Y asuntos sociales



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MINISTERIO

DE TRABAJO

Y ASUNTOS SOCIALES


SECRETARÍA GENERAL DE POLITICAS DE IGUALDAD



INSTITUTO DE LA MUJER









INTRODUCCIÓN
El acoso sexual es un fenómeno social de múltiples y diferentes dimensiones, denunciado por distintas organizaciones e instituciones y constatado por distintas investigaciones que han evidenciado la existencia, extensión y gravedad de este fenómeno en el ámbito laboral.
El acoso sexual puede ser sufrido tanto por hombres como por mujeres. Sin embargo la mujer se convierte en la principal víctima del mismo porque su situación en el mercado laboral es claramente inferior respecto a los hombres, por su inestabilidad en el empleo y su subordinación jerárquica profesional.
A modo meramente introductorio, y tomando como referente la Directiva 2002/73/CE, define el acoso sexual como:
la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”.
El Instituto de la Mujer ya abordó en el año 1999 la problemática del acoso sexual en el trabajo y, en el año 2004 decidió emprender una amplia investigación para conocer la situación actual del acoso sexual en España, encargando a la empresa INMARK Estudios y Estrategias su elaboración.
METODOLOGÍA
Desde una perspectiva metodológica, la investigación se abordó de una forma plural, profundizando en el acoso sexual desde diferentes visiones sobre el tema (mujeres trabajadoras, expertos en el tema, varones trabajadores, mujeres que han sufrido acoso y desde diferentes técnicas metodológicas.
Brevemente, el desarrollo proceso metodológico secuencial del trabajo ha sido el siguiente:
Análisis documental:
Se ha recopilado información sobre el tema utilizando todo tipo de fuentes secundarias accesibles, de tal manera que permitiera establecer un marco teórico del estudio.


Reuniones de grupo:
Se realizaron 5 reuniones de grupo:


  • 1 reunión con experto/as y responsables de instituciones y/o programas relacionados con el acoso sexual, así como representantes de empresas privadas;

  • 1 reunión de grupo con profesionales de atención directa a personas que han sufrido acoso sexual;

  • 2 reuniones de grupo con trabajadores de diferentes ámbitos sectoriales y tipologías de empresas (1 mujeres y 1 varones)


Sondeo estadístico mediante entrevista telefónica
El universo del estudio lo configuran todas las mujeres activas con edades entre los 16 y los 64 años, que estén ocupadas en la actualidad o lo hayan estado en el último año.
Se han realizado 2.007 entrevistas, lo que supone asumir un margen máximo de error del ±2,23% trabajando con un nivel de confianza del 95,5% y en el caso más desfavorable que p=q=50.
El procedimiento de muestreo ha sido polietápico estratificado con cuotas por Comunidades Autónomas, hábitat de residencia, sector de actividad y edad de la persona trabajadora.
Historias de vida
Se realizaron 6 historias de vida recogiendo el itinerario personal y laboral de mujeres que han sufrido acoso sexual en el trabajo
Impactos cruzados
Está técnica consiste básicamente en una reunión de grupo con experto/as en la materia en la que se presentan los principales resultados y conclusiones del estudio con el fin de debatirlos y validarlos y plantear posibles medidas de intervención en cada situación.

ALGUNOS CONCEPTOS PRELIMINARES
Como ya se pone de manifiesto de forma continuada, la posición de la mujer en el trabajo es claramente deficitaria. Además de los propios datos laborales que publican periódicamente las diferentes instituciones (menores niveles salariares en trabajos similares, acceso a puestos de trabajo de nivel inferior, mayor temporalidad en sus contratos, …), los datos de la encuesta generan elementos propicios para situaciones de acoso sexual:


  • una alta percepción de inestabilidad e inseguridad laboral (el 52,3% de las mujeres entrevistadas con contrato temporal consideran que su puesto es poco o nada seguro)




  • con situaciones de discriminación en su trabajo (el 18,6% de las mujeres entrevistadas se siente discriminada en su trabajo. Las situaciones de discriminación más habituales señaladas hacen referencia a “menores sueldos en puestos de la misma categoría (31%), la “dificultad de acceso a puestos de mayor nivel” (29,1%), la “realización/asignación de tareas menos cualificadas” (21,3%), “trato verbal discriminatorio” (16,1%) y “mayores dificultades en sectores masculinizados” (14,2%).




