Xvi jornadas interescuelas mar del plata. Facultad de humanidades de la universidad nacional de mar del plata



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XVI JORNADAS INTERESCUELAS MAR DEL PLATA.

FACULTAD DE HUMANIDADES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA.
MESA TEMÁTICA 48: CATOLICISMO, SOCIEDAD Y POLÍTICA EN ARGENTINA Y AMÉRICA LATINA CONTEMPORÁNEA

título: la juventud obrerca católica dentro de las instituciones católicas laicas

Autor: Carina Cervetto – uba- untref

dni: 21674639

mail: carina.cervetto@gmail.com

PARA PUBLICAR EN ACTAS.
Hacia finales de la década del treinta el temor al avance del comunismo convirtió al mundo obrero en un sector de interés para los católicos que comenzaron a ganar espacios dentro de la estructura laica católica. Fue así como en 1940 se creó la Juventud Obrera Católica (JOC), movimiento que se había iniciado en Bélgica y que constituyó un hecho fundamental en el proceso de renovación pastoral del catolicismo en nuestro país. Sin embargo, antes de la organización de la JOC dentro de la estructura de la Acción Católica Argentina (ACA), los Círculos Católicos Obreros, intentaron organizar a los jóvenes obreros dentro de su estructura vinculándose a la organización internacional de la JOC.

La temática elegida propone el abordaje de un aspecto del catolicismo escasamente atendido por la historiografía local. Si bien existen una gran cantidad de trabajos que se han dedicado a analizar la relación entablada entre la Iglesia Católica y el Estado en distintas etapas de la historia argentina. Hasta donde se tiene conocimiento de trabajos que se hayan publicado no se menciona la vinculación temprana de los círculos católicos con la JOC. En el trabajo de Lila Caimari: Perón y la Iglesia Católica la JOC es analizada como parte de las distintas estrategias que emprende la Iglesia para enfrentar la crisis del proyecto liberal y la integración de las organizaciones laicas católicas en el mundo del trabajo. 12 Otro de los trabajos que considera los cambios dentro de la Iglesia Católica, es el de Loris Zanatta: Del Estado Liberal a la Nación Católica.3 El libro se ocupa de la relación que se comenzó a vislumbrar en los tempranos años treinta entre la Iglesia y el Ejército y cómo esta alianza tuvo una gran influencia en el gobierno de Perón. Al igual que Caimari coincide en que los orígenes de la JOC se produce como respuesta a la crisis del liberalismo, en un contexto de incipiente industrialización donde la cuestión social se convertirá, en buena medida, en la cuestión obrera. Estos estudios centrados en el Iglesia no observan las particularidades que se producen dentro de la JOC ante al contexto político ni los debates internos, además de que no se consideran los orígenes de la JOC. Por último, el libro de Miranda Lida se propone analizar cómo se articuló la relación entre el catolicismo y la sociedad argentina con sus implicancias en el plano cultural, social y político. La autora aborda las transformaciones en la Iglesia, los católicos y la sociedad argentina en tiempos de la vigencia del Concilio Vaticano I y las vísperas de la celebración del concilio Vaticano II. En este sentido, se destaca durante la llegada de Perón a la presidencia el entusiasmó de los jóvenes católicos, entre los que la autora destaca a la VOC y la JOC y cómo estos se diferencian de la actitud de los militantes adultos que miraban con desconfianza las limitaciones del nuevo presidente al asociacionismo y la exclusiva dedicación a los sectores bajos en detrimento de los sectores medios. Al igual que los trabajos anteriores se realiza un análisis general del accionar de la JOC, sin analizar las particularidades y no se hace referencia a la posibilidad de que la organización de los jóvenes tuviese vinculación con la organización que se había iniciado en Bélgica.

Ninguno de los trabajos hasta aquí presentados ha indagado sobre los orígenes de la organización de los jóvenes en los COC. Por lo tanto el presente trabajo busca primero entender cómo fue el intentó de organización de la JOC dentro de las estructuras de los Círculos Católicos Obreros y cuáles fueron sus características. Cómo se resolvió la puja entre los Círculos y la Acción Católica por organizar a los jóvenes obreros. Y finalmente, explicar cómo funciono la JOC y cómo se acercó al mundo de los jóvenes obreros. El período de investigación se sitúa entre 1930 y 1940 años de la formación de la JOC.

