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VI CONGRESO ALAIC


CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN Y SOCIEDAD:

UN DIÁLOGO PARA LA ERA DIGITAL

Enfrentando la brecha entre academia y sociedad.
5 al 8 de junio de 2002
Universidad Privada Santa Cruz de la Sierra, Facultad de Comunicación Social y Humanidades, Santa Cruz de la Sierra, BOLIVIA
GRUPO DE TRABAJO COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN


HACIA LA INDUSTRIALIZACI ÓN DE LA ENSEÑANZA


Dra. Delia Crovi Druetta1

Profesora e investigadora de la

Universidad Nacional Autónoma de México, México

Crovi@prodigy.net.mx


Resumen:

A partir de declaraciones y lineamientos dados a conocer por organismos internacionales (UNESCO o OCDE, por ejemplo), se están produciendo cambios en los sistemas educativos cuyo rasgo fundamental es su tendencia a la virtualización a través del uso de la red. En estas transformaciones es posible comenzar a reconocer un proceso de industrialización de la enseñanza.
El propósito central de estas reflexiones es analizar los cambios experimentados por los sistemas de educación a distancia, en especial los que se ofrecen a nivel superior y de posgrado, a partir de la conformación de lo que se conoce como sociedad de la información y el conocimiento, SIC.

Cabe aclarar primero, que entiendo por SIC al proceso de construcción de un nuevo paradigma social articulado en torno a la comunicación y los procesos informativos que tienen lugar a partir de convergencia tecnológica, o sea, la unión en red de tres sectores que venían trabajando separadamente: telecomunicaciones, informática y radiodifusión2. De manera escueta puede decirse que la SIC se caracteriza por el rápido crecimiento de las tecnologías de la información, así como por el reemplazo de los bienes industriales por servicios de información, lo cual propicia un cambio de paradigma en las sociedades modernas según el cual la producción de riqueza y la generación de valor se relacionan con el acceso a la información.

La sociedad del conocimiento constituye un segundo momento, consecuencia o resultado de una primera etapa definida como sociedad de la información. Valora la inteligencia colectiva, la presencia en la red, la interactividad con el usuario o los servicios finales y el trabajo colaborativo en red. Para este tipo de sociedad lo importante es el saber técnico u organizativo sobre los procesos más que sobre los problemas, es por ello que combina oficios y eficiencias productivas.

Si entendemos por inteligencia al total de actitudes cognitivas (capacidades de percibir, recordar, aprender, imaginar, razonar) dentro del nuevo esquema de SIC el ejercicio de estas capacidades involucra una parte colectiva o social. Esta dimensión social se da por dos razones: porque nunca pensamos solos sino que lo hacemos implicando a comunidades vivas; y porque esas comunidades están siempre presentes en nuestro pensamientos (Levy, 1999).

Se trata sin duda de un nuevo paradigma, en gestación, que repercute en prácticas culturales de diversa índole entre las cuales destacan los sistemas educativos a distancia. Aunque un cambio social de esta magnitud repercute también en los sistemas educativos presenciales de todos los niveles, como quedó dicho, me centraré sólo en los que se ofrecen a distancia porque es en ellos donde más se han puesto en juego dos perspectivas que atraviesan este análisis: la comunicación y sus constructos teóricos y las nuevas tecnologías de información como instrumentos claves en el desarrollo de la SIC.

En este contexto, resulta indispensable hacer referencia en primer término a la institución de mayor fuerza y presencia internacional en materia educativa: la UNESCO. Esto no sólo porque se ha pronunciado favorablemente acerca del uso de la convergencia tecnológica para saldar viejas deudas con la educación, sino por la importancia que le ha dado al tema y los documentos que ha producido al respecto.


Visión y acción para la educación superior

del siglo XXI

Sabemos que no sólo la UNESCO ha tratado los cambios de la educación ante la SIC, también lo han hecho el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio produciendo diagnósticos y sugerencias acerca de la situación educativa de algunos países, proporcionando lineamientos sobre la educación del futuro e incluso pronunciándose sobre las nuevas tendencias para la certificación y estandarización internacional de profesiones y oficios. No obstante, es la UNESCO quien ha expresado con mayor claridad la orientación y el propósito de los cambios que el sector educativo está experimentando.

