Vaya a la puerta



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un agente de policía. Era de gran corpulencia, y llevaba el arcaico uniforme azul con la estrella y la

pistola.


- Muy bien -dijo al llegar-. Aparte eso -Luba depositó el tubo láser, que el policía examinó para

ver si tenía carga-. ¿Qué ha ocurrido aquí? -le preguntó a ella, y antes de que pudiera contestarle se

volvió hacia Rick y le preguntó-: ¿Quién es usted?

Luba Luft respondió:

- Entró en mi camarín; no lo había visto en mi vida. Dijo que venía a hacer una encuesta y que

deseaba hacerme unas preguntas. Pensé que era normal y le dije que sí. Y entonces empezó a hacerme

preguntas obscenas.

- Documentos -dijo el agente, con la mano extendida. Mientras extraía su carnet, Rick dijo:

- Soy cazador de bonificaciones del departamento.

- Conozco a todos los cazadores de bonificaciones -dijo el policía mientras examinaba los

papeles de Rick-. ¿Del departamento de San Francisco?

- Mi jefe es el inspector Bryant -respondió Rick-. He tomado a mi cargo la misión de Dave

Holden, ahora que Dave está en el hospital.

- Como le he dicho, conozco a todos los cazadores de bonificaciones -dijo el hombre-. Y jamás

he oído hablar de usted -le devolvió el carnet.

- Llame al inspector Bryant -pidió Rick.

- No hay ningún inspector Bryant -repuso el agente. Rick comprendió bruscamente qué ocurría.

- Usted es un androide -le dijo al agente-. Igual que la señorita Luft -se dirigió al videófono y

cogió el receptor-. Voy a llamar al departamento -se preguntaba hasta dónde llegaría antes de que los

dos androides lo detuvieran.

- El número es… -dijo el policía.

- Lo conozco -replicó Rick mientras llamaba. Cuando apareció la telefonista, pidió-: Con el

inspector Bryant.

- ¿Quién habla, por favor?

- Rick Deckard -se quedó esperando mientras el policía le tomaba declaración a Luba Luft.

Ninguno de ambos le prestaba atención. Después de una pausa apareció en la pantalla la cara de

Harry Bryant.

- ¿Qué ocurre? -preguntó.

- Hay algunas complicaciones -repuso Rick-. Uno de los que estaba en la lista de Dave logró

llamar para que viniera un supuesto patrullero. No puedo probarle quién soy; dice que conoce a

todos los cazadores de bonificaciones del departamento, pero que jamás ha oído hablar de mí. Y

tampoco de usted.

- ¿No puedo hablar con él? -dijo Bryant.

- El inspector Bryant desea hablar con usted -Rick extendió el receptor del videófono al

hombre, que se acercó después de interrumpir su interrogatorio a Luba Luft.

- Agente Crams -dijo el hombre, hubo una pausa-. ¿Hola? -escuchó, dijo “hola” varias veces,

aguardó y luego se volvió hacia Rick-. No hay nadie en la línea. Y tampoco en la pantalla -señaló.

Rick comprobó que era cierto, y cogiendo el receptor de sus manos, dijo:

- ¿Señor Bryant? -escuchó y esperó, pero sin resultados-. Volveré a llamar -colgó y luego marcó

el número familiar. La campanilla sonaba, pero nadie atendía. Sonó largamente.

- Permítame hacer la prueba -dijo el agente Crams-. Debe haber marcado mal. El número es

842…


- Conozco el número -interrumpió Rick.

- Agente Crams -dijo el policía-. ¿Hay en el departamento un inspector Bryant? -una breve

pausa-. ¿Y un cazador de bonificaciones llamado Rick Deckard? -otra pausa-. ¿No hay ninguna duda?

¿No podría ser que hubiera ingresado hace poco? Ah, está bien. Perfecto. Gracias. No, está bajo mi

control -el policía colgó y miró a Rick.

- El inspector estaba en la línea -dijo Rick-. Yo hablé con él, y pidió hablar con usted. Debe de

haber un desperfecto en el videófono. Por algún motivo se habrá cortado la conexión. ¿No vio usted

a…? La cara de Bryant apareció en la pantalla y luego desapareció -se sentía confundido.