En principio se describirán las características del mundo de entreguerras, el papel de los jóvenes, los cambios en el mundo del trabajo, el nuevo papel de las mujeres para luego indagar porqué se produce el interés de los jóvenes obreros dentro de las organizaciones laicas católicas. Luego se describirá cuales fueron las características y objetivos de los CCO. Para finalmente, entender que fue la JOC, como se organizó la misma dentro de la estructura de los CCO y porque las autoridades de la Iglesia decidieron que debía constituirse dentro de la ACA.



el nacimiento de la joc en el mundo

El sacerdote Joseph Cardijn nació en 1882 en un barrio humilde de Bruselas, era hijo de padre y madre obreros, desde muy joven sintió vocación religiosa e inició su labor entre los jóvenes obreros. Desde muy joven participó y organizó diferentes experiencias de militancia social cercanas al movimiento obrero: círculo de acción social, orientación profesional, sindicatos de aprendices, obra de colocaciones y juventud sindicalista, y finalmente organizó la Juventud Obrera Católica (JOC) a la que dedico su vida.4

En el crecimiento y consolidación de la JOC fue fundamental la figura de su fundador, quien con su ejemplo de vida, rodeada de elementos dramáticos; su vocación sacerdotal; la participación en las dos guerras mundiales, la detención en un campo de concentración alemán e incluso su decisión de dedicar su vida a los obreros frente a la agonía de su padre, constituyeron el mito formador del imaginario social o de parte de la ideología que conformaba el grupo de la JOC.5 La idea de un Cardijn profeta, vital y profundamente comprometido desde su juventud con la elevación y dignificación del trabajador y con la causa obrera fue muy fuerte en el imaginario jocista:

“Su comprensión de la realidad obrera, su amor inmenso, sobrenatural, al obrero y muy principalmente al adolescente obrero, le han inspirado métodos tan simples como eficaces.”6

La JOC nace como parte de la Acción Católica de la Juventud Belga (ACJB), que abarcaba a todos los jóvenes sin distinción de medios sociales. En septiembre de 1924, durante el Segundo Congreso General de la Acción Católica Juventud Belga (ACJB), el padre Cardijn solicitó a la Jerarquía que la JOC fuese reconocida como una organización especializada en el seno de la ACBJ. Esto implicaba una reforma profunda en la estructura misma de la Acción Católica: la especialización que habría de influir en su evolución ulterior y tener repercusiones mundiales.7

En el siguiente apartado analizaremos el contexto social en argentina, como crecieron los sectores obreros, y analizaremos el nuevo papel que las mujeres comenzaran o ocupar en la sociedad.


El contexto social en argentina

La crisis económica mundial de 1930, no pasó inadvertida para los sectores populares, quienes sufrieron una acentuada pauperización en sus condiciones de vida. A mediados de la década del treinta, se produjo un cambio profundo en la naturaleza del movimiento obrero, la inmigración interna adquirió una importancia creciente y la economía urbana se recuperó basada en el proceso de sustitución de importaciones que generó un aumento de la demanda de mano de obra. Sin embargo, las condiciones sociales y laborales en que se desarrolló la vida de la clase obrera, no era mejor que la de períodos precedentes.8

En esta etapa del desarrollo industrial la clase obrera cobró peso numérico, por lo que sus reclamos fueron adquiriendo paulatinamente mayor importancia a nivel político. Las organizaciones con predominio comunista constituyeron el sector más dinámico del movimiento obrero y el más lanzado a la ofensiva, su influencia se tornó muy importante en los sindicatos y dentro de las fábricas.9 Afirma Horowitz que los sindicatos con predominio comunista constituyeron el sector más dinámico del movimiento obrero y el más combativo. La organización de las huelgas perseguía dos objetivos; conseguir mejoras para los obreros y expandir el sindicato. Especialmente tuvieron una importante llegada entre los obreros textiles, metalúrgicos, de la alimentación y sobre todo en la construcción.16