En este sentido, un dato significativo: mientras que en entornos laborales mayoritariamente femeninos el porcentaje de trabajadoras que se sienten discriminadas se sitúa en el 13%, este porcentaje se eleva al 22% en entornos de equilibrio de género y alcanza el 24,5% en entornos laborales masculinizados.
LOS EJES DEL ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO
El acoso sexual en el ámbito laboral se inscribe en tres grandes ejes: la violencia contra las mujeres, un entorno laboral sexista, y un marco de abuso de poder (tanto jerárquico como de género).


  • En primer lugar, el acoso sexual en el ámbito laboral se inscribe en un contexto de violencia contra las mujeres, es decir, lo que subyace al mismo es la violencia como instrumento de poder de género. En este sentido, se defiende que su carácter sexual sería secundario, al tratarse sobre todo de un abuso de poder masculino.




  • Asimismo, se incardina en un entorno laboral sexista, en el que se producen otros actos discriminatorios contra las mujeres, tales como las diferencias de salario, el reparto de tareas por sexos, etc. De manera secundaria, se asocia también a otros tipos de acoso que se producen en el ámbito laboral, tales como el psicológico o moral.




  • En tercer lugar, se produce en un marco de abuso de poder, y por lo tanto puede acompañar a otro tipo de conductas abusivas, no sólo sexistas, sino también racistas, homófobas, etc. En este sentido, el acoso sexual vertical se considera más grave que el ejercido entre compañeros/ as, puesto que en el primer caso el acosador se aprovecha de una doble posición de ventaja: la que le proporciona ser jefe -y que de él dependan la continuidad en la empresa de la víctima, su sueldo y su promoción-, y la que emana de su género.


ACTITUDES DE LAS MUJERES TRABAJADORAS ANTE EL ACOSO SEXUAL
Cuando se expuso a la consideración de las mujeres trabajadoras su opinión ante diferentes situaciones o actitudes relacionadas con el acoso sexual, el análisis de las respuestas señala una fuerte unanimidad, principalmente en tres aspectos esenciales:


  • El acoso sexual es una forma de violencia (92,4%).




  • El acoso sexual no tiene que venir necesariamente de un superior (solamente el 4,7% aceptan la relación de acoso sexual y jerarquía laboral).




  • El acoso sexual no se produce debido a una actitud complaciente de la mujer (solamente el 11,0% de las mujeres aceptan que el acoso se inicie por que la mujer no se ha puesto en su sitio).

En el resto de opiniones se observa una mayor heterogeneidad de respuestas. Hay que prestar una especial atención a una división de opiniones sobre que el acoso sexual “es una forma de discriminación sexual”, probablemente debido a que las trabajadoras españolas enfatizan más el componente de agresión implícito en este tipo de conductas que el propio de la segregación que puede suponer este tipo de actitudes machistas.





También hay que llamar la atención sobre un 43,9% que está de acuerdo con que “las mujeres aguantan el acoso sexual para no perder el trabajo” y que un 38,2% reconozca que aún “el entorno tiende a culpabilizar a las mujeres acosadas sexualmente”.

El hecho de que un 27,9% opine que “los hombres no le dan importancia” y que un 25,1% afirme que “hay mujeres que usan el acoso en su provecho”, muestra que aún quedan realidades y actitudes por cambiar, en ambos sexos, para tratar de erradicar estos comportamientos agresivos.