En efecto, el 9 de octubre de 1998 en la Conferencia Mundial sobre educación superior. La Educación superior en el siglo XXI: Visión y acción, convocada por la propia UNESCO y realizada en París, Francia, se aprobó la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: Visión y acción y Marco de Acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior (Silvio, 2000: 158-184). Aunque se trata de un documento más amplio, creo indispensable referirme en estas reflexiones a aquellos aspectos centrales que según UNESCO caracterizan a la nueva educación, muchos de los cuales, como veremos, ya se encuentran plasmados en la realidad educativa de algunos países o están en vías de concretarse.

En lo que respecta a la visión de la educación superior, este documento considera que debe transformarse en un espacio abierto para la formación que propicie el aprendizaje permanente. Se lo define como un espacio que debe brindar una amplia gama de opciones y dar la posibilidad de entrar y salir fácilmente del sistema. Asimismo, la Declaración puntualiza la necesidad de lograr acceso igualitario y equitativo a este sistema, a la vez que acentúa el concepto de pertinencia, que entiende como adecuación entre lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que éstas hacen en materia educativa. En el mismo sentido, el documento expresa la necesidad de reforzar la cooperación con el mundo del trabajo y el análisis y la previsión de las necesidades sociales.

Siempre dentro de lo que la Declaración considera la visión del nuevo modelo de educación superior, el aspecto más interesante vinculado con la SIC lo encontramos en su artículo 8, que habla de la diversificación de esos modelos, así como de las modalidades o criterios que se emplearán para responder a la masificación de la demanda. En ese punto se insiste en una educación a lo largo de toda la vida, en tanto que en los siguientes apartados el documento hace hincapié en una nueva visión educativa donde el alumno es el centro del proceso, con el uso de nuevos métodos pedagógicos y nuevos materiales didácticos.

La evaluación de la calidad de la educación se aborda en el apartado referido a la acción. Se propone una perspectiva pluridimensional que implica comprender todas las funciones y actividades de la educación. Asimismo, se menciona una dimensión internacional de la enseñanza superior que debe tomarse en cuenta en la evaluación de la calidad, cuyas acciones pueden ser físicas (intercambio de profesores y estudiantes) pero también vía red (proyectos de investigación y divulgación conjuntos, creación de sistemas interactivos, intercambio de conocimientos).

Es también en este apartado donde se expresa con claridad el potencial y los desafíos que para UNESCO tiene la tecnología. Se menciona de manera concreta la creación de redes, la realización de transferencias tecnológicas, la formación de recursos humanos para estas actividades y también la elaboración de materiales didácticos, así como el intercambio de conocimientos.

En su artículo 12, el documento habla de la necesidad de crear nuevos entornos pedagógicos que van desde los servicios de educación a distancia hasta los establecimientos y sistemas virtuales de enseñanza. Desde una posición un tanto optimista, se mencionan las posibilidades que estos sistemas tienen de ayudar a corregir las graves desigualdades existentes, sin embargo, no se hace referencia a cuestiones ineludibles como el abismo digital, entendido como las diferencias que existen entre los países del primer mundo y los no desarrollados en materia de infraestructura tecnológica así como en su uso y apropiación, diferencias que como sabemos representan un reto a vencer antes de comenzar a aprovechar los beneficios de la convergencia.

Cabe agregar que el documento menciona específicamente a la sociedad del conocimiento (Art. 12, g), como un proceso que debe ser observado en su evolución. Asimismo, en otros artículos se hace alusión a nuevas formas de financiamiento para la educación superior.

Esta Declaración incluye un apartado referido a las acciones prioritarias que deben realizar los sistemas y las instituciones de educación superior. En él precisa que la utilización de nuevas tecnologías se deberá generalizar en la mayor medida posible, ya que permiten reforzar el desarrollo académico, ampliar el acceso a una gama más amplia de estudiantes, difundir el saber y facilitar la educación durante toda la vida.

Es importante destacar finalmente, que la Declaración sobre educación superior otorga a gobiernos y establecimientos privados de enseñanza, la responsabilidad de proveer infraestructura informática y redes de comunicaciones, así como formar recursos humanos para su aprovechamiento.

