Viaje a inglaterra y escocia



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El siguiente cuadro “Retrato de Vincenzo Morosini”, obra de Jacopo Tintoretto, esta datado en 1575; tienen unas medidas 85.3 x 52.2 cm., realizado en óleo sobre lienzo. Se expone en la sala 6.

Morosini fue un destacado miembro de la elite veneciana, con una serie de puestos influyentes en su haber: Prefecto de Bérgamo, procurador de San Marcos, el presidente de la Universidad de Padua.

El cuadro representa una nueva forma de pintar más sutil e introspectiva. La pose que adopta Morosini sugiere la sabiduría cansada, como si estuviera pensando en un retiro monástico, vestido con su cuello de oro, lo que denota el título de caballero.

El siguiente cuadro “El origen de la Vía Láctea”, obra de Jacopo Tintoretto, esta datado en 1575; tienen unas medidas 149 x 168 cm., realizado en óleo sobre lienzo. Se expone en la sala 6.

El cuadro representa a Júpiter, el padre de los dioses, siempre tenía idilios con las mortales. Hércules nació de su unión de Zeus con Alcmena. Aprovechando el sueño de su esposa Juno, Júpiter intentó amamantar al niño con la leche de la diosa para que consiguiera la inmortalidad. Al notarlo, la diosa se despertó sobresaltada y algunas gotas de leche salpicaron el firmamento convirtiéndose en estrellas. Así explicaba en el siglo I a.C. Gaius Julius, bibliotecario del emperador Augusto, el origen de la vía láctea.

Tintoretto representa en el cuadro con un grandísimo sentido teatral el momento culminante de la leyenda: reclinada desnuda sobre una cama de nubes en lo alto del cielo, la diosa Juno se despierta de improviso. Júpiter, representado en un refinado escorzo, se abalanza sobre ella con el pequeño en brazos. En torno a la pareja revolotean querubines y puntos luminosos.

Algunos historiadores apuntan que la obra perteneció inicialmente a la colección de Rodolfo II de Habsburgo, aunque posiblemente el único dato que corrobora esta hipótesis es un panfleto italiano de 1648, que establece que Tintoretto «pintó cuatro fábulas para el emperador entre las que se encontraba la pintura de Júpiter sujetando al pequeño Baco hacia el pecho de Juno». Sin embargo para validar esta suposición, según los historiadores de arte Rose Marie Hagen y Rainer Hagen, es necesario conjeturar que el escritor debió cometer un error y haber confundido a Baco por Hércules.

Rodolfo II adquirió numerosas obras de arte para consolidar su colección privada y fue mecenas de varios artistas de su época. Durante el último año de la Guerra de los Treinta Años, precisamente el 26 de julio de 1648, la colección de arte y sus obras más valiosas fueron saqueadas del Castillo de Praga por los suecos. Las obras pasaron a pertenecer a la reina Cristina de Suecia, pero con su muerte, sus descendientes vendieron una fracción de la colección a Felipe II de Orleans. Tras el estallido de la Revolución francesa, Felipe vendió una parte de la Colección Orleans a un grupo de nobles ingleses. De estas obras 25 fueron adquiridas por la National Gallery de Londres. Específicamente la obra “El origen de la Vía Láctea” fue comprada en 1890 al Conde de Darnley en una subasta por 1312 libras esterlinas.

Pasamos a otra sala donde tenemos que olvidar las imágenes de frescura y de novedad en la vida de la gente del renacimiento para volver a la cruda realidad, la iglesia es el poder imperante. El siguiente cuadro “Canónigo Bernardijn Salviati y tres santos”, obra de Gerard David, esta datado en 1501, realizado en óleo sobre tabla; tiene unas medidas de 103.4 x 94,3 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro habla de la conversión en Canónigo a Bernardijn Salviati a su lado se identifican tres santos, de izquierda a derecha, San Martín que corresponde con el mendigo en el fondo, San Bernardino es el patrón del donante y San Donaciano. El donante era secretario del Capítulo de San Donaciano de (Brujas).