LA CONCEPTUALIZACIÓN DEL ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO
Con el fin de conceptualizar el acoso sexual y delimitar las situaciones asociadas al mismo, se plantearon a las mujeres entrevistadas una serie de situaciones que se pueden producir el ámbito laboral con el fin de que las delimitaran en función de su consideración como susceptibles de considerarse acoso sexual, utilizando una escala de cuatro posiciones: no es acoso, acoso leve, acoso grave y acoso muy grave.
En base a las respuestas obtenidas, se ha elaborado una taxonomía partiendo de la premisa de que todas las situaciones analizadas pueden considerarse situaciones de acoso sexual, en tanto y cuanto, dicha percepción depende de la sensibilidad y vivenciación de cada mujer ante la ocurrencia de dichas situaciones.


Una clasificación operativa del acoso sexual en el trabajo

según la percepción de las trabajadoras

Una vez analizadas las valoraciones sobre las 15 conductas de acoso, se establece una clasificación operativa de lo que puede considerarse acoso leve, grave o muy grave. Esta taxonomía se utilizará en los análisis de los apartados siguientes:

  • Acoso leve: criterio  menos de un 55% lo considera grave o muy grave.







  • Acoso grave: criterio  de un 55% a un 85% lo considera grave o muy grave.




    • Hacer preguntas sobre su vida sexual

    • Hacer insinuaciones sexuales

    • Pedir abiertamente relaciones sexuales sin presiones

    • Presionar después de la ruptura sentimental con un compañero




  • Acoso muy grave: criterio  más de 85% lo considera grave o muy grave.




    • Abrazos, besos no deseados

    • Tocamientos, pellizcos

    • Acorralamientos

    • Presiones para obtener sexo a cambio de mejoras o amenazas

    • Realizar actos sexuales bajo presión de despido

    • Asalto sexual



A tenor de las respuestas obtenidas, la gradación de gravedad de las mismas parece ir asociada a la existencia de contacto físico entre el agresor y la víctima. Así, se puede determinar un acoso sexual de componente verbal, compuesto por acercamientos, miradas insinuantes, preguntas e insinuaciones sexuales, … , que son valorados mayoritariamente como “graves” por las mujeres trabajadoras; y un acoso sexual de componente físico, señalado mayoritariamente como “muy grave”, caracterizado por la existencia de un contacto físico forzado por parte del acosador hacía la víctima.


Es importante reseñar un segundo factor que redunda en la consideración de la gravedad del acoso: la presión ejercida sobre la víctima con el fin de mantener relaciones sexuales supone un fuerte agravamiento de la conceptualización de dicha situación. De hecho, y más allá del asalto sexual con fuerza física (que ya constituye de por sí un delito tipificado en el código penal) el acoso sexual se considera muy grave (independientemente de que haya un contacto físico) siempre que se produce una fuerte coacción (como puede ser la amenaza de despido) para mantener una relación sexual no consentida. Así, el 85,6% de las mujeres entrevistadas valoran como acoso muy grave “las presiones para obtener favores sexuales a cambio de mejoras laborales o bajo la amenaza del despido”, en tanto que el 89,6% remarca la extrema gravedad del acoso cuando el acosador consigue “realizar actos sexuales bajo presión de despido”.
LA PERCEPCIÓN DEL ACOSO SEXUAL POR LAS MUJERES TRABAJADORAS
Hay una falta de visibilidad social del acoso sexual, debido sobre todo a la tendencia al ocultamiento y su escasa notoriedad mediática, que tiende a circunscribirlo exclusivamente a la frontera del delito. Al tratarse de un grave problema social, es necesario que se abra a su concepto más amplio.


  • Existe un entorno social que tiende a negar el acoso sexual, que lo oculta. Tan sólo se reconoce en sus situaciones más graves y también cuando se trata de casos paradigmáticos.

