Visiones De Robot Titulo Original: Robot Visions introducción crónicas del robot ¿Qué es un robot? Podemos definirlo de forma breve y comprensiva como «un objeto artificial que se parece a un ser humano»



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Isaac Asimov

Visiones De Robot

Titulo Original: Robot Visions



INTRODUCCIÓN

CRÓNICAS DEL ROBOT

¿Qué es un robot? Podemos definirlo de forma breve y comprensiva como «un objeto artificial que se parece a un ser humano».

Cuando nos referimos a parecido, primero pensamos en términos de aspecto. Un robot tiene apariencia de ser humano.

Se le podria, por ejemplo, cubrir de un material suave que se asemejase a la piel humana. Podría tener pelo, y ojos, y una voz, y todos los rasgos y accesorios de un ser humano, de forma que, en lo concerniente al aspecto exterior, seria indistinguible del ser humano.

Esto, sin embargo, no es realmente esencial. De hecho, el robot, como aparece en la ciencia ficción, casi siempre está construido de metal, y sólo tiene un parecido estilizado con un ser humano.

Supongamos, por consiguiente, que nos olvidamos del aspecto y considerarnos sólo lo que puede hacer. Pensamos en los robots como algo capaz de realizar tareas más rápida y más eficientemente que los seres humanos. Pero en este caso cualquier máquina es un robot. Una máquina de coser puede coser más de prisa que un ser humano, una taladradora puede penetrar una superficie dura más rápidamente de como puede hacerlo un ser humano sin ayuda, un aparato de televisión puede detectar y organizar ondas de radio como nosotros no podemos hacerlo, y así sucesivamente.

Por lo tanto, tenemos que aplicar el término robot a una máquina más especializada que un aparato ordinario. Un robot es una máquina computerizada que es capaz de ejecutar un tipo de tareas que son demasiado complejas para cualquier mente viviente aparte de la del hombre, y de unas caracteristicas que una máquina no-computerizada no es capaz de hacer.

En otras palabras, para decirlo de la forma más breve posible:

robot = máquina + computadora

Por lo tanto, es evidente que un verdadero robot fue imposible antes de la invención de la computadora en los años cuarenta, y no fue práctico (en el sentido de ser lo suficientemente compacto y lo bastante económico para aplicarlo al uso cotidiano) hasta la invención del microchip en los años setenta.

Sin embargo, el concepto de robot, un aparato artificial que remeda las acciones y, posiblemente, el aspecto, del ser humano es antiguo, con toda probabilidad tan antiguo como la imaginación humana.

Los antiguos, dado que carecían de ordenadores, tuvieron que pensar en algún otro sistema para infundir habilidades casi humanas en objetos artificiales; echaron mano de vagas fuerzas sobrenaturales y dependieron de habilidades divinas más allá del alcance del hombre.

Así, en el decimoctavo libro de la Ilíada de Homero, Se indica que Hefesto, el dios griego, tiene como ayudante a «un par de sirvientas... hechas de oro exactamente como muchachas vivientes; tienen juicio en sus cabezas, pueden hablar y utilizan sus músculos, pueden girarse y moverse de izquierda a derecha así como hacer su trabajo...». Sin duda alguna, Se trata de robots.

Asimismo, se creía que la isla de Creta, en el período de su máximo poder, contaba con un gigante de bronce llamado Talos que patrullaba constantemente sus costas a fin de evitar que cualquier enemigo se acercase.

Durante los períodos antiguo y medieval, se suponía que unos hombres sabios habían creado cosas vivientes artificialmente por medio de artes secretas que habían aprendido, o descubierto, artes a traves de las cuales utilizaban los poderes divinos o diabólicos.

La historia antigua de robots más familiar para nosotros actualmente es la del rabino Loew de la Praga del Siglo XVI. Se supone que formó un ser humano artificial -un robot- partiendo del barro, de la misma forma que Dios formó a Adán del basto. Un objeto de barro, por mucho que se parezca a un ser humano, es «una sustancia informe» (la palabra hebrea es «golem»), puesto que carece de los atributos de la vida. No obstante, el rabino Loew, dio a su golem los atributos de la vida haciendo uso del sagrando nombre de Dios, y montó a su robot para trabajar en la protección de las vidas de los judios contra sus perseguidores.

Sin embargo, siempre existió cierto miedo hacia los seres humanos involucrados en un conocimiento que pertenece propiamente a los dioses o a los demonios. Había una sensación de que era peligroso, de que las fuerzas podían escapar al control humano. Esta actitud nos resulta más familiar en la leyenda del «aprendiz de brujo», el joven muchacho que sabía suficiente magia como para desencadenar un proceso pero no suficiente para detenerlo una vez había dejado de tener utilidad.

