fichte, Hegel y Schleiermacher y por escritores como Goethe. En esta misma dirección idealista se haya la figura de Federico Froebel, el creador de la educación de la primera infancia. También destaca la personalidad más realista de Federico Herbart, el fundador de la pedagogía científica y sus continuadores herbartianos.
Puede decirse que mientras en la primera mitad del siglo XIX predomina la corriente idealista, en la segunda lo hace la realista y positivista.
Al referirnos al siglo XIX, hablamos a menudo de revolución política y revolución social, como también de revolución Industrial e Instrucción Cabe recalcar que la revolución industrial cambió las condiciones y las exigencias de la formación humana.

 

EL UTOPISMO

 

En el siglo XIX asistimos a una nueva ola de utopías en estrecha relación con las revoluciones industrial y política. Veamos algunas:


Fourier se mueve en la tradición individualista de Rousseau, con su rechazo a toda sistematización impuesta, con su "educación armónica", que exalta la espontaneidad, el juego y el "mariposeo" del niño de una a otra experiencia. Habla de una educación "armónica" dentro de las "falanges" en las que los hombres se deben asociar para vivir y trabajar:
"La educación armónica, en sus procedimientos, tiende en primer lugar a hacer surgir en la edad más tierna las actitudes instintivas, aplicando cada individuo a las funciones a la que la naturaleza lo destina y de las cuales se aleja con el método civilizado, que de ordinario, y salvo raras excepciones, coloca a todos en oposición a las vacaciones respectivas. La división del trabajo debe ser llevada hasta el grado supremo, a fin de poner cada sexo y dada edad a las funciones que le convengan.

 Por otro lado, Étienne Cabet auspicia para todas instrucciones elementales que comprende todos los conocimientos, y a partir de ésta una instrucción especializada con elementos teóricos y prácticos.


Robert Owen quería “La formación integral, en lo físico y en lo moral de hombres y mujeres que piensan y actúen siempre racionalmente. Lo mas rescatable fue su crítica a la división del trabajo llevada a cabo en la industria y su programa pedagógico para corregir los efectos deshumanizantes.

 

RESTAURACIÓN Y NUEVOS FERMENTOS.

 

Esta época fue una batalla contra la educación frailesca, entre Estado e Iglesia, pero no necesariamente entre cristianos y laicos, según el sentido que le da el católico Capponi.


Prusia se puso pronto a la vanguardia de la organización escolar pública en Europa: en 1861, 1/6 de la población completaba la educación obligatoria; resultado escaso en sí, pero superior al de otros países europeos más avanzados: 1/7 en Inglaterra, 1/8 en los Países bajos, 1/9 en Francia y porcentajes muy inferiores en los otros países católicos.
Esta época alcanza a todos los niveles de la instrucción, desde las escuelas infantiles, que precisamente empiezan a difundirse, a las escuelas elementales sobre las que se discute el nuevo método de la mutua enseñanza; a las escuelas secundarias, que se van articulando en humanísticas y científico-técnicas; a las universidades, con sus nuevas facultades que responden a las transformaciones de las fuerzas productivas.

 

Después de la primera gran época de la didáctica abierta por la invención de la imprenta y por las iniciaciones educativas de los reformados, con la gran figura de Comenio, esta nueva época de la difusión de la instrucción a los grupos populares, del nacimiento de la escuela maternal, de la difusión de los libros de texto, de las nuevas escuelas para la formación de los enseñantes, marca un retorno a la investigación didáctica.



 

A)     Las Escuelas Infantiles.

 

Un hecho nuevo de este siglo es el establecimiento de escuelas infantiles. De aquí arranca la moderna escuela de la infancia, o Infant’s school. Su aspecto más novedoso y característico era el paso de la acostumbrada beneficencia o asistencia a una verdadera y propia acción de educación y de primera instrucción.



 

En un primer momento la escuela infantil de uno de sus grandes fundadores, Aporti fue para unos pocos niños de familias acomodadas; pero –él observaba - “Se ha de promover la fundación de una escuela similar para los pobres”.


Sus apreciables iniciativas para la educación de los jóvenes de condición humilde están dentro de una concepción que considera “natural”, la división de clases, mientras auspicia “desarrollo moral”.

