Virgilio Piñera: otra nación posible



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Virgilio Piñera: otra nación posible.

Por: Alberto Abreu


En su ensayo ¿Qué es la nación? (1882), Ernesto Renan nos invita a pensar la nación como un proceso del espíritu en el cual se imbrican la memoria, el olvido y el deseo. La nación es el espacio de una memoria persistente, capaz de movilizar el tiempo. El lugar de la memoria y de sus sacrificios, la voluntad de preservar la casa heredada. “La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos […]el deseo de vivir juntos, la voluntad de seguir haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa[…]Un pasado heroico, grandes hombres, gloria[…]” Nos dice. Renan ontologiza la nación como alma, principio espiritual.

Si he comenzado citando este ensayo de Renan es por razones muy obvias. El mismo se coloca como referente teórico ineludible en muchas de las escrituras que se han realizado de la historia cultural cubana.

Sin embargo, en esta percepción moderna de Renan sobre la nación, el sujeto nacional, de una manera u otra, reproduce la misma configuración de ese sujeto universal de la filosofía de Occidente: no tiene sexualidad, género, etnicidad, raza, clase, lengua, ni localización epistémico; es un sujeto sin rostro y sin fuerza de gravedad. Por otra parte, el doble movimiento entre pasado y presente que describe el alma nacional responde a esa percepción lineal, teleológica del tiempo y de la Historia distintivas de la escritura de la Historia occidental.

Benedict Anderson, desde perspectivas muy diferentes a la de Renan, reflexiona sobre la nación como una comunidad imaginada, y la importancia que, históricamente, tuvo la escritura tanto en la formación de los sujetos nacionales como en la regulación y configuración del espacio nacional.

Desde los momentos fundacionales de nuestra República de las Letras. La literatura no sólo fue el espacio virtual donde se condensaron los símbolos e imágenes de nuestra identidad, sino también, de lo cubano como núcleo ontológico (revelación espíritu, iluminación, carácter, sustancia secreta, dispuesta a ser develado y revelada una y otra vez por las ficciones narrativas que exploran misterios de lo cubano y su historicidad.) El espacio donde nuestros letrados codificaron sus sueños por construir una modernidad, un modelo de ciudadanía, y de ciudadano moderno concebido siempre a partir de referentes europeos, y continuamente, desmentido, por nuestra realidad colonial y el atraso de nuestras instituciones.

Desde una voluntad higienista, asumieron un repertorio de creencias, imágenes, símbolos, metáforas de la vida, el cuerpo y la nación como el lugar de lo limpio, lo blanco, lo puro en contraposición con lo bajo, lo soez, lo plebeyo. Tales referentes ideológicos y simbólicos permitieron articular extendidas lógicas de exclusión social, racial, genérica. De este modo la literatura, la letra, funcionaron con un dispositivo de disciplinamiento del cuerpo y lo deseos del otro de la barbarie, enemigo de la vida pública racionalizada. Escribir, formaba parte del sueño modernizador, respondía a la voluntad de ordenar, el caos, la barbarie insular. g:\mis imagenes\coloquio virgilio piñera\copia de coloquio piñera\coloquio piñera 037.jpg

En las líneas que siguen me gustaría explorar la manera en que el cuerpo de la nación se construye en la obra de Virgilio Piñera. La nación entendida como el recuento de distintas memorias, y el espacio donde varios proyectos compiten por sus diferentes futuros. “las eternas historias de los negros que fueron,// y de los blancos que no fueron, o al revés o como parezca mejor,// las eternas historias blancas, amarillas, rojas, azules.” Califico, sin lugar a dudas, de cruciales las interpelaciones que semejante cosmovisión sobre lo cubano coloca al interior de nuestro proyecto de modernidad, el cual Piñera, re-escribe desde lo abyecto, como una fuerza antistémica, un contradiscurso que continuamente remite a esas zonas fallidas y postergadas de nuestra modernidad inconclusa. A las tensas, enmarañadas tramas que entretejen literatura, modernidad y abyección, a la memoria contada desde el poder, y los estratos sumergidos de la memoria colectiva, esos espacios de otredad, donde pulula, la chusma, “lo plebeyo”.

No les voy a ocultar que me fascina, tremendamente, los descalces, y erosiones que este gesto piñeriano introduce en el interior de los relatos maestros de nuestra nacionalidad. Y sobre todo, el debate político, que el mismo presupone en torno a la construcción que, nuestra historiografía literaria, ha secularizado del nosotros nación. Por lo tanto, no es accidental que en esta reflexión intelectual y debates sobre el lugar de la nación cubana en la Historia con mayúscula, y la diferencia de lo cubano frente a los modelos constituidos de cultura, el proyecto de nación que nos propone Virgilio Piñera, opera a partir del desmontaje crítico de los paradigmas europeos de racionalidad, modernidad.

