Wayne Partain notas sobre el evangelio según mateo copyright, 2000 Derechos Reservados Publicado aquí en la Internet por Valente Rodríguez Copyright, Derechos Reservados, Marzo 2002



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Wayne Partain

NOTAS SOBRE

EL EVANGELIO SEGÚN MATEO



Copyright, 2000

Derechos Reservados

Publicado aquí en la Internet por Valente Rodríguez

Copyright, Derechos Reservados, Marzo 2002
http://www.amigoval.com/WPartain/MatWayne/Content.htm


Versiones bíblicas citadas

 

El texto de Mateo, Versión Valera Revisada (1960)



La Biblia de las Américas (LBLA)

Versión Moderna (VM)

Versión Hispano-americana (VHA)

 

Léxicos, diccionarios y Word Studies citados

 

Greek-English Lexicon of the New Testament por Grimm-Thayer (G-T)



The Expositor’s Greek Testament por W. Robertson Nicoll (WRN; MD)

Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, por Francisco Lacueva (FL)

Word Studies in the New Testament por Marvin Vincent (MV)

Diccionario expositivo de palabras del N. T. por W. E. Vine (WEV)

Imágenes verbales en el Nuevo Testamento por A. T. Robertson (ATV)

Pequeño Larousse por Ramón García-Pelayo y Gross (Larousse)

Webster’s New World Dictionary

 

Comentarios citados

 

The Gospel According to Matthew por H. Leo Boles (HLB)



James A. Burton Commentaries – Matthew (JAB)

The Book of Matthew - Getwell church of Christ (WWC, TBW, GE)

The Living Word Commentary – Matthew, por Jack P Lewis (JPL)

B. W. Johnson’s Notes on New Testament (BWJ)

The Fourfold Gospel por J. W. McGarvey (JWM)

Commentary on Matthew and Mark por J. W. McGarvey (JWM)

Bible Textbook Series – Matthew,  por Harold Fowler (HF)

Comentario del Nuevo Testamento – Mateo, por Guillermo Hendriksen (GH)

Commentary on the Whole Bible por Matthew Henry (MH)

Commentary on New Testament por H. A. W. Meyer (HAWM)

Commentary on the Holy Scriptures por J. P. Lange (JPL)

Commentary and Critical Notes por Adam Clarke (AC)

Comentario exegético y explicativo de la Biblia por Jamieson, Fausset y Brown (JFB)

El Nuevo Testamento comentado por William Barclay (WB)

Notes on the New Testament por Albert Barnes (AB)

Comentario del Nuevo Testamento por L. Bonnet y A. Schroeder (B-S)

 

El evangelio según Mateo

 Introducción



 

            Evangelio. Esta palabra significa buenas nuevas. Luc. 2:10 dice que cuando Jesús nació en Belén, el ángel dijo a los pastores, “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:  11  que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”. El ángel dijo a José que María, su esposa, “dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21). Pablo dijo, “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;  2  por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.  3  Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4  y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Cor. 15:1-4). Para obtener el perdón de los pecados es necesario obedecer al evangelio (2 Tes. 1:7-9; 1 Ped. 4:17); es decir, al oír el mensaje del evangelio, es necesario creerlo (Mar. 1:15); esta fe nos motiva a amar a Dios (Mat. 22:37, “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38  Este es el primero y grande mandamiento”; este amor nos mueve a obedecer los mandamientos de Cristo (Jn. 14:15); Luc. 13:3, 5, “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”; Rom. 10:10, “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”;  Hech. 2:38, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Los que rechazan alguno de estos mandamientos que son necesarios para obtener el perdón de pecados, rechazan al evangelio de Cristo. Rechazan la salvación que El hizo posible por medio de su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos.

            Según Mateo. Mateo 9:9, “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió”. El otro nombre de Mateo es Leví (pero Mateo nunca usa este nombre). Se encuentra en Marcos 2:14 y en Lucas 5:27. Los publicanos (recaudadores de impuestos, LBLA) eran odiados por los judíos. Eran considerados como los peores pecadores. Mat. 9, “10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.  11  Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” Al hablar Mateo de esta cena él mismo dice, “publicanos y pecadores” porque él bien sabía la reputación de los publicanos. Es interesante observar que al dar la lista de los apóstoles Mateo todavía se refiere a sí mismo como “Mateo el publicano” (10:3) aunque ya había dejado ese empleo.

 

Mateo confirma que Jesús de Nazaret  es el Mesías (el Hijo de David), el Hijo de Dios

            Profecías cumplidas. Es obvio que Mateo escribió especialmente para los judíos. El cita muchas profecías que hablaban del Mesías, afirmando que fueron cumplidas por Jesús de Nazaret (1:22; 2:15, 17, 23; 4:14; 5:17; 8:17; 12:17; 13:35; 21:4; 26:54; 26:56; 27:9, 35).

            Mateo revela muchas señales que manifestaron que Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios. Como dice Juan 20, “30 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  31  Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. La expresión “Hijo de Dios” quiere decir, “de la misma naturaleza de Dios” (Heb. 1:3, “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia”). Jn. 10:33, “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios”. Jn. 5:18, “decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. Col. 2:9, “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Aparte de sanar enfermos, Jesucristo echaba fuera los demonios, calmó la tempestad, multiplicó los panes y peces, levantó a los muertos, etc.