Mientras que el proceso de industrialización se fue afianzando, paralelamente, este proceso trajo aparejado el aumento cuantitativo y organizativo de la clase obrera. Las autoridades eclesiásticas diagnosticaban que el problema entre capital y trabajo sería cada vez más agudo, era necesario encarar las problemáticas de la clase obrera y, a su vez, difundir la doctrina social de la iglesia en el mundo del trabajo.10 La iglesia mostraba una cierta preocupación por la vida de los jóvenes obreros: las condiciones de trabajo eran consideradas vergonzosas, se sostenían que estos eran sumergidos en un mundo donde la decadencia moral, la degeneración física, la ausencia de una vida religiosa, era resultado del abandono en que los jóvenes llegaban a un ambiente dominado por adultos.11 Las encuestas reflejaban la situación de centenares de adolescentes, obligados a trabajar y vivir en condiciones absolutamente perjudiciales para su salud y su moralidad. En 1900, una mujer inmigrante que ya tenía dos hijos con diecisiete años ya no era considerada una joven, y esta situación era mucho peor cuando era pobre, en ese mundo se pasaba sin transición de la infancia a la cultura del trabajo; quienes no seguían ese itinerario entraban en la calificación de “excepcionalidad peligrosa”. En este caso, la juventud, más que un valor, en algunos casos era considerada una señal de peligro.11 En este sentido en el diario El Pueblo se afirmaba: 

“Los jóvenes argentinos de modesta condición social carecen de los medios indispensables para satisfacer sus necesidades, sean estas morales, intelectuales o sociales.”12 

El censo de 1914 informaba que trabajaban en Buenos Aires alrededor de 24423 niños un 12% de los que entonces tenían entre 10 y 16 años, que representaban un 3,2% de los trabajadores industriales y un 2,8% de los del comercio. Entre 1914 y 1921 un 7,1% de las fuerzas de trabajo estuvo compuesta por menores. Y si bien Leandri afirma que esta cifra disminuyó suavemente, aunque con altibajos, a lo largo dela década del 30 el porcentaje de los niños en la fuerza laboral osciló de manera permanente entre un 4 y un 8%.13 

También el mundo femenino sufrió cambios, sostiene Dora Barrancos que el periodo de entre guerras significó, sin duda, un quiebre de los moldes típicos de la moral sexual femenina y no sólo en nuestro país. La publicidad pasó a mostrar los cuerpos femeninos en actitudes que prometían ciertas cuotas de erotismo y se distendieron las formulas más circunspectas que dictaban el modo de ser femenino.12 Aunque paulatinamente, las mujeres se fueron incorporando al mundo del trabajo, las oportunidades laborales en las áreas urbanas se multiplicaron tanto para los varones como para las mujeres. Como relata Mirta Lobato, las plantas procesadoras de carne estuvieron entre los primeros establecimientos de la localidad de Berisso, provincia de Buenos Aires, que contrataron mujeres a principios de siglo. Durante esos años la hilandería comenzó sus actividades con un personal femenino más alfabetizado que el de los frigoríficos, habilitando una situación diferencial en el mismo sexo. Sin embargo, se extendió la imagen de que solo algunos empleos eran aptos para las mujeres, al mismo tiempo que se sostenía que el mejor lugar para las mujeres eran sus hogares.13

Desde la década del 20 las mujeres estaban adquiriendo una independencia que no podía resultar inadvertida en ámbitos católicos. Las mujeres conquistaban las calles, organizaban colectas, participaban de peregrinaciones, se congregaban masivamente en procesiones callejeras como la de Inmaculada Concepción, o la de Corpus Christi.14 Todos estos cambios descolocaban a los varones. Susana Bianchi sostiene que para muchas mujeres, que alcanzaron cargos dirigentes, la Acción Católica significó una “carrera abierta al talento”. 15 La Iglesia se convertía cada vez más en un asunto de mujeres, según los datos estadísticos que la Acción Católica publica, en 1943 la cantidad de asociados varones que poseía la rama masculina era de 8161, mientras que en 1950, era de 15061 En cambio, el número de mujeres asociadas era, en 1943, de 15061 y, en 1950, de 17686.16 Esto demuestra que la participación de las organizaciones femeninas revelaba un dinamismo que se debilitaba en las filas masculinas. Evidentemente, la religión continuaba siendo un espacio mayoritariamente femenino a pesar de la posición absolutamente subordinada que ocupaban las mujeres en la estructura de la iglesia.17