Estas breves referencias al documento aprobado en el seno de la UNESCO en 1998, dan una idea de la importancia que esta institución tiene como punto de partida en el análisis de la educación en la SIC. Sobre todo si cotejamos sus lineamientos generales con las características de buena parte de los proyectos educativos que se están desarrollando en la mayoría de los países de América Latina a partir de entonces. En efecto, es fácil advertir que muchas de las premisas propuestas se han convertido en lineamientos a observar y en metas a alcanzar por los gobiernos de la región en materia de programas educativos.

Pero la rectoría de UNESCO en materia de propuestas para la educación superior no acaban allí. En la reunión llevada a cabo por el Grupo E-9 en Beijing, durante agosto de 2001, a tres años de la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: Visión y acción y Marco de Acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior, la UNESCO retomó nuevamente el tema al recomendar la educación a distancia a través de la red como instrumento para erradicar el analfabetismo. Recordemos que los países que integran el Grupo E-9, Bangladesh, Brasil, China, Egipto, India, Indonesia, México, Nigeria y Paquistán, reúnen al 70 por ciento de los analfabetas del mundo.

Esta nueva recomendación de UNESCO cobró especial relevancia tanto por el contexto en el cual la formulara como por los términos en lo hace: “... aún por encima, y al margen de la resistencia de los sindicatos magisteriales, la educación a distancia representa la única vía para alcanzar mediante un mismo modelo tres objetivos: más oportunidades educativas, calidad en los servicios masivos y bajo costo de la inversión” (Reforma, 22/8/2001).

Tales declaraciones, contundentes y en un tono que podría calificarse como desafiante, seguramente están dirigidas a los grupos que se han pronunciado en contra de los nuevos modelos educativos, basados en la visión y en las acciones que delimita el documento para la educación superior. Estos grupos, que se han manifestado de distintas maneras tanto en Latinoamérica como en Europa, constituyen una respuesta crítica a los programas que han surgido desde el gobierno y el sector privado a partir de la Declaración de UNESCO de 1998. No obstante, la historia de la educación a distancia no inicia allí. Existen antecedentes que es importante tomar en cuenta para entender su evolución.
Antecedentes o un poco de historia

En la segunda década del siglo pasado muchos jóvenes que vivían en lugares apartados de las grandes urbes latinoamericanas comenzaron a interesarse por un nuevo tipo oferta educativa: cursos a distancia por correspondencia. Estos cursos prometían capacitación sobre una actividad específica: mecánica popular, electrónica, electricidad, dibujo técnico, dibujo publicitario, corte y confección, entre otras. El cartero, personaje que entonces aparecía orgulloso en la página que los libros de texto de primaria dedicaban a los “servidores públicos”, era el puente, el lazo de unión entre esos pueblos y comunidades apartadas con los centros de vanguardia del conocimiento3.

Por aquellos tiempos había además otro personaje, que no alcanzó a figurar en la página de servidores públicos, pero fue importante por su labor de enlace con el mundo moderno y la cultura de las grandes ciudades. Me refiero al comisionista o viajante, un señor provisto apenas de una o dos maletas, algunos catálogos y años de cansancio, que recorría incesante una ruta cuyo destino final era una gran ciudad y cuya meta primordial era llevar de regreso a los pequeños pueblos y ciudades los encargos que le hacían: zapatos último modelo, vestidos, telas, repuestos de la más variada índole, cartas, documentos y un largo etcétera. También había jóvenes que salían a su encuentro, interrogándolos, preguntándoles por su encargo. Tanto aquellos jóvenes que esperaban al cartero, como estos otros que salían al encuentro de los comisionistas, estaban esperando con ansiedad las nuevas lecciones del curso por correspondencia al que se habían inscrito.

El sistema era simple y había iniciado con bastante éxito en el último cuarto del siglo XIX en diversas partes del mundo: el alumno se inscribía al curso de su preferencia y por correo o por medio del viajante (sistema de paquetería de entonces), recibía un libro, una lección, una revista, diagramas, figuras, folletos, mapas y las instrucciones acerca de lo que debía hacer. En la tranquilidad de su casa y con horarios libres, cumplía con los requerimientos de su asesor a distancia para enseguida enviar sus trabajos y otra vez esperar a vuelta de correo las respuestas, correcciones, indicaciones que le permitirían aprobar ese nivel de enseñanza para pasar al siguiente.