            Mateo afirma que Jesús de Nazaret cumple la profecía de Isa. 7:14, “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que  traducido es: Dios con nosotros”. Jesús es Emanuel, Dios con nosotros. 1 Tim. 3:16 se refiere a Cristo cuando dice, “Dios fue manifestado en carne”. Jn. 1:14, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. Jn. 14, “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.  9  Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre?” Mateo revela varias maneras en las que Jesucristo manifestaba a Dios:

            Jesucristo era adorado (2:2; 28:17; compárese Jn. 9:38). Al ser adorado Jesucristo usaba (manifestaba) un atributo divino, pues sólo Dios es adorado.

            Jesucristo perdonaba pecados (9:2; “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”, v. 6). Al hacerlo usaba (manifestaba) un atributo divino, pues sólo Dios puede perdonar pecados.

            Jesucristo conocía los pensamientos de la gente, 9:4; 12:25; compárense Luc. 5:22; 11:17; Jn. 2:24, 25. Al hacerlo usaba (manifestaba) un atributo de Dios (omnisciencia), pues sólo Dios conoce los pensamientos del hombre.

            Lamentablemente algunos enseñan que Jesucristo nunca usó o mostró ningún atributo divino durante su vida en la tierra. Tal doctrina no es sana sino enfermiza. No es una doctrina inocente (una mera opinión); más bien, es la negación de la Deidad de Cristo y, por lo tanto, es como gangrena (2 Tim. 2:17).

 

La enseñanza que Jesucristo entregó personalmente es para todos

            Algunos enseñan que la enseñanza de Jesús registrada en Mateo, Marcos, Lucas y Juan no es enseñanza del Nuevo Testamento. Dicen que era solamente para los judíos que vivían bajo el Antiguo Testamento, y que la enseñanza del Nuevo Testamento o Nuevo Pacto se encuentra en el resto del Nuevo Testamento (Hechos - Apocalipsis). Dicen que Cristo vino para enseñar solamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel, y que los judíos no podían estar bajo dos leyes. Con tales ideas los falsos maestros confunden a los que no estudian con cuidado.

            Uno de los propósitos principales de tales maestros es para rechazar la enseñanza de Jesús sobre el divorcio y nuevas nupcias (Mat. 5:32; 19:9). Afirman erróneamente que Jesús estaba simplemente aclarando la ley de Moisés encontrada en Deut. 24:1-4 (véase Mat. 19:9, notas, para la refutación de esta falsa doctrina).

            Es cierto que Jesús nació y vivió bajo la ley de Moisés (Gál. 4:4). Es cierto que El insistía en que los judíos guardaran la ley (Mat. 5:18, 19; 8:4; 19:17; 23:23). Es cierto que El citaba textos del Antiguo Testamento no solamente para refutar a los falsos maestros entre los judíos, sino también para probar que El cumplía las profecías del Mesías que había de venir, pero en su ministerio personal en la tierra Jesucristo no se dedicaba a enseñar o aclarar la ley de Moisés. Esto es obvio en Mat. 5:3-12, 22, 28, 32, 39, 40, 44; 6:9-13, etc. Esta no es enseñanza de la ley de Moisés. Cristo dice, “Pero yo os digo.” La enseñanza de Jesús registrada en Mateo, Marcos, Lucas y Juan es nueva doctrina y no pertenece al Antiguo Pacto, sino al Nuevo Pacto.

            Jesús dijo (Jn. 14:23), “El que me ama, mi palabra guardará”. “Mi palabra guardará”.

            En la presencia de Moisés y Elías (representantes de la ley y los profetas) Dios dice, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5).  Véase Hech. 2:22, 23.

            Heb. 1:1, “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,  2  en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. ¿Cuándo comenzó a hablar por el Hijo? Mat. 4:17, “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos  se ha acercado … 23  Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino”. Mar. 1:14, “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,  15  diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Jesús no vino al mundo para predicar o aclarar la ley de Moisés. El vino para cumplir la ley y los profetas (5:17), pero Su doctrina era nueva. Es doctrina del nuevo pacto.

            Jesús dijo que las palabras que El enseñaba juzgarían a los hombres. “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Jn. 12:48). No dice, “la palabra de Moisés le juzgará en el día postrero”. Desde luego, los israelitas que vivieron y murieron bajo la ley de Moisés serán juzgados por ella, pero la gente que escuchaba la enseñanza de Jesús (aunque eran judíos) será  juzgada por esas enseñanzas.

            Jesús enseña sobre ofensas personales en Mat. 18:15-17 y la disciplina de la persona que no acepta corrección. Este es el único texto en el Nuevo Testamento que explica este asunto. Esta enseñanza no se encuentra en el Antiguo Testamento y no se repite en el resto del Nuevo Testamento. Jesús no estaba aclarando alguna supuesta ley de Moisés. Es enseñanza para la iglesia (“dilo a la iglesia”).

            La mujer samaritana dijo, Jn. 4,  “20  Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.  21  Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.  22  Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  24  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. En este texto es obvio que Jesús no está simplemente aclarando la ley de Moisés, porque esa ley requería que los judíos adoraran en Jerusalén, pero Jesús dice, “ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”.

            Al escribir a los corintios sobre el matrimonio, él dice en el capítulo 7, “10  Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;  11  y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer”. El se refiere a lo que Jesús dice en Mar. 10:12, “si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”. ¿Por qué cita este texto si Jesús solamente enseñaba a los judíos? Obviamente la enseñanza de Jesús en Mar. 10:12 es para la iglesia.

            Heb. 2:3, “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”. ¿Qué enseñó Jesús? La “salvación tan grande” de todo el mundo que obedezca al evangelio.

            Juan 14:26, “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. ¿Por qué recordar a los apóstoles “todo lo que yo os he dicho” si no era para la iglesia sino solamente para los judíos?