Para la iglesia era necesario orientar nuevamente a las mujeres, ya que eran ellas las que podían garantizar la defensa de la familia, la transmisión de la fe religiosa y la educación de los hijos. Con esta lógica las mujeres se transformaban en los pilares de un orden social que encontraba en la tradición su principal fuente de legitimación.18

Los Circulos Católicos Obreros

Los Círculos Católicos Obreros (CCO) fueron fundados en 1892 por el sacerdote redentorista alemán Federico Grote, hasta la aparición en la década del treinta la Acción Católica Argentina, fue la organización más importante de la sociedad civil católica.19 Si bien, Grote no encontró un gran apoyo en su propuesta la institución se volcó de lleno a atender cuestión social en plena crisis económica.20

La propuesta de los CCO era conquistar a la clase trabajadora, buscando mejorar sus condiciones de vida, ampliando sus propias posibilidades y capacidades laborales y sociales. De esta forma, los obreros recibían ayuda asistencial, educación, adoctrinamiento, información sobre derecho laboral y una amplia oferta de actividades sociales que también intentaba organizar el tiempo libre y la recreación.21 Si bien los concurrentes a los CCO no se les exigían práctica religiosa, la catequización se realizaba en el lugar de concurrencia por directivos espirituales.22

La composición social de los círculos fue desde un comienzo interclasista, otro rasgo que habría de mantenerse a los largo de los años. Los círculos eran establecidos por barrios y esto permitía la concurrencia de los vecinos que se acercaban a la organización por pertenecer a la zona. 23 Un reglamento de los círculos de 1896 distinguía tres categorías de socios, por orden de jerarquía: honorarios (los notables de la asociación), protectores (que oficiaban de mecenas y colaboraban generosamente) y activos (los verdaderos cotizantes, pero con módicas cuotas). Con los ingresos que se obtenían se realizaron fiestas, conferencias, actividades para los socios y sus familias, en caso de enfermedad con esos recursos se asistía al enfermo, se brindaba servicio de farmacia, gastos de entierros y funerales. También se construyeron escuelas para adultos, se crearon bandas de música y agencias de colocaciones para los desempleados. Por lo tanto por su composición interclasista y por las funciones que atendían, los círculos se parecían más a una mutual.24

En un principio la propuesta de formar sindicatos fue muy discutida y rechazada. Si bien cumplieron un papel muy activo en la promoción de legislación obrera, para lo cual elevaron un sin número de petitorios al Congreso a favor de los sectores obreros. Siempre con un sesgo reformista, los círculos de obreros alentaron la legislación social en torno a diferentes temáticas: fijación de la jornada laboral, respecto por el descanso, protección al trabajo de niños y mujeres, jubilaciones, seguros de enfermedad y accidente, vivienda y establecimiento de agencias de colocaciones reconocidas por el estado.

Más tarde durante la gestión de Bunge los círculos tuvieron algunos cambios como fue la decisión de que los propios obreros tuvieran participación en el nivel directivo de los círculos católicos obreros, y que los altos cargos no quedaran sólo en manos de los notables. Los nuevos dirigentes alentaron también la formación de sindicatos, algo que durante la gestión de Grote había provocado rechazo.25

Los círculos de obreros era claramente un refugio para un catolicismo varonil que conservaron su carácter preeminentemente masculino y, en este aspecto, se resistieron a cualquier tipo de innovación. Sostiene Miranda Lida que el hecho de que desde 1920 sus autoridades estuvieran conformadas por personas de origen social propiamente obrero reforzó ese carácter viril.26

Las mujeres no fueron incluidas como beneficiarias de la asociación, ni siquiera las trabajadoras domésticas. Grote fundó la federación como una asociación eminentemente masculina, en la que las esposas de los socios podían sólo participar en sus actividades sociales. Ni siquiera estaba autorizadas a asistir a las peregrinaciones que los círculos organizaban cada año en Luján, a las que sólo se autorizaban a participar a los hombres.27

Eran los círculos los mejores espacios para conformar la JOC y entender los nuevos tiempos.
la joc dentro de los círculos católicos obreros