La educación abierta y a distancia nació así como un sistema sin prisa, pausado y silencioso, cuyo soporte era el papel impreso. Con los años y los adelantos tecnológicos, lo sabemos, vendría el mundo sonoro de la radio educativa, la fuerza de la imagen televisada en la enseñanza, el incipiente uso de las computadoras en la instrucción programada, sin olvidar unos cuantos desarrollos intermedios (filminas, diapositivas, audiocassettes, videos, etc.) que alimentaron, cada uno en su momento, la esperanza de abatir, por fin, los rezagos educativos de los países en desarrollo.
La educación en red

Existe una enorme diferencia entre los primeros pasos de la educación abierta y a distancia, caracterizada por la letra impresa, los lapsos prolongados de tiempo empleados en el ir y venir de documentos y la del siglo XXI cuyo rasgo más destacado es el uso de las redes que facilitan la interacción, permitiendo una comunicación horizontal e instantánea entre maestros y estudiantes, a la vez que elimina barreras de tiempo y espacio.

Esta nueva enseñanza a distancia mediada por nuevas tecnologías de información y comunicación que dan lugar al proceso definido como convergencia tecnológica, adquiere ciertas características derivadas de sus condiciones tecnológicas que vale la pena mencionar.

En principio cambia la dimensión espacio-temporal de los sistemas educativos a distancia porque, por un lado, elimina las distancias e incluso desdibuja la noción de fronteras nacionales y por otro permite la comunicación en línea en tiempo real (de manera inmediata, sincrónica, como sucede en los chats) o diferido (asincrónica, como en el correo electrónico o los grupos de noticias).

Además, es enseñanza multimedia debido a que incorpora las ventajas de los diferentes medios y lenguajes hasta ese momento empleados casi siempre de manera independiente tanto en la educación como la comunicación de masas: la imagen, el sonido, el audiovisual, los escritos, entre otros. La convergencia tecnológica permite este aprovechamiento múltiple y simultáneo de diferentes formas expresivas y lenguajes, lo que enriquece los recursos discursivos.

Se la considera hipertextual porque los nuevos medios facilitan el trabajo educativo a través de la consulta de ventanas de manera simultánea, o lo que es lo mismo: información textual con una estructura no lineal, que está constituida por nodos y enlaces que conducen hacia otros documentos. Se trata de un término acuñado por Theodor Nelson para definir una estructura no secuencial, enriquecida en algunos casos por fotos e imágenes en movimiento, en la que a cada uno se le permite elegir un recorrido personal. (Bettetini, 1995: 216)

Es también una educación multinivel, ya que explora varios niveles comunicativos según las necesidades del proceso de enseñanza aprendizaje y aunque sus recursos son muy amplios y variados, la comunicación vía correo, ahora electrónico, sigue siendo uno de sus elementos centrales, por lo menos en alguna de las etapas del proceso educativo. Considero que desde la perspectiva de la comunicación, este aspecto constituye un salto cualitativo en cuanto a los esquemas y modelos que la educación puede aplicar, debido a que hasta ahora generalmente se trabajaba en una suerte de compartimentos estancos donde era difícil pasar de un nivel a otro. Los nuevos medios tienen la ventaja de ofrecer un comportamiento fractal, de manera que podemos diseñar actividades donde se incorporen los niveles que la teoría de la comunicación define como interpersonal, grupal, social o masivo4.

Cabe también mencionar, que la nueva educación a distancia mediada por las modernas tecnologías de comunicación, se caracteriza por el empleo de redes. El tema de las redes como modelos comunicativos está lejos de agotarse en este análisis y desde mi perspectiva ha sido parcialmente estudiado, ya que generalmente se le piensa sólo en materia de infraestructura técnica, o sea desde su parte dura. Sin embargo, se refleja en la organización del trabajo.