La suya fue pues una educación del pueblo, no ciertamente para el pueblo.


Su iniciativa sirvió para difundir las escuelas infantiles en toda Italia. Las batallas ideológicas alrededor de las escuelas infantiles de beneficencia, fue su misma inspiración excesivamente culturista, que anticipaba en ellas la instrucción elemental sin una metodología adecuada a la edad, lo que llevó a agotar pronto la experiencia. En la misma línea aparecerá la iniciativa de los jardines de infancia de Froebel.

 

En su Menschennerziehunh (Educación del hombre), de 1826 y en la revista “La Familia Educadora”, transcribe y teoriza sus experiencias pedagógicas que, iniciadas ya en 1816, fueron llevadas adelante, a partir de 1837, con la fundación del “Instituto pata la educación del instinto de actividad de los niños y en los jóvenes”.



 

La escuela es el lugar privilegiado de la religiosidad: “Escuela significa el esfuerzo para hacer conocer justamente al escolar la esencia y la vida íntima de las cosas y de él mismo”

 

B)     Las Escuelas Elementales.

 

Anteriormente a las iniciativas de las escuelas infantiles, habían aparecido las de la instrucción elemental popular, para las cuales sus dos grandes modelos fueron los de la enseñanza mutua y el de Pestalozzi.


Entre Filantropía y progreso económico la escuela cambia en todos sus niveles y aumenta el catálogo de las ciencias en la investigación universitaria.

 

C)      LAS ESCUELAS TÉCNICAS Y LA UNIVERSIDAD

 

El problema de la instrucción estuvo siempre vinculado a la revolución. La legislación posterior sobre las fábricas contendrá una y otra vez disposiciones acerca de la necesidad de la instrucción de los niños antes de su entrada a la fábrica o al menos durante su trabajo.



 

A través de grandes sufrimientos de los niños, sometidos a interminables horarios de trabajo a los que se añadían las horas de escuela, se abrirían los caminos de la moderna instrucción elemental y profesional, los cuales todavía están lejos de estar abiertos a todos.

 

Mientras va desapareciendo el tradicional aprendizaje de taller, controlado por las corporaciones de artes y oficios (en Inglaterra, donde se había establecido por ley en 1381, se suprimieron por ley en 1814), la institución escuela se va ampliando a los estratos productores, asumiendo nuevos contenidos científico-técnicos. Junto a éstas surgen las altas escuelas de ingeniería.



 

D)     EL RENACIMIENTO DE LA EDUCACIÓN FÍSICA.

 

Otro aspecto del mundo educativo de la primera parte del siglo XIX fue el renacimiento de la educación física. No queremos con ello referirnos a la educación guerrera, la cual acabó, como educación caballeresca, con la muerte de Enrique II de Valois en un torneo, a la cual sucedió una educación cortesana, que unía a la caza, la música y la danza e incluso las letras. Nos referimos concretamente a aquel tipo de educación física, entendida como parte esencial de la formación del hombre, que solo la Grecia antigua había conocido y desarrollado en formas originales. Esta educación reaparece en el siglo XIX.


En toda realidad o utopía pedagógica, de Pestalozzi a Owen, junto al tema del trabajo físico está también el tema del cuidado físico del cuerpo; lo encontraremos en la propuesta de Marx, que en 1866 integraba en su programa de formación del hombre omnilateral, además de la instrucción intelectual y tecnológica, la educación física.

 

Sugirieron escuelas de gimnasia en Alemania, como asociaciones libres a partir de 1811, en un momento de renacimiento del espíritu nacional-popular alemán y desde allá se difundieron en otros países de Europa y de América. Esta nueva dimensión de la educación, que entra en las escuelas y afecta por ello el interés mismo del estado. Dada la presencia de la educación física y del deporte en el mundo moderno.