Dentro de los CCO se había intentado organizar a los jóvenes pero los problemas internos de la organización habían ido frustrando estos intentos. El 2 de febrero de 1903, se creó el Patronato del niño obrero, su finalidad era promover el bienestar material y moral de los niños que, recién salidos de las escuelas elementales, se volcaban al mundo del trabajo siendo aún muy pequeños. La creación del patronato buscaba ser un lugar de contención ya que por sus edades no podían integrar los círculos. Estos centros tenían como objetivo la formación de conocimientos generales y elementos prácticos que les sirvieran a estos jóvenes para desempeñarse en el mercado laboral.28 El Patronato admitía niños desde los doce años hasta los dieciséis cumplidos: sólo se les exigía autorización paterna, buena conducta y el ejercicio de algún oficio. La institución se comprometía a defender el trabajo de estos menores, mediante gestiones directas en los lugares de trabajo, o antes autoridades laborales, además, el patronato brindaba protección mediante la asistencia médica y provisión de medicinas.29 A pesar de las buenas intenciones, los círculos nunca se comprometieron con el proyecto y la vida del Patronato fue muy corta.

La necesidad de captar a los jóvenes obreros dentro de la estructura de los círculos siguieron inquietando a las autoridades. Si bien reconocían dentro de la iglesia organizaciones que se ocupaban de los jóvenes, como las congregaciones marianas, sociedades de ex alumnos, centro de Acción Católica para la Juventud, consideraban que todas esas organizaciones no eran suficientes para captar a los jóvenes trabajadores que dentro de estas asociaciones no lograban sentirse en su propio ambiente.30 En 1922, en el séptimo Congreso de los Círculos, apareció por primera vez la propuesta de crear una rama juvenil obrera. Sin embargo, será en 1930 en el Octavo Congreso cuando el tema es nuevamente tratado y por unanimidad se aprueba la creación de una rama denominada Juventud obrera católica.31 La rama juvenil estaba pensada para todos los jóvenes comprendidos entre los 14 y los 30 años, que se inscribiesen en la respectiva sección del Círculo que les correspondiera, se determinaba la realización de campañas anuales de reclutamiento de aquéllos jóvenes que terminaran el sexto grado y se aprestaran a ingresar al mercado de trabajo. Se planteaba la necesidad de formar a estos jóvenes, para lo cual se proponía la participación en Centros de Estudios con contenidos religiosos y sociales. Además, se propiciaba el cultivo de los deportes sanos, organización de actos de propaganda, asambleas y manifestaciones públicas.32

Nestor Auza relata que el Congreso se clausuró en un clima de entusiasmo, el impulso dado a la creación de la rama juvenil dio aliento a un movimiento de renovación dentro de los círculos. La integración de los hijos de los socios a los Círculos, se veía como una oportunidad para promover la vocación para la acción social, la preparación doctrinaria y el desarrollo de las aptitudes naturales, dentro de la juventud.33 Años más tarde, el diario Labor afirmaba que los círculos habían resurgido como resultado de varios hechos: la inauguración del sanatorio San José, la construcción del campo de deportes de Villa Devoto y, fundamentalmente, la formación de la Juventud Obrera dentro de la estructura de los círculos.34

En agosto de 1935 comenzó a organizarse la Juventud Obrera Católica. El modelo propuesto era el que se había realizado en Bélgica, si bien se reconocía las diferencias entre estos dos país en cuanto a su desarrollo industrial, se consideraba necesaria la fundación de una institución con estas características a la luz del desarrollo industrial que comenzaba a producirse en Argentina.35

“Un complemento admirable y como nunca oportuno y necesario, es esa gran obra iniciada por el celo y profundo Padre Cardijn, conocida en nuestro país con el nombre de J.O.C.”36

La vinculación con el Padre Cardijn, fundador de JOC, no sólo remitían a la forma de organización, además existían comunicaciones y envíos de información con la organización central. Las actas dan cuenta de los informes que se remitían al fundador, a quien periódicamente se le notificaba sobre las avances de la organización de la JOC dentro de los círculos.37

En los CCO se organizaba la JOC como una rama de cada Círculo, con su propio gobierno y sus propias funciones, los jóvenes que integraban los círculos obreros, empleados o estudiantes de escuelas profesionales pasaban a formar parte de las filas Jocistas.38 Cada centro tenía su dirección y administración propia, una comisión compuesta por un presidente, un vicepresidente, un secretario y un prosecretario, un tesorero, cinco vocales y un director espiritual.39 Integraban la rama jocista, jóvenes obreros, tanto aquéllos que trabajaban con una máquina de hilar, como empleados administrativos, todos aquéllos que formaban parte del grupo de principiantes y humildes trabajadores, en definitiva también se puede ver en estas ramas la constitución policlasista que caracterizo a los CCO.