    Así, sólo una de cada cuatro trabajadoras (24,3%) ha percibido la presencia de conductas asociadas a acoso sexual en su trabajo. Más en concreto:






  • sólo el 4,6% de las entrevistadas afirman que situaciones de acoso se producen de forma más o menos habitual en sus empresas.

  • el 23,3% de las situaciones observadas se enmarcan dentro de un tipo de acoso leve, si bien un 9,2% ha percibido conductas de acoso grave (un 1,0% de forma habitual) y un 3,9% indica haber advertido comportamientos de acoso sexual muy grave en su empresa (el 0,3% de forma habitual).



    Entre las situaciones más observadas se encuentran: los chistes de contenido sexual, los comentarios sobre las trabajadoras, los gestos y miradas insinuantes, el acercamiento excesivo o la realización de preguntas sobre acoso sexual.





  • Con una actitud similar a cómo se abordaba hasta hace poco tiempo la violencia de género, los medios de comunicación y otras instituciones socializadoras contribuyen a estereotipar el acoso sexual, y circunscribirlo tan sólo al delito, y a que los casos leves permanezcan ocultos.

    Dos datos significativos al respecto:





  • Revisando los grandes periódicos nacionales, en el año 2005 sólo aparecieron 14 noticias que contenían “acoso sexual” en titular en el diario El País; 5 en El Mundo y 7 en ABC.

  • La Inspección de Trabajo y Seguridad social realizó, en 2004, 120 actuaciones por acoso sexual, de las que sólo se detectó una infracción.



LA DELIMITACIÓN DEL ACOSO: CRITERIOS DE ABORDAJE

    Como ya se ha puesto en evidencia anteriormente, el acoso sexual tiene implícito un elevado componente de subjetividad a la hora de valorar las diferentes situaciones que lo producen. De hecho, y a pesar de que en todos los casos contemplados en el estudio existe una amplia base bibliográfica y un elevado consenso entre los expertos consultados en la presente investigación de que en todos los casos cabe hablar de acoso sexual, no todas las mujeres trabajadoras han considerado algunas situaciones como acoso sexual.

    En este sentido, a la hora de establecer la incidencia del acoso sexual en el trabajo en España se ha optado por establecer dos diferentes niveles de cuantificación, diferenciando para ello en lo que se ha denominado acoso técnico y el acoso declarado.

    Conceptualmente, se considera acoso técnico el padecido en el último año por una trabajadora en cualquiera de las situaciones definidas como acoso sexual, independientemente de que ella lo considere o no acoso sexual.

    Como acoso declarado se entienden aquellas situaciones sufridas por una trabajadora en el último año y que ella las considera como acoso sexual.

    En otras palabras, mientras que el primero de los términos considera que una mujer ha sufrido acoso sexual en su trabajo siempre que haya sufrido alguna de las situaciones definidas, el segundo lo acota a sólo en los casos en que la mujer vivencia la situación como acoso sexual.





LA INCIDENCIA Y DIMENSIONAMIENTO DEL ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO


    Desde las perspectivas anteriores, los resultados del estudio indican que el 14,9% de las mujeres trabajadoras en España han sufrido alguna situación de acoso sexual en el último año (acoso técnico). Sin embargo, este porcentaje se reduce hasta el 9,9% entre las que perciben haber sufrido acoso sexual (acoso declarado).



    Trasladando estos datos al conjunto de las mujeres activas en España, que según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa en el cuarto trimestre de 2005 ascendían a 8.425.000 trabajadoras, se estima que 1.310.000 trabajadoras han sufrido en España alguna situación de acoso sexual en su trabajo en el último año (acoso técnico), si bien sólo 835.000 mujeres lo han vivido como tal (acoso declarado).

    De forma más concreta, y centrando el análisis en el acoso técnico, …

    … 1.240.000 padecen situaciones de acoso leve;

    … 340.000 sufren situaciones de acoso grave; y

    … 185.000 trabajadoras sufren acoso muy grave.