- Aquí tengo la declaración de la señorita Luft, Deckard. Acompáñeme a la corte de justicia.

- Está bien -respondió Rick. Y agregó, dirigiéndose a Luba Luft-: Volveré dentro de un rato.

Aún no he terminado con el test.

- Es un obseso -le dijo Luba Luft al agente Crams-. Me da miedo.

- ¿Qué ópera está ensayando? -preguntó Crams.

- La flauta mágica -contestó Rick.

- Se lo he preguntado a ella, no a usted -el policía lo miró con disgusto.

- Estoy ansioso por llegar a la corte de justicia -dijo Rick-, y porque este asunto se resuelva de

una vez -se dirigió hacia la puerta del camarín con su cartera.

- Antes lo voy a examinar -Crams procedió a hacerlo, diestramente, y se apoderó del revólver y

del tubo láser de Rick. Olió el caño del arma reglamentaria y afirmó-: Ha sido disparado hace poco.

- Acabo de retirar un andrillo -reconoció Rick-. Los restos se encuentran todavía en mi coche,

en el terrado.

- Muy bien. Iremos a ver.

Mientras los dos hombres salían del camarín, la Luft los siguió hasta la puerta.

- No volverá, ¿verdad, agente? Tengo verdaderamente miedo de él. Es una persona muy extraña.

- Si tiene en su coche el cadáver de un ser humano, no volverá -respondió Crams. Empujó con el

codo a Rick y ambos se dirigieron al ascensor.

Subieron al terrado de la Opera. El agente Crams abrió la puerta del coche de Rick e

inspeccionó silenciosamente el cuerpo de Polokov.

- Un androide -explicó Rick-. Me enviaron a abatirlo. Estuvo a punto de matarme. Pretendía

ser…


- Ya le tomarán declaración en la corte de justicia -interrumpió Crams, y condujo a Rick a su

propio coche policial. Desde allí llamó para pedir que vinieran a recoger el cuerpo de Polokov-.

Pues bien, Deckard -dijo, poniendo en marcha el coche-. Vamos.

El patrullero aéreo se elevó del terrado y se dirigió al sur.

Rick advirtió que algo no marchaba como debía. Crams no llevaba la dirección correcta.

- La corte de justicia está hacia el norte -dijo-, en la calle Lombard.

- Esa era la vieja corte de justicia -repuso Crams-. La nueva está en la calle Mission. Ese

antiguo edificio se está desintegrando; nadie lo usa desde hace años. ¿Tanto tiempo ha pasado desde

la última vez que estuvo en la cárcel?

- Lléveme allá -insistió Rick-, a la calle Lombard -ahora lo comprendía todo; esto era obra de

los androides, que trabajaban conjuntamente. No sobreviviría a este viaje. Era el fin. A Dave casi le

había ocurrido, y probablemente terminaría por morir así.

- Esa chica no está mal -comentó Crams-. Por supuesto, con esa ropa no se puede apreciar su

figura. Pero yo diría que está muy bien.

- ¿Por qué no reconoce que es usted un androide? -preguntó Rick.

- No veo por qué. Yo no soy un androide. ¿Así que usted anda por ahí, matando gente,

convencido de que son androides? Ya veo por qué estaba asustada la señorita Luft. Ha sido un

acierto que nos llamara.

- Entonces lléveme a la calle Lombard.

- Como le he dicho…

- Nos llevará tres minutos -continuó Rick-. Quiero ver la corte. Voy a trabajar allá todas las

mañanas. Me gustaría ver si está abandonada hace años, como usted dice.

- Quizá sea usted un androide -contestó Crams-, con una falsa memoria, como los hacen ahora.

¿Nunca se le ha ocurrido? -sonrió fríamente mientras continuaba rumbo al sur.

Consciente de su derrota y su fracaso, Rick se echó atrás en el asiento, y esperó los

acontecimientos. Cualquiera que fuese el plan de los androides, estaba físicamente en poder de ellos.

Pero he logrado matar a uno, se dijo. A Polokov.

Y Dave mató a dos…

Sobre la calle Mission, el coche aéreo policial se preparó para el descenso.