De manera general, lo más valioso de esta época es la consideración de la pedagogía como ciencia, que se realiza a partir de Herbart. La educación gana ahora en precisión y rigor científico. La pedagogía de este siglo, a pesar de su carácter científico influye directamente en la educación por medio de las instituciones fundadas por los herbartianos como medios de aplicación de sus teorías.
Aunque los pedagogos de siglos anteriores recomendaban el método inductivo, no solía aplicarse en las escuelas donde continuaba imperando el educativo, unido a la forma expositiva.
En lugar de estudiar en el libro de texto páginas de memoria o escuchar pasivamente el discurso de un profesor, el alumno se elevaba de lo conocido a lo desconocido, de lo concreto a lo abstracto. Los métodos inductivos contribuyeron poderosamente al desarrollo de la inteligencia.
Así, si en el siglo XVIII se atenuó el rigor en la disciplina, en el XIX se la suavizó por completo. La escuela moderna, con suave disciplina, con métodos atractivos, con recreos frecuentes y juegos permitidos, se diferencia totalmente de la de las otras épocas.
LA PEDAGOGÍA IDEALISTA
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX surge en Alemania una constelación brillantísima de grandes filósofos y escritores que se ocupan de la educación y que pertenecen a las corrientes idealistas y neohumanísta de la pedagogía. No es fácil diferenciar donde empieza entre ellos el idealismo y donde el humanismo, pues casi todos poseen esos dos caracteres.
Se pueden destacar los siguientes pensadores en esta linea:
Juan Teófilo Fichte: Continúa la corriente idealista iniciada por Kant. Para Fichte la salvación de la nacionalidad está únicamente en la educación. Mas para esto es necesario que la educación llegue a todos los ciudadanos sin excepción alguna. No quiere una educación popular, pues, sino una educación nacional. La educación ha de ser eminentemente activa, basada en la propia actividad del alumno; lo importante no es el conocimiento sino la voluntad. Fichte ha sido también uno de los primeros defensores de la escuela unificada al pedir la educación de todos en todos los grados de la educación. Es uno de los precursores de la escuela activa al basar en su trabajo una parte de la educación.
Federico Daniel Schleiermacher: Fue como casi todos los educadores de su tiempo, primero maestro privado y después profesor universitario. Influido por la corriente idealista de Platón y de Kant, considera la pedagogía como una ciencia derivada de la ética y la política. Aunque la educación pertenece al Estado, en ella debe intervenir la familia, la Iglesia, la ciencia y sobre todo la comunidad local. Considera que la educación religiosa corresponde a la Iglesia y no a la escuela. La influencia de este educador ha sido grande sobretodo en el campo de la cultura superior, universitaria, pero también en la primaria por sus ideas psicológicas y pedagógicas, de gran finura y profundidad.
Jorge Guillermo Federico Hegel: Fue también profesor de enseñanza secundaria antes de pasar a la universidad. Representante máximo de la dirección idealista, creador de la idea del espíritu absoluto, la educación para él es el medio de espiritualizar al hombre
Federico Froebel: Se dedicó a la educación de los niños, fundando una escuela llamada “Instituto general alemán de educación”. Fundó también la “Institución para los niños pequeños” que al poco tiempo cambió por el nombre de Jardín de Infancia. Esta institución tuvo gran éxito. Predomina en Froebel una visión mística y humanitaria. Se ha anticipado también a su tiempo en otras ideas; estas ideas son las de actividad y de libertad, en las que insiste constantemente y que constituyen la esencia de su doctrina pedagógica. Dice que todos los niños, todos los muchachos y jóvenes, sin excepción alguna, cualesquiera fuese su situación y su clase deberían emplear por lo menos una o dos horas diarias en un trabajo serio.
Otra de sus ideas y que caracteriza su método de educación, es el valor que asigna a l juego para la educación. La escuela tiene una función social al igual que individual.
PEDAGOGÍA CIENTÍFICA
El gran representante y fundador de la pedagogía científica, Juan Federico Herbart, estuvo siempre relacionado con la educación, aunque más bien desde el punto especulativo, pedagógico, que del práctico. Sus experiencias educativas le sirvieron de base para sus meditaciones pedagógicas de gran riqueza y finura.
Para Herbart la pedagogía como ciencia, se basa en la filosofía práctica (ética) y la psicología. El fin de la educación según él, es la virtud, que consiste en el acuerdo de la voluntad con las ideas éticas. Estas ideas éticas son la libertad íntima, la perfección, la benevolencia, el derecho y la equidad.
En la actividad educativa Herbart diferencia tres momentos esenciales:
El gobierno: Se dirige a la conservación del orden, a la conducta externa de los niños, para lo cual el medio más importante es mantenerlos ocupados, activos.
La Instrucción: Tiene por fin, como toda la educación, la virtud, es decir, “La fuerza del carácter de la moralidad”.
La Disciplina: Se apoya sobre todo en el trato personal, pero se diferencia del gobierno en que éste se dirige más al comportamiento externo que a la conducta propiamente dicha. La formación del carácter, es decir, la consistencia y la uniformidad de la voluntad, constituyen el objetivo de la disciplina.
Una idea poco reconocida en la pedagogía de Herbart es la necesidad de poner la educación en relación con la vida, es decir, con la del mundo inmediato del niño, partiendo de la vieja sentencia de “No aprender para la escuela sino para la vida”.
En este momento la enseñanza debe ser descriptiva, porque ayuda a dar nociones claras y exactas. También debe ser analítica, porque por medio de preguntas y respuestas mantiene vida y animación en la clase; y sintética porque sirve para comunicar nociones que la interrogación no puede hacer descubrir, como los hechos históricos.
Finalmente, la pedagogía de Herbart sostiene la necesidad de la intervención del Estado en la educación. Dicha pedagogía se caracteriza por su carácter intelectualista e individualista.
LA EDUCACIÓN EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