            Mat. 28, “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;  20  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Obsérvese que los apóstoles habían de hacer “discípulos a todas las naciones”; ¿cómo lo harían? “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. La conclusión irrefutable es que las enseñanzas de Jesús no pertenecen al Antiguo Testamento, sino que son para todas las naciones.

            Col. 2:14, “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Sin duda alguna Jesucristo clavó la ley de Moisés en la cruz. Véase también Efes. 2:15. Sin embargo, no clavó en la cruz la enseñanza que El mismo entregó que está registrada en Mateo, Marcos, Lucas y Juan.



* * * * * * * * * *

 

 



 

Notas sobre Mateo

Mateo 1

 

            Para probar que Jesús de Nazaret era el Mesías, Mateo da principio al libro con su genealogía, estableciendo que era del linaje de Abraham (Gén. 12:3; 22:18; Gál. 3:16) y de David (2 Sam. 7:12; Sal. 89:29; 132:11; Luc. 1:32,33).



            Ha habido discusión acerca de la diferencia entre la lista de los antepasados de Jesús según Mateo y la lista según Lucas (3:23-38), pero no hay provecho en un examen minucioso de estas listas de nombres, porque en el primer siglo no había duda ni disputa acerca de la genealogía de Jesús. Los enemigos de Jesús hicieron muchas acusaciones contra El, pero nunca pusieron en tela de juicio su genealogía. El linaje de David está registrado en las Escrituras (Rut 4:18-22; 1 Crón. 1:1-4, 24-28; 2:1-15) y cualquier persona interesada podía averiguarlo. Todo judío podía saber su propia genealogía (el historiador Josefo encontró la suya en los registros públicos); Pablo sabía que él era de la tribu de Benjamín (Fil. 3:5). Así pues, las dos listas eran comprensibles y satisfactorias para los judíos.

            Conviene recordar este detalle con el fin de disipar cualquier supuesta discrepancia o contradicción entre las dos listas. Si por cualquier motivo Mateo o Lucas hubieran escrito una genealogía incorrecta o contradictoria, los eruditos la habrían denunciado. Los que estudian esta genealogía ahora, no siempre toman en cuenta cómo los antiguos registraban sus genealogías; p. ej., (1) no siempre aclaraban si el que engendró era el padre inmediato o el antepasado, pues el hebreo no hablaba de nietos, bisnietos, etc.; (2) algunos se han fijado en la omisión de nombres, pero el propósito de Mateo y Lucas no fue nombrar a todos los antepasados; (3) se estudia y se discute también sobre Jeconías y sus hermanos, como también sobre Salatiel y Zorobabel (Mat. 1:11, 12), etc., pero recuérdese que nada de eso fue problema para los judíos del primer siglo y, por consiguiente, no debe ser problema para nosotros.

            Varios comentaristas proponen argumentos para probar que Jesús no era solamente el heredero del trono de David a través de un linaje legal, o sea, a través de José, sino que literalmente era descendiente de David a través de María. Luc. 3:23 dice, "Jesús ... hijo, según se creía, de José, hijo de Elí"; "Esto puede significar que Jesús era nieto de Elí, o que José era contado como hijo de Elí por ser su yerno" (JWM), pero estas listas no hablan de yernos. Hay argumentos y teorías acerca de estas dos listas pero no conviene que haya desavenencia en el estudio de estos textos en alguna clase bíblica, porque todo se basa en suposiciones. Es mejor hablar donde la Biblia habla y callar donde ésta calla.

            En cuanto a lo que Pablo dijo acerca de "genealogías interminables" (1 Tim. 1:4), los judíos "tomaban un nombre de una lista genealógica (por ejemplo, del Génesis, 1 Crónicas, Esdras o Nehemías), y a partir de él formaban una bella historia. Estos adornos interminables que se agregaban al relato sagrado eran parte” de las actividades de la sinagoga (GH), pero no tenían nada que ver con la genealogía de Jesús.

            1:1 Libro de la genealogía (un libro de la lista de antepasados, para presentar el origen de Jesús; Lucas 3:23-38 es otro "libro") de Jesucristo, (Jesús era su nombre propio; Cristo quiere decir ungido y equivale a Mesías). -- Los israelitas guardaban listas de los antepasados (compárese 1 Crón. 1:34 - 2:15). En el Antiguo Testamento las profecías acerca del Mesías que había de venir para reinar sobre Israel indicaban que El sería descendiente de Abraham, de la tribu de Judá y de la familia de David; por lo tanto, Mateo escribió esta lista de los antepasados de Jesús de Nazaret para probar que El cumplió este requisito.

            -- hijo de David, -- Dios prometió a David que "será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente" (2 Sam. 7:16; Sal. 89:3, 4; Mat 22:42). "¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?" (Jn. 7:42). Al escribir la genealogía de Jesús de Nazaret fue necesario establecer que El era del linaje de David. Por eso El se llama "el Hijo de David": 1:6; Luc. 1:32; Mat. 9:27; 12:23; 15:22: 20:30; 21:9; 22:42; Hech. 2:29-31; 13:23; "su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David, según la carne", Rom. 1:3; 2 Tim. 2:8; Apoc. 22:16. ¡Es de suma importancia observar que esta importante verdad nunca fue negada por los judíos incrédulos!

            -- hijo de Abraham. -- Dios prometió a Abraham que "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gén. 22:18); Pablo explica este texto diciendo, "tu simiente, la cual es Cristo" (Gál. 3:16). Como todos los judíos sabían, Abraham era el padre de su raza; por eso, Mateo comienza trazando la parentela de Jesús con Abraham para probar que El era un verdadero israelita. El tema de Mateo es que Jesús de Nazaret es el Mesías, el Hijo de Dios.