10

El edificio de la corte de justicia de la calle Mission, en cuyo terrado se aprestaba a aterrizar,



estaba coronado por una serie de ornamentadas y barrocas agujas. La hermosa estructura, moderna y

compleja, atrajo a Rick, excepto por un detalle. Jamás la había visto antes.

El patrullero se posó. Pocos minutos después le tomaban los datos.

- Artículo 304 -dijo Crams al sargento sentado detrás del alto escritorio-. Y también 612,4 y

además…, veamos: hacerse pasar por policía…

- 406,7 -dijo el sargento, llenando un formulario. Escribía lentamente, con cierto aire de

aburrimiento. Su expresión parecía decir "asunto de rutina, nada importante".

- Venga aquí -ordenó Crams, llevando a Rick hasta una pequeña mesa blanca donde un técnico

manipulaba un equipo conocido-. El registro cefálico -explicó-. Para su identificación.

- Ya lo sé -respondió Rick, con brusquedad. En los viejos tiempos, cuando él era un mero

agente, había conducido a numerosos sospechosos a una mesa semejante. Pero no a esta misma.

Una vez obtenido el registro cefálico lo llevaron a una habitación igualmente familiar. Con

filosofía empezó a reunir los objetos de valor que llevaba para entregarlos. No tiene sentido, se

repetía. ¿Quién es esta gente? Y si este lugar ha existido siempre, ¿cómo no sabíamos nada? ¿Y por

qué ellos no nos conocen? Dos agencias policiales paralelas, se dijo. La nuestra

y esta otra. Y por lo que sé, jamás han estado en contacto. Hasta ahora. O quizás haya sido así, y

no sea ésta la primera vez. Pero es difícil creer que eso no hubiera ocurrido antes. Siempre que esto

realmente sea una institución policial, como pretende ser.

Un hombre en traje de paisano se acercó a Rick Deckard con paso sereno y medido.

- ¿Y éste? -preguntó a Crams.

- Sospechoso de homicidio -respondió el nombrado-. Encontramos un cuerpo en su coche, y él

afirma que es un androide. Hemos pedido el análisis de médula al laboratorio. Se hacía pasar por un

policía, un cazador de bonificaciones. Y así logró penetrar en el camarín de una actriz para hacerle

preguntas inmorales. Ella sintió dudas y nos llamó -Crams retrocedió un paso y agregó-: ¿Quiere

usted ocuparse de él, señor?

- Sí, está bien -el oficial de paisano tenía ojos azules, nariz fina y boca inexpresiva; miró a Rick

y luego cogió su cartera-. ¿Qué tiene usted aquí, señor Deckard?

- El equipo necesario para el test de personalidad de Voigt-Kampff -respondió Rick-. Aplicaba

el test a una persona sospechosa cuando fui arrestado -miró cómo el oficial revisaba el contenido de

la cartera, examinando cada objeto-. Las preguntas que le hice a la señorita Luba Luft son el

cuestionario corriente del test de Voigt-Kampff, impreso en…

- ¿Conoce usted a George Gleason y a Phil Resch? -preguntó el funcionario.

- No -replicó Rick. No conocía ninguno de esos dos nombres.

- Son los cazadores de bonificaciones de California del Norte. Ambos pertenecen a nuestro

departamento. Quizá los conocerá aquí. ¿Es usted un androide, señor Deckard? Se lo pregunto porque

en varias ocasiones hemos visto andrillos fugitivos que se hacían pasar por cazadores de

bonificaciones de otro estado. Decían haber venido aquí en busca de un sospechoso.

- No soy un androide -dijo Rick-. Puede aplicarme el test de Voigt-Kampff. Ya me lo han hecho

y no me importa repetirlo. Pero sé cuál será el resultado. ¿Puedo telefonear a mi esposa?-

Está autorizado para hacer una sola llamada. ¿Prefiere hablar con ella y no con un abogado?

- Llamaré a mi esposa -respondió Rick-. Ella me conseguirá un abogado.

El oficial de paisano le alcanzó una moneda de cincuenta céntimos y le indicó:

- Ahí está el videófono -siguió a Rick con la mirada y continuó examinando el contenido de la

cartera.