“…tal como ha sido concebida por los dirigentes argentinos la forman jóvenes de trece a veinticinco años, después de esa edad, entran a formar parte de las fuerzas sociales y sindicales de los círculos.”40

La primera sección que se tiene registro fue la de Río Cuarto, donde se habían entregado ochenta carnets de la JOC y se había inaugurado un campo de deportes. Los CCO expresaban que esperaban que la JOC sirviese para: “alejar a los obreros de las sociedades laicales que frecuentaban habitualmente”.41 La necesidad de enfrentar el marxismo motivo la creación de la JOC, los dirigentes entendían que era necesaria la creación de una clase obrera inteligente, individuos que sumarán a su conocimiento profesional, un exacto conocimiento de la situación en el terreno económico y en el campo social. Estos aseguraban que mientras los obreros adultos se encontraban fuertemente influenciados por el marxismo, esta situación era diferente en los jóvenes:

“…el obrero mozo, aquél que inicia su vida laboriosa, es tierra virgen, o poco menos, donde pueden fructificar con facilidad las ideas nobles y los principios elevados.”42

Los círculos a través de la JOC procuraban el perfeccionamiento cultural y físico de los “jocistas”, en este sentido, eran centrales los campos de deporte, las competencias deportivas, las escuelas gratuitas, la universidad popular, los centros de estudios sociales, ateneos, bibliotecas entre otros servicios. Además, ofrecían a los jóvenes, centros de estudio donde discutir temas relacionados con su actividad habitual, donde se realizarían encuestas sobre aspectos y problemas de la vida obrera, un espacio donde se discutieran los resultados de dichas encuestas y donde se buscaría entre todos soluciones para los problemas que se planteaban.43

El estímulo al deporte era central, se fomentaba la creación de equipos de fútbol, de básquetbol y atletismo, se realizaban campeonatos interjocistas, también se organizaban campeonatos de ajedrez, damas, billar y otros juegos.44 En definitiva, el deporte ocupaba en el programa jocista, dentro de los círculos católicos, un lugar muy destacado que tenía por finalidad fortalecer los objetivos morales.45 Además se le ofrecieron a los miembros jocistas la posibilidad de formarse en la Universidad Popular fundada en el Círculo Obrero de Palermo, que comenzó a dar cursos de dibujo, de artes aplicadas, mecanografía, telegrafía, contabilidad, redacción, idiomas, entre otras disciplinas que eran ofrecidas especialmente a los obreros pertenecientes a la JOC mientras que esta organización se encontró dentro de los Círculos Obreros.46

El diario Labor perteneciente a los círculos, dedicaba una sección a la Juventud Obrera Católica donde se registraba el crecimiento de la organización. En 1939, el diario informaba sobre el funcionamiento y creación de secciones jocistas en Villa del Parque, Parque Centenario, Cristo Rey, San Felipe Neri, Villa Lugano, Saavedra, Pompeya, San José de las Flores, Palermo y en la provincia de Córdoba. Además, la JOC era reconocida internacionalmente, en febrero de 1940 desde Colombia llegaban saludos para los señores asesores, dirigentes, y militantes jocistas por el nuevo año.47 Incluso los miembros de la Juventud Obrera fueron recibidos por autoridades públicas a las que les presentaron una petición para que no se extendiera la jornada legal de trabajo a los menores de dieciocho años.48

A finales de la década del 30, los círculos católicos obreros intentaron formalizar el funcionamiento de la Juventud Obrera dentro de las estructuras de los círculos. De esta forma, propusieron un reglamento que sería elevado al Obispado para su aprobación y reconocimiento, en el estatuto quedaba constituida la Obra Social de la Juventud Obrera, formada por centros locales y federados en el orden nacional y regional. Además en el documento se proponía que donde no existían Círculos Católicos de Obreros, se fundarán centros de la JOC bajo los auspicios de la parroquia y con la dirección de las autoridades centrales de los círculos.49 A pesar de que la organización de la Juventud Obrera Católica dentro de los círculos crecía y obtenía el reconocimiento nacional e internacional, las jerarquías decidieron que la JOC debía organizarse dentro de las estructuras de la Acción Católica. En respuesta a la propuesta de los círculos católicos el Obispado respondía al reglamento elaborado por los Círculos Católicos en los siguientes términos:

“El artículo del proyecto de estatutos, concede a los Círculos de Obreros una injerencia predominante sobre la JOC. Pero en los artículos fundamentales no se establece en virtud de qué título estará la JOC sometida a los CÍRCULOS.” 50

El Obispado consideraba que los Círculos, según lo que indicaban los artículos uno y dos de sus Estatutos, no actuaban en el plano espiritual, sino en el terreno económico, social y cultural. De esta forma, se indicaba que esto era incongruente con los objetivos de la JOC, entendida como una actividad apostólica en el plano espiritual.51 También se señalaba, la necesidad de organizar la rama femenina de la JOC, sección que no tenía espacio dentro de la estructura de los círculos obreros.52

Finalmente afirmaban:

“Las observaciones hechas, aunque sucintamente y sin estudio más prolijo, bastan para fundamentar esta conclusión: La JOC no debe ni puede ser una dependencia de los Círculos de Obreros, sino una organización autónoma con los fines específicos con que nació en Bélgica, y fue fundada en Francia y en otras muchas naciones, logrando así ser aprobada y bendecida por Pio XI….”53

Evidentemente, la disposición de organizar la Juventud Obrera dentro de la Acción Católica, respondía a la decisión de respetar la organización de la JOC en Bélgica y al reconocimiento que Pio XI le había otorgado como parte de la Acción Católica. Además en el contexto social que hemos descripto, claramente el papel de las mujeres comenzaba a cambiar y en cierta forma la necesidad de tener una representación de las mismas en el mundo obrero, marcaba que más allá que se seguía recomendando y representando un mundo donde las mujeres debían quedar en sus casas, la realidad comenzaba a ser otro.

A partir de la falta de apoyo por parte del Episcopado de que la JOC continuara desarrollándose dentro de los círculos. En Abril de 1940, el Consejo Central de los Círculos, cambió la denominación a la de “Centros Juveniles de Círculos Católicos de Obreros, también cambiará la denominación de la sección del diario Labor de “La voz Jocista” por la “Voz Juvenil” aunque aseguraban que seguiría conservando para su acción los métodos de apostolado y el espíritu del jocismo mundial, “pero con un sentido más puramente argentino”54. Al poco tiempo se adoptara la denominación “Vanguardia” para los jóvenes que constituían los círculos.
Conclusión
Desde la década del veinte se puede comenzar a observar ciertos cambios en la sociedad argentina que se van a profundizar después de la crisis del treinta, el trabajo en las actividades industriales se incremento y se amplio la cantidad de obreros que fueron absorbidos por la nueva industria. Mientras esto sucedía, la sindicalización comunista también crecía generando temor en sectores como la Iglesia. En este contexto, la organizaciones católicas reaccionaron rápidamente frente a los nuevos acontecimientos y orientaron su interés a trabajar a favor de los obreros y en especial de los jóvenes obreros, que ingresaban a un mundo laboral muy hostil y donde el avance del comunismo era claro. En este sentido la experiencia de la JOC a nivel mundial parecía muy prometedora, tanto que lograba el reconocimiento papal y la inclusión dentro de las estructuras de la AC.

También cambiaba el lugar de la mujer en la sociedad, en principio y si bien desde el discurso se seguía sosteniendo que el mejor lugar para las mujeres eran en sus casas y con su familia. La realidad era otra y, cada vez más, las mujeres, sobre todo de los sectores más humildes, salían a trabajar fuera de sus casas. En este aspectos, las mujeres comenzaron a ganar las calles, aumentaron su presencia dentro de las iglesias y encontraron en espacios como la Acción Católica un lugar donde ejercer actividades distintas a las que demandaba el hogar, donde no se las juzgaba por destacarse.