            1:2 Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. -- El Mesías había de salir de la tribu de Judá, pues Dios había dicho, "No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh" (el Mesías), Gén. 49:10.

            1:16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. -- "Mateo no conecta a José con Jesús como padre e hijo. Deja la fraseología usual y dice, ‘Jacob engendró a José, marido de María de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. Esto significa la naturaleza especial del nacimiento de Jesús ... Una dificultad se ve aquí; algunos suponen que Elí era el padre de María y sólo el suegro de José; el registro no dice esto" (HLB).

            "La dificultad aquí es que Mateo dice que José era el hijo de Jacob, y Lucas dice que él era el hijo de Elí. ¿Cómo sabemos que Jacob y Elí no eran la misma persona? En estas genealogías e historias del Antiguo Testamento encontramos que la misma persona tiene diferentes nombres. Gedeón se llamaba Jerobaal; Salomón se llamaba Jedidías (2 Sam. 12:25); Ester se llamaba Hadasa; Pedro era conocido como Simón y Cefas. ¿Por qué no pueden Jacob y Elí ser nombres de la misma persona? La razón por la cual tenían diferentes nombres era que había diferentes dialectos y una persona tenía un nombre en cada dialecto. Saulo, entre judíos, era Pablo entre romanos. Esto se sugiere como una posible explicación para mostrar lo poco que sabemos de tales puntos. Tal vez esta no sea la única explicación de esta aparente dificultad, pero sí es una posible explicación" (DL).

            1:17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. -- "Esta larga lista de nombres parece haber sido dividida en tres grupos de catorce cada uno, en parte para ayudar a la memoria, y en parte para indicar los tres grandes períodos de la historia, a saber: de Abraham, el padre de la nación a ‘David el rey’, de David a la destrucción de la monarquía en la deportación a Babilonia, y de este acontecimiento a la venida del Mesías" (JAB).

            1:18 El nacimiento de Jesucristo fue así: -- Lucas (1:26-56) dice que el ángel Gabriel visitó a María en Nazaret y le dijo, "has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús", y que por tres meses María estuvo con Elisabet en una ciudad de Judá.

            -- Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, -- véase Mal. 2:14, "la mujer de tu pacto". Estando desposada con José ella era "su mujer" (1:20) y él era "su marido" (1:19), pues los esponsales equivalían al matrimonio. El adulterio cometido durante el tiempo de los esponsales era castigado con muerte (Deut. 22:23, 24).

            -- se halló que había concebido del Espíritu Santo. -- El ángel había dicho a María, "has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús" (Luc. 1:30, 31); María, pues, entendía el asunto antes de concebir, y después un ángel lo explicó a José.

            El nacimiento de Jesús de una virgen es una de las doctrinas básicas de “la fe” (Judas 3). Los que creen en la Deidad de Cristo y en sus milagros no dudan de su nacimiento milagroso. ¿De qué otra manera podría el Verbo ser hecho carne? (Jn. 1:14). El Cristo eterno había de nacer de una mujer (Gén. 3:15; Gál. 4:4), pero no podía tener un padre humano, porque de ser así habría sido un mero hombre.

            "En la narración de Lucas (María) nos es presentada como una doncella muy piadosa, lista para creer lo que Dios le reveló (Luc. 1:38, 45) ... como regocijándose humildemente en el alto privilegio que le fue asegurado por la promesa divina (Luc. 1:46-55), y meditando ... en las cosas que ocurrieron en conexión con su hijo (Luc. 2:19) ... El extremo, completamente antibíblico, absurdo y blasfemo, a que los romanistas han llegado en su veneración de María no debe empujarnos a nosotros al extremo opuesto" (JAB).

            1:19 José su marido, como era justo, y no quería infamarla (difamarla, LBLA), -- "José no era precipitado ni impetuoso. Escogió ser pensativo y contemplativo ... No era rencoroso. El odio, la mala voluntad, la venganza, la separación y el divorcio prácticamente desaparecerían si toda pareja aprendiera a ser justa y considerada en su relación el uno con el otro" (WWC).

            No quería difamarla, pero creía que era necesario repudiarla porque él sabía que él no era el padre del niño. Esta es una de las primeras pruebas de que Jesús nació de una virgen. También María lo comprobó cuando dijo al ángel, “¿Cómo será esto? pues no conozco varón" (Luc. 1:34).

            Por algún tiempo (la Escritura no dice por cuánto tiempo) José estuvo perplejo, y tuvo que tomar una decisión con respecto a María, pero Dios la protegió, avisando con tiempo a José del asunto, para que la recibiera. Los enemigos de Jesús le criticaban y calumniaban, pero no con respecto a su nacimiento.

            -- quiso dejarla (apolusai, repudiarla, divorciarse de ella, 5:32; 19:9) secretamente. -- Sólo hubiera tenido que poner la carta de divorcio en las manos de María en la presencia de dos testigos.

            1:20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños (2:13, 19- 22) -- Aunque le apareció en sueños, podía decir con toda certeza que fue un mensaje de Dios. Lucas revela el mensaje del ángel a María, pero Mateo revela el mensaje del ángel a José para explicarle la condición de María.

            -- y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, -- Según la ley de Moisés una mujer desposada era una esposa, y se requería un divorcio para disolver la unión. Compárese Deut. 20:7. ¡Qué alivio habrá sido esto para José! Todas sus dudas e inquietudes desaparecieron.