En efecto, durante la década de los 60 y finales de los 50, se dio una enorme importancia a la creación de redes, esquema que de algún modo fue un instrumento de trabajo privilegiado para el desarrollismo. Tanto programas nacionales e internacionales (entre los cuales cabe recordar la famosa Alianza para el Progreso o las propuestas de extensión agrícola que abundaron en la región) como grupos subersivos, echaron mano de los modelos de red ya sea para difundir o para proteger información. Sin embargo, la intermediación tecnológica de entonces era limitada y no respondía plenamente al modelo de la red. A partir de la convergencia tecnológica, es la infraestructura técnica la que soporta el modelo de la red que propicia (lo que no significa que siempre se haga) el trabajo en red, o sea, desarrollar un modelo abierto, descentralizado, que facilita la circulación de información y la existencia de líderes intermedios, eliminando los esquemas autoritarios o de comunicación vertical. Cabe aclarar, no obstante, que tanto en este momento como en otros dentro de la historia de la teoría de la comunicación, se advierte una inclinación hacia los modelos autoritarios que colocan en segundo plano las facilidades que pueden brindar las tecnologías.

Son estas condiciones técnicas las que me permiten afirmar que la nueva educación en red no sólo ha cambiado los sistemas de producción, distribución y recepción de los materiales didácticos, sino que ha modificado profundamente el papel de los distintos actores del proceso educativo: el maestro, el alumno y las instituciones educativas. Es por ello que desde mi perspectiva, estamos ante una nueva etapa de la educación a distancia.

América Latina, rica en experiencias de este tipo, había tenido antes por lo menos tres grandes momentos en enseñanza a distancia: los inicios centrados en los materiales impresos vía correo, una segunda etapa con el uso de los medios masivos de comunicación (radio y televisión sobretodo) y la tercera que corresponde al periodo donde se exploró la instrucción programada vía computadoras. A la actual, que muchos denominan educación virtual, yo prefiero llamarla educación en red porque ello me permite dejar abierta la puerta a una necesaria presencialidad para este tipo de sistemas.

El este cambio hacia una nueva etapa de la educación a distancia corresponde a otro modelo económico. En efecto, los tres primeros momentos de estos programas respondieron a las necesidades de la sociedad industrial, cuyo sistema económico se ajustaba al modelo taylorista o fordista. Entonces el Estado no sólo era la fuente de los contenidos educativos impartidos en idiomas nacionales a los que se daba gran valor, sino quien destinaba (al menos en teoría) parte del producto de sus ingresos a programas de enseñanza, los que se ofrecían en lugares y en tiempos determinados previamente y se destinaban a niños y jóvenes que recibían, con algunas variantes según los países, educación obligatoria entre los 6 y los 15 años.

En cambio en la era de la información, siglo XXI y los últimos años del XX, la educación responde a las necesidades del modelo posfordista, neoliberal, en el cual alumnos de todas las edades buscan afanosamente insertarse en el mercado de trabajo. Las nuevas condiciones sociales y económicas han llevado a la flexibilización de diferentes áreas del quehacer social (trabajo, legislación, telecomunicaciones, entre muchas otras) entre las cuales está la educación: ahora se puede educar en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier edad y en diferentes idiomas, aunque dando prioridad al inglés. Además, a las clásicas instituciones de educación de nivel superior o profesional se han sumado nuevos proveedores: universidades corporativas, universidades empresas, universidades virtuales, que hacen mucho más complejo el panorama y también más difícil identificar quién o quiénes son los responsables de los contenidos educativos. Estos nuevos actores educativos están produciendo un desplazamiento de la responsabilidad que tenía el Estado en la determinación de los contenidos de la enseñanza y por lo tanto, en la formación de los cuadros científicos e intelectuales de las sociedades de este siglo.
Nuevos modelos educativos

para nuevas condiciones sociales

A muy grandes rasgos en estas reflexiones he aludido a dos vertientes, profundamente interrelacionadas, de la génesis de la educación en la SIC: la Declaración de 1998 para la educación superior de UNESCO, en la cual se potencia la relación entre nuevas tecnologías y nuevos modelos económicos; y las condiciones que el propio desarrollo tecnológico permite a los modelos de enseñanza a distancia. Sin embargo, ¿qué ha pasado en la realidad educativa de las naciones a partir de este entrecruzamiento político-económico-tecnológico?