Los antiguos eran lo bastante inteligentes para considerar esta posibilidad y temerla. En el mito hebreo de Adan y Eva, el pecado que cometieron es el de adquirir conocimiento (al comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal: es decir el conocimiento de todo) y por ello fueron expulsados del Edén y, segun los teólogos cristianos, infectaron a toda la Humanidad con el «pecado original».

En los mitos griegos, estaba el titán, o Prometeo, que suministró el fuego (por consiguiente tecnología) a los seres humanos y por ello fue terriblemente castigado por el enfurecido Zeus, que era el dios jefe.

Al principio de los tiempos modernos, fueron perfeccionados los relojes mecánicos, y los pequeños mecanismos que los hacían funcionar («aparato de relojería») -los resortes, engranajes, escapes, trinquetes, etcétera- pudieron asimismo utilizarse para otros aparatos.

El Siglo XVII fue la edad de oro de los «autómatas». Estos eran aparatos que podían, por medio de una fuente de energía como un resorte a cuerda o aire comprimido, llevar a cabo una serie complicada de actividades. Se construyeron soldados de juguete que marchaban; patos de juguete que graznaban,

chapoteaban, bebían agua, comían grano y lo evacuaban; niños de juguete que podían introducir una pluma en el tintero y escribir una carta (siempre la misma, naturalmente). Este tipo de autómatas se comercializaron y se demostraron populares en extremo (y, en ocasiones, lucrativos para los propietarios).

Se trataba de artículos sin futuro, por supuesto, pero dieron vida a la idea de unos aparatos mecánicos que podían hacer más que las triquiñuelas de los aparatos de relojería, que podían estar más cerca de tener vida.

Además, la ciencia estaba avanzando rápidamente, y en 1798, un anatomista italiano, Luigi Galvani, descubrió que bajo la influencia de una chispa eléctrica se podía conseguir que los músculos muertos se crispasen y contrajesen como si estuviesen vivos. ¿Era posible que la electricidad fuese el secreto de la vida?

Se despertó de forma natural la idea de que la vida artificial podía existir por principios estrictamente científicos, más que por dependencia de dioses o demonios. De esta idea surgió un libro que algunas personas consideran la primera obra de la ciencia ficción moderna: «Frankenstein» de Mary Shelley, publicado en 1818.

En este libro, Victor Frankenstein, un anatomista, colecciona fragmentos de cuerpos recién muertos y, utilizando nuevos descubrimientos científicos (no especificados en el libro), da vida al conjunto, y crea algo que en el libro sólo es considerado como el «Monstruo». (En la película, el principio de vida era la electricidad.)

- Sin embargo, el paso de lo sobrenatural a la ciencia no eliminó el miedo a un peligro inherente al conocimiento. En la leyenda medieval del golem del rabino Loew, el monstruo se desmandó y el rabino tuvo que quitarle el nombre divino y destruírlo. En el cuento moderno de Frankenstein, el héroe no fue tan afortunado. Abandonó aterrorizado al monstruo, y éste, con una ira que el libro sin embargo justifica, para vengarse mató a quienes Frankenstein amaba, y, al final, al propio Frankenstein.

Esto se convirtió en el tema central de las historias de ciencia-ficción que han aparecido desde Frankenstein. La creación de los robots fue considerada como el primer ejemplo de la arrogancia desmesurada de la Humanidad, de su intento de despojar al teólogo de su manto, por medio de la ciencia mal

manejada. La creación de vida humana, con un alma, era prerrogativa única de Dios. Que un ser humano intentase semejante creación era producir una parodia sin alma que inevitablemente se volvía tan peligrosa como el golem y como el Monstruo. Por consiguiente, la creación de un robot era su propio castigo posible, y la lección, «hay ciertas cosas que la Humanidad no esta destinada a conocer», era predicada una y otra vez.

Sin embargo, nadie utilizó la palabra «robot» hasta 1920 (casualmente el año en que yo nací). Aquel año, un dramaturgo checo, Karel Capek, escribió la obra R.U.R., sobre un inglés, Rossum, que fabricaba seres humanos artificiales en cantidad. Estos estaban destinados a realizar las labores arduas de la Tierra, de forma que los seres humanos reales pudiesen vivir placentera y confortablemente sus vidas.

Capek llamó a estos seres humanos artificiales «robots», que era una palabra checa para «trabajadores forzados» o «esclavos». De hecho, las siglas del título de la obra preceden de «Robots Universales de Rossum», el nombre de la compañía del héroe.

En esta obra, sin embargo, lo que yo llamo «el complejo industrial Frankenstein» era unos grados más intenso. Donde el Monstruo de Mary Shelley acababa solamente con Frankenstein y su familia, los robots de Capek adquirían emoción y seguidamente, resintiéndose de su esclavitud, aniquilaban a la especie humana.

Esta obra fue producida en 1921 y fue lo suficientemente popular (si bien cuando yo la leí, mi opinión puramente personal fue que era espantosa) como para introducir la palabra «robot» en el uso universal. Hasta donde llega mi conocimiento, en la actualidad, el nombre para un ser humano artificial es «robot» en todos los idiomas.