            -- porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. – Dios el Verbo fue hecho carne (Jn. 1:14). La única manera de hacerlo sería por medio de su nacimiento de una virgen. De esa manera sería hombre (nacido de mujer) pero también Dios ("del Espíritu Santo"). Era Dios y hombre. "Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo" (Heb. 10:5).

            1:21 Y dará a luz un hijo, -- No le dijo lo que el ángel dijo a Zacarías: "te dará a luz un hijo" (Luc. 1:13).

            La Biblia registra dos milagros biológicos: la creación de Adán y Eva y el nacimiento de Jesús.

            -- y llamarás su nombre JESUS (Jehová es salvación), porque él salvará a su pueblo de sus pecados. -- Jesús no salva a su pueblo en sus pecados, sino de sus pecados. Los que siguen en la práctica del pecado no gozan de la salvación (1 Jn. 3:8-10). Cristo vino para redimirnos del dominio del pecado (Rom. 6:12, 13), como también de la culpa del pecado (Heb. 8:12).

            Jesús no vino para salvar al pueblo de los romanos, sino de sus pecados. Por esta causa lo rechazaron. No vino para restablecer el reino terrenal como el de David su padre, pero sí ocuparía su trono (Hech. 2:29-33). Los judíos deseaban que el Mesías les libraran del dominio de extranjeros, pero Jesucristo, el verdadero Mesías, vino "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:14,15). "Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores" (1 Tim. 1:15). "El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Luc. 19:10).

            1:22, 23 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, -- Mateo quería convencer a los judíos que Jesús de Nazaret era el Cristo; por eso, citaba muchas profecías que fueron cumplidas por Cristo o con respecto a Cristo: p. ej., 2:15, 17, 23; 3:3; 4:14; 8:17; 12:17; 13:35, 21:4; 27:9; 26:56; esto quiere decir que el plan de Dios se llevó a cabo.

            -- cuando dijo (7:14): He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios (no sólo en los cielos sino) con nosotros (28:20; Jn. 1:14; Fil. 2:7, 8; Heb. 2:14-18). -- Esta fue la primera profecía cumplida por Jesús, la profecía acerca de su nacimiento de una virgen. Mucho se ha escrito para probar que la virgen de Isa. 7:14 no era necesariamente una virgen, mucho menos la virgen María, pero Mateo acabó con todas estas teorías. El Espíritu Santo, por medio de Mateo, dijo que esta profecía se cumplió cuando la virgen María concibió del Espíritu Santo. Algunos argumentan que los judíos no vieron el nacimiento virginal del Mesías en Isa. 7:14, pero tampoco vieron la muerte del Mesías en Isa. 53. El problema de los judíos era la incredulidad; no creían la verdad porque no les convenía creerla. De la misma manera los modernistas menosprecian este gran evento. El Sr. William Barclay, un modernista de la Iglesia de Inglaterra dice en su comentario sobre Mat. 1: “El Nacimiento Virginal es una doctrina que nos presenta muchas dificultades; y es una doctrina que nuestra Iglesia no nos compele a aceptar en el sentido literal y físico”. Así son los modernistas (incrédulos).

            El nombre propio del Mesías es Jesús. Nunca fue llamado Emanuel como nombre propio; más bien, es un nombre en el sentido de proclamar que era Dios y hombre. Compárese Isa. 9:6, “se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”.

            Cuando David quería edificar una casa para el Señor, el profeta Natán le dio el siguiente mensaje de Dios: "Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino" (2 Sam. 7:12, 13), pero mientras que Acaz era rey de Judá, Rezín rey de Siria y Peka rey de Israel, querían destruir la casa de David, y pensaban establecer sobre Judá a uno de su preferencia (Isa. 7:6). Sin embargo, las promesas de Dios no fallan. El Señor habló con Acaz, pero se dirigió a la casa de David: "Oíd ahora, casa de David ... el Señor mismo os dará señal; He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel" (Isa. 7:13, 14). Al decir esto Dios confirmó la promesa a David acerca del reino universal del Hijo de David (Jesucristo).

            Esta no es una profecía aislada. La tierra de Judá que fue amenazada por Asiria era llamada "tu tierra, oh Emanuel" (Isa. 8:8). "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2; Mat. 2:6). "Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos" (Isa. 9:1, 2; Mat. 4:15, 16).

            Isaías se refiere a este maravilloso niño otra vez en 9:6, "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz". Se refiere a El otra vez en 11:1-5 (el capítulo entero describe su reinado), y de esta manera a través del libro (véanse especialmente los capítulos 35, 53, 61).

            Algunos enseñan que Isa. 7:15 describe a Emanuel: "Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada". Se cita este texto con el propósito de probar que como niño Cristo sólo tuvo conocimiento humano y que, por lo tanto, no era omnisciente. Si ellos pudieran probar lo que quieren probar, tendrían que aceptar la conclusión ineludible de tal argumento, es decir, que Cristo no era Dios, pues si aceptamos que Jesús era Dios, entonces al mismo tiempo aceptamos que era omnisciente (porque la omnisciencia es uno de los atributos de la Deidad).