    Si se centran los datos en el acoso sexual declarado, el número de trabajadoras que perciben sufrir acoso sexual se sitúan en 835.000 mujeres, de las cuales …



    … 790.000 padecen situaciones de acoso leve;

    … 300.000 sufren situaciones de acoso grave; y

    … 180.000 trabajadoras sufren acoso muy grave.





EL PERFIL DEL ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO

    El acoso sexual presenta muy distinta incidencia según los grupos sociales analizados. Como se puede apreciar en el gráfico siguiente, la edad, el estado civil y la nacionalidad aparecen, dentro de las características personales de las trabajadoras, con amplias diferencias internas. Circunstancia que se observa tanto en el caso del acoso técnico como del acoso declarado.

    En cuanto al marco laboral, se observan igualmente fuertes diferencias en función del sector de actividad, el puesto desempeñado y el tamaño de la empresa.

    Tomando como referente los datos relativos al acoso declarado, se puede señalar que afecta más a:





  • Las trabajadoras menores de 34 años

  • Solteras

  • Procedentes de países extracomunitarios

  • Las trabajadoras cualificadas

    Y se da con más habitualidad en:





  • Los sectores de construcción e industria

  • En centros de trabajo de tamaño mediano (de 20 a 250 trabajadores) y grandes (más de 250 trabajadores)

    Más allá de las variables personales, laborales o situacionales, un dato a tener en cuenta es la relación existente entre acoso sexual y discriminación laboral. En este sentido, las empresas en las que las mujeres trabajadoras perciben que son discriminadas en su trabajo por el hecho de ser mujer tienen una mayor incidencia de acoso sexual declarado. De hecho, se duplica la incidencia del acoso (18,7%) entre las trabajadoras que trabajan en empresas que discriminan a mujeres.



    LAS SITUACIONES DE ACOSO SEXUAL EN ESPAÑA

    Acoso técnico

    La incidencia de las diferentes situaciones de acoso es claramente desigual:





  • Las conductas de acoso más frecuentes suelen ser aquellas clasificadas como leves: los chistes de contenido sexual sobre la mujer (13,1%) y los piropos y comentarios sexuales sobre las trabajadoras (9,8%) tienen una incidencia muy alta y superior a las demás. Este primer resultado da una idea de que el acoso ambiental está muy presente y es un primer paso –se verá más adelante- para otros tipos de comportamientos más dañinos.

Además, también destacan abusos como acercamiento excesivo (3,2%), pedir reiteradamente citas (1,8%), hacer preguntas sobre la vida sexual (3,3%) o los gestos y miradas insinuantes (3,4%).




  • Otras conductas tienen una incidencia más baja, pero por su gravedad deben ser tenidas en cuenta al mismo nivel de importancia. Entre estas hay que citar a los abrazos o besos no deseados (0,9%), los tocamientos y pellizcos (0,9%) y especialmente, los acorralamientos (1,6%).





    Acoso declarado



    Cuando se particulariza el análisis en los casos de acoso declarado, se mantienen como más habituales las mismas de acoso señaladas en el caso del acoso técnico. Los piropos aparecen como la conducta de acoso que más afecta a las mujeres trabajadoras: el 6,4% de las mismas reconocen padecerlo. En segundo lugar aparecen los chistes (5,5%), en tanto los gestos y miradas insinuantes (3,1%), los acercamientos (2,7%) y las preguntas sobre la vida sexual

    aparecen en los siguientes lugares de incidencia real en las mujeres trabajadoras.







    DIFERENCIAS ENTRE ACOSO TÉCNICO Y ACOSO DECLARADO

    Los resultados anteriores ponen de manifiesto diferencias en el acoso técnico y el acoso declarado. Es lo que se denomina gap perceptivo, que expresa el porcentaje de mujeres trabajadoras que aún sufriendo en su trabajo situaciones técnicas de acoso sexual, no las perciben como tales.