Rick metió la moneda y llamó a su casa. Esperó lo que le pareció una eternidad.

- Hola -dijo una cara de mujer que apareció en la pantalla. No era Irán.

Colgó y retornó lentamente al lado del funcionario.

- ¿No ha tenido suerte? -preguntó éste-. Puede hacer otra llamada. Tenemos una política abierta

en ese sentido. No puedo ofrecerle la oportunidad de llamar a un fiador, porque su delito no es

excarcelable, por ahora. Sin embargo, cuando se inicie el proceso…

- Lo sé -dijo secamente Rick-. Estoy familiarizado con los procedimientos policiales.

- Aquí está su cartera -dijo el oficial, extendiéndosela-. Venga a mi despacho… Me gustaría

hablar más con usted -se dirigió a un pasillo lateral, seguido por Rick. En el despacho, se volvió-.

Mi nombre es Garland -le tendió la mano y cambiaron un apretón-. Siéntese -dijo Garland,

dirigiéndose hacia el lado opuesto de un gran escritorio muy ordenado.

Rick se sentó.

- Este test de Voigt-Kampff a que usted se refiere, y el material que trae -Garland indicó la

cartera de Rick mientras llenaba y encendía una pipa-, ¿es un instrumento analítico para detectar

androides? -echó una bocanada.

- Es nuestro método básico -respondió Rick-. El único que empleamos normalmente, y el único

que puede distinguir la nueva unidad cerebral Nexus-6. ¿No ha oído hablar de él?

- Conozco varios métodos de análisis de perfil aplicables a los androides. Pero éste no continuó

estudiando a Rick con interés. Su rostro inexpresivo no permitía que Rick adivinara sus

pensamientos-. Y esas copias al carbón que tiene usted en la cartera -continuó Garland-, Polokov,

señorita Luft… Sus

misiones como cazador… Según esa lista, el próximo soy yo.

Rick lo miró y cogió su cartera.

En un momento las copias estuvieron desplegadas ante sus ojos. Garland había dicho la verdad.

Rick examinó la hoja. Ningún hombre, o al menos ni él ni Garland, habló durante un tiempo.

Finalmente, Garland carraspeó y tosió nerviosamente.

- No es una sensación agradable encontrar de repente que uno se cuenta entre las personas que

debe retirar un cazador de bonificaciones. O lo que sea usted, Deckard -oprimió una tecla en su

intercomunicador y habló-: Envíeme a alguno de los cazadores de bonificaciones, no me importa

cuál. Está bien, gracias -soltó la tecla-. Phil Resch estará aquí dentro de un momento. Me gustaría ver

su lista antes de proseguir.

- ¿Cree usted que yo podría figurar en la lista de él? -preguntó Rick.

- Es posible. Pronto lo sabremos. En un asunto crítico, como éste, es mejor asegurarse y no

dejar nada librado a la casualidad. Ese informe -señaló la copia al carbón- no me cita como

inspector de policía. Erróneamente afirma que mi profesión es la de vendedor de pólizas de seguro.

En otros aspectos la descripción física, la edad, los hábitos personales, la dirección personal, es

correcto. Sin duda se trata de mí. Examínelo usted mismo -le extendió el folio a Rick, que lo cogió y

lo leyó.


Se abrió la puerta y entró un hombre alto, delgado, de rasgos duros, con gafas de asta y una

enmarañada barba a lo Van Dick. Garland se puso de pie y presentó a Rick.

- Phil Resch, Rick Deckard. Por ser ambos cazadores de bonificaciones, conviene que os

conozcáis.

Mientras apretaba la mano de Rick, Phil Resch dijo:

- ¿En qué ciudad trabaja? Garland respondió por Rick:

- En San Francisco. Mire las instrucciones que tiene, y el próximo caso que se le encomienda -

alcanzó a Phil Resch el folio que Rick había estado examinando.

- Pero ¿cómo Gar? -dijo Phil Resch-. Es usted.

- Y hay más -continuó Garland-. También está Luba Luft, la cantante de ópera, y Polokov.