A partir del uso y la apropiación tecnológica la educación a distancia ha experimentado cambios importantes, entre los que destaco:

  1. Los ya mencionados de orden técnico que involucran a todo el proceso educativo y al papel que juegan los diferentes actores que intervienen en él.

  2. Un cambio en el centro de atención dentro del proceso educativo que ahora se inclina hacia el alumno, con el consiguiente cambio en la relación maestro-estudiante y el acento, a veces desmedido, en los materiales de apoyo. El alumno es visto, en muchos casos, como un cliente a satisfacer, un cliente que paga por un servicio educativo y como tal debe ser entendido y tratado. Esto ha llevado a necesarios sistemas de evaluación que mencionaré más adelante, pero también ha sido terreno fértil para pervertir la relación profesor-alumno-institución, transformándola en un simple acuerdo comercial. En este contexto la entrega de certificados alcanza un peligroso protagonismo tras el cual se esconde y debilita la creación y renovación del conocimiento.

  3. La nueva educación entiende que aprendizaje debe durar toda la vida. Si antes el acuerdo era ofrecer desde el Estado una educación que iba, con variantes menores según los casos, de los 6 a los 15 años, ahora el consenso es actualizarse para poder seguir estando activo en el mercado laboral y esto no tiene límite de edad. También en este sentido se han presentado desviaciones respecto al sentido inicial: por un lado generaciones de adultos mayores incapaces de sumarse a esta actualización permanente, por el otro innumerables instituciones que han visto en esta situación un nicho de mercado, ofreciendo programas de actualización de dudosa calidad pero debidamente certificados.

  4. Como producto de la convergencia y de las propias propuestas de UNESCO, se ha visto una tendencia marcada a la virtualización de los sistemas de educación a distancia, cambios en los cuales el acento está más puesto en un afán de modernización que en un real aprovechamiento de las ventajas de las nuevas condiciones tecnológicas. Sin duda hablar de virtualidad merece una reflexión bastante más profunda, pero a los efectos de este artículo me conformaré con citar a Howard Rheingold, quien ha trabajado profusamente el tema de las comunidades virtuales a las que define como: “... grupos sociales que surgen en la red cuando un número suficiente de gente desarrolla en ella discusiones públicas lo bastante largas y con tanta carga de sentimientos como para formar redes de relaciones personales en el ciberespacio” (Rheingold, 1994:5). En este contexto cabría preguntarse si muchos de los cursos breves, de actualización, que se ofrecen vía red o las materias que se imparten dentro de licenciaturas o posgrados a distancia por este mismo medio, alcanzan a establecer este vínculo, duradero en el tiempo y creador de lazos afectivos que abonan el terreno de las discusiones científicas orientadas por los maestros, o se trata sólo de encuentros ocasionales que tienen más que ver con lo administrativo y el compromiso de ir cubriendo pasos y metas parciales dentro de una oferta educativa dada. Basta soñar para conocer la realidad virtual, dice Echeverría, pero en materia educativa es necesario además reflexionar, intercambiar ideas, desarrollarlas, proponer cambios y realizarlos (Echeverría: 2000:25).

  5. La nueva educación trajo consigo cambios paulatinos en los sistemas de certificación, tanto para la educación a distancia como para la presencial. Ahora están, tal como propone UNESCO, más ligados a la exploración de otros niveles y habilidades, como es la capacidad de adaptación a situaciones nuevas y la facilidad para resolver problemas. Lo que más importa es la capacidad para organizar procesos, haciéndolo en forma colaborativa, es decir, a partir de la sinergia que se da gracias a la dimensión colectiva y social de la inteligencia. Esta forma de entender el conocimiento y evaluarlo, contesta a la perfección con la necesidad de actualización permanente a la que me refería en el punto anterior. Cabe agregar que en los nuevos procesos de evaluación los sistemas cuantitativos y los criterios provenientes de las ciencias duras, se han ido transformando en parámetros de medición, lo que parecería estar en discordancia con los aspectos que se quieren evaluar. Desde mi perspectiva, este es uno más de los aspectos que estarían indicando que aún nos queda mucho por hacer en materia de educación en la SIC. Se trata de ir limpiando un camino que a veces aparece demasiado contaminado con estructuras rígidas que poco tienen que ver con lo que se espera de la nueva educación.