    De forma global, un 5,0% de las mujeres que padecen acoso sexual no lo perciben como tal, siendo lógicamente las situaciones consideradas como leves las que adquieren un mayor grado de tolerancia.

    Así, los chistes de carácter sexista son admitidos como naturales por un 7,6% de las mujeres, algo más de la mitad (el 58%) de las que lo padecen.







    En menor medida, en torno a una tercera parte de las trabajadoras que reciben piropos de sus compañeros de trabajo los consideran normales, en tanto que en el resto de situaciones la coincidencia entre su ocurrencia y el número de mujeres que las consideran acoso sexual es alta.



    EL ITINERARIO DEL ACOSO SEXUAL

    El acoso sexual a las mujeres trabajadoras no es una situación aislada o agresión específica, sino que prevalecen de forma conjunta diferentes situaciones de acoso, circunstancia que se incrementa a medida que aumenta la intensidad del mismo.

    De hecho, la gran mayoría (98,9%) de las mujeres que en la actualidad padecen algún tipo de acoso en su puesto de trabajo (independientemente de que lo perciban como tal), están expuestas a conductas de compañeros que se podrían calificar de leves, algo menos de la mitad a las graves (25,5%) y un 12,2% a las muy graves.





La incidencia conjunta de conductas de acoso sexual en función de su gravedad percibida




Total

Leve

Grave

Muy grave

Acoso Leve

98.9

100,0

97,0

93.8

Acoso Grave

25.5

25,0

100,0

75,0

Acoso Muy Grave

12.2

11.5

35.8

100,0

Base:

263

260

67

32

(*) Datos relativos al acoso técnico

    En este sentido, parece haber un itinerario in crescendo del acoso. Prueba de ello es que las conductas muy graves están fuertemente asociadas a otras menos agresivas: un 93,8% pasa por experiencias de acoso leve y un 75,0% de acoso grave.



    No obstante, hay dos trayectorias de acoso sexual: una para los casos leves, mucho más corta, menos estudiada y previsible, y otra para los casos graves y muy graves.

    La secuencia del acoso sexual grave es la siguiente:






    • El acosador elige una víctima con un perfil bastante definido, basado sobre todo en la vulnerabilidad percibida.

    • Se granjea su confianza: la apoya, le ayuda en aspectos relacionados con su puesto de trabajo y la llena de halagos. Se convierte en una especie de amigo- padre- protector.

    • A partir de aquí empieza a comportarse como algo más que un compañero de trabajo/ jefe: aumento del número de llamadas –incluso fuera del horario laboral-, incremento de las visitas al lugar de trabajo de la víctima o los requerimientos para ser visitado en su despacho, etc.

    • El resto de los trabajadores han percibido que existe una relación especial entre acosador y acosada, que encuadran más en una amistad o relación de privilegio que en una conducta de acoso, lo que ayuda al rechazo de los compañeros y al aislamiento de la víctima en el entorno del acosador. En este sentido, ella misma puede llegar a sentirse como ‘la elegida’, lo que posteriormente incrementará las consecuencias negativas del acoso y los sentimientos de culpa.

    • Empieza a hacer explícitas sus demandas, primero como evolución ‘natural’ de la relación, para pasar luego al chantaje, recordando a la víctima el apoyo y los favores que ha obtenido de él, y el agradecimiento que espera en compensación.

    • Recurre a las amenazas sobre la pérdida de las prerrogativas que la trabajadora haya podido disfrutar ‘gracias a él’, e incluso sobre la pérdida de su puesto de trabajo. En muchas ocasiones, la trabajadora se ve privada efectivamente de dichas prerrogativas y sufre además la humillación delante de los compañeros.

    • El acosador pasa al asalto con fuerza física.