La organización de la Juventud Obrera Católica en Argentina tuvo algunos intentos fallidos. Los círculos católicos obreros plantearon organizar a los jóvenes, y en 1935 comenzaron a concretar ese proyecto. Los avances fueron claros y contundentes, el modelo era el Belga, cuyo fundaron era el Padre Cardjin. Si bien, la vinculación con la JOC internacional y con su fundador queda demostrada, también es claro que la JOC dentro de los círculos no respondía en su totalidad al modelo original. La JOC mostraba ciertas particularidades más cercanas a los principios y los objetivos de los círculos, donde se priorizaban las actividades mutualistas, y en cierta forma la cuestión sindical no va hacer tan central, como si lo fue posteriormente dentro de ACA. Las autoridades eclesiásticas entendieron estas diferencias, y en 1938, mientras que continuaba la organización de la JOC dentro de los círculos, se envió una resolución a la Junta Central de la ACA, donde ordenaba comenzar a formar la JOC dentro de sus estructuras. En Marzo de 1940, el Obispado rechazaba el intento de formalizar la JOC dentro de los círculos y comenzaba su plena organización dentro de la Acción Católica.
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Boletín de la acción católica Argentina, Año XVIII, Nro. 313, Mayo 1948.

Boletín de la acción católica Argentina, Año XIX, Nro. 321, abril 1949.

Boletín de la acción católica Argentina, Año XX, Nro. 333, Enero 1950.

Boletín de la acción católica Argentina, Año XX, Nro. 334, Febrero 1950.

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Boletín de la acción católica Argentina, Año XXIII, Nro. 355, abril 1952.

Revista Ideales, Nro. 357, 1951

Revista ideales, Nro. 361, 1954

Revista Ideales, Nro. 393, 1955

Manual para aspirantes de Acción Católica. 1951

Vida Nueva publicación del consejo superior de la asociación de los jóvenes de la Acción Católica

Labor, Buenos Aires, febrero 1939., nor. 33, año III,

Labor, Buenos Aires, agosto 1935, año I, nro. 1

Labor, Buenos Aires, Junio 1938, año III.

Labor, Buenos Aires, agosto 1937, nor. 22, año III

Bibliografía



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Mirta Lobato, Historia de las trabajadoras en la Argentina (1869-1960), Buenos Aires, Edhasa, 2007, 349 p.


1 Caimari (1994).

2 ídem

3 Zanatta (1996).

4 Rau 1941, p9

5 Blanco (2007), p 44.

6 Rau, 1941, p19

7 Ídem. P 31

8 Del Campo, 1983.

9zHorowitz, 2001, p 261 -64

10Zanatta, Loris 1996, P.388

11 BOACA 1941, p 376-7

12 Barrancos, p112

13 Lobato, Mirta, 2007.

14 Lida 2015,

15 Bianchi 2002, p 157.

16 Aranguren 1951, pp. 168-170

17 Blanco 2007.

18 Bianchi 1987, p 272.

19Ghio 2007, p 47-8

20 Lida, 2015, p.37

21Auza 1987, P 31 -32

22Ibid p 48

23 Lida 2015, p 46

24 ibid p 47

25 ibid, p 69

26 ibid, p 109-110

27 Lida 2015, p49

28Auza 1987, p 109-110.

29Ibid. p 110

30Labor 1939, p2

31Auza, p 226

32 ibid p 226

33 ibid p 227

34 Labor 1939, p2.

35 Labor 1935 p3

36 Labor 1938, p2.

37 CCO: Acta nro 12, sesión del 17-10-1939 p 16

38 Labor 1937, p2

39Reglamento de la JOC, p 1

40Labor 1939, p2.

41Labor, 1937, p2.

42Ibid.

43Ibid.

44 Labor 1938, p3

45Labor 1938, p9

46Labor 1938 p3

47Labor, 1940, p3

48 Labor, 1939, p2

49 Reglamento de la JOC, p 1

50 Obispado de Tucumán, observaciones al proyecto del Estatuto de la JOC, Tucumán, 11 de Marzo de 1940. en: Archivo del Arzobispado de Tucuman, Carpeta Juventud Obrera Católica.

51 ibid p. 1

52 Ibid p 2

53 Ibid

54 Círculos Católicos Obreros, Acta Nro.31, Sesión del 2 de abril de 1940. p 43-44



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