Durante las décadas de 1920 y 1930, R.U.R. ayudó a reforzar el complejo industrial Frankenstein y (con alguna notable excepción como las series «Helen O'Loy» de Lester del Rey y «Adam Link» de Eando Binder) empezaron a ser reproducidos multitud de robots de rechinar metálico y asesinos en una historia tras otra.

En los anos treinta yo era un ardiente lector de ciencia floción y me cansé del siempre repetido argumento del robot. Yo no veía a los robots de esta forma. Los veía como máquinas -modernas-, pero máquinas. Podían ser peligrosos a pesar de los indudables factores de seguridad en ellos introducidos. Los factores de seguridad podían ser defectuosos, o inadecuados, o podían fallar bajo inesperados tipos de tensiones, pero estos fallos siempre podían proporcionar experiencia susceptible de ser usada para mejorar los modelos.

Al fin y al cabo, todos los mecanismos tienen sus peligros. El descubrimiento del lenguaje, introdujo comunicación -y mentiras-. El descubrimiento del fuego introdujo la cocina -y el incendio-. El descubrimiento de la brújula mejoró la navegación -y destruyó civilizaciones en México y Perú-. El automóvil es maravillosamente útil -y mata decenas de miles de norteamericanos cada año-. Los adelantos médicos han salvado millones de vidas -e intensificado la explosión demográfica.

En cada caso, se pueden utilizar los peligros y abusos para demostrar que «hay ciertas cosas que la Humanidad no estaba destinada a conocer», pero sin duda no se puede esperar que renunciemos a todos los conocimientos y volvamos al estado del australopiteco. Incluso desde el punto de vista tecnológico, puede argüír que Dios nunca habría dotado a los seres humanos de inteligencia para razonar si no hubiese pretendido que esta inteligencia fuese usada para inventar nuevas cosas, para hacer un uso juicioso de ellas, crear factores de seguridad para prevenir un uso imprudente, y para hacer lo máximo que podamos dentro de las limitaciones de nuestras imperfecciones.

Así, en 1939, a la edad de diecinueve años, decidí escribir una historia sobre un robot que era usado adecuadamente, que no era peligroso y que hacía el trabajo que se suponía debía hacer. Dado que necesitaba una fuente de energía introduje el «cerebro positrónico».

Esto se trataba sólo de una jerga pero sentaba cierta fuente de energía desconocida que era útil, versátil, rápida y compacta, como el ordenador todavía no inventado.

La historia recibió finalmente el nombre de Robbie, y no apareció de inmediato, pero seguí escribiendo otras historias en la misma línea -consultando con mi editor, John W. Campbell, Jr, que estaba muy interesado con esta idea mía- y por fin fueron todas publicadas.

Campbell me instó a que expusiese mis ideas con respecto a las garantías del robot de forma explícita en lugar de hacerlo de manera implícita, y así lo hice en mi cuarta historia de robot, "El Círculo Vicioso" (Runaround), que apareció en el numero de marzo de 1942 de Astounding Science Fiction. En este ejemplar, en la página 100, hacia la tercera parte de la primera columna (no tengo más remedio que recordarlo), uno de mis personajes le dice al otro: «Ahora, escucha, vamos a empezar con las Tres Reglas Fundamentales de la Robótica.»

Esto resultó ser el primer uso conocido de la palabra "robotica" en publicación, una palabra que es el actualmente aceptado y ampliamente utilizado término para la ciencia y la tecnología de la construcción, mantenimiento y uso de los robots. El Oxford English Dictionary, en su 3rd Supplementaiy Volume, me reconoce como el inventor de la palabra.

Yo no sabía que estaba inventando la palabra, por supuesto. En mi joven inocencia, yo pensaba que era la palabra y no tenía la mínima noción de que nunca había sido utilizada con anterioridad.

«Las Tres Reglas fundamentales de la Robótica» mencionadas en ese momento llegaron finamente a ser conocidas como las «Tres Leyes de la Robótica de Asimov» y son las siguientes:

1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano, o, por medio de la inacción, permitir que un ser humano sea lesionado.

2. Un robot debe obedecer las órdenes recibidas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no sea incompatible con la Primera y la Segunda Ley.

Estas leyes, como se demostró después (y como yo no pude en absoluto prever), resultaron ser las más famosas, las más frecuentemente citadas, y las frases de mayor influencia que jamás escribí. (Y las había creado cuando yo tenía veintiún años, lo que me hace dudar si desde entonces he hecho algo para seguir justificando mi existencia.)

Mis historias de robots tuvieron además un gran efecto en la ciencia ficción. Yo me ocupaba de los robots de forma no emocional: eran producidos por ingenieros, presentaban problemas de ingeniería, y se encontraban soluciones. las historias eran más bien descripciones convincentes de un futuro tecnológico y no eran lecciones de moral. Los robots eran máquinas y no metáforas.