  6. El financiamiento de la educación es otro de los aspectos que vemos que están cambiando rápidamente en la realidad educativa de los países. Por un lado tenemos que cada vez más son los estudiantes quienes deben pagar por esa educación para toda la vida y por otro es fácil advertir cómo se está dando un creciente proceso privatizador de la enseñanza. Como ya lo mencioné, esto ha dado lugar al nacimiento de nuevos proveedores de la enseñanza que comparten con el Estado la responsabilidad de formar profesionales, capacitar para el desempeño de ciertas actividades, actualizar en diferentes ramas del conocimiento e incluso, convertirse para los medios masivos de comunicación en fuente autorizada para la consulta, la opinión y las reflexiones sobre temas de actualidad. Esta tendencia a crear una industria de la educación, que es coherente con las características del modelo neoliberal vigente, tiene el enorme riesgo de dar lugar a procesos inmediatistas e instrumentales que sólo buscan satisfacer los requerimientos del sector productivo o las necesidades de actualización del cliente-alumno, pero que están impedidas de llegar más allá, a la esencia misma de la educación que es buscar la renovación del conocimiento por medio de la crítica, el análisis, la investigación.

  7. Aunque esta enumeración podría ser más amplia, finalmente voy a mencionar la tendencia creciente a la globalización educativa, que se expresa en convenidos, alianzas, fusiones y acciones conjuntas con instituciones similares de otros países. Al estilo de las grandes corporaciones industriales, del entretenimiento o de los servicios y el comercio, universidades e instituciones de educación superior están aprovechando las condiciones técnicas de los nuevos medios para romper con las fronteras tradicionales y eliminar las barreras espaciales, a fin de ofrecer cursos, seminarios, coloquios, simposios internacionales. Incluso existen ofertas educativas en las que la institución que las brinda no anuncia una sede física sino electrónica. Como casi todas las cuestiones de la vida, esta tendencia tiene sus luces y sombras, ya que si bien constituye un modo eficaz de aprovechar el conocimiento generado por instituciones y profesionales de otros lugares del mundo, también puede constituir una forma útil de quitar la atención en los problemas y desafíos locales, a la vez de virtualizar de tal modo los sistemas que al final del proceso no tengamos ni siquiera a quien atribuir la responsabilidad y la autoría de los conocimientos que se difunde e imparte.


Reflexiones finales

La convergencia tecnológica como proceso que acompaña los cambios sociales, organizativos y culturales ha llegado a todos los países del globo, no obstante, el desarrollo de la mayor parte de las innovaciones tecnológicas se produce en los países industrializados o del primer mundo. Esta situación más las condiciones económicas generales, han producido ya enormes diferencias entre países pobres y ricos, tanto en materia de infraestructura como en el acceso al conocimiento para hacer uso de esa tecnología. Abismo o brecha digital es el nombre con el cual ya se conoce a estas diferencias y constituye uno de los desafíos más importantes a vencer si queremos que la SIC llegue a todas las naciones de manera más o menos igualitaria.

Los gobiernos conocen estas desigualdades y en el caso de América Latina ya se están dando algunos pasos para acortar esta brecha abriendo portales educativos, creando y promoviendo el acceso comunitario a las nuevas tecnologías, desarrollando programas de educación virtual. No obstante, no siempre se comprende cabalmente lo que representa este proceso como impulsor de un nuevo paradigma social con nuevas prácticas culturales.

Conviene destacar que el abismo digital que se da entre naciones ricas y pobres, es también una realidad al interior de distintas formaciones sociales. En efecto, si reflexionamos sobre la brecha digital en términos de enseñanza, hay que recordar que en tanto ciertas universidades privadas cuentan con una infraestructura tecnológica amplia y actualizada, otras no la tienen. Del mismo modo se establecen diferencias entre universidades públicas (algunas más dotas de recursos que otras) y entre éstas y las universidades privadas, ya sean estas universidades empresas o universidades corporativas, las que en ciertos casos cuentan con mayor acceso a la tecnología. Recursos como las videoconferencias que acercan la participación de académicos de otros lugares, acceso a la red, disponibilidad de computadoras personales, telesesiones, entre otros, se convierten en signos de desigualdad que sin lugar a dudas modifican las acciones de enseñanza, investigación y divulgación del conocimiento. Aún así, desde mi perspectiva el acento debe estar siempre puesto en los contenidos en tanto que las tecnologías constituyen instrumentos de apoyo y es en este contexto que es necesario indagar para qué se están usando actualmente los más modernos desarrollos tecnológicos en las instituciones educativas que disponen de ellos.