Si para Renan el olvido es un factor decisivo en la creación de la nación. Así lo formula cuando acota: “[…] la esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común y también que todos hayan olvidado muchas cosas.” Es decir, nos convoca a la supresión, y represión de los recuerdos malditos en aras de construir una imagen purificada, de totalidad armoniosa sobre la nación. Por el contrario, el discurso memorístico del hablante en “La Isla en Peso” sublimiza esos recuerdos malditos. “La eterna miseria que es acto de recordar” O sea, frente a esta voluntad armoniosa, el sujeto lírico en el poema de Piñera se coloca para su enunciación, en un lugar otro con respecto a ese canon fundacional de lo cubano. g:\mis imagenes\casa de piñera en cárdenas\img_0052.jpg

Para ilustrar esta aseveración los invito a detenernos en una de las grandes ficciones sobre la cual se sustenta el discurso historiográfico de lo cubano. Me refiero al tópico del paisaje, de la naturaleza salvaje de la Isla. Semejante percepción _construida y alentada por Domingo Del Monte_ cristaliza en la literatura producida por los escritores nucleados en torno a él. Lo sospechoso de esta construcción está en que la misma no solo responde al acto de inventar la nación, sino también a otras intenciones de políticas, y de clases. En sus interpretaciones de lo cubano Lezama y Vitier re-editan este empeño delmontino, lo rescriben otorgándole un espesor semántico y filosófico, y lo colocan en el centro del discurso historiográfico de la nación cubana: la naturaleza espiritualizada de la Isla como espacio gnóstico, el paisaje insular como una entidad henchida de dones, dispuesta a abrirse al diálogo con lo humano, y con la cultura.

Les propongo abrir las páginas de “La Isla en Peso” con el propósito de confrontar la lectura en reversa que realiza Virgilio Piñera de esta tesis del espíritu de lo cubano revelado a través de su naturaleza, y las “supuestas” bondades del paisaje insular.

“La maldita circunstancia del agua por todas partes// me obliga a sentarme en la mesa del café.// Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer// hubiera podido dormir a pierna suelta.” Desde los primeros versos del poema la naturaleza es confrontada por el hablante, quien hace suyo este juego entre lo escrito y lo tachado por la historia. La naturaleza deviene en un límite imaginario para su existencia, en angustia acechante, contingencia.

El sujeto nacional y el cuerpo imaginado de la nación en Piñera, lejos de cristalizar en un horizonte de certidumbres absolutas, se construyen en el fragmento, la disrupción, la fractura, lo intersticial con respecto a ese otro sujeto íntegro, homogéneo, desde el cual esos patricios ilustres, fundadores de nuestra nacionalidad y de nuestra cultura (todos blancos, letrados, masculinos, heterosexuales) imaginaron el ser, el alma y el devenir de la nación.

Lo nacional no es el lugar de una, sino de varias memorias, muchas de ellas olvidadas, marginadas del discurso de la historia oficial. “Pero he visto la música detenida en las caderas,// he vista a las negras bailando con vasos de ron// en sus cabezas.” Los diferentes registros lo popular, y sus imaginarios archivados en “La Isla en Peso”, constituyen la expresión de varias subjetividades. “Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara.” Desde esta imagen plural, ecuménica de lo cubano, y el encuentro con la memoria rota, violentada por el olvido es que el texto articula nuestra memoria colectiva.

Acerquemos a aquellos momentos del poema donde la palabra intenta librarse de la supremacía de un lenguaje nacional homogéneo. Y observemos como este gesto presupone de la puesta en escena de discursos otros, que permiten visibilizar subjetividades marginadas, que no dialogan con ese canon literario. “Los dulces ñáñigos bajan sus puñales acompasadamente.// Como una guanábana un corazón puede ser traspasado// sin cometer un crimen.” El texto continuamente recurre a estas estrategias retóricas donde se entrelazan lo tradicional y lo moderno, lo culto y lo popular, además de fusiones religiosas, prácticas simbólicas tenidas por subalternas dentro del orden simbólico hegemónico.

Es a partir de esta heterogeneidad de discursos (sexual, racial, étnico, filosóficos, memorísticos, popular, culto, literario); que el texto acoge y potencia, donde el sujeto literario se construye. Y no lo hace desde la plenitud, la pureza de lo estético, sino desde la heteroglosia: la contaminación, y el cruce de diferentes autoridades discursivas contrarias a toda voluntad de purificación de lo interior literario.