            Hay cuestiones acerca de la aplicación de Isa. 7:14-16 al tiempo de Acaz que no se han contestado para la satisfacción de todos, pero quienes aplican los versículos 15 y 16 a Cristo confrontan obstáculos insuperables: (1) Mateo cita el v. 14 y lo aplica a Cristo, pero él no cita los v. 15 y 16; (2) ¿dónde dice el Nuevo Testamento que Jesús comió “mantequilla y miel”? (3) si los v. 15, 16 prueban que Jesús no era omnisciente, contradicen el v. 14 que afirma que “llamará su nombre Emanuel” que significa Dios con nosotros; (4) el v. 16 dice que “antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada”. ¿Qué tendría esto que ver con Jesús de Nazaret? Obviamente esta frase no se refiere al tiempo cuando el Cristo estaría en la tierra, sino al tiempo del mismo Acaz y a la remoción de Israel y Siria de su tierra. Por lo tanto, los que se sienten obligados a usar estos versículos para negar la omnisciencia de Jesucristo comparten la actitud de los testigos del Atalaya que tuercen Jn. 1:1 para afirmar que Cristo era “un dios”.

            Siendo Emanuel Cristo era omnipotente. Algunos citan Hech. 10:38 (“Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret”) y otros textos semejantes para probar que al estar aquí en la tierra Cristo no usó atributos divinos. Dicen esto para enfatizar la humanidad de Cristo, pero si el uso de atributos humanos no niega su Deidad, entonces el uso de atributos divinos no niega su humanidad. En realidad los que dicen que Cristo nunca usó ningún atributo divino niegan la Deidad de Cristo, porque si era Dios, era omnipotente, omnisciente, etc. y es en extremo absurdo decir que al enseñar y hacer sus obras maravillosas no usaba atributos divinos.

            Los que dicen que creen en la Deidad de Cristo pero que El no usó o no mostró ningún atributo de Dios durante su vida en la tierra no pueden probar que Cristo era Dios, porque Juan 20:30, 31 dice, “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  31  Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”; es decir, la gente podía creer que Cristo era Dios porque El mostraba los atributos de Dios cuando hacía señales.

            Dios y hombre. La expresión Dios con nosotros indica que Jesucristo era Dios y hombre, que el Dios invisible se hizo visible en Cristo (Jn. 1:18). “Si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Jn. 8:19); “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9). Cuando la mujer samaritana vio a Jesús, vio a un judío (“tú ... siendo judío”, Jn. 4:9), pero aquel judío era Emanuel, Dios con nosotros. Los judíos vieron a un carpintero (“¿No es éste el carpintero?” Mar. 6:3), pero aquel Carpintero en particular era Emanuel, Dios con nosotros. Siendo Dios Cristo usaba o mostraba repetidas veces los atributos de Dios: omnipotencia, omnisciencia, perfecta santidad, perfecta justicia, perfecto amor, etc. Era necesario que lo hiciera, porque de otro modo le habría sido imposible revelar al Padre. No hay excusa, pues, para ignorar la gran verdad de que Dios se ha revelado a sí mismo en Cristo Jesús.

            Una Persona, Dios y hombre. Cada día, en todo lugar y en toda actividad Cristo era una sola Persona, Dios y hombre. Cuando comió, bebió, durmió y descansó, era una sola Persona, Dios y hombre. Dios no come y bebe, pero Cristo no era solamente Dios, sino Dios y hombre. Cristo perdonaba pecado y era adorado; el hombre no perdona pecados y no es adorado, pero Cristo no era solamente hombre. Al principio de su vida, El no era a veces principalmente hombre y a veces principalmente Dios. No era en cierto día Dios y en otro día hombre. No era en cierto lugar Dios y en otro lugar hombre. No era dos personas. No era medio Dios y medio hombre. Era Emanuel, Dios y hombre, una Persona, todos los días de su vida, en todo lugar, en toda actividad. Continuamente demostraba cualidades humanas y cualidades divinas. Era tentado en todo según nuestra semejanza (Heb. 4:15), pero no era tentado como un mero hombre, porque El nunca era un mero hombre, mucho menos un hombre pecaminoso (ni siquiera en sus pensamientos). El no podía ser en ninguna experiencia de su vida menos de lo que era: Dios y hombre. El era Emanuel, tanto Dios como hombre, tanto hombre como Dios. Jesucristo nunca era un mero hombre.

            Dios con nosotros quiere decir Dios en la carne. Cuando Cristo vino al mundo, un cuerpo fue preparado para El: “Por lo cual, entrando en el mundo dice:  Sacrificio y ofrenda no quisiste;  Mas me preparaste cuerpo” (Heb. 10:5). “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos” (Heb. 2:17). “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col. 2:9). Al describir este gran evento, Pablo dijo que Cristo “se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7), y en la misma frase explica cómo lo hizo: “tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn. 1:14). La palabra carne significa humanidad, como en Mat. 24:22 (“ninguna carne se salvaría”, LBLA, margen) y Rom. 3:20 (“ningún ser humano será justificado”, “ninguna carne”, LBLA, margen). Cristo era Dios y carne (hombre).

            Emanuel no era Ellos sino El. Al hablar de Cristo la Biblia nunca usa el pronombre Ellos, sino El, porque El no era dos personas, sino una; era una personalidad única. Mientras que la encarnación era milagrosa y más allá de nuestra comprensión, algunos hechos pertinentes sí se revelan: Cristo, quien es Espíritu, llegó a ser hombre, y el hombre no era solamente un cuerpo, sino un ser espiritual; “Y creó Dios al hombre a su imagen” (Gén. 1:27); Dios es el Padre de nuestros espíritus (Heb. 12:9); “linaje suyo somos” (Hech. 17:28); el espíritu vuelve a Dios quien lo dio (Ecles. 12:7). Hay una identidad, pues, y una afinidad estrecha entre el espíritu del hombre y Cristo el Creador. Los términos imagen y semejanza no han de minimizarse.