¿Recuerda a Polokov? Ahora está muerto. Este cazador de bonificaciones o androide o lo que sea lo

ha matado, y en este momento están haciendo el análisis de médula en el laboratorio, para ver si hay

algún motivo de…

- He hablado con Polokov -recordó Phil Resch-. Es esa especie de Santa Claus de la policía

soviética, ¿verdad? -reflexionó, tironeando de su barba-. No me parece mala idea hacerle un análisis

de médula.

- ¿Qué quiere decir? -preguntó Garland, visiblemente fastidiado-. Lo hacemos solamente para

eliminar toda posible base legal del crimen. De otro modo este hombre, Deckard, podría afirmar que

no ha matado a nadie, que se ha limitado a “retirar un androide”.

- Polokov me pareció un hombre muy frío -dijo Resch-. Extremadamente cerebral, calculador,

distante…

- Muchos policías soviéticos son así -repuso Garland con irritación.

- A Luba Luft no la he visto nunca -continuó Resch-, pero he oído sus grabaciones. ¿Le hizo el

test? -preguntó a Rick.

- Había empezado -respondió éste-, pero no pude obtener resultados concluyentes. Llamó a un

policía que me detuvo.

- ¿Y a Polokov?

- No tuve la posibilidad.

- Y supongo que tampoco la ha tenido para hacerle el test al inspector Garland -dijo Resch, casi

para sí mismo.

- Por supuesto que no -exclamó Garland, con la cara contraída de indignación, en tono amargo y

cortante.

- ¿Qué test emplea?

- El de Voigt-Kampff.

- No lo conozco -tanto Resch como Garland parecían sumidos en rápidas y profundas

reflexiones profesionales, aunque muy distintas-. Pero siempre he creído que el lugar más seguro

para un androide era una gran organización policial como la WPO. Desde que lo conocí, siempre

quise aplicarle el test a Polokov, pero no había un pretexto válido. Y jamás habría existido. Por eso

digo que un lugar así sería ideal para un androide emprendedor.

Poniéndose lentamente de pie, Garland encaró a Phil Resch.

- Y ha pensado también en aplicarme el test a mí, ¿verdad?

En la cara de Resch apareció una discreta sonrisa. Empezó a responder, luego se encogió de

hombros y guardó silencio. No parecía temer a su superior, a pesar de la evidente furia de Garland.

- Este hombre -dijo Garland-, o este androide, Rick Deckard, dice venir de una institución

policial fantasmagórica, alucinatoria, inexistente, que funciona en el viejo cuartel de la calle

Lombard. Emplea un test del que nadie ha oído hablar. No tiene una lista de androides, sino de seres

humanos. Ya ha matado a uno. Y si la Luft no hubiese logrado adelantarse, probablemente la habría

matado, para venir luego a olisquear a mi alrededor.

- Hm -dijo Resch.

- Hm -imitó Garland, enfadado. Parecía estar al borde de la apoplejía-. ¿Eso es todo lo que se

le ocurre? Una voz de mujer dijo por el intercomunicador:

- Inspector Garland: ha llegado el informe del laboratorio acerca del cadáver del señor

Polokov.

- Deberíamos enterarnos -dijo Resch.

Garland lo miró indignado. Luego se inclinó y tocó la tecla.

- Díganos, señorita French.

- El análisis de médula revela que el señor Polokov era un robot humanoide -dijo la señorita

French-. ¿Desea usted el informe detallado?

- No, es suficiente -Garland se sentó en su sillón mirando hacia la pared opuesta, en silencio.

Resch preguntó:

- ¿Cuál es el fundamento del test de Voigt-Kampff, señor Deckard?

- La respuesta empalica en varias situaciones sociales. En su mayoría relacionadas con

animales.

- El nuestro es probablemente más sencillo -dijo Resch-. El arco reflejo que se produce en los

ganglios superiores de la columna vertebral demora varios microsegundos más en el robot

humanoide que en el sistema nervioso humano -se inclinó sobre el escritorio del inspector Garland y

cogió un bloc de Papel, en el que trazó un esbozo con un bolígrafo-. Utilizamos una señal sonora o un

flash luminoso. El entrevistado oprime un botón y se mide el tiempo transcurrido. Por supuesto, hay

que hacer varias medidas, porque ese tiempo varía tanto en el andrillo como en el ser humano. Pero

después de diez ensayos el resultado puede considerarse digno de confianza. Y como le ha ocurrido a

usted en el caso de Polokov, el análisis de médula confirma ese resultado.