    A la trabajadora le resulta muy difícil poner nombre a lo que le está sucediendo, y tarda mucho en asumir que está siendo acosada sexualmente, no sólo por la gravedad objetiva del acoso, sino por la sensación de traición y abandono proveniente de una persona por la que le llegó a sentir afecto –y en ocasiones incluso admiración-, así como por la pérdida de las prerrogativas que había disfrutado hasta ese momento.





    LAS REACCIONES DE LAS MUJERES TRABAJADORAS ANTE EL ACOSO SEXUAL

    Las reacciones de las mujeres que sufren algún tipo de acoso sexual varían notablemente en función de las situaciones padecidas. Para ilustrar esta afirmación, se han seleccionado seis diferentes situaciones de acoso, características de los distintos niveles de gravedad del mismo.





    Como se puede comprobar, las líneas de actuación varían en función del tipo de acoso, pudiendo afirmarse que a medida que se eleva la gravedad de la situación, se incrementa la búsqueda de soluciones, combinando diferentes estrategias de actuación.

    Así, en los casos de acoso leve prevalece la táctica de la inacción (especialmente en el caso de los piropos); en las situaciones de acoso grave, se empiezan a articular medidas más amplias entre las que destaca sobre el resto el evitar al acosador o enfrentarse al mismo; y en el acoso muy grave, se articulan y combinan todo tipo de acciones con el fin de reducir los efectos del acoso sexual sufrido.



    Un dato a destacar es la baja confianza que se tiene en la estructura empresarial como elemento de protección ante el acoso. De hecho, sólo en los casos muy graves se acude al jefe superior, si bien en niveles muy bajos (dos de cada diez mujeres que sufren abrazos no deseados y una de cada diez que ha vivido acorralamientos).




    EL RESULTADO DE LAS ACTUACIONES DE LAS MUJERES QUE HAN SUFRIDO ACOSO SEXUAL




En aquellos casos en los que las mujeres tomaron algún tipo de iniciativa ante el acoso sufrido, los resultados obtenidos no pueden considerarse satisfactorios. De hecho, y aunque afortunadamente, en un tercio de los casos cesó el acoso (31,8%), en un 35,8% sólo se ha aliviado sin llegar a desaparecer y todavía queda un importante grupo de mujeres que permanecen en la misma situación (15,7%) o incluso que padece incidentes más graves (3,9%).



La respuesta más eficaz es “trasladar la queja a los jefes”: en casi 6 de cada diez casos que ha tomado esta iniciativa el acoso ha desaparecido.

    LAS REACCIONES DEL ENTORNO



Existe un fondo ideológico que no sólo actúa como caldo de cultivo para que se produzcan este tipo de conductas, sino que de alguna manera lo justifica y ‘normaliza’, sobre todo en sus manifestaciones menos graves.


    • Esta legitimación ideológica se produce fundamentalmente a través de conductas sexistas, de las que las mujeres no son sólo víctimas, sino también partícipes, dado que han recibido la misma educación que los hombres. Esto implica también un mayor umbral de tolerancia en las víctimas, que desemboca incluso en un bajo nivel de concienciación.




    • Los ámbitos de socialización y de formación de patrones de conducta y los roles asociados a cada sexo, tales como la familia, la escuela o los medios de comunicación, pueden promover la ‘aceptación’ del acoso sexual como herramienta de relación entre las personas, al ser responsables en parte de la perpetuación de las conductas sexistas y agresivas en las que se inscribe el acoso sexual.

Atendiendo a los datos de la encuesta, tres actitudes conviven en el mundo laboral. La mayoritaria es apoyar incondicionalmente a la víctima: el 40,6% de las mujeres que han vivido una situación de acoso en el último año tienen esa percepción. Sin embargo, frente a esta conducta solidaria, casi una tercera parte (el 30,7%) de los trabajadores y trabajadoras tienden a minimizar el problema e incluso un significativo 24% se pone frente a la mujer acosada, bien dándola la espalda o bien culpabilizándola.





    LA SOCIALIZACIÓN DEL ACOSO SEXUAL
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