Como resultado, la anticuada historia del robot fue virtualmente descartada de todas las historias de ciencia ficción con un nivel superior al cómic. Asimismo, los robots empezaron a ser vistos como máquinas y no como metáforas por otros escritores. Por regla general llegaron a ser considerados benevolentes y útiles, excepto cuando algo iba mal, y entonces susceptibles de enmienda y mejora. Otros escritores no citaban las Tres Leyes -tendían a ser reservadas para mí- pero las asumieron, y lo mismo hicieron los lectores.

De forma bastante sorprendente, mis historias de robots también tuvieron un importante efecto en el mundo exterior.

Es de sobras sabido que los primeros que experimentaron con cohetes estuvieron profundamente influidos por las historias de ciencia-ficción de H.G. Wells. De la misma forma, a las primeras personas que experimentaron con robots les influyeron poderosamente mis historias de robots, nueve de las cuales fueron reunidas en 1950 para hacer un libro llamado «Yo, Robot». Era mi segundo libro publicado y se ha seguido editando durante las cuatro décadas transcurridas desde entonces.

«Yo, Robot» cayó en manos de Joseph F. Engelberger cuando era estudiante de la Universidad de Columbia, en los años cincuenta, y lo que leyó le atrajo lo suficiente como para decidir que iba a dedicar su vida a los robots. Aproximadamente en esa época, conoció a George C. Devol, Jr., en un cóctel. Devol era inventor y también se interesaba por los robots.

Juntos fundaron la compañia «Unimation» y elaboraron temas para hacer trabajar a los robots. Patentaron varios apratos, y a mediados de los años setenta, habían producido todo tipo de robots prácticos. El problema era que necesitaban computadoras que fuesen compactas y económicas, pero las tuvieron cuando llegó el microchip. A partir de aquel momento «Unimation» se convirtió en la primera companía de robots del mundo y Engelberger llegó a ser más rico de lo que jamás habría podido sonar.

Siempre se comportó amablemente reconociendo mis méritos.

He conocido otros expertos en robots como Marvin Minsky y Simon Nof, que también admitieron, de forma simpática, el valor de sus primeras lecturas de mis historias de robots. Nof, que es israelí, había leído por primera vez «Yo, Robot», en una traducción hebrea.

Los expertos en robots toman en serio las Tres Leyes de la Robótica y las adoptan como un ideal para la seguridad del robot. Hasta ahora, los tipos de robots industriales en uso son esencialmcnte tan simples que los mecanismos de seguridad deben ser incorporados externamente. Sin embargo, se puede esperar con confianza que los robots llegarán a ser más versátiles y capaces y que las Tres Leyes, o sus equivalentes, serán sin duda incorporadas finalmente a su programación.

En realidad, yo nunca he trabajado con robots, ni siquiera he visto uno jamás, pero no he dejado de pensar en ellos. Hasta la fecha he escrito como mínimo treinta y cinco historias cortas y cinco novelas que tratan de robots, y me atrevo a decir que, si tengo vida para ello, escribiré más,

Mis historias y novelas de robots parecen haberse convertido en clásicas por derecho piopio y, con la llegada de la serie de novelas Robot City, se han convertido también en el amplio universo literario de otros escritores. Bajo estas circunstancias, puede ser de utilidad hacer un repaso de mis historias de robots y describir algunas que considero particularmente significativas y explicar por qué pienso que lo son:



  1. Robbie

  2. Ésta fue la primera historia de robots que escribí. La realicé entre el l0 y el 22 de mayo de 1939, cuando tenía diecinueve años y estaba a punto de graduarme en la Universidad. Tuve algún problema para publicarla, pues John Campbell la rechazó y lo mismo hizo Amazing Stories, Sin embargo, Fred Pohl la aceptó el 25 de marzo de 1940, y apareció en el número de setiembre del mismo año de Super Science Stories, que él editaba. Fred Pohl, que por algo era Fred Pohl, le cambió el título por Strange Playfellow, pero yo lo volví a cambiar cuando la incluí en el libro Yo, Robot y ha aparecido como Robbie en todas las encarnaciones posteriores.

  3. Además de ser mi primera historia de robots, Robbie es significativa porque en ella George Weston le dice a su mujer, en defensa de un robot que hace para ellos el papel de chacha «Sencillamente no puede evitar ser leal, adorable y amable. Es una máquina hecha así.» Ésta es la primera referencia, en mi primera historia, a lo que por último se convirtió en la «Primera Ley de la Robótica» y al hecho básico de que los robots estaban hechos con reglas de seguridad incluidas.