            Heb. 12:23 habla de “los espíritus de los justos hechos perfectos”. Jesús dice (Luc. 20:35, 36) que “los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos ... son iguales a los ángeles”, quienes son seres poderosos. El punto clave en esto es que aunque no podemos comprender cómo Dios llegó a ser hombre, en vista de todo lo que la Biblia dice acerca del espíritu del hombre, no conviene exagerar la distancia entre Cristo y el hombre. Un cuerpo humano fue preparado para Cristo (Heb. 10:5), y El llegó a ser hombre en todo sentido, pero para hacerlo no era necesario que llegara a ser dos personas. El, siendo Espíritu, no necesitaba de otro espíritu. ¿Por qué necesitaría otro espíritu para llegar a ser hombre, puesto que el hombre fue creado a la imagen de Dios, es linaje de Dios, y es, por lo tanto, un espíritu inmortal que vuelve a Dios quien lo dio. El hombre tiene un cuerpo, pero lo tiene por muy poco tiempo; por eso, no conviene pensar del hombre como un cuerpo con un espíritu, sino más bien como un espíritu que por un tiempo breve tiene un cuerpo.

            Entonces, ¿qué cualidad o característica del hombre había que Cristo, el Creador del hombre (cuerpo y espíritu), no podía fácilmente poseer o llegar a ser? ¿Era difícil que Cristo fuera hecho carne e identificarse con el hombre? De ninguna manera. ¿Era difícil que Cristo llevara a cabo algún papel humano? Cristo llegó a ser lo que el hombre es, y lo hizo sin ser dos espíritus (dos personas). Para hacerlo tuvo que humillarse (Fil. 2:6-7), pero no le era difícil hacer el papel de hombre. ¿Hubiera sido difícil que Cristo llegara a ser un ángel para llevar a cabo el papel de los ángeles? Claro que no, porque El es el Creador de los ángeles también. ¿Puede el mayor llevar a cabo el papel del menor? El hombre no puede llegar a ser Dios, pero Dios sí puede llegar a ser hombre.

            Emanuel era adorado. Los magos vinieron del oriente a Jerusalén “a adorarle” (Mat. 2:1, 2, 11). Algunos no creen que Jesús como niño era Dios omnipotente o Dios omnisciente, pero siendo Emanuel (Dios con nosotros) El era lo que Dios es. Además, si el niño Jesús no era verdadero Dios, entonces los magos eran idólatras.

            Emanuel a los doce años de edad. “Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas” (Luc. 2:46, 47). Obsérvese que los doctores de la ley se maravillaban no sólo de sus preguntas sino también de sus respuestas. Un joven judío podía aprender mucho acerca de las Escrituras siendo enseñado por sus padres, por los maestros en la sinagoga y por su estudio personal, pero de ninguna manera podía un joven de doce años sostener un diálogo con los doctores de la ley (tales como Gabriel) y dejarlos maravillados de sus respuestas. Recuérdese que no sólo preguntaba, sino que también contestaba. Este evento no fue registrado simplemente para impresionarnos con la inteligencia de Cristo, sino para demostrar su omnisciencia y que, por lo tanto, como joven de doce años de edad Jesús era Emanuel, Dios con nosotros. Algunos citan Luc. 2:52 (“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”) para probar que como niño y joven Jesús tenía solamente conocimiento humano, pero este versículo da un resumen de los treinta años antes de empezar su ministerio; obsérvese que el siguiente versículo introduce el ministerio de Juan. La expresión “crecía en sabiduría” no niega su omnisciencia, sino que se refiere a la manifestación de su sabiduría divina, como fue ejemplificada en los versículos anteriores. Había un desarrollo ordenado del plan divino, pues Jesús no dio respuestas que causaran asombro entre los doctores de la ley cuando El tuvo apenas doce meses de edad, sino cuando tuvo doce años de edad.

            Emanuel perdonaba pecados. “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:  ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Mar. 2:5-7). Al decir que sólo Dios puede perdonar pecados, los judíos tenían razón. Si Cristo no hubiera sido Dios, sus palabras habrían sido blasfemia. Ningún hombre en su juicio cabal -- ciertamente ningún verdadero profeta o apóstol -- se atrevería a decir tales palabras. Algunos citan Jn. 20:22, 23 para probar que los apóstoles tenían la misma autoridad que Jesús tenía para perdonar pecados. Este texto (Jn. 20:22, 23) se cumplió cuando los apóstoles inspirados anunciaron el plan de salvación comenzando el día de Pentecostés. Nunca dijeron a nadie que “tus pecados te son perdonados” – sólo Cristo hablaba así.

            Los escribas y fariseos leían las Escrituras cada día de reposo en la sinagoga, pero a causa de su ceguera no habían aprendido el significado de esta profecía de Isaías (7:14), como tampoco la profecía acerca de la muerte del Mesías (Isa. 53).

            "Llamarás su nombre Emanuel" pero no por eso habían de llamar a María "la madre de Dios". María fue la madre de Jesús, pero Cristo (Dios el Hijo, el Verbo) es eterno.

            1:24 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. -- Era necesaria esta revelación de Dios porque, de otro modo, no habría sido posible que José se convenciera de la inocencia de María, pues pensando humanamente los hechos hablaban por sí mismos. ¡Qué gozo y alivio para José! Su amada María estaba completamente vindicada. Ahora entendía que María no solamente era inocente, sino que también era un instrumento especial de Dios para ser la madre del Salvador del mundo.

            1:25 Pero no la conoció (sexualmente, Luc. 1:34) hasta que dio a luz a su hijo primogénito; -- José la llevó a su propia casa, pero no tuvieron relación sexual hasta que ella dio a luz a su hijo. "Y aquel Verbo fue hecho carne" (Jn. 1:14), pues "siendo en forma de Dios", y sin dejar de ser Dios, se despojó a sí mismo (se humilló), tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Fil. 2:6, 7). Cristo Jesús, el Hijo de Dios, llegó a ser también el Hijo del Hombre.