 

Principales características: Revolución Burguesa y Reforma de la Instrucción



 

Uno de los más grandes movimientos en esta época:


EL MARXISMO Y LOS PROBLEMAS EDUCATIVOS.

 

“La Función Civilizadora del capital” es considerada por Marx como la “pedagogía social” del capital, o sea la acción histórica desempeñada por él en la fabrica para disciplinar el trabajo e incluso para educar para el plustrabajo; este tiempo de trabajo excedente de la necesidad vital del obrero, que en la sociedad capitalista esta destinado a dar provecho al capital, puede y debe convertirse en tiempo de trabajo y de crecimiento intelectual, destinado a aumentar la riqueza social, o sea las necesidades superiores de todos los hombres.



 

El marxismo no repudia, sino que hace propias todas las conquistas ideales y prácticas de la burguesía en el campo de la instrucción; universalidad, laicismo, estatismo, gratuidad, renovación cultural, integración de la temática del trabajo, así como la integración de los aspectos literario, intelectual, moral, físico, industrial cívico. Él no piensa en una instrucción profesional de niños destinados a funciones subalternas y ni tan solo a una instrucción pluriprofesional, o “instrucción profesional universal”; ésta le parece más bien “una propuesta predilecta de los burgueses”, que lejos de resolver los problemas de la formación del hombre, no resuelve los problemas que hoy llamaríamos de mercado del trabajo.

 

Marx reconoce el significado de los primeros elementos de la instrucción del futuro en las escuelas politécnicas, agrarias y de enseñanza profesional que se iban estableciendo que prescribía la instrucción obligatoria para la aceptación de niños en el trabajo. Él tiene como objetivo la formación de hombres totalmente, omnilateralemente desarrollados.


Marx no fue nunca autoritario en el sentido del estatismo; al contrario, siguiendo el ejemplo de los Estado Unidos de América, declara sin medios términos: “La educación puede ser estatal sin estar bajo el control del gobierno... Solamente materias como ciencias naturales, gramática, etc., pueden ser enseñadas en la escuela.”

 

EL PAPEL DE LAS MUJERES.

 

En esta época, entre las mujeres encontramos figuras de orientaciones muy diversas: La norteamericana Emily Bliss Gould, como Ferrante Aportí, pensaban en una educación del pueblo dirigida a contrarrestar la influencia ejercida por las familias populares.


Gratuidad, bolsas de estudio, laicismo, modernidad de los métodos fundados en el trabajo, para el cual Elena Raffalovich, hebrea, rusa de nacimiento y esposa del gran humanista italiano del siglo XIX, Domenico Comparetti, apela a Froebel con independencia.

 

El compromiso educativo de las mencionadas no está ciertamente separado de su compromiso en su propia emancipación personal y en la emancipación de la mujer en general.



 

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