  4. Razón

  5. Robbie no habría significado nada por sí mismo si no hubiese escrito más historias de robots, sobre todo dado que apareció en una de las revistas de segundo orden. Sin embargo. escribí una segunda historia de robots. Razón, y ésta le gustó a John Campbell. Después de una pequeña revisión, apareció en Astounding Science Fiction en el número de abril de 1941, y despertó interés. Los lectores tomaron conciencia de que había una cosa que eran los «robots positrónicos». y lo mismo Campbell. Esto hizo que después todo fuera posible

  6. ¡Mentiroso!

  7. En el siguiente número de Astounding, el de mayo de 1941, apareció mi tercera historia de robots, ¡Mentiroso! La importancia de su trama era que presentaba a Susan Calvin, que se convirtió en el personaje principal de mis primeras historias de robots. Originarianiente, el argumento era bastante torpe, en gran parte porque trataba de la relación entre sexos en una época en que yo todavía no había tenido mi primer encuentro con una joven. Afortunadarnente, soy un alumno rápido, y es una historia que modifiqué de forma sensible antes de permitir que apareciese en Yo, Robot.

  8. El Círculo Vicioso

  9. La siguiente e importante historia de robots apareció en el número de marzo de 1942 de Astounding. Era la primera historia donde cité las Tres Leyes de la Robótica de forma explícita en lugar de indicarlas implícitamente. En ella, tengo un personaje, George Powell, que le dice a otro, Michael Donovan: «Ahora mira, vamos a empezar con las Tres Reglas Fundamentales de la Robótica, las tres reglas que están más profundamente en el cerebro positrónico dc un robot.» A continuación, las recita.

  10. Posteriormente, las llamé las Leyes de la Robótica, y su importancia para mí fue triple:

  11. a)Me guiaron para crear las intrigas e hicieron posible que escribiese muchas historias cortas, así como varias novelas, basadas en robots. En días, estudiaba constantemente las consecuencias de las Tres Leyes.

  12. b)Era con mucho mi invento literario más famoso, citado a tiempo y a destiempo por otros. Si todo lo que he escrito debe olvidarse algún día, las Tres Leyes de la Robótica serán sin duda lo último que se desvanezca.

  13. c)El pasaje de El círculo vicioso arriba citado resulta ser el primer lugar donde se utilizó la palabra «robótica» impresa en lengua inglesa. Como ya he indicado, por ello soy reconocido inventor de esta palabra (así como de «robótico», «positrónico» y «psicohistoria»> por el oxford English Dictionary, el cual se toma la molestia y el espacio de citar las Tres Leyes. (Todas estas cosas fueron creadas cuando yo contaba veintidós años y tengo la sensación de no haber creado nada desde entonces, lo que despierta dolorosos pensamientos dentro de mí).

  14. La Prueba

  15. Ésta fue la única historia que escribí mientras estuve en el Ejército por espacio de ocho meses y veintiséis días. En un momento dado convencí a un amable bibliotecario para que me dejase permanecer en la biblioteca cerrada durante la hora de la comida a fin de poder trabajar en la historia. Es el primer relato en el que utilizo un robot humanoide, Stephen Byerley, el robot humanoide en cuestión (si bien en la historia no dejo en absoluto claro si es un robot o no, representa mi primer paso hacia R. Daneel Olivaw, el robot humaniforme que aparece en un cierto número de mis novelas.

  16. La Prueba apareció en el número de setiembre de 1946 de Astounding Science Fiction.

  17. Ha Desaparecido Un Robot

  18. Mis robots tienden a ser entidades benignas. De hecho, a medida que las historias progresaban, ganaban gradualmente en moral y en cualidades éticas hasta superar con mucho a los seres humanos y, en el caso de Daneel, se acercaba a lo divino. Sin embargo, no tenía intención de limitarme a robots redentores. Seguía los violentos vientos de mi imaginación allí donde me llevaban, y podía ver con bastante claridad los lados preocupantes del fenómeno robot.

  19. Algunas semanas antes (mientras lo estaba escribiendo) recibí una carta de un lector que me criticaba porque, en una de mis historias de robots recién publicada, mostraba el lado peligroso de los robots. Me acusaba de haber perdido nervio.

  20. Que estaba equivocado se demuestra con Ha Desaparecido Un Robot, donde el malvado es un robot, aun cuando apareció hace casi medio siglo. La cara vil de los robots no es el resultado de una pérdida de nervio consecuencia de mi mayor número de años y mi decrepitud. Ha sido mi constante preocupación a lo largo de toda mi carrera.

  21. Se Puede Evitar El Conflicto

  22. Fue una secuela de La Prueba y apareció en el número de junio de 1950 de Astounding. Era la primera historia que escribía que trataba principalmente de computadoras (las llamé «Maquinas» en la historia) más que de robots en sí mismos. La diferencia no es grande, uno puede definir un robot como una «máquina computerizada» o como una «computadora móvil». Se puede considerar una computadora como un «robot inmóvil». En cualquier caso, no hice claras distinciones entre ambos y, si bien las máquinas, que de hecho en la historia no tienen un aspecto físico, son evidentemente computadoras, incluí la historia, sin titubeo, en mi colección de robots «Yo, Robot», y ni el editor ni los lectores pusieron objeciones. Para mayor seguridad, en la historia aparece Stephen Byerley, pero la cuestión de su cualidad de robot no desempeña papel alguno.