La pintura puede tener su origen como el ala izquierda de un díptico para el altar de los Santos Juan y María Magdalena, fueron colgados en la iglesia en el ala derecha, es probablemente “La Crucifixión” que se exhibe en el Gemäldegalerie de Berlín.

El siguiente cuadro “Lamentación”, obra de Gerard David, esta datado en 1515, realizado en óleo sobre tabla de roble; tiene unas medidas de 63 x 62.1 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro representa en el momento Cristo ha sido bajado de la cruz y está siendo lavado, ungido y envuelto en su mortaja, antes de ser llevado a la tumba a la derecha, mientras que José de Arimatea Nicodemo se puede ver al fondo entrando por una puerta.

Esta pintura y la Adoración de los Reyes Magos parecen haber sido parte de un mismo retablo, probablemente pintado en 1515, cuando David se mudó de Brujas a Amberes.

El siguiente cuadro “La Virgen y el niño con los santos y los donantes”, obra de Gerard David, esta datado en 1510, realizado en óleo sobre tabla de roble; tiene unas medidas de 105,8 x 144,4 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro representa a la Virgen y el Niño está entronizados en un trono medieval. A la derecha vemos a Santa Bárbara como lee un libro. María Magdalena, está sentada y se la conoce por el tarro de ungüento, parece estar pasando las páginas. A la izquierda, Santa Catalina recibe un anillo del Niño Jesús (ella se negó a casarse con un emperador con el argumento de que ella ya estaba casada con Cristo). El mundo cotidiano representado más allá de la pared fue quizá pintado en la Brujas de la época.

El cuadro fue un encargo de la persona que figura arrodillada a la izquierda, Richard de Visch van der Capelle, un canónigo de San Donaciano, Brujas. Su identidad se registra en el escudo de armas y en el collar. En 1500 trató de restaurar la ermita de San Antonio Abad, que aparece en el fondo detrás de Santa Bárbara. Esta pintura fue casi con toda seguridad destinada para decorar el altar de Santa Catalina.

El siguiente cuadro “Cristo clavado en la cruz”, obra de Gerard David, esta datado en 1481, realizado en óleo sobre tabla de roble; tiene unas medidas de 48.4 x 93.9 cm. Se exponen en la sala 5.

David siguió a artistas de Haarlem como Dirk Bouts, Ouwater y Geertgen tot Sint Jans, aunque ya había evidenciado su poder superior como colorista. A esta primera época pertenece el San Juan de la colección Kaufmann en Berlín y el San Jerónimo Saltings. En Brujas estudió y copió obras maestras de los hermanos Hubert y Jan van Eyck, Rogier van der Weyden, y Hugo van der Goes. Aquí cayó directamente bajo la influencia de Memling, el maestro a quien siguió más de cerca. Fue de él de quien David adquirió una solemnidad de tratamiento, un mayor realismo en la representación de la forma humana y un arreglo ordenado de las figuras.

En este caso vemos una pintura temprana de David en la que aparece una imagen que pudo ser una parte de un retablo que sobrevive en Amberes. Entre las figuras vemos a la Virgen y San Juan Evangelista. Las vestimentas son más propias del siglo XV y parecen haber sido copiado de un cuadro de Van Eyck “La Crucifixión” (ahora Nueva York, Museo Metropolitano de Arte).

El siguiente cuadro merece mucha atención “Los improperios” o “La coronación de las espinas”, obra de El Bosco, esta datado en 1510, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 73.8 c 59 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro de EL Bosco se considera obra de su fase más juvenil, o primera madurez. Estuvo en la colección Magniac de Colworth (1892), en una colección particular romana y, en 1934, a la National Gallery de Londres.

Este tipo de cuadros que representaban los distintos episodios del Pasión de Cristo eran muy reclamados por los flamencos de finales del siglo XV, para fomentar la piedad y mover a la reflexión. Este en concreto presenta un momento narrado por los cuatro evangelistas en el Nuevo Testamento: Los improperios o la burla que padeció Cristo durante la coronación con espinas.

Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte (infantería romana). Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

Es uno de los cuadros de El Bosco en el que se aprecia mayor influencia de la pintura italiana, tanto en la elaboración volumétrica de las figuras, como en el trazo, que ya no es ondulado sino anguloso y roto. A diferencia de sus composiciones anteriores, aquí hay menos personajes, pero son monumentales, retratados de medio busto y de tres cuartos. Jesucristo está en el centro, con mirada dulce y resignada que dirige hacia el espectador, como si quisiera ponerse en contacto espiritual con él. Cuatro torturadores lo rodean.

Estos cuatro verdugos pueden estar representando los cuatro tipos de temperamento: el flemático y el melancólico en lo alto y el sanguíneo y el colérico en la parte inferior. Arriba a la izquierda, un soldado romano pone la corona de espinas, que parece una aureola por su posición. Arriba, a la derecha, otro verdugo, con rostro más compasivo, apoya su mano en el hombro de Jesús; su animalidad queda subrayada por el collar de perro que luce. Las dos figuras de la parte inferior tienen expresiones más crueles y llenas de odio. El de la izquierda tiene pintado en la toca roja una estrella y una media luna, lo que aludiría a su pertenencia a una religión opuesta al Cristianismo: la media luna del Islam y una estrella amarilla del judaísmo.

Este cuadro presenta una amplia gama de colores: rojo, verde y azul en las vestimentas de los torturadores, suave azul al fondo, colores todos ellos que contrastan con la blancura del rostro y la vestimenta de Jesús, color que sirve para enfatizar simbólicamente su inocencia.

Jeroen Anthoniszoon van Aeken (El Bosco), nace en Bolduque, ciudad de los Países Bajos hacia el año 1450, fue hijo de artistas de origen alemán, sus padres tenían un taller dedicados a dorar imágenes religiosas y pinturas al fresco. Se casó con Aleyt van Marvenne y fue miembro de la Hermandad de Nuestra Señora y siempre fue considerado como un gran devoto católico, esto quizás le alejo de la mirada de la Santa Inquisición.

Su obra conocida comenzó en el diseño los vitrales de la catedral de Hertogenbosch, su pintura trata diferentes temáticas En sus pinturas mezcla motivos astrológicos, de folclore, brujería y alquimia, así como el tema del anticristo y episodios de las vidas de santos ejemplares. En sus obras de madurez como gran pintor desarrolló un lenguaje de simbolismo visual. La pintura de El Bosco comienza con el gótico tardío y finaliza durante el renacimiento.

La iconografía de El Bosco ha sido muy estudiada durante los últimos cuatro siglos, en la actualidad, permite decir que el pintor realiza en sus cuadros su propio mundo de sueños, mas veces son pesadillas llenas de imágenes fantasmagóricas que nos llevan a un mundo lleno de angustias y alucinaciones.

Es cierto que el artista no solo pinto monstruos y diablos cuando le exigía el tema de su lienzo, sin embargo en otras de sus obras describe una temática mas ortodoxa, aunque en todas sus obras aparecen toques fantásticos.

Algunos de los historiadores de su obra citan que El Bosco practicaba herejías religiosas muy comunes durante la Edad Media, se dice que fue miembro de la «Hermandad del Espíritu Libre» eran considerados con una tendencia netamente anarquista porque niegan la jerarquía, se opusieron a todo orden establecido, esta comunidad fue acusada de promover el libertinaje, por sus prácticas de amor libre, nudismo y otras actitudes calificadas como “desviaciones”.

Esta comunidad recibió el nombre de “adamitas” practicaban la promiscuidad sexual porque consideraban que la represión del pecado (predestinado a producirse) era peor que el mismo pecado. El acto sexual era un placer paradisíaco. La unión del placer y el amor, sensual y espiritual, era el mejor de los medios para restablecer la inocencia perdida del Edén.

El Bosco vivía en Hertogenbosch y se dice que el cuadro «El jardín de las delicias» fue pintado para este grupo de anamitas y que la tabla central en lugar de ser una condena de la sensualidad desenfrenada, sino todo lo contrario, era un elogio a las prácticas religiosas de esta secta.

En la actualidad es admitido que se desconoce estos términos porque no hay ninguna evidencia histórica que permita decir que El Bosco fuera adamita o que pintara sus teorías. Lo que sí está comprobado es que El Bosco fue un cristiano ortodoxo porque su padre, él y sus hermanos eran miembros de la Hermandad de Nuestra Señora, una cofradía religiosa de clérigos laicos dedicados al culto de la Virgen, que se encontraba en la iglesia de San Juan de Hertogenbosch.

La ciudad de Hertogenbosch era una de las cuatro mayores ciudades de Brabante y representaba un floreciente centro comercial, una de las mayores actividades constituía la fabricación de cuchillos, si analizamos con detalle el ala dedicada al infierno del cuadro «El jardín de las delicias», en la parte superior izquierda y sobre el filo de un gigantesco cuchillo, entre el par de orejas, podemos ver la letra “M” y corresponde con la marca de un maestro fabricante de cuchillos, lo que pudiera indicar que el cuadro fue pintado para este ordenante.

La vida económica y social en la ciudad estaba vinculada a las órdenes religiosas, en la iglesia de San Juan aparecen esculpidas en su decoración una cantidad de figuras fantásticas, en las que aparecen monstruos y peones sentados a horcajadas sobre los arbotantes, en estas tallas se ha podido ver la fuente de inspiración para las criaturas de El Bosco.

El rey español Felipe II se enamora de su pintura, interpretándolo en clave devota, afirmando que si todos pintaban a los hombres como querían ser, él los pintaba como eran. Por ello la más importante colección de obras suyas se conserva en España, singularmente en el Museo del Prado.

La unión entre Felipe II y El Bosco fue una simbiosis que llegó afectar a la vida del monarca convirtiéndose en alquimista, llegando a tener una obsesión constante relacionada con la muerte. Todas las noches se despertaba con la imagen de un perro negro que la anunciaba la muerte, esto contagio a todo el Palacio buscando el dichoso perro que una vez encontrado fue sacrificado pero no sirvió de nada porque el monarca seguía sufriendo. Según relataba el rey la noche anterior a la muerte de su padre vio el perro negro, el día que murió su tercera esposa vio el perro negro y el día que murió su hermano también vio el perro negro.

Se creó un departamento en El Escorial que estudiase la alquimia y ayudase al rey para tener un remedio a sus males, se llamo la Torre de la Botica. Fue tal la superstición del monarca que se pusieron a comprar reliquias que procedían de todo el mundo, entre tantas que llegaron se pusieron a contar y había hasta 24 dedos que decían que eran de San Judas.

Felipe II conoce la obra de El Bosco y se crea tal relación que compra muchas de sus obras, no para exponerles en las galerías del palacio del Escorial, sino para colgarlas en las paredes de su habitación.

El día 13 de septiembre de 1598 era un sábado y el rey daba sus últimas palabras que pronunció y con que partió de este mundo fue decir, como pudo, que moría como católico en la Fe y obediencia de la santa Iglesia Romana; y besando mil veces el crucifijo, se fue acabando poco a poco y salió aquella santa alma y se fue.

Felipe II murió frente al cuadro de El Bosco “El jardín de las delicias” y el fraile José de Sigüenza que estaba en la habitación lo detalla: “Dio tres o cuatro aullidos temerosos, el silencio, la hora de la noche, la bóveda de los nichos donde se había metido, donde retumbaba el sonido, todo hacía de él miedo, horror y espanto.”

El Bosco durante su juventud sufrió de esquizofrenia a juzgar por su violencia esta enfermedad fue calmándose durante su madurez. La primera parte de su obra nos muestra un pintor relativamente oficialista como lo hace en la Adoración de los Reyes Magos, aunque tiene una ligera tendencia hacia la melancolía.

La tendencia hacia la expresividad comienza con la pintura “La barca de los locos” (museo del Louvre) donde aparecen una serie de personajes propios de El Bosco como el borracho, el novicio tocando el laúd, el mástil de la barca es un árbol con hojas del que prende un cráneo.

El siguiente cuadro “La Virgen y el Niño con los Santos Catalina y Bárbara”, obra de Quinten Massys, esta datado en 1515, realizado con pigmentos y pegamento sobre lino; tiene unas medidas de 93.5 x 110.3 cm. Se exponen en la sala 5.

En este cuadro se representa la escena en que Jesús coloca un anillo de bodas en el dedo de Santa Catalina de Alejandría, mientras que la Virgen da a Santa Bárbara una corona.

Uno de los ejemplos que se conservan raros de las numerosas pinturas de tela producida en los Países Bajos entre los siglos XV y XVI, están muy desgastadas por el paso del tiempo.

El siguiente cuadro “San Lucas pintando a la Virgen y el Niño”, obra del taller Quinten Massys, esta datado en 1520, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 114,9 x 35.4 cm. Se exponen en la sala 5.

Esta pintura formaba parte de un tríptico y corresponde con la cara derecha, se desconoce la tabla central pero debía de variar mucho del cuadro que estaba pintando San Lucas; la tabla del panel derecho está pintada por el reverso con la imagen de la Virgen de pie dentro de un nicho que se podía ver cuando el tríptico estaba cerrado.

El siguiente cuadro “La Magdalena en un paisaje”, obra de Albert Cornelis, esta datado en 1520, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 41.4 x 32.2 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro nos presenta como personaje central a María Magdalena está en orando ante un libro y un crucifijo sujetado por un ángel; sobre el suelo se encuentra el frasco que contiene la pomada con la que ungió a Cristo. También se la puede ver de nuevo en el cuadro al fondo a la derecha en la entrada a la cueva en la que, de acuerdo con su leyenda, vivió durante 30 años.

El siguiente cuadro “La Virgen y el niño entronizado con cuatro ángeles”, obra de Quinten Massys, esta datado en 1506, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 62.3 x 42.3 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro nos presenta una escena con la Virgen que se encuentra coronada por ángeles con alas. A su lado y a cierta distancia hay dos ángeles, a cada lado, que tocan instrumentos musicales: el laúd y el arpa. El trono es dorado de estilo gótico y sugiere por sus formas una iglesia; destaca los ropajes del vestido y su manto, además de la alfombra oriental que pisan.

El siguiente cuadro es un tríptico “Escenas de la vida de Cristo”, obra del Maestro de Delft, esta datado en 1510, realizado en óleo con temple y huevo sobre madera de roble, tiene unas medidas de el panel central 98.2 x105 cm; el panel de la izquierda 102 x 49.3 cm; el panel de la derecha 102 x 49.4 cm. Se exponen en la sala 5.

El tríptico está formado por el panel central que recibe el título: “La Crucifixión; el panel de la izquierda “Cristo presentó a la gente; el panel de la derecha “La Deposición”.

El pintor del cuadro se desconoce el nombre se la ha relacionado con el Maestro de las Virgo inter Vírgenes: Su pintura puede distinguirse por el peculiar tratamiento de sus expresivas cabezas, de contornos angulosos, frente amplia y nariz larga y recta, y por el empleo de una rica gama de colores. Se le atribuyen unas veinte tablas, en las que se incluye algún tríptico, todas de temática religiosa y en su mayor parte de carácter narrativa, como la Crucifixión del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y la tabla del mismo tema del Bowes Museum de Barnard Castle, o la Lamentación sobre el cuerpo de Cristo muerto del Museo del Prado, en las que la corrección del dibujo se sacrifica a la profundización en los contenidos dramáticos del relato.

El siguiente cuadro “La Virgen y el niño en un paisaje”, obra de Jon Provoost, esta datado a principios del siglo XVI, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 60.2 x 49.5 cm. Se exponen en la sala 5.

El cuadro nos presenta al niño Jesús en los brazos de la Virgen tiene en sus manos un juguete de madera con una cuerda para subir y bajar. La Virgen lleva un vestido azul y por encima una capa ricamente ornamentada con los puños de piel, al fondo se puede ver un paisaje típico de Holanda.

El siguiente cuadro merece una especial atención “Una mujer mayor” o también conocido como “La duquesa fea”, obra de Qinten Massys, esta datado en 1513, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 62.4 x 45.5 cm. Se expone en la sala 5.

Este cuadro es de lo más actual, si en lugar de contemplarlo en la National Gallery lo viésemos en cualquier galería o museo de arte contemporáneo no nos clocaría nada, podría haberse pintado siglos después por Picasso, Dali o incluso por Frida Kahlo.

El cuadro se representa a una mujer de edad, con formas grotescas, con la piel arrugada y senos marchitos. Ella lleva un aristocrático tocado de cuernos de su juventud, de moda en la época de principios del siglo XVI, y sostiene en su mano derecha una flor roja, entonces correspondía con un símbolo de compromiso, lo que indica que ella está tratando de atraer a un pretendiente. Sin embargo, se ha descrito como un capullo que nunca llegue a formarse como flor.

Puede que lo más llamativo del retrato es su cara, esta deformada por una frente muy prominente, y una nariz aplastada, algo simiesca. Massys combina estos elementos con una clara intención satírica, la de la mujer fea y vieja que aún no se ha librado de la lascivia.

La pintura durante mucho tiempo se pensó que había sido una copia de una supuesta obra perdida de Leonardo da Vinci, sobre la base de su sorprendente parecido con dos caricaturas con dibujos de cabezas comúnmente atribuidas al artista italiano. Sin embargo, las caricaturas ahora se piensa que puedan basarse directamente en los trabajos de Massys, quien es conocido por haber intercambiado dibujos de Leonardo.

Una posible influencia literaria es de Erasmo de Rotterdam en el ensayo “Elogio de la locura” (1511), que satiriza las mujeres que todavía pueden expresar la coquetería pese a la edad, no puede desvincularse de sus espejos y no dudan en exponer sus senos marchitos repulsivos. La mujer ha sido a menudo identificada como Margarita, condesa del Tirol, criticada por sus enemigos por su fealdad. Sin embargo, ella había muerto 150 años antes.

Últimos estudios del cuadro sugieren que sufría de una rara forma de la enfermedad de Paget, en la cual los huesos de la víctima se agrandan y se deforman

Si realmente esa mujer existió y tuvo esa enfermedad la infortunada duquesa también debió sufrir dolores de cabeza y alteraciones de la hipófisis, que explicarían la importante alopecia que está bien patente en el retrato, y algunos rasgos de androgenización.

El cuadro al final lo único que pretende mostrar el contrate propio de la vida: entre la belleza y la fealdad, la juventud y la vejez, la virtud y el vicio, la salud y la enfermedad. Los contrastes extremos, que fueron la probable intención satírica de su autor y que son nuestra esencia de la vida: el nacer y el morir.

Más adelante podemos ver el cuadro “La Crucifixión”, obra de Qinten Massys, esta datado en 1515, realizado en óleo sobre madera de roble; tiene unas medidas de 91.5 x 58.8 cm. Se expone en la sala 5.

El cuadro nos presenta el pintor una escena desgarradora donde la Virgen y San Juan Evangelista lloran, y Santa María Magdalena agarra al pie de la cruz, los otras dos Marías se sitúan detrás de ella también con una cara de estupor. Al fondo a la izquierda, podemos ver a José de Arimatea y Nicodemo con una escalera para bajar el cuerpo de Cristo, mientras que los soldados regresar a Jerusalén.

Cambiamos de sala y el siguiente cuadro es “El Sastre”, obra de Giovanni Battista Morini, esta datado en 1565, realizado en óleo sobre lienzo; tiene unas medidas de 99.5x77 cm. Se expone en la sala 12.




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