Cierto que en textos como “El país del Arte”, “Trac”, “Ejercicio de estilo. Tema: nacimiento de las palabras”, o en poemas escritos hacia 1970 Piñera defiende un espacio de autonomía o purificación para lo interior literario. Este hecho pudiera parecer contradictorio con la afirmación enunciada en el párrafo anterior. Por eso, les propongo retornar a nuestra lectura de “La Isla en Peso”, para ver cómo el sujeto lírico encara la angustia del destiempo, la traumática marca colonizadora. Esa pesadumbre del artista de la periferia que Roberto Schwarz en su ensayo “Las ideas fuera de lugar” denomina nuestra tortícolis cultural. “¡Pueblo mío, tan joven, no saber ordenar!// ¡Pueblo mío, divinamente retórico, no saber relatar! //Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.” He aquí, la manera en que el texto enuncia la relación asimétrica, conflictiva; el gesto dividido entre Europa (su historia y procesos culturales) y las memorias fragmentadas, las tradiciones brutalmente yuxtapuestas del espacio insular. El des-tiempo: el cual genera la angustia, subordinación periférica, que se traducen .en la urgencia y ansiedad de nuestras vanguardistas literarias y artísticas por recombinar, todo un corpus de referencias y modelos metropolitanos, desarticulando, parodiando y resignificando sus usos. “Yo combino:// el aguacero pega en el lomo de los caballos,// la siesta atada a la cola de un caballo, // el cañaveral devorando a los caballos,// los caballos peridiéndose sigilosamente // en la tenebrosa emanación del tabaco.”

Como pueden apreciar son estimulantes los momentos, (en este, y de otros escritos de Piñera), en que el hablante asume su condición poscolonial, y subalterna frente a los archivos de la biblioteca europea. Si, en “La Isla en Peso” el espacio de la hegemonía se corresponde al colonizador, a Europa (orden, ley, saber, y al mismo tiempo violencia, vasallaje.) El lugar del hablante es el borde; la abyección, el caos, el carnaval, lo antillano; la insurgencia, que todo lo disloca y subvierte.

Piñera asume una postura disidente frente al concepto teleológico y, totalizador que proponen la filosofía y la escritura de la Historia occidental. A ellos, “La Isla en Peso”, opone el de las múltiples historias, las cuales entretejen en un diálogo tenso, conflictivo con esa Historia Universal. Obsérvese como el texto no se refiere a la historia en singular, sino que habla de ella en plural.

En el proyecto de nación que Piñera propone en “La Isla en Peso”, el cuerpo racializado de la nación no se construye como una síntesis armoniosa, sino a partir de lo que Cornejo Polar llamaría una totalidad contradictoria. Significativamente, es el sujeto negro, (ese otro invisibilizado por nuestras fantasías nacionalista), el elemento sedicioso y decisivo en la articulación de la nación. Es el caos, la barbarie que descentra y descoloca la aspiración de construir una nación, y una comunidad lingüísticamente homogénea. Pero, al mismo tiempo, deviene en el espacio donde lo cubano se abre a nuevas combinaciones, otras formas alternativas de racionalidad ética, y también de utopía. Sin embargo, no es en el sujeto negro, sino en la mulatez donde el discurso de “La Isla en Peso” concibe al elemento fecundador de lo cubano: “Los once mulatos se disputan el fruto// los once mulatos fálicos murieron a la orilla de la playa. // He dado las últimas instrucciones.// Todos nos hemos desnudados.”

El texto de Piñera, que vengo comentado, reorienta la literatura nacional hacia una memoria racial y sexual obliterada por el discurso oficial. Oigamos como el cuerpo sexuado de la nación y sus imaginarios del deseo son cubiertos de significación y referencializados en la “Isla en Peso”.

me acostumbro a la misma mujer que invariablemente// masturba, //noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño// de los peces. Nos dice, como si la otredad simbólica del deseo se fusionara con el cuerpo de la isla.

La lectura de los procesos formativos de nuestra identidad nacional emprendida por Virgilio Piñera en “La Isla en Peso” evoca, sin citar su origen, a otros discursos sobre la nación, lo antillano, la Historia. Con ellos dialoga, polemiza: Aimé Cesaire, Hegel, pero los principales interpelados en este texto resultan la teleología de lo insular, de Lezama, y Lo Cubano en la Poesía, de Cintio Vitier. Con relación a estos últimos, y en el espacio de los discursos circulantes sobre cómo escribir y pensar la nación, el texto de Piñera se coloca en una relación de diferenciada . Esta afirmación, desde luego, lleva implícita una interrogante, por demas ineludible: ¿Cuáles son los motivos que impiden o limitan, dentro del campo intelectual cubano de principios del siglo XXI, que la propuesta de nación enunciada por Piñera en “La Isla en Peso”, todavía no sea asumida como un discurso legítimamente valido para entender lo cubano?

Una parte de la respuesta a esta interrogante, está en la lectura que acabo de realizar de “La Isla en Peso”. El resto habría que buscarla en los debates en torno a la racialidad, la homosexualidad, y las políticas culturales de la diferencia hacia los que se comienza abrirse el campo intelectual cubano de estos días.



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