  23. Privilegio

  24. Aquí aparecieron por primera vez computadoras como computadoras, sin tener yo en mente la idea de que fuesen robots. Se publicó en 1955 en el número de agosto de If Worlds of Science Fiction, y por aquella época me había familiarizado con la existencia de las computadoras. Mi computadora es «Multivac», diseñada como una versión obviamente mayor y más compleja que la existente en la actualidad, «Univac» En esta historia, y en algunas otras del período que se ocupa de Multivac, la describía como una máquina terriblemente grande, careciendo de la oportunidad de predecir la miniaturización y etereolización de los ordenadores

  25. La Última Pregunta

  26. Sin embargo mi imaginación no me traicionó por mucho tiempo. En «La última pregunta», que apareció por primera vez en Science Fiction Quarterly, del número de noviembre de 1956, yo hablaba de la miniaturización y etereolización de las computadoras y las seguiría a lo largo de mil millones de años de evolución (tanto del ordenador como del hombre) para llegar a una conclusión lógica, que para descubrirla tendrán que leer la historia. Es, por encima de toda duda, mi favorita entre todas las historias que he escrito en mi carrera.

  27. La Sensación De Poder

  28. En esta historia la miniaturización de las computadoras desempeñó un pequeño papel, como una cuestión secundaria. Se publicó en el número de febrero de 1958 de If y es también una de mis favoritas. En esta historia me ocupaba de las computadoras de bolsillo, que no iban a hacer su aparición en el mercado hasta al cabo de diez a quince años después de la publicación de la historia. Por otra parte, era una de las historias donde preveía acertadamente una consecuencia social del adelanto tecnológico, más que el propio avance tecnológico. La historia trata de la posible pérdida de la capacidad de hacer aritmética simple a causa del perpetuo uso de las computadoras. La escribí como una sátira que combinaba humor con pasajes de amarga ironía, pero la escribí de forma más auténtica de lo que imaginaba. Actualmente tengo una computadora de bolsillo y echo de menos el tiempo y el esfuerzo que me supondría restar 182 de 854. Utilizo la condenada computadora. La Sensación De Poder es una de mis obras más frecuentemente usadas como antología.

  29. En cierta forma, esta historia muestra el lado negativo de las computadoras, y en ese período también escribí historias que mostraban las posibles reacciones vengativas de las computadoras o de los robots que son tratados mal. Para las computadoras, está Algún día, que apareció en el número de agosto de 1956 de Infinity Science Fiction, y para los robots (en forma de automóvil) ver Sally, que apareció en Fantastic en el número de mayo-junio de 1953.

  30. Intuición Femenina

  31. Mis robots son casi siempre masculinos, aunque no necesariamente en un sentido verdadero del género. Al fin y al cabo, les doy nombres masculinos y me refiero a ellos como «él». A sugerencia de una editora, Judy-Lynn del Rey, escribí Intuición Femenina, que se publicó en el número de octubre de 1969 de IF Magazine of Fantasy and Science Fiction. Por una parte, mostraba que yo podía hacer un robot femenino, Seguía siendo de metal. pero tenía un talle más estrecho que mis robots de costumbre así como también una voz femenina, Posteriormente, en mi libro Robots e Imperio, había un capítulo donde hacía su aparición un robot femenino humanoide. Hacía un papel de malvada, que puede sorprender a aquellos que conocen mi frecuentemente demostrada admiración por la mitad femenina de la Humanidad.

  32. El Hombre Bicentenario

  33. Esta historia, que aparecio por primera vez en 1976 en una antología en rústica de ciencia ficción original, Stellar #2, editada por Judy-Lynn del Rey, fue mi exposición más clarividente del desarrollo de los robots. Los seguía en una dirección completamente diferente de la tomada en la última pregunta. Trataba del deseo de un robot de convertirse en un hombre y la forma en que realizaba este deseo, paso a paso. De nuevo, llevé la trama hasta su conclusión lógica. No tenía intención de escribir esta historia cuando la empecé. Se escribió sola, y se trazó y entrelazó en la máquina de escribir. Acabó siendo la tercera de mis historias favoritas, entre todas las escritas. Por encima de ella sólo está La Última Pregunta mencionada arriba y The Little Ugly Boy, que no es una historia de robots.

  34. Las Cavernas De Acero

  35. En el intervalo, a sugerencia de Horace L. Gold, editor de Galaxy, había escrito una novela de robots. Al principio me había resistido a hacerlo pues tenía la impresión de que mis ideas sobre el robot sólo encajaban en historias de corta longitud. Gold, sin embargo, sugirió que escribiese un misterio de homicidio donde apareciese un detective robot. Seguí su sugerencia a medias. Mi detective era un concienzudo humano, Elijah Baley (en mi opinión, tal vez el personaje más atractivo que he inventado jamás), pero tenía un compañero de trabajo robot, R. Daneel Olivaw. Tuve la impresión de que el libro era la fusión perfecta del misterio y ciencia ficción. Apareció como una novela de tres entregas en los números de octubre, noviembre y diciembre de 1953 de Galaxy, y Doubleday la publicó como novela en 1954.

  36. Lo que me sorprendió de este libro fue la reacción de los lectores. Si bien aceptaban a Lije Baley, su evidente interés se centraba enteramente en Daneel, que yo había visto como a un personaje secundario. La aceptación fue particularmente intensa en el caso de las mujeres que me escribieron. (Treinta años después de haber inventado a Daneel, apareció la serie de televisión Star Trek, donde el carácter del señor Spock es muy similar al de Daneel -cosa que no me importó- y advertí que las espectadoras sentían también un especial interés por él. No he intentado analizar este hecho).

  37. El Sol Desnudo

  38. La popularidad de Lije y Daneel me llevaron a escribir una secuela, El Sol Desnudo, que apareció como novela de tres entregas en los números de octubre, noviembre y diciembre de 1956 de Astounding y fue publicada entera por Doubleday en 1957. Naturalmente, la repetición del éxito hacía pensar que una tercera novela era un hecho lógico. Incluso la empecé a escribir en 1958, pero se presentaron imprevistos y, entre una cosa y otra, no acabé de escribirla hasta 1983.

  39. Los Robots Del Amanecer

  40. Ésta, la tercera novela de la serie Lije Baley/R. Daneel, fue publicada por Doubleday en 1983. En ella, introduje un segundo robot, R. Giskard Reventlov, y en esta ocasión no me sorprendió cuando resultó ser tan popular como Daneel.

  41. Robots e Imperio

  42. Cuando fue necesario permitir que Lije Baley muriese (de viejo), consideré que no sería un problema hacer un cuarto libro dentro de la misma serie, a condición de que permitiese a Daneel seguir con vida. El cuarto libro, Robots e Imperio fue publicado por Doubleday en 1985. La muerte de Lije provocó alguna reacción, pero nada en absoluto comparado con la tormenta de cartas pesarosas que recibí cuando las exigencias de la trama hicieron necesario que muriese R. Giskard.

Habrán observado que de las historias cortas que he citado como «notables» hay tres -Privilegio, La Última Pregunta y La Sensación De Poder- que no están incluidas en la colección que tienen ahora entre las manos- No se trata de un descuido, como tampoco significa que no sean adecuadas para la colección. El hecho es que las tres se encuentran en una colección anterior, «Sueños de Robot» que es una obra compañera de ésta. No sería justo para el lector tener estas historias en ambas colecciones.

A fin de compensarlo, he incluido en «Visiones de Robot» nueve historias que no están citadas arriba como «notables». Ello no implica absolutamente que estas nueve historias sean inferiores, sencillamente que no aportan nada nuevo.

De estas nueve historias, Corrector De Galeradas es una de mis favoritas, no sólo por el juego de palabras del título*, sino también porque trata de un trabajo que yo sinceramente desearía que un robot me sacase de las manos. No hay mucha gente que haya recorrido tantas galeradas como yo he hecho.

Lenny muestra de Susan Calvin un lado humano que no aparece en ninguna otra historia, mientras que Algún Día es mi incursión en lo patético. Navidades sin Rodney es una historia humorística de robots, por su parte ¡Piensa! es más bien macabra. Reflejo Exacto es la única historia corta que he escrito donde aparece R. Daneel Olivaw, el cohéroe de mis novelas de robots. ¡Muy mal! y Segregacionista son ambas historias basadas en temas médicos. Y, finalmente, Visiones de Robot, ha sido escrita específicamente para esta colección.

Ha ocurrido que mis historias de robots han tenido casi tanto éxito como los libros de base y si quieren saber la verdad (en un susurro y por favor guarden el secreto) a mí me gustan más las historias de robots.

Es simple. Escribí mi primera historia de robots cuando tenía diecinueve años, y escribí sucesivamente las demás durante treinta años sin en realidad creer que los robots llegarían a existir en un sentido real -por lo menos no mientras yo viviese-. El resultado fue que nunca llegué a escribir un ensayo serio sobre robótica. Tengo por lo menos la esperanza de haber escrito ensayos serios sobre imperios galácticos y psicohistoria. De hecho, mi obra de 1956 no es una discusión seria de robótica, sino simplemente una consideración sobre el uso de robots en ciencia ficción.

No fue hasta mediados de los años setenta, con el desarrollo de los microchips, que las computadoras se volvieron suficientemente pequeñas, suficientemente versátiles y suficientemente económicas para permitir que la maquinaria computerizada resultase práctica para el uso industrial. Como consecuencia, llegó el robot industrial -simple en extremo comparado con mis robots imaginarios, pero claramente «en route».

Y fue así como, en 1974, justo cuando los robots se volvieron reales, empecé a escribir ensayos sobre desarrollos actuales en la ciencia, primero para la revista American Way y luego para Los Angeles Times Syndicate. Se convirtió en algo natural escribir de vez en cuando una obra sobre robótica real. Además, «Byron Preiss Visual Publications Inc.», empezó a sacar a la luz una importante serie de libros bajo el titulo general de La Ciudad Robot de Isaac Asimov, y me pidieron que hiciese ensayos sobre robótica para cada uno de ellos. Fue así como hasta 1974 no escribí virtualmente ningún ensayo sobre robótica, y después de 1974 unos cuantos. No es mi culpa, al fin y al cabo, si la ciencia alcanza por fin el nivel de mis nociones más simples.

Ahora están ustedes preparados para sumergirse en el libro en sí. Por favor recuerden que las historias, escritas en diferentes épocas a lo largo de un período de medio siglo, pueden resultar lógicamente inconsistentes aquí y allí. En cuanto a los ensayos de la última parte, escritos en diferentes épocas con diferentes propósitos, hay repeticiones aquí y allí. Ruego me disculpen en cada uno de los casos.

* El título original es «Galley Slave», literalmente 'Galeote', pero «galley» significa además «galerada». De allí el juego de palabras.

• Robbie , ©1940 Fictioneers, Inc., copyright renovado © 1967 por Isaac Asimov.

Primera aparición con el título «Strange Playfellow», en Super Scíence Storíes, setiembre de 1940.

• Reason , ©1941 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1968 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, abril de 1941.

• Liar!» , ©1941 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1968 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astaunding Science Fiction, mayo de 1941.

• Runaround , ©1942 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1968 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, abril de 1941.

• Evidence , ©1946 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1973 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, setiembre de 1946.

• Little Lost Robot , ©1947 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1974 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, marzo de 1947.

• The Evitable Conflict , ©1980 Street & Smith Publications, Inc., copyright renovado © 1977 por Isaac Asimov.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, junio de 1950.

• Feminine Intuition , ©1969 Mercury Press, Inc.,

Primera aparición en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, octubre de 1969.

• The Bicentennial Man , ©1976 Random House, Inc.

Primera aparición en Stellar # 2.

• Someday , ©1956 Royal Publications, Inc.

Primera aparición en Infinity Science Fiction, agosto de 1956.

• Lenny» , ©1957 Royal Publications, Inc.

Primera aparición en Infinity Science Fiction, enero de 1958.

• Think! , ©1977 Davis Publications Inc.

Primera aparición en Isaac Asimov's Science Fiction Magazine, primavera de 1987.

• Christmas Without Rodney , ©1988 Davis Publications, Inc.

Primera aparición en Isaac Asimov's Science Fiction Magazine, diciembre de 1988.

• Segregationist , ©1967 Abbott Universal Ltd.

Primera aparición en Abbotempo 4

• Mirror Image , ©1972 Condé Nast Publications, Inc.

Primera aparición en Analog: Science Fiction-Science Fact, mayo de 1972.

• Galley Slave , ©1957 Galaxy Publishing Corporation.

Primera aparición en Astounding Science Fiction, mayo de 1941.

• Robots I Have Known , ©1954 Edmund Callis Berkeley,

aparecido en «Computers and Automation», octubre de 1954.

• Future Fantastic , ©1989 Whittle Communications, L. P.

Primera aparición en la revista Special Robots, primavera de 1989.

• The Machine And The Robot, ©1978 Science Fiction Research Associates and Science Fiction Writers of America.

• The New Teachers , ©1976 American Airlines.

• Whatever You Wish , ©1977 American Airlines.

• The Friends We Make , ©1977 American Airlines.

• Our Intelligent Toys , ©1977 American Airlines.

• The Laws Of Robotics , ©1979 American Airlines.

• The New Profession , ©1979 American Airlines.

• The Robot As Enemy , ©1979 American Airlines.

• Intelligences Together , ©1979 American Airlines.

• My Robots , ©1987 Nightfall, Inc.

• The Laws Of Humanics , ©1987 Nightfall, Inc.

• Cybernetic Organism , ©1987 Nightfall, Inc.

• Robots In Combination , ©1988 Nightfall, Inc.

• Too Bad! , ©1989 Nighfall Inc.

Primera aparición en The Microverse, noviembre de 1989.

• The Sense Of Humor , © Nightfall, Inc.

DEDICATORIA

Un agradecimiento especial para

Janet Asimov

John Silbersack

Christopher Schelling

Renee Golden

David M. Harris

y

Alice Alfonsi





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