Hubo un intervalo de silencio. Luego, Rick dijo:

- Puede aplicarme su test. Estoy listo. Y naturalmente, me agradaría ponerlo a usted a prueba, si

está de acuerdo.

- Naturalmente -respondió Resch, mientras miraba a Garland-. Durante años he sostenido que el

test del Arco Reflejo de Boneli debería ser aplicado rutinariamente al personal policial, y de modo

especial en el personal de alta graduación. ¿No es así, inspector?

- Así es -reconoció Garland-. Y yo me he opuesto siempre por considerar que afectaría la moral

del departamento.

- Pues se me ocurre que ahora debería usted reconsiderarlo -dijo Rick-, en vista del informe de

su laboratorio acerca de Polokov.

11

- Supongo que sí -dijo Garland. Señaló con el dedo al cazador de bonificaciones Phil Resch-.



Pero le advierto una cosa: no le gustará a usted el resultado del test.

- ¿Acaso sabe cuál será? -preguntó Resch, visiblemente sorprendido y algo disgustado.

- Con absoluta seguridad -contestó el inspector Garland.

- Está bien. Subiré a buscar el equipo del test de Boneli -se dirigió a la puerta, la abrió y dijo-:

Volveré en unos minutos.

Desapareció en el pasillo y la puerta se cerró.

El inspector Garland abrió el cajón derecho de su escritorio, buscó algo, y sacó un tubo láser

que hizo girar hasta que apuntó a Rick.

- Eso no cambiará las cosas -dijo Rick-. Resch ordenará un análisis post-mortem de mi cuerpo,

como el que le han hecho a Polokov. Y seguirá insistiendo en que usted y él mismo se sometan al…

¿Cómo es que se llama? Test de Arco Reflejo de Boneli.

El tubo láser no cambió de posición.

- Hoy ha sido un mal día -dijo Garland-. Especialmente desde que entró Crams con usted. Tuve

una intuición, y por eso intervine -bajó el arma poco a poco; por fin se encogió de hombros, la

guardó nuevamente en el cajón, lo cerró y se puso la llave en el bolsillo.

- ¿Qué demostrarán los tests? -preguntó Rick.

- Resch es un maldito idiota -dijo Garland.

- Realmente, ¿no lo sabe?

- No, no lo sabe. No tiene la menor idea. De otro modo no podría trabajar corno un cazador de

bonificaciones. Es una profesión para seres humanos, no para androides -Garland señaló la cartera

de Rick-. Conozco a todos los demás sospechosos a quienes usted debía someter al test y retirar -

hizo una pausa y continuó-: Todos vinimos de Marte en la misma nave. Resch no. Se quedó allá una

semana más, mientras le ajustaban la memoria sintética.

El -o mejor, esa cosa- guardó silencio.

- ¿Y qué hará cuando lo sepa? -preguntó Rick.

- No tengo la menor idea -respondió Garland-. Desde el punto de vista intelectual, será

interesante saberlo. Puede matarme, matarse, o quizá lo mate a usted. Puede matar a cualquiera,

humano o androide. He oído decir que esas cosas ocurren cuando un androide posee una memoria

sintética y cree que es un ser humano.

- Pero usted está dispuesto a correr el riesgo…

- Escapar ya era un riesgo. Y también venir a la Tierra, donde ni siquiera se nos considera

animales, donde un gusano es más deseable que todos nosotros juntos -Garland, irritado, tironeaba de

su labio inferior-. Usted se encontraría en mejor posición si Resch lograra aprobar el test. Entonces

el resultado sería predecible: para él yo sería un andrillo que es preciso retirar cuanto antes. Pero no

será así, y usted correrá tanto peligro como yo, Deckard. ¿Sabe usted por qué me equivoqué? No

sabía que Polokov era un androide. Debe de haber llegado antes. Sin duda ha sido así. En otro grupo,

sin el menor contacto con el nuestro. Ya estaba cómodamente instalado en la WPO cuando nosotros

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