            Aquellos que negaban que Cristo había venido en carne eran llamados anticristos (1 Jn. 4:1-4). "Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo", 1 Jn. 4:3. El cuerpo de Cristo no era un fantasma, sino un verdadero cuerpo físico. "Me preparaste cuerpo" (Heb. 10:5). Jesús tenía un cuerpo literal de carne y sangre (Heb. 2:14). En ese cuerpo tenía hambre (Mat. 4:2); tenía sed (Jn. 4:7; 19:38); se cansaba (Jn. 4:6); dormía (Mat. 8:24); lloraba (Luc. 19:41: Jn. 11:35); sufría físicamente (Mat. 16:21); María ungió el cuerpo de Jesús (Mat. 26:12). José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús y lo sepultó en su sepulcro nuevo (Mat. 27:58-60). Ese cuerpo resucitó (Mat. 28, Mar. 16, Luc. 24, Jn. 20).

            En ese cuerpo El usaba o demostraba los atributos divinos, haciendo milagros, mostrando su perfecto amor, su perfecta santidad, su omnisciencia, perdonando pecados, siendo adorado, etc. En ese cuerpo El murió en la cruz para expiar los pecados del mundo (1 Ped. 2:24; Isa. 53:4-12). "El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Rom. 4:25).

            -- hasta que dio a luz a su hijo primogénito -- Otra doctrina inventada por la Iglesia Católica Romana es la llamada "virginidad perpetua de María", pero la deducción lógica de lo que Mateo afirma es que José sí la conoció (tuvo relaciones conyugales con ella) después de nacer Jesús. Mateo no dice hijo unigénito, sino hijo primogénito. Cuando este término se refiere a los hijos físicos, significa que había otros hijos. La teología del clero romano enseña que José no conoció sexualmente a su esposa aun después de nacer Jesús, pero compárense otros textos que emplean la expresión hasta que: (1) 17:9, "Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos"; ¿aun después de la resurrección de Jesús no habían de decir a nadie la visión? No, ellos sí podrían contarla después de la resurrección de Jesús; (2) 24:39, "y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos"; ¿aun habiendo venido el diluvio no entendieron? Ellos sí entendieron cuando el diluvio vino y se los llevó a todos; (3) Jn. 9:18, "Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista", dando a entender que después de hablar con los padres sí creían que había sido ciego y que había recibido la vista.

            José y María tuvieron otros hijos (Mat. 12:46; 13:55; Mar. 6:3). Según la teología romana la palabra hermanos (adelphoi) puede significar o incluir a los primos hermanos, pero esta palabra significa "hijos varones de la misma madre, Mt 13:55; 1 Cor. 9:5; Gá 1:19" (WEV). "No existe razón bíblica para afirmar que se trate de primos o hijos de un anterior matrimonio de José. Jacobo y Judas son, con la mayor probabilidad, escritores, respectivamente, de las epístolas que llevan sus nombres" (FL).

            El error de la supuesta virginidad perpetua de María se basa en otro error, pues los teólogos romanos suponen que la virginidad es un estado más digno y más glorioso que la maternidad. Este concepto no se enseña en la Biblia. Además, enseñan la virginidad perpetua de María, porque han querido convertirla en una diosa y, supuestamente, creen que una diosa no debe estar casada. Invocan su nombre, oran a ella, le llaman “la reina del cielo”, hablan de “milagros” hechos en su nombre, etc. Todo esto es pura superstición. En lugar de exaltar a María, hablan mentiras acerca de ella. María era la madre de Jesús y era seguidora de El (Hech. 1:14), sabiendo que El era su Salvador.

            -- y le puso por nombre JESUS. -- José mismo le puso este nombre. El era reconocido por la gente como Jesús, el hijo de José el carpintero (Mat. 13:55; Jn. 6:42).

            El clero romano enseña que todos nacen con pecado original, pero no querían enseñar que Jesús nació pecador; por lo tanto, inventaron otra doctrina, la llamada concepción inmaculada, para tratar de escapar de su dilema. Según esta teoría María nació sin pecado y, por eso, Jesús nació sin pecado. La Biblia, sin embargo, no enseña el pecado original (Ezeq. 18:2-4, 20), sino que el hombre voluntariamente comete pecado (Gén. 8:21; Ecl. 7:29; 1 Jn. 3:4).

            María, la madre de Jesús, se menciona en los siguientes textos:

            1. Mat. 1, 2; Luc. 1, 2, con respecto al nacimiento de Jesús. "Desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones" (Luc. 1:48).

            2. Jn. 2:1-11, la boda en Caná de Galilea.

            3. Mat. 12:46-50 (y textos paralelos), "su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar ... extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos".

            4. Jn. 19:25-27, "Estaban junto a la cruz de Jesús su madre ... Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa".

            5. Hech. 1:14, "Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos".

            En el resto del libro de Hechos, y en el resto del Nuevo Testamento María no se menciona. Juan, el discípulo a quien Jesús amaba, quien la recibió en su casa, no la menciona en sus tres epístolas ni en el Apocalipsis. Ella no ocupó un lugar prominente en la iglesia como supone el clero romano.

            María era una fiel mujer que fue grandemente favorecida por Dios, pues fue la escogida para ser la madre de Jesús, pero la Biblia no enseña que María fuera mediadora. "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Tim. 2:5; Heb. 4:15).

 




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