En América Latina las acciones que se están llevando a cabo a fin de alcanzar un cambio sustantivo en los sistemas de enseñanza, en términos generales responden a los lineamientos dados por UNESCO en su Declaración de 1998, así como al acceso a las nuevas tecnologías que cada país tiene. Sin embargo, los avances son desiguales, ya que mientras es claro que se han diversificado las fuentes de financiamiento, se están creando nuevos sistemas de evaluación de la calidad educativa o se han dado pasos para la internacionalización de la educación, los resultados se acercan más a un proceso de industrialización de la educación que a adecuarla a las necesidades sociales. Es poco lo que se ha logrado para facilitar el acceso igualitario y equitativo a la convergencia, también es escaso el reforzamiento del vínculo educación-sector productivo.

Dado que responde a las metas planteadas por el modelo político-económico vigente, la SIC es un hecho, pero se trata aún de un proceso en construcción. Si queremos lograr que ella sea igualitaria, democrática y que saque el mejor partido de las ventajas tecnológicas para ponerlas al servicio de modelos participativos, el camino por recorrer aún es largo. En este camino la educación es a la vez medio y fin: medio para alcanzar la incorporación de todos los grupos sociales a los procesos de intercambio de información y conocimiento y fin porque sólo alfabetizando a los países (tanto del modo tradicional como en materia informática) podemos pensar en incorporar los beneficios de la convergencia al desarrollo.

Si el papel de la educación, como considero, es de tal relevancia, tendremos que estar alerta frente a ciertas tendencias que pueden desviarla de su camino transformándola en medio para alcanzar otros fines. Su tendencia a la privatización; el uso de modernas tecnologías pero con esquemas pedagógicos tradicionales que lejos de aprovechar las ventajas de la convergencia convierten a la enseñanza en reproductora de antiguos vicios; contenidos instrumentales sujetos al mercado de trabajo y a la producción que descuidan los procesos de construcción de nuevos saberes; virtualización de los sistemas educativos como una forma de “modernizar” la enseñanza pero sin cambios de fondo en los modelos pedagógicos, son entre otros, problemas sobre los cuales debe ejercerse una vigilancia continua. Son además, temas acerca de los cuales la investigación podrá ir arrojando luz y orientando la toma de decisiones.

El peso de la balanza antes ubicado en el Estado, parece inclinarse peligrosamente hacia el sector privado. No se trata de pasar de un polo a otro sino de alcanzar un equilibrio que nos permita aprovechar las ventajas de esta nueva generación tecnológica sin convertirnos en presas de sus potencialidades. Porque la nueva educación es cuestión de todos, necesitamos conjugar esfuerzos de sectores diversos para lograr propuestas que reflejen las mejores alternativas y las mejores soluciones para las necesidades latinoamericanas.



Bibliografía

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  • Reforma, 22 de agosto de 2001



1 Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora Nacional del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Miembro de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación, coordinadora del Grupo de Trabajo Comunicación y Educación de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación.

2 Para ampliar el concepto de sociedad de la información y el conocimiento, SIC, ver Crovi y Girardo (2001); Castells (1999); Vattimo (1986); Silverstone y Hirsch (1996); Echeverría (2000), entre otros.

3 En México el cartero se identifica con un silbato particular que en esos tiempos lo distinguía del resto de los sonidos propios de la incipiente urbanización del siglo XX. Seguramente muchos jóvenes ansiaban oírlo para reunirse con el material educativo que estaban esperando.

4 Se suele usar la expresión hipermedia, combinación de los términos hipertexto y multimedia, para designar uno de los grandes atractivos de la red: ofrecernos hipertextos interactivos con capacidades multimedias, que integran distintos tipos de formatos y lenguajes: textos, gráficos, sonidos, videos, entre otros. Esta expresión integra también la idea de una comunicación multinivel.





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