Vocabulario ahstrux nostrum



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Dedicado a todas las que me seguísteis

en esta locura durante año y medio

VOCABULARIO

Ahstrux nostrum (n.) Guardia privado con licencia para matar que es nombrado para ese puesto por el Rey. Puede ser hombre o mujer.

Ahvenge (v.) Acto de mortal retribución típicamente llevado a cabo por el ser querido de un macho.

Attendhente (n.) Elegida que sirve a la Virgen Escriba de una manera particularmente cercana.

La Hermandad de la Daga Negra (pr n.) Guerreros vampiros altamente entrenados que protegen a los de su especie contra la Sociedad Restrictora. Como consecuencia de la selección genética de su raza, los Hermanos poseen una inmensa fuerza física y mental, así como una extraordinaria capacidad regenerativa –pudiendo recuperarse de sus heridas de una manera asombrosamente rápida. Normalmente no están unidos por vínculos de parentesco, y son inducidos en la Hermandad mediante la propuesta de otros Hermanos. Agresivos, autosuficientes y reservados por naturaleza, viven separados del resto de los civiles, manteniendo apenas contacto con los miembros de otras clases, excepto cuando necesitan alimentarse. Son tema de leyenda y objeto de reverencia dentro del mundo de los vampiros. Sólo pueden morir como consecuencias de heridas muy serias, por ejemplo, un disparo o puñalada en el corazón, etc.

Esclavo de sangre (n.) Hombre o mujer vampiro que ha sido subyugado para cubrir las necesidades alimenticias de otro vampiro. La costumbre de poseer esclavos de sangre fue suspendida hace mucho tiempo y recientemente fue prohibida.

Chrih (n.) Símbolo de muerte honorable, en la Lengua Antigua.

Las Elegidas (pr n.) Mujeres vampiro que han sido criadas para servir a la Virgen Escriba. Se las considera miembros de la aristocracia, aunque están más dedicadas a asuntos espirituales que a los temporales. Su interacción con los hombres es prácticamente inexistente, pero pueden emparejarse con Hermanos por orden de la Virgen Escriba. Algunas poseen el don de la videncia. En el pasado eran usadas para cubrir las necesidades de sangre de los miembros no emparejados de la Hermandad y esa práctica ha sido reinstaurada por los Hermanos.

Cohntehst (n.) Conflicto entre dos machos compitiendo por el derecho de ser el compañero de una hembra.

Dhunhd (pr n.) Infierno.

Doggen (n.) Constituyen la servidumbre del mundo vampírico. Tienen antiguas tradiciones conservadoras sobre cómo servir a sus superiores y obedecen un solemne código de comportamiento y vestimenta. Pueden caminar bajo la luz del sol pero envejecen relativamente rápido. Su media de vida es de aproximadamente unos quinientos años.

Ehros (n.) Una Elegida entrenada en materia de artes sexuales.

Exhile dhoble (pr. n.) El gemelo malvado o maldito, es el que nace en segundo lugar.

El Fade (pr n.) Reino atemporal donde los muertos se reúnen con sus seres queridos para pasar juntos el resto de la eternidad.

Familia Principal (pr n.) Compuesta por el Rey y la Reina de los vampiros y su descendencia.

Ghardian (n.) Custodio de un individuo. Hay varios grados de ghardians, siendo el más poderoso el de una hembra sehcluded, también llamado whard.

Ghardyner (n.) Término creado en este fic para designar un cuerpo de vigilancia vampírica compuesto por civiles. Mientras que la Hermandad de la Daga Negra sería el equivalente a una unidad militar de élite, de acceso restringido a unos iniciados con un patrón genético estricto, el Ghardyner se asemejaría a un Cuerpo de Policía. Sus funciones son velar por el cumplimiento de la Ley Antigua tanto por la glymera como por los civiles.

Glymera (n.) El núcleo social de la aristocracia, equivalente aproximadamente al ton del período de la regencia en Inglaterra.

Granhmen (n.) Abuela.

Hellren (n.) Vampiro macho que se ha emparejado con una hembra. Los machos pueden tomar a más de una hembra como compañera.

Leahdyre (n.) Una persona de poder e influencia.

Leelan (adj. n.) Adjetivo cariñoso que se traduce como el/la más querido/a.

Lessening Society (Sociedad Restrictora) (pr. n.) Orden u organización de asesinos reunida por el Omega con el propósito de erradicar las especies vampíricas.

Lewlhen (n.) Regalo.

Lheage (n.) Un término respetuoso que usan los que son sometidos sexualmente refiriéndose al que los domina.

Lys (n.) Herramienta de tortura usada para extirpar los ojos.

Mahmen (n.) Madre.

Mhis (n.) El enmascaramiento de un ambiente físico dado; la creación de un campo de ilusión.

Nalla (hembra) o Nallum (macho) (adj.) Amada/o

Período de necesidad (pr n.) Período de fertilidad de las mujeres vampiro. Suele durar dos días y va acompañado de un fuerte deseo sexual. Se produce, aproximadamente, cinco años después de la transición femenina y, posteriormente, una vez cada diez años. Durante el período de celo, todos los machos que estén cerca de la hembra responden, en mayor o menor medida, a la llamada de la hembra. Puede ser un momento peligroso ya que puede provocar conflictos y reyertas entre machos que compiten, especialmente cuando la hembra no está emparejada.

Newling (n.) Una virgen.

El Omega (pr n.) Ente místico y malévolo que quiere exterminar a la raza vampírica por resentimiento hacia la Virgen Escriba. Existe en un reino atemporal y posee enormes poderes, aunque no el de la creación.

Pheursom o Pherarsom (adj.) Término que se refiere a la potencia de los órganos sexuales del macho. La traducción literal sería algo como «digno de penetrar a una mujer».

Princeps (n.) El rango más alto de la aristocracia vampírica, sólo superado por los miembros de la Familia Principal o por las Elegidas de la Virgen Escriba. Es un rango que se tiene por nacimiento, sin que pueda ser concedido con posterioridad.

Pyrocant (n.) Término referido a la debilidad crítica que puede sufrir cualquier individuo. Esta debilidad puede ser interna, como por ejemplo una adicción, o externa, como un amante.

Rahlman (n.) Salvador.

Restrictor (n.) Humanos sin alma, miembros de la Sociedad Restrictora, que se dedican a exterminar a los vampiros. Permanecen eternamente jóvenes y sólo se les puede matar clavándoles un puñal en el corazón. No comen ni beben y son impotentes. A medida que transcurre el tiempo, su piel, pelo y ojos, pierden pigmentación hasta que se vuelven completamente albinos y pálidos, hasta los ojos empalidecen. Huelen a talco de bebés. Cuando ingresan en la Sociedad –introducidos por el Omega– se les extrae el corazón y se conserva en un tarro de cerámica.

Rythe (n.) Rito por el que se intenta apaciguar a aquel/lla cuyo honor ha sido ofendido. Si el rythe es aceptado, el ofendido escoge arma y golpeará con ella al ofensor, que acudirá desarmado.

La Virgen Escriba. (pr n.) Fuerza mística consejera del Rey, guardiana de los archivos vampíricos y dispensadora de privilegios. Existe en un reino atemporal y tiene enormes poderes. Se le concedió el don de un único acto de creación que fue el que utilizó para dar vida a los vampiros.

Sehclusion (n.) A petición de la familia de una hembra, el Rey puede conferirle este estado legal. Coloca a la hembra bajo la autoridad exclusiva de su whard, que generalmente es el macho mayor de la familia. Su whard tiene el derecho de determinar su forma de vida, restringiendo a voluntad toda interacción que ella tenga con el resto del mundo.

Shellan (n.) Vampiro hembra que se ha emparejado con un macho. Las mujeres vampiros no suelen emparejarse con más de un compañero debido a la naturaleza dominante y territorial de estos.

Symphath (n.) Subespecie del mundo vampírico caracterizada, entre otras peculiaridades, por su habilidad y deseo de manipular las emociones de los demás (con el propósito de un intercambio de energía). Históricamente, han sido discriminados y, durante ciertas épocas, cazados por los vampiros. Están cercanos a la extinción.

Tahlly (n.) Un término cariñoso, flexiblemente traducido como «querida/querido».

La Tumba (pr n.) Cripta sagrada de la Hermandad de la Daga Negra. Utilizada como emplazamiento ceremonial así como almacén para los tarros de los corazón de restrictores. Las ceremonias allí realizadas incluyen iniciaciones, funerales y acciones disciplinarias contra los Hermanos. Nadie puede entrar, excepto los miembros de la Hermandad, la Virgen Escriba, o los candidatos a la iniciación.

Trahyner (n.) Palabra usada entre machos que denota mutuo respeto y afecto. Traducida libremente como «querido amigo».

Transición (n.) Momento crítico en la vida de un vampiro en el que él o ella se transforman en adulto. Después de la transición, el nuevo vampiro debe beber sangre del sexo opuesto para sobrevivir y, a partir de ese momento, no puede soportar la luz del sol. Suele producirse a la edad de veinticinco años. Algunos vampiros no sobreviven a este momento, especialmente los machos. Previamente a la transición, los vampiros son débiles físicamente, sexualmente ignorantes e incapaces de desmaterializarse.

Vampiro (n.) Miembro de una especie distinta a la humana. Para sobrevivir deben beber de la sangre del sexo opuesto. La sangre humana los mantiene con vida, aunque la fuerza que les otorga no dura mucho tiempo. Una vez que superan la transición son incapaces de exponerse a la luz del sol y deben alimentarse obteniendo la sangre directamente de la vena. Los vampiros no pueden transformar a los humanos con un mordisco o a través de una transfusión, aunque en muy raras ocasiones pueden reproducirse con miembros de otras especies. Pueden desmaterializarse a voluntad, pero para ello deben estar calmados, concentrados y no llevar nada pesado encima. Son capaces de borrar los recuerdos de los humanos, siempre que dichos recuerdos no sean lejanos. Algunos vampiros pueden leer la mente. La esperanza de vida es cercana a los mil años y en algunos casos incluso más larga.

Wahlker (n.) Un individuo que ha muerto y vuelto a la vida desde el Fade. Se les otorga un gran respeto y son reverenciados por sus tribulaciones.

Whard (n.) Equivalente al padrino o a la madrina.a de un individuo.

Prólogo

Confirmado: ser el Hombre Invisible apestaba.

Gracias a Dios que por fin podía formarse un cuerpo. O una sombra de cuerpo. O un cuerpo etéreo. Lo que fuera, pero al menos sus moléculas ya no estaban dispersas, destrozadas. Después de casi tres meses de existir como una conciencia sin físico, poder solidificarlas de nuevo podía calificarse como un avance en su, por otra parte, lastimosa condición.

Las partículas de vaporosa tinta negra que ahora formaban su ser se reunieron a su voluntad hasta conjurar una fantasmagórica figura masculina, desnuda, de pie en un callejón de un barrio de coquetos apartamentos de Caldwell.

—Joder, por fin… —masculló por lo bajo cuando tuvo algo parecido a entidad física, sólo por darse el gusto de volver a utilizar las cuerdas vocales. O lo que tuviera ahora. Su voz resonó con aquel eco de peli mala de ciencia ficción heredado de papá.

El muy hijo de puta. Aunque, bien pensado, que le hubiera cerrado las puertas del Dhunhd unos días antes de que casi le mataran al final había redundado en su beneficio.

Por mucho que te hundan un cuchillo en el corazón, no puedes morir si nadie quiere acogerte en el Más Allá. Uno se siente como una especie de boomerang.

¡Pam! Viaje de ida al Infierno.

¡Paf! Rebotando de vuelta a la Tierra fragmentado en mil pedazos.

Casi tres putos y jodidos meses para volver a regenerarse a sí mismo.

Al parecer, su parte vampiro no bastaba para que la Virgen Escriba le abriera las puertas del Fade. Lo cual era comprensible, teniendo en cuenta que también era medio restrictor y había sido el causante directo de unas cuantas muertes de vampiros.

Y, hablando de papá… Su cuerpo fantasmagórico tembló de ira y tuvo que apretar los puños, satisfecho cuando, al menos, pudo sentir la forma en que se clavaba los dedos en las palmas. Después de que el Omega le hubiera traído de vuelta de entre los muertos como uno de los suyos, de prometerle la eternidad y mucho más como Primer Restrictor, después de que él había puesto en marcha una Sociedad Restrictora heredada en descomposición… después de todo, el Omega le dio con la puerta en las narices. Desheredado a beneficio de un criajo drogata de mierda medio gay al que habría que hacer el jodido favor de matar sólo por el coche que conducía.

Apretó las mandíbulas, con la vista prendida en las luces que parpadeaban en las ventanas del edificio que observaba, fundido con las sombras.

Otra cosa por asumir: él, que siempre había estado bajo los focos —tanto cuando vivía como vampiro como durante el tiempo que fue el Hijo—, ahora estaba condenado a acechar en las tinieblas.

¿A quién tenía que culpar por aquello? La lista era larga, había que joderse, pero esos meses en el limbo le habían proporcionado tiempo para repartir los puestos en el podio. En primer lugar, la culpa era de John y de Xhex. Aunque, mal que le pesara, tenía que reconocer que ver a su hembra hundiéndole un cuchillo en el corazón había sido erótico del demonio… durante el segundo que pudo apreciarlo antes de descomponerse en moléculas tan diminutas que habían sido invisibles hasta hacía dos minutos.

La muy zorra de los cojones. Después de haberla tratado como a una shellan y después de los planes que había trazado para los dos. Él necesitaba alimentarse de hembras restrictoras para sobrevivir, herencia de su parte chupasangre, y había escogido a Xhex para probar si podía convertir vampiros en no-muertos. Justo antes de llevar a cabo su experimento, ella había escapado…

… para unirse a aquel pringado mudito, un fracasado al que hasta un humano había dado por culo.

Xhex le había decepcionado. En serio. Creía que era una guerrera, no una princesita que se encariñaba de un macho. Y John… Giró el cuello a un lado y a otro, intentando crujirse los músculos por acto reflejo. Oh, sí, aquellos dos estaban en el podio de los que iban a pringar en cuanto tuviera la oportunidad.

¿El número dos? Aquel niñato de mierda que ahora dirigía la Sociedad Restrictora y, por extensión, el Omega. Que se preparara aquella imitación barata de Darth Vader. ¿Papi le sacaba del negocio? Bien, él sacaría a papi del Consejo de Dirección de la empresa para ocupar su sillón.

Yyyyyyyy… el premio especial de la noche: Qhuinn.

Aquel fallo genético que tenía por primo había sido el causante de todo aquel montón de mierda en primer lugar. Qhuinn le había enviado directito a los brazos del Omega, rajándole la garganta en las duchas de la Hermandad para proteger a su querido John Matthew. De no ser por Qhuinn, él todavía seguiría vivo, aún podría ponerse un traje Versace, llevar reloj de oro y hacer lo que le saliera de los cojones como hijo único de una de las familias fundadoras de la glymera.

La portería del edificio que vigilaba se abrió y, a la luz que se derramó desde el interior, distinguió la silueta de una hembra vestida con un recatado traje chaqueta, con un bolso de piel colgado del brazo doblado y el pelo recogido en un moño. Sonrió de medio lado. La vampira seguía teniendo la cintura tan estrecha como recordaba, las mismas piernas bonitas y las mismas tetas… pongamos, talla cien.

Miró sus manos y ejercitó su fuerza de voluntad. Brotaron pequeños rayos de sus dedos sombríos, relampagueando un instante antes de volver a fundirse con su tejido de tinieblas, arrancándole un jadeo. Volvía a tener sus poderes, pero le faltaba la fuerza para ejercitarlos.

Y acababa de aparecer el desayuno energético.

Dejó que sus moléculas perdieran densidad, lo más parecido a volverse invisible sobre la faz de la tierra, y caminó en absoluto silencio hasta situarse detrás de la hembra, siguiendo el repiqueteo de sus tacones sobre la acera. La vampira se detuvo un momento, mirando a derecha e izquierda, como si hubiera captado un mal viento. Se ciñó la chaqueta, a pesar del calor del demonio del mes de julio, y apretó el paso. Él sabía que iba hacia el aparcamiento situado a una manzana de su casa en busca de su Mini. Luego, conduciría hasta una casona del barrio victoriano con tantas cámaras de seguridad como si fuese el jodido Pentágono. Una especie de casa de caridad para hembras y críos regentada —oh, adivina— por una de las hembras más apreciadas por la Hermandad, Marissa.

Yeah… El descubrimiento del siglo.

No podía decir que ser invisible no tuviera sus ventajas.

El exilio forzoso en la Nada de esos tres meses le había enseñado varias cosas, la primera de las cuales era la virtud de la paciencia y, la segunda, la ventaja de hacer planes de antemano.

Tenía un objetivo muy claro pero, para cumplirlo, necesitaba varias cosas. La primera: recuperar sus fuerzas y, de paso, averiguar si podía convertir a vampiros en restrictores.

La segunda: un Caballo de Troya.

Y, la tercera, sus propias tropas.

Aquella noche, por fin, iba a satisfacer su primera necesidad.

Encontrar civiles vampiros en Caldwell era difícil sin saber dónde vivían, así que sólo había podido hacer una cosa desde que comandaba de nuevo sus moléculas, aunque fuera sin forma: buscar a los civiles conocidos de cuando vivía como vampiro. No es que se hubiera codeado con la plebe muy a menudo, así que el elenco se limitaba al jardinero de la mansión de sus padres y su família, al vampiro al que llamaban para las reparaciones, o a la doggen directamente encargada de las tareas del hogar.

Y a su antigua institutriz privada.

Siguió a la hembra cuando ella dobló la esquina, observando su bien conservada figura mientras rebuscaba las llaves del aparcamiento en el bolso, cada vez más nerviosa. Hacía semanas que seguía todos sus movimientos y, para ahora, la tía debía estar ya medicándose contra la ansiedad. Que no pudiera verle no quería decir que no alcanzara a sentir el mal que desprendía su presencia: en el coche cuando conducía, al girar una esquina, observándola desde la calle…

Mmmm… ¿quién no se ha encoñado alguna vez de su profesora particular?

La hembra fue su institutriz antes de la transición. Suya y de la mitad de las familias de la aristocracia, que no iban a mandar a sus queridos hijos a un colegio humano. Al parecer, ahora daba clases a los críos en aquella especie de refugio para perras apaleadas de la tal Marissa.

Qué enternecedor…

Tomó forma oscura justo contra el cogote de la hembra, disfrutando con la manera en que se quedó rígida un momento cuando percibió su presencia, con las manos metidas en el bolso.

Pegó las caderas a su culo.

La hembra estuvo a punto de chillar al sentir su erección clavándose en sus nalgas, sin llegar a conseguirlo. No cuando le tapó la boca con una mano mientras la otra rodeaba su cintura en una presa de acero. Acercó los labios fantasmales al oído de su antigua maestra, con los colmillos creciéndole en la boca.

—¿Me recuerdas, profe?

La respiración temblorosa de ella y la forma frenética en que rebulló en sus brazos, intentando liberarse en vano, fue como una inyección de Viagra directa a su polla fantasmal.

Bueno, bueno. Parecía que esa noche iba a probar más de una cosa de lo que podía hacer con su nuevo cuerpo…

Era jodidamente estupendo volver a estar en el juego.



Parte I

Capítulo 1

—¿Dónde putos cojones están los restrictores de esta ciudad? —Qhuinn le dio una patada a la tapa metálica de un cubo de basura, que se perdió con estrépito entre la inmundicia de un callejón lleno de grafittis, asustando a varios gatos.

—La pregunta del millón de dólares. —Xhex miró con los ojos entrecerrados por encima de su hombro hacia el edificio abandonado que acababan de revisar a toda prisa.

En vano. Como todo lo que habían hecho en los últimos tres meses y una noche.

—Es como si los hubieran abducido. —Blaylock suspiró y sacó su paquete de tabaco de la gabardina de cuero mientras John salía por la puerta lateral del edificio medio en ruinas y todos echaban a andar fuera del callejón, hacia la carretera que corría paralela al margen derecho del Hudson.

Qhuinn miró al pelirrojo con el ceño fruncido, reprimiendo el impulso de decirle que tirara los cigarros al jodido río. Blay encendió un pitillo y espiró en el aire de la noche, contemplando el panorama desolado. El río era como un humidificador, esparciendo humedad pútrida en la atmósfera ya asquerosamente pegajosa del mes de julio.

Como si no tuvieran suficientes motivos para estar de un humor de perros.

“Voy a decirle a Wrath que no hemos encontrado nada”, gesticuló John antes de sacar la Blackberry y empezar a escribir.

—Esto se va a poner duro si no les encontramos. —Qhuinn se pasó las manos por el pelo hasta que consiguió ponérselo de punta como el de un erizo esquizofrénico—. Esperemos que los Hermanos hayan tenido más suerte esta noche.

—Si así fuera, ya lo sabríamos. —Xhex, como siempre, con el comentario realista jodiéndole la ilusión de una pelea.

¿Qué pasaba cuando un montón de guerreros vampiros altamente agresivos llevaba tres meses a secano? Peleas diarias. Mala leche. Descontrol. La discusión por quién se ha acabado el café acabando a puñetazos.

Dios, el ambiente en la mansión se cortaba con un bisturí.

Desde que habían enviado al hijo de perra de Lash al otro barrio y a los Hermanos se les había escurrido el yonqui que parecía ser el nuevo Primer Restrictor, no habían vuelto a encontrar una pista de los no-muertos. Nada.

Los Hermanos aseguraban que la guerra tenía picos y valles, momentos de calma entre tormentas. Había sido así durante milenios. Aquel yonki, u otro Primer Restrictor si el Omega se cansaba de su cara, buscaría nuevos reclutas, habría nuevas inducciones, se rearmarían y volverían a salir en busca de vampiros.

Eso comentaban todos pero, de momento, nada de eso había ocurrido. O no se enteraban.

“Hemos peinado todas las casas okupadas a este lado del río”, John tenía el ceño fruncido, “los Hermanos han registrado gimnasios, granjas y apartamentos de mierda. ¿Dónde demonios pueden haberse metido?”

—A lo mejor se han largado de Caldwell. —Xhex y él intercambiaron miradas y la hembra se encogió de hombros—. Ya ha pasado otras veces. La guerra no siempre se ha librado en el mismo lugar.

—Pero la Hermandad está aquí. —Qhuinn jugó con el tacón de sus New Rocks contra el asfalto—. Los restrictores no ganarán la guerra si no acaban con ellos.

Xhex suspiró fuerte mientras la música latina machacona de una radio que llevaba un grupo de pandilleros rompía la noche.

—Puede que hayan cambiado las reglas. Quizás ya no les preocupe la Hermandad. —Señaló a los tres con la cabeza—. Vosotros os encontrasteis hace meses con un restrictor que abrió fuego con humanos cerca. Y cuando acabamos con Lash fue en un tiroteo con humanos.

Qhuinn la miró un momento para luego chasquear la lengua, en un “quizás” sin palabras. Los ojos de John se desviaron a su shellan en cuanto pronunció aquel nombre y se estrecharon. Yeaaaaaah… Sirenas antiaéreas. Instintos de macho vinculado al ataque.

Le gustaba ver así a su colega. Protector con su hembra —aunque ella no lo necesitara—, confiado y crecido. Hay que ver las maravillas que obraba ser aceptado y querido por quien nunca creíste que lo haría.

Al momento, se giró hacia Blay. El pelirrojo fumaba en silencio, con los ojos azules fijos en el grupo de tipos que se acercaba hacia el edificio que ellos acababan de abandonar.

—¿Qué dices, Blay?

Su amigo se encogió de hombros y habló sin mirarle. Para variar.

—Ni idea. Llevamos poco en la guerra, tenemos que fiarnos de los expertos.

Qhuinn frunció el ceño y dio un paso para ponerse justo delante de Blay.

—Podrías dar tu opinión. —Y podrías mirarme de una jodida vez.

—Acabo de darla. No lo sé. —Apagó el cigarro contra una pared y se guardó la colilla—. Al menos, la glymera y los civiles están volviendo. Eso es bueno. Los Hermanos volverán a poner en marcha el programa de entrenamiento, tendrán algo con lo que entretenerse. Y mis padres llegan hoy.

Los ojos azules emprendieron una excursión por el entorno, evitando a Qhuinn como si fuera un agujero negro. La sangre le hirvió en las venas. Apretó los puños, decidido a plantar la cara delante de la de Blay, cuando John dio una patada en el suelo para llamar su atención. Estaba jugueteando con el móvil.

“Es Wrath. Dice que volvamos a casa. Tenemos el resto de la noche libre. Los Hermanos tampoco han encontrado nada de momento, siguen patrullando”.

—Mierda. —Xhex se apoyó contra lo que quedaba de un coche oxidado, los brazos cruzados sobre el pecho, observando de reojo al grupo que se acercaba. Directamente hacia ellos—. Problemas.

Qhuinn, John y Blay se volvieron al unísono hacia los humanos. Uh-uh. Gorras negras y doradas al revés, pañuelos en la cabeza, camisetas de tirantes, colgantes como para montar una chatarrería, tejanos enormes y, a juzgar por cómo varios metían las manos en los bolsillos, navajas o pistolas. Todos eran hispanos y no todos eran críos; muchos parecían llevar bastantes años de calle encima.

—¿Qué mierda hace esa basura yanqui en nuestra zona? —El tipo de delante, un hombre fibrado con los brazos tatuados, les señaló con la barbilla mientras sus compañeros chocaban nudillos.

“Larguémonos. No necesitamos problemas con humanos”. John echó a andar de vuelta al callejón.

—¿Dónde coño os creéis que vais, mariconas? —El acento era latino, fijo.

Qhuinn apretó los dientes, forzando a sus pies a alejarse del grupo en vez de partirle la cara al tipo por ser un gilipollas. Por su aspecto, aquellos veinte individuos debían pertenecer a alguna de las varias bandas callejeras de Caldwell. Trapicheos de droga en los parques, cuchilladas a la salida de los institutos, burdeles ilegales en moteles de mierda, sangre en las calles por peleas entre bandas rivales… Todo aquello formaba parte de la desgracia de ser el patio trasero de Nueva York, donde iba a parar toda la basura que la Gran Manzana conseguía barrer.

Ya habían tenido que joderse y dejar varios edificios sin registrar porque alguna de las bandas lo había reclamado como su guarida particular. Menuda santa mierda. Al menos, los restrictores nunca se habían interesado por infiltrarse entre aquel tipo de homo sapiens, según los Hermanos.

Apretaron el paso hacia el callejón mientras la banda caminaba tras ellos.

—IronMask. Quiero hablar con las Sombras. —Xhex desapareció en el aire y justo después lo hizo John.

Nadie le preguntó a él. ¿Para qué? Estaba pegado por el culo a John, así que iría a donde fuera su protegido. La capacidad de decidir qué hacer con sus moléculas la perdió hacía meses, en el momento en que le rajó la garganta a Lash.

Y nadie le preguntaba a Blay si también se sumaba porque todo el mundo daba por hecho que iría a dónde fuera él. Pero, cuando Qhuinn se giró hacia el pelirrojo, su amigo estaba plantado en el callejón, indeciso.

—Eh, Blay, ¿no vienes?

¿Vas a esquivarme otra jodida noche?

Blaylock frunció el ceño, con la cara girada hacia los humanos que trotaban en dirección al callejón, y luego asintió. A desgana, le pareció.

—Vamos.

Cuando Blay se desmaterializó en el aire, Qhuinn no pudo dejar de preguntarse si, además de su libertad, habría perdido definitivamente otra cosa.



Algo que dolía mucho más.

Aquella iba a ser la noche en que Carlos, alias “Rey Sol”, iba a recuperar su libertad.

Llevaba tres putos meses viviendo en una caravana, trasladándola de descampado roñoso a campo abandonado a aparcamiento tras edificio en ruinas y vuelta a empezar el tour de la miseria. Incluso había tenido que cubrir su precioso coche de carrocería fluorescente para que los vampiros no le encontraran.

Jo-der. Tres meses atrás, si alguien le hubiera dicho que los vampiros existían habría pensado que quien fuera había esnifado más coca que él mismo.

Hasta que aquel yanqui hijo de perra vestido como un maricón de lujo le había metido en la pequeña aventura de “deja que te arranque el corazón y te convierta en no-muerto y verás cómo progresas en no sé qué Sociedad Restrictora mata chupasangres”.

Carlos hizo ronronear el motor un rato antes de salir esparciendo tierra del descampado donde había aparcado la caravana y puso rumbo hacia el distrito fluvial de Caldwell.

Como si ser un camello en el escalafón más bajo de la gran banda latina de los Almighty Kings and Queens —cruzó los dedos y se los besó en señal de respeto— no fuera condena suficiente.

Era uno más de la legión de críos hijos de padres borrachos y maltratadores que pululaban por las calles y que, como todos sus colegas del vecindario, había ingresado en la banda. La unión hace la fuerza. Sólo que, al ser un jodido Don Nadie, le tocó empezar recaudando pasta para los AKQ vendiendo papelinas de droga en el Xtreme Park, donde el tal Lash le había encontrado.

Al principio, en cuanto el Omega acabó de usarlo como perra particular, había odiado a aquel Lash de mierda por meterle en semejante encerrona. Había cambiado estar en el fondo de una banda a estarlo en el de otra.

Hasta que aquel polla relamida hizo algo que disgustó al Omega y éste le arreó una patada en el culo. Carlos se encontró de golpe y porrazo como el jefe de la banda de los no-muertos.



Chúpate esa, papaíto, para que luego digas que nunca llegaría a nada en la vida.

Se había sentido eufórico, incluso le llevó al Omega un puñado de sus mejores amigos, chavales del escalón más bajo de los AKQ, como él. Críos que estaban hasta los cojones de huir de la poli para traer dólares a la gran banda.

Peeeeeeero… los vampiros grandes, pálidos y anglosajones existían y habían despedazado a sus compañeros recién inducidos. Él logró escapar por los pelos.

Se detuvo un momento en un semáforo, con la piel crepitando de anticipación, y luego giró por la carretera de mierda que corría paralela al río Hudson, hacia el edificio en que se reuniría la capilla de los AKQ aquella noche.

Con él como el Corona Suprema.

O sea, con él como el indiscutido líder de la mayor banda latina de Caldwell que, a su vez, era un eslabón más de la gran Nación de los AKQ en todos los Estados Unidos de América.

Sonrió de oreja a oreja.

En tres meses había pasado de estar a la altura del suelo en la banda a enviar a su antiguo jefe a visitar el fondo del río Hudson con un tiro en la frente y una piedra atada a los pies. Claro, cuando te acuchillan y disparan y no mueres empiezas a ganarte el respeto de los veteranos. El Corona de Nueva York le había enviado personalmente su felicitación como nuevo líder de los latinos en Caldwell, asegurándole que se había ganado el nombre de Rey Sol.

A fin de cuentas, él iba a proporcionar a los AKG el poder necesario para imponerse de una puta vez a los Bloods, aquella panda de afroamericanos de mierda que se creía con derecho de mover el tráfico de drogas y armas en la zona industrial de Caldwell.

Vaya, qué sorpresita iban a tener cuando vieran que los latinos no podían morir.

Bueno, estaba aquella pequeña cosa de luchar contra los vampiros, desde luego. No podía llevarle al Omega a los tipos más duros de su banda para que los convirtiera en restrictores para luego decirle que se piraba a organizar la guerra civil entre bandas más bestia que se hubiera visto en Caldwell, por lo que ya podía meterse a sus odiados vampiros por el culo.

Nop, nadie le decía eso al Omega.

Pero Car… el Rey Sol, no era tan gilipollas. No, le diría al Omega que, si quería ganar su estúpida guerra contra los colmilludos, necesitaba un ejército numeroso, grande y con pasta. Y los AKQ eran la tropa ideal… siempre que sacaran de en medio a los Bloods. Si lo lograban, el Omega podría tener literalmente a cientos de restrictores en las calles de Caldwell que controlarían el comercio de droga, armas y parte de la prostitución de la ciudad.

No habría vampiros de mierda que les tosieran.

Habría tantos restrictores que ganarían por superioridad numérica y él no tendría que hacer nada más que sentarse sobre fajos de dólares. El hecho de apestar a rata muerta y que la polla ya no se le pusiera dura parecía un precio pequeño a pagar por un futuro tan brillante.

Metió el coche en la planta baja del edificio. La cosa no era más que el esqueleto en ruinas de un bloque de oficinas que nunca se llegó a acabar de construir y que ahora era uno de los lugares de reunión de los hispanos. Con un sótano espacioso la mar de interesante para una ceremonia de inducción masiva de… pongamos, dos docenas de restrictores. Para empezar.

El Rey Sol salió del coche, recolocándose la gorra negra y dorada con la visera hacia la izquierda y haciendo tintinear las cadenas sobre su pecho escuálido. La enorme camiseta blanca de tirantes dejaba ver un tatuaje con las letras ALK sobre tres puntas. Chocó nudillos con su segundo al mando, Felipe, mientras los latinos que fumaban crack en corrillos se acercaban a ellos.

Iban a necesitar meterse mucha mierda para darse valor ante el Omega.

—¿Algún lío, hermano? —El Rey Sol apoyó las manos en las caderas, contemplando a su futuro ejército desde debajo de la gorra.

Felipe escupió el regaliz que mascaba.

—Nop. Sólo unos blanquitos de mierda husmeando por el callejón. Iban con una tía, debían buscar un sitio para follarla. Se largaron rápido.

—OK, voy al sótano. Cuando lo tenga todo listo, os llamo.

Levantó la tapa de hierro oxidado que daba acceso al sótano con una sola mano y los futuros restrictores asintieron al verlo, apreciando la fuerza física que pronto compartirían. Bajó por las escaleras de madera hasta dejarse caer en el sótano.

En algún punto de la oscuridad con olor a humedad podrida ya aguardaba algo que daría pesadillas a todos los góticos de mierda de aquella ciudad pero que a él iba a convertirle en un auténtico rey de las calles.

El IronMask era la habitual guarida oscura donde los góticos adolescentes de revista de moda se mezclaban con los auténticos tipos duros de suburbio, supervivientes de los 80 con barbas canosas, coletas ralas y camisetas de The Cure. Constituía un mar de cuerpos en movimiento, en blanco y negro, salpicado aquí y allá de camareras con faldas con la misma cantidad de tela que un guante, las profesionales que Trez y iAm mantenían allí para entretener al personal.

Rammstein atronando por los altavoces acababa de convertir aquel tugurio-máquina-de-hacer-dinero en uno de los lugares favoritos de los Hermanos.

Blay se preguntó, por enésima vez, qué demonios pintaba allí.

Mmmm… no había demasiados amantes del jazz en el IM, la clientela no era justamente el tipo de gente con quien él se sentía cómodo y el hecho de que las camareras insinuaran su delantera ante sus narices cada vez que le servían una Corona tampoco ayudaba. Pero, aún así, había algo en el Iron que le hacía sentir en casa. A saber…

—Necesito un trago. —Qhuinn se movió entre la multitud directamente hacia la mesa de la Hermandad, como si hubiera nacido en aquel club. La gente, sencillamente, se apartaba a su paso y luego volvía a reagruparse. Como el Mar Rojo.

Blay se dijo que había conseguido subir otro pequeño escalón hacia su realización personal cuando logró fijar la vista en John en vez de en la ancha espalda de Qhuinn delante de él.

“¿Vas a hablar con Trez y iAm?”, John gesticulaba hacia su shellan.

—Sí. Ellos también tienen oídos en las calles. Más que nosotros viviendo en la mansión, quiero saber qué mierda pasa ahí fuera. —Xhex se inclinó hacia John, dándole un beso rápido en los labios—. ¿Vienes conmigo?



Por favor que diga que no, por favor que…

“Claro”.


Mierda.

—¿Te acompaño? —Qhuinn se levantó del asiento de cuero donde ya se había dejado caer, dispuesto a ser el hermano siamés de John allá donde fuera.



Sí, sí, sí…

“No hace falta, estamos en el despacho de las Sombras y ya sabes que no se comparten con nadie más”. John apoyó una mano en su hombro y en el de Qhuinn para reclamar la atención de ambos. Los dos miraron a John. Ninguno miró al otro. “Relajaos un rato, ¿vale?”



Ya, claro. John estaba a punto de amargarle la noche. Porque si había algo que Blay andaba esquivando como la peste desde hacía tres meses y una noche era quedarse a solas con Qhuinn. Hasta el momento, con éxito.

El moreno se dejó caer otra vez en el asiento, moviéndose hasta un extremo para dejarle espacio. Blay notaba su mirada de reojo e hizo serios esfuerzos por concentrarse en la mesa de cristal negro, en el tamborileo de sus dedos encima y en la marea de cuerpos moviéndose entre la niebla de la discoteca. Los tendones se le hicieron un nudo y el estómago se le encogió en un espasmo. Ojalá pudiera largarse, pero hasta que John y Xhex volvieran con lo que les hubieran dicho las Sombras no pensaba hacerlo.

Era un guerrero en busca de información, no una niña que se sonrojaba por sentarse a noventa y cinco centímetros de distancia de su ex amor.

Qhuinn carraspeó, preludio de que iba a abrir la boca, justo cuando una de las camareras, Gina, se acercó a ellos casi levitando. Blay olió las feromonas brotando de ella. He ahí una hembra con la que los tres se habían acostado, algo que no tenía ni puñeteras ganas de recordar. Y no porque la mujer fuera una profesional o porque hubiera sido especialmente desagradable —no más que con cualquier otra hembra—, sino por que se la había follado junto con…

—Qhuinn, me alegro de verte. —Caramba, no sabía que las humanas pudieran ronronear. Gina sonrió, mostrando dientes blanquísimos entre labios rojos, y contoneó las caderas con la bandeja en una mano. Como si de repente se hubiera dado cuenta de una mosca revoloteando, se giró hacia él—. Blay... —Una décima de segundo después, volvía a tener los ojos fijos en el moreno—. ¿Os pongo lo de siempre o queréis algo… especial?

—Lo de siempre servirá, nena.

Vaya, eso sí que era una sorpresa. Qhuinn debía estar realmente impaciente por que Xhex y John consiguieran información de las Sombras en vez de escurrirse hacia los lavabos a disfrutar de la invitación de Gina. La mujer hizo un mohín pero se giró con otro contoneo hacia la barra. Blay suspiró. La historia de su vida. Qhuinn aparecía en un lugar y era como si arrastrara un foco encima: a su lado todo permanecía en sombras.

—Es la primera vez que sales con nosotros en meses, colega. ¿Qué mierda has estado haciendo?

Blaylock hizo lo posible por disimular que tenía el cuerpo rígido. Se encogió de hombros, paseando la mirada por la clientela humana del IM mientras la música atronaba en su cabeza. Tiempo atrás, Qhuinn no habría tenido que preguntar; los dos habrían pasado juntos casi todas las horas que no hubieran estado durmiendo. Ahora… bueno, ahora hablarse parecía contravenir alguna regla no escrita y, aunque era el camino escogido por él, tenía que admitir que escocía un poco.

—Ayudando en el Refugio de Marissa —contestó, esperando no tener que acercarse más a Qhuinn para responder.

—¡¿Qué dices?!

Mierda. El moreno culebreó en el asiento hacia él, inclinando la cabeza para intentar oírle por encima de los gritos que vomitaban los altavoces. Quedaron separados por dos palmos. Si Blay había estado tenso, ahora pensó que acabaría con contracturas musculares cuando se puso como una piedra. Se inclinó imperceptiblemente hacia el lado contrario a Qhuinn.

—¡Ayudando a Marissa! —repitió, alzando la voz sin mirarle.

No había ningún motivo para sentirse incómodo, únicamente estaban hablando.

Sólo… hablando.

—¿Es verdad que haces de donante para sus hembras? —Los ojos de Qhuinn estaban fijos en él y Blay desvió la cara para seguir a Gina, que se acercaba a su mesa con una cerveza y un vaso largo.

—Sí. Tienen a más de doce hembras y pocos machos voluntarios que las alimenten. —¿Aquella camarera podría acercarse más rápido?— Además, son recelosas. Marissa buscaba donantes machos que no las impresionaran.

—Pues se equivocó, tú eres bastante impresionante.

Blaylock maldijo en silencio a todos sus ancestros pelirrojos del primero hasta el último cuando aquel calor que odiaba crepitó en sus mejillas. Había olvidado lo que suponía hablar con Qhuinn. Lo muy capaz que era de mezclar insinuaciones sensuales hacia él y de follarse cualquier cosa con agujero que le pasara por delante al segundo siguiente. Enlazó las manos sobre la mesa. Con fuerza.

Tiempo atrás, un comentario así habría bastado para renovar su amor no correspondido por el macho unos cuantos meses más, a pesar de que Qhuinn se olvidara del efecto que provocaban sus palabras al latido siguiente. Habría bastado para darle esperanzas.

Ahora ya no. Ahora sabía que palabras así no escondían un deseo reprimido de Qhuinn por él, simplemente era su forma de hablar. Basta de ver conexiones y segundas lecturas donde no las había. Ya no le interesaba.

—No asusto a las hembras. Por eso me presenté voluntario —murmuró.

—Aquí tenéis, chicos. —Gina se inclinó para depositar las bebidas en la mesa, el vaso de Herradura para Qhuinn y la Corona para él. Sus pechos casi huyeron del diminuto top que llevaba, ofreciéndose a su amigo como un bufet self-service.

—Gracias, belleza. —Qhuinn sacó un par de billetes de su cartera y se los metió en el escote—. A nuestra salud.

Blay casi puso los ojos en blanco. El moreno no había cambiado nada y eso le provocó una mezcla de amargura y de satisfacción que no quiso examinar. Gina le guiñó un ojo y se alejó como si llevara un cartel luminoso de “Mira mi culo, Qhuinn”. Blaylock se llevó la cerveza a la boca y le dio un trago largo mientras miraba de reojo el móvil que tenía encima de la mesa.

—¿Esperas alguna llamada? —El tono de Qhuinn se volvió de hielo.

—Mis padres. Hoy se mudan a su nueva casa. Prometí ayudarles con las cajas si tenía tiempo.

Le pareció que el otro suspiraba de alivio, pero el rugido de la música no le permitió jurarlo.

—Puedo echaros una mano una vez que John haya vuelto a la mansión.

Cómo no. Blay apretó los ojos un momento. Qhuinn siempre sería el primero en tirarse de cabeza a un temporal de mar para rescatar a alguien en apuros sin darle importancia ni esperar un “gracias”. Él era así. Siempre el primero en ayudar. Y esa había sido una de las razones por las que… Meneó la cabeza.

—No hace falta. Nos apañaremos. —Más murmullos.

—Ya…

El tono dolido de Qhuinn contribuyó a dar una vuelta de tuerca más a la rigidez de sus músculos. Había sido mala idea quedarse en el IM, tendría que haberse ido a pasear para hacer tiempo hasta que sus padres le llamaran. Pero se hubiera parecido mucho a huir y ya no tenía motivos para hacerlo, ¿verdad?



Mientras él seguía con los ojos fijos en los reflejos de la mesa, acariciando su Corona con un dedo, Qhuinn soltó el aire con fuerza y se giró en el asiento, con todo el cuerpo vuelto hacia él. Mirándole.

—Blay…


Oh-oh. Tono de “voy a decir algo que va a romper el status quo.

La pantalla del bendito móvil cobró vida y el teléfono zumbó sobre la mesa al recibir un mensaje.

—Perdona. —Blaylock casi se lanzó encima de la cosa—. Son mis padres, ya han llegado. Despídeme de John y Xhex, ¿vale? Nos vemos en la mansión.

—Oye…


No se quedó a escuchar lo que Qhuinn tenía que decirle. Ni se acabó la cerveza. Se metió el móvil en la gabardina y se levantó de la mesa en silencio, apretando el paso para sortear a los humanos en dirección a la puerta, con la sensación de que alguien le había puesto una bolsa en la cabeza y le faltaba el aire.

Nueva decisión, que se añadía a las tomades a lo largo de aquellas semanas: no volver a quedarse a solas con Qhuinn a pesar de haber superado lo suyo.

¿Por qué entonces se sentía como si cada uno de los pasos que daba para alejarse de él fuera como ajustarse un trocito nuevo de una máscara que llevara puesta?

Mierda, necesitaba ver a sus padres. Al menos, podría ser él mismo con alguien en todo el maldito universo.


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