Vida hay una sola, las formas de expresarlas; infinita. Lo mismo se dice de la muerte



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Preludio.

Cuadros de variados templos y santuarios se ubicaron detrás de cada escultura y con ellos muchos siglos de artistas se congregan bajo el mismo recinto; algo inusual acontece a los espectadores quienes observando las dos opuestas modalidades del arte tácitamente hallaron su complemento, aun así; cada espectador es coautor al deseo de la belleza y conocimiento; unos absorben su pensamiento bajo las etéreas imágenes o hacía la concreta forma vuelan cómplices miradas. Que dice este comportamiento? Que nos hace abrazar una particular expresión artística y no otra? Piensas, es como el amor, remotos sucesos de la niñez encienden en una chispa la fuente de la mutua concordancia con el objeto amado, la palabra, los sonidos o la vista? Va ligado a tu herencia. Así mismo con la cadencia de los acontecimientos en el camino rebelde eres o sumiso? Los mismos sentidos cautivan el universo dentro del unísono rango de sensaciones e intuiciones pero le es dado a unos expresar su creatividad con el pincel o el cincel, el violín o la pluma, la cámara, el cuerpo humano. Y va la expresión y forma más allá de la esencia o debe la esencia moldearse por la expresión? Tan natural como el sentido de la curiosidad domina al científico y el de la imitación al actor esta escrito en la materia humana un músico, pintor, poeta, escultor, actor, bailarín, cineasta; intuir, sentir y pensar una idea similar con una habilidad distintiva para dar a luz una secreta emoción. Las formas son muchas, el corazón solo uno o dirías, el corazón lo prueba todo y el cerebro lo ejecuta. La diversidad de las obras trasciende con el rodar de la tierra. Indudablemente el arte conlleva una vía histórico-hereditaria delineando las cualidades del artista, autor de la nueva tendencia que rige su época.

Vida hay una sola, las formas de expresarlas; infinita. Lo mismo se dice de la muerte.

Vi a mucha gente divagar en torno a las hijas de una edad, sueños realizados en el lienzo o en el mármol hacen presente un eterno pasado y a sus observadores un secreto impulso despierta.

La curiosidad es el primer instinto del aprendizaje, aliento de la mirada, junto al carácter principio y fin del logro.

En la oratoria de los ojos revive la escultura y la pintura respirando una en la otra, en los deseos y experiencias se funden; así es, cada pieza de arte se convierte en un oráculo de luz, un emisario desde la oscuridad a la verdad de la belleza de un corazón ciego.

Una pintura es un espectro con sepulcro y la escultura un espectro sin sepulcro.

En una galería de arte la gente se comporta al unisono presente en una biblioteca; callados, efímeros susurros brotan en el aire, una vaga atmósfera de silencio permite hablar el sentido de la vista, por capturar y alabar el don de la forma, el matiz de las luces; hace de la bóveda un arroyo luminoso turbado al contraste de las piezas maestras; y estas obras son intuiciones tangibles de lo que se desea: ‘quiéreme’ ‘témeme’ ‘ódiame’ A través de diferentes senderos invocan el llamado afín de la naturaleza humana. Solitarios sobrevivientes de naufragios llaman a la divergente audiencia con su espiritual silencio.

Aquí, alguna vez la amante de la vida y el suicida se ennoviaron, pues si los gustos van desde lo musical a los sabores de la pasión de la misma fuente nace el engaño; tal vez donde exista mayor hipocresía después de una convención de políticos, un funeral, una misa, es en una exposición de arte.

El hombre se desnuda ante si mismo experimentando el mayor temor y este es por lo general estando al borde de la muerte o ante el amor de su vida.

Una joven con una fina copa de champagne inclinada en su mano el líquido en su orla esta a punto a derramar; luce un vestido rojo, corte oriental del cabello varonil, el brillo de sus negros hilos hacía un lado de la cabeza resalta su faz oval, grandes y claros ojos marrones achicados al hablar, sus gruesas pestañas iluminan un asedio de profundidad, voluptuosos sueños nostálgicos turbaría una sobria y madura mente. De manera ausente toma un sorbo de la copa y fija su vista en una pintura con semejanza a un Tiziano aunque su autor es desconocido. Un pintor subordinado a trabajar sin paga, abandonar su familia y el mundo exterior apresado en el reino del pensamiento hasta confundir lo vivido por lo soñado, habituado a realizar sus pinceladas bajo la luna, escalar a las esferas sin artera vista y por lo cual el amistoso como el curioso pronto se apartaron de su camino:

‘Un frío viento proviene del valle.’

En días posteriores con los pinceles en la mano y tales ideas es apartado como un anciano con demencia senil lo menosprecian propios y extraños. Perdido su mañana intento olvidar. En invierno o verano el mismo escenario plasma hasta que una insondable noche frente a la pintura con su mirar envuelto en ella –más allá de la imaginación y por ventana el cielo estrellado – su corazón se detuvo. El lienzo, que lo mejor de su juventud robo tiene vida en esta forma: Algunas ninfas juegan cerca del arroyo, otras sensuales formas cubren los bordes, a pesar del movimiento de las jovenes el líquido permanece liso y las virginales muchachas no se reflejan en el, esta fuente permanece callada y honda ajena a los elementos que la envuelve. Por fondo un negro y anochecido firmamento, pero las siluetas femeninas y el jardín yacen bajo el brillo estival, el atardecer no muere en la tierra, además no hay rostros de las ninfas que se muestre al espectador, solo una de ellas separada del resto, casi de cuclillas junto al arroyo, su palma a medio abrir lleva a su seno y su atónita mirada empieza a cubrir su negra y suelta cabellera, ha descubierto el secreto de no reflejarse en la fuente.

Este retrato es observado atentamente por la joven quien minutos antes indiferente marcha por la galería, ahora su mirada a contra luz opaca su candor como si una de las ninfas se contemplara así misma a través del lienzo, como si un corpóreo espíritu hiciera clarividencia del silencioso arroyo, pues es sabido que en las pinturas una porción del alma, un toque espiritual va más allá de cada pincelada.

Desde los mismos anteriores minutos detrás de ella un par de ojos la han estado siguiendo, ellos no han tenido la oportunidad de hallarse, restan expectantes; tímidamente su otro yo se desliza en el piso, el ojeador no sabe de galerías sin embargo aquella rosácea faz y apariencia encanto su mirar, ella es la adoradora del paisaje colgando en la pared; el es el espectador de una viva escultura, permanece a la espera que su sombra llame la atención, largos minutos transcurren ni siquiera una mirada de soslayo ella lanza al desconocido intruso. El mira a la pintura con detallada curiosidad, curioso esta por lo que podía encadenar la imaginación de la señorita, desea tener el secreto y revelarlo para ella tan natural como el viento esculpe el misterio de la esfinge. Debió hablarle al menos con cierta acentuación para verificar que no es de piedra.

‘Es más que bella; sin comienzo, sin fin, justo como….El tiempo es.’

Sus últimas palabras escasamente fueron audibles, la chica volteo el semblante hacía el, tiene la sensación de estar fija a la mirada de aquel desconocido deseosa de compartir una mutua respuesta; como un alma aprisionada con el pensamiento vuela de un lado a otro la muchacha miro de nuevo a la pintura sin apartar del todo sus ojos del joven, este proceder le dejo a el la inequívoca impresión de ser considerado un cazador que dio el paso indebido pero la mariposa aun revolotea cerca.

‘Es algo más’ – interviene para si misma –‘algo fuera del tiempo.’

Se escucha baja y sin entrever el dolor oculto brota su tristeza. En ese instante una pequeña niña pasa corriendo con la simple gracia al liberarse de la mano de su madre, casi golpea con la cabeza la copa de la señorita, mientras el muchacho ve a la pintura cree que la risa de la niña proviene de las ninfas entre la brisa de la enramada e imagina algunos pálidos tintes anochecidos, otros junto al arroyo sin refractarse absorben la transparencia de las ondas acariciando las desnudas figuras, el se fija en ello con simpatía y habla serenamente:

‘Estaría feliz de nadar allí.’

‘Aja.’

Con labios apenas divididos respondió, con su mirar fijo al lienzo, el no aparta la suya de ella.



Hay algo que aferra su imaginación por esta señorita, el sabe que jamás la había visto. ‘Es imposible’ Su manera de vestir, apariencia, tal postura, el sitio, aquella infinita distancia entre los dos, todo es ajeno a el; y que ridículo sería decirle: ‘Nos conocemos?’ Sabe que desalentaría escuchar la hipócrita sentencia. Siente estar en el interior de un templo en frente de la sacerdotisa que divulgará un siniestro mañana, días que no debería buscar, irrevocables horas ocultas y teme más tocar a la sacerdotisa que atisbar la verdad. No le conoce, aun así todas las voces y rostros del ayer gravitan con la ofensa, la inquieta espera, lo dicho sin ser escuchado, lo que jamás debió callar, todo arde en ella. Conmocionado por un inesperado escalofrío término la sentencia.

‘Tu belleza será la condena mía.’

‘Déjame sola, por favor.’

Aquellas palabras la misma voz de la piedad ha roto como un riachuelo se corta entre las zarzas. Ahora el le habla como un hombre al borde de perder la esperanza:

‘Pintaría tu alma con el color de tu voz.’

‘Déjame ir, déjame ir.’

Lejana y distante las palabras de la joven lo acarician al sonar de las lágrimas.

La señorita se marcha; desilusionado el mira al suelo. Al levantar su frente no le ve en ninguna dirección, luego con apatía mira a la pintura; sobresaltado da un paso atrás: con la diáfana y profunda luz de la noche la pintura por completo surge, sombras exaltan al viento mecer el oculto jardín, entre los rizos de las ninfas, entre las cambiantes ondas del arroyo, las sombras abrigan los contornos de la gruta respirando su humedad, en el penetrante y mudo grito para la ninfa que mira hacía allí, en la huidiza imagen de su reflejo la recóndita mirada de la joven lo ve a el, murmurando en el crepúsculo de un sueño:

‘Déjame ir… ir...’

LA ESCULTURA.


‘Hay una pausa bajo la agitada ala de la muerte en esta silenciosa casa enterrada en la negra noche con esta moribunda mujer….’

Joseph Conrad.


La familia Martín arriba a su casa en la nueva América: Melany, Robert y el pequeño Karlson desempacan sus pertenencias, alegres de consolidar sus lazos parentales en su nueva morada con entrañables ilusiones.

La madre con un pálido jean azul, camisa gris de mangas largas negras aun percibe en su piel el frío del vecino continente así como el lapso de un día que se extiende una hora. Coloca una larga valija en el piso mientras el flequillo de su cabellera ronda su inclinada faz; se dilucida pensativa tal quien repentinamente escucha en la radio la melodía que une su sentir con un ser querido ausente.

En el nivel bajo de la sala el padre alza a su hijo en sus brazos:

‘Que pasa Karlson, no estás contento?’

‘Si. –sonriendo ingenuamente menea hacía el padre la cabeza –‘Quien es ella papá?’

‘Quien? Oh… No sé, una mujer Griega yo creo.’

Colocando su hijo en el piso este da unos saltos con ambos pies juntos imitando a un canguro antes de empender una mortal carrera aparentemente hacia cualquier lado de la casa.

Allí hay una mujer de talle natural forjada en mármol, sin pedestal inclinado su pie izquierdo próxima a dar un paso al frente; incandescente capa de marfil esmalta la pieza. Maciza la desnuda línea del busto sin perder cierta blandura sensual en torno a su senos, su cuerpo ligeramente inclina al frente intentando aferrar algo pero arrepentida o sorprendida sus brazos y mano derecha instintivamente retrae a su pecho, la reacción altera las indivisibles ondulaciones en los rizos colgantes y apelmazados en su mejilla, esta disposición concuerda con sus arqueadas cejas, sus álgidos ojos inclinados enajenan su consciencia angustiosamente suplicante, sus labios exhalan un mudo grito en unción a su reluctante y azorada mirada por algo visto; siguiendo la línea de su cuerpo como un arroyo a punto de inundar su cauce cede su primer pisada dispersando los contornos de su impasiva femeneidad. Por vestimenta su toga arrebolada a punto de caer bajo el vientre esparce parte de los arrugados pliegues en el piso, tensos tal si una fuerte brisa soplara; su simetría raya con la perfección. El contorno de su cabeza impone la distinción de la mujer, ligeramente túrgidos la línea de sus cejas rizadas, dilatados sus labios realza el asombro y el golpe de pánico en sus ensanchados ojos tal si la tierra se abriera a sus pies y ella viera al abismo horrorizada; al mismo tiempo que el espectador teme ver ese gesto aprisiona su mirar el desconocido sufrimiento esculpido, de alguna forma llora para los íntimos temores del observador, te hace solidario en su dolor impotente poder ayudarla.

‘Donde las manos del hombre hincado que se atreva a tocarla?’

El amado con su brazo blandamente estrecha los hombros de Melany y ella delicadamente inclina su cabeza en su hombro contemplando la piedra hecha expresión; indaga en su inclinada faz un dolor sobrehumano, degusta su artístico sufrimiento agradeciendo al autor, quien haya sido a su vez rindió una porción de su vida para hacerla realidad, pues el arte como la creación significa acción tal una idea sin aplicarse es como si no se hubiese pensado.

La noche no hace distinción del atardecer escabulléndose entre el gran ventanal y la puerta abierta hacia el interior de la suntuosa casa.

El consentido hijo pregunta en que caja guardaron sus juguetes, sin que sus padres le prestan atención indaga por las alas de sus aviones, sus juguetes favoritos, así como había desarrollado una pasión concerniente al vuelo, le encanta subir y bajar en los ascensores y obliga a sus padres a recorrer edificios enteros –de arriba abajo – pues es lo que semejaa despegar o aterrizar un avión. Melany, su madre imita el sonido de una aeronave unas veces, otras hace el papel de azafata:

‘Ocho de la tarde, hora del este, se arriba a Milan.’

El niño da un paso al frente del ascensor y regresa de un salto.

‘Otra vez ma. Volvamos a Paris.’

Ahora se halla absorta en frente de la cincelada mujer y con admiración se escapo de su boca:

‘Bella…’

Brillaron sus ojos con la misma admirativa expresión inundando su rostro sin sonrojarlo que Robert bien conoce al ser gratamente sorprendida, inolvidable en un restaurante chino le dio el obsequio de su vida; rota la galleta de la fortuna en su interior hay un anillo dorado, incrédulamente ella lo toma y al ver grabado su nombre en el limbo Melany halló su fortuna, pero extrañamente su novio no concuerda con su emoción.

‘Imposible’ –con una fugaz risita inspeccionó el dorado anillo en sus dedos. Cuan maravilloso o trágico error sus inexpresivos ojos se preguntan; finalmente mirando los clientes sentados en el piso de la pagoda China –‘Yo no fui Melany.’

Y parecía ser acusado de un robo.

Sin creer en la desilusión lo observa fijamente. ‘Es cierto? A último minuto se arrepintió?’ Tan solo baja la cabeza sin que el desaliento turbara su casi voluntarioso rostro. No mencionó una palabra durante la cena, incluso secaría una lagrima cuando Robert volvió del baño? Luego el disoluto novio hace un par de largas llamadas telefónicas al lado del cocinero oriental ofreciendo la propina, buscando disimular su cobardía ante cualquier compromiso talvez.

‘Bien querida sabes de arte, no lo esperaba.’

El finalmente casado Robert espera una explicación de la pétrea figura por parte de su amada.

Ella, aproximándose a un costado de la pieza descubre el marmóreo semblante de perfil se doblega hostilmente acentuando sus fosas nasales dilatadas. Se inclina al nivel de sus ojos encarcelados en el horror sin contemplar un halito de resignación.

Vuelve a los brazos de su esposo.

‘Contra que lucha? Contra el dios del viento? Ha.. Creí ser indiferente a estos trabajos de la artística e ilusiva mente, es solo que este….

‘Te encanta.’

Es la áspera voz de un hombre que a sus espaldas se acerca. Belisario, el comisionista de la casa, inquiría sobre la estadía de sus originales propietarios.

Robert y Melany estrechan su mano.

Karlson desde una caja que sacudía un corta plumas que allí se guardo y sin levantar la vista:

‘Hola.’

‘Olvidó el anterior dueño esta obra?’ –Robert –‘o se quiso deshacer de ella?’



‘Esta misma tarde presencie su arribo, pensé que ustedes hicieron el pedido– viéndola cercanamente –‘Creo, nadie sabe donde habita su autor desde su nacimiento.’

‘Modelo de ancestrales tiempos.’

Con certeza Robert.

‘No, no lo es’ –Melany –‘Porque no la ves cuidadosamente.’

‘Lo crees?’

Pregunta Belisario con el sentido de saber la respuesta.

Largo silencio guarda Melany, una ráfaga de viento agitó las cortinas virando rayos lunares, suavemente acarician el torso de marmol creando una vaga sensación de movimiento en su arremolinada toga y espectral mirada.

‘Encarnación de un encantamiento a través de un sagrado jeroglífico es la esfinge. Hacia que estrella reverenciada apunta su faz de leona-mujer? De que protegería a la dinastía que la edifico y entonces, hallaremos su secreto. Toda escultura es un simbolismo, un talismán-humano, un icono del subconsciente del pensamiento revelado a través de su figura.’

‘Tenemos otro visitante – Robert –‘con el tiempo sabremos la causa de su padecer.’

‘Alivio.’

Parcamente señalo Belisario sin creer ser escuchado.

“Alivio? No veo ningún alivio aquí’ – le encara con desconcierto –‘lo ves tu querida?’

‘Hallar la verdad puede ser desgarrador pero vivir con una ciega sonrisa, eso es padecer.’ – sin apartar su mirada de la alborea silueta –‘Por eso nunca me engañarías amorcito, ah?’

‘Estoy de acuerdo’– Belisario expone con gusto observando a la joven esposa –‘ni por una obra de arte.’

‘Como es posible? Si vives con una venda en tus ojos y con ella bajas a la tumba, quien dilucida tu desgracia? Sonriendo has vivido así dejarás de ser; no se equivocaron los filósofos griegos: ‘Después de todo la ignorancia es un preciado bien.”

La joven dama observa directamente a su conyugue a sabiendas que suele recordar las sentencias intelectuales a su manera.

‘Porque no hay más triste historia que vivir una vida de engaño sin importar cuan tarde la tumba te abrigue –mirando de soslayo a su esposo con el ánimo de bromear –‘Robert, de lo contrario no sabríamos ni como nos hicieron nuestros padres.’

‘Exactamente – Belisario intentando eludir la sonrisa al comentario final–‘el arte en todo campo es un don de sensibilidad señor Robert; pocas personas poseen tal de lograr distinguir los verdaderos diamantes de las buenas imitaciones solo con tocarlos.

Espero que la señora este a gusto en casa de su madre, hemos hecho lo posible para conservarla tan bien como ella lo hizo, no quiero… Usted sabe, otros se interesaron en ella, fue difícil para mi tener a la gente con las manos apartadas y al mismo tiempo tener el sitio dispuesto a la venta.’

‘Sabemos hizo lo que mejor pudo Belisario, de otra forma no estaríamos aquí, no es así amor?’

Estrechando con su brazo derecho a la cintura de Robert, Melany le mima con gracia.

‘Si; es un buen trabajo, con algunos meses después del plazo estimado pero mejor tarde que nunca –proseguía Robert –‘y el tiempo nos cuesta a todos.’

‘Créame –Belisario – ‘no se enojen si la casa fue puesta en subasta por cubrir los impuestos que se habrían tragado hasta el último ladrillo.’

‘Lo se Belisario y el trabajo que yo debí soportar para traer a mi familia aumento esas siempre crecientes sumas.’

Melany odia escuchar a su esposo hablar así, ‘tan trabajador’ especialmente cuando alguien ha testimoniado su esfuerzo en ser útil, ahora es tratado con sorna por un fallo humano o de las circumstancias, quiso tomar la palabra pero el auditor y subastador se le adelanto.

‘Bien, si la familia me excusa debo partir, el mismo problema en otra parte de la ciudad espera ser resuelto’ –se detuvo un instante para lanzar una ultima hojeada atrás y con absorto tono –‘Un cincel con el aliento de la vida la esculpió –camino a la puerta –‘Adiós, adiós pequeño Karlson.’

‘Adiós gran Belisario.’

Se marcho lanzando una mirada al salón, la noche empieza por ser abrumadora a su paso y pocos descifrarían la idea de la memoria que se lleva consigo.

La pareja se dio la vuelta y estando de perfil a la obra de mármol Robert estrecho y abrazo a su esposa.

‘Cuando seamos polvo en el viento…’

Y es una frase solo entre los dos conocida –viéndose el uno al otro sobre el balcón de una casa olvidada –por primera vez.

‘Estas seguro?’

‘Es más cierto que estos besos.’

Y el se interna bajo su mentón y muerde su cuello entre el deseo y el afecto. Ella acepta su amor como el soplo de una fogata ahuyentando su pesimismo.

Sonriente la familia continúa haciendo los arreglos pertinentes de sus cosas, había mucho por desempacar y cuando llego la hora de ir a cenar Melany algo confusa torna su cabeza a los lados.

‘Que pasa?’

Robert pregunta.

‘Esta todo en orden?’

Sin saber porque Melany devuelve la pregunta, ambos rieron sin entenderse. La esposa miro a las cajas y baúles desperdigados por la sala, chasquea sus dedos con cierta ansiedad, finalmente se dirigió a la cocina mientras Robert con gusto le ve, ella se volvió abriendo grandilocuentemente sus ojos.

‘Flippery.’

‘Ah, casi nada mujer.’

Melany corre hacía un manto en forma abovedado, rápidamente lo desenvuelve, tenían un canario amarillo desde su inquieta cabeza hasta el tono rosa en su cola.

‘Flippery.’

Grito con devoción infantil Karlson al verle trinar y agitarse de un lado para otro de la cónica y dorada jaula agradecido sin duda que le regresaran a la luz, en su interior se halla una pequeña casa de madera por nido y un corto palo por rama, se llama Flippery y es un largo nombre para tan pequeño emplumado. Habían pensado regalarle un gato al hijo pero por:

‘Toxoplasmosis tienes que enterrar a tu hijo y a la siguiente semana al gato por melancolía.’

Con un gran equipaje amontonado fueron a la mesa, habían solicitado arroz chino, este se pago junto a la propina dada al mensajero con rasgos amarillos, su presencia invita a probar el verdadero arroz oriental, el mensajero aun resta observando detenidamente la faz de Melany.

El joven posee una extraña afección sin haber recibido algún golpe en la cabeza: los frescos años son al momento olvidados mientras que los antiguos los revivía su mente tal si acontecieran ayer. Entonces cuando cumplió sus treinta seis apareció un día hecho un túnel a lo largo de su camino y el no supo cuando o donde voló su jornada perdida; llego a creer que los hombres nacen hechos y maduros anuncia un falso eremita escribiendo el mañana confinado a masturbarse con dolor físico entre su angustia solitaria.

‘Donde esta el sol?’

Y sabía que el único sol recordado era el de su niñez. Se dio la vuelta. La carretera es igualmente ennegrecida y engullida por la vaporosa nada.

Un futuro tan frustrante que la familia Martin en su bella hora no logra detectar, menos aún cuando las cajas ‘Wok’ entre sus manos despiden endebles hilos de vapor.

‘Que sucede señor, se le debe algo?’

Demando Robert con cierta intranquilidad, impaciente sin distinguir el color de los ojos del mensajero. Con cierta entonación amarga de querer pagar con la misma moneda que alguna vez le pagaron a el.

‘No, no excuse me, es solo que… Usted y la señora que vivía aquí son tan parecidas.’

Sin turbarse Melany responde.

‘Mi madre quieres decir.’

Al momento parece tratarlo como a un viejo conocido de la casa.

‘Si, usted es ella y ella es usted en el mismo sitio, pero diferente año.’

En su rostro vibra el gesto de quien despierta intentando recordar